61 – MI MUNDO

Inuyasha se tomó de muy buena gana, que Joka y yo saliéramos juntas.

Le Conte acerca de mi platica del sábado con su madrina, sobre la discusión que escuchamos más de un año atrás.

¿Crees que te dijo la verdad?

Se veía sincera, Inu. Pero... no sé. además es tu decisión si te acercas a ella o no. Yo solo la estoy probando. Viendo si es honesta o no. Pero... no sé.

Por más que viera a Sango como mi madre, que quisiera odiar realmente a Joka y suplir el amor que me faltaba en la vida, con el de Inuyasha... en verdad si necesitaba una figura materna. Necesitaba ese amor incondicional que me hiciera sentir bien, que me reconfortara. Quería a alguien que se interesara por mí.

No solo un chico de dieciséis años, que me hiciera el amor todas las noches. Necesitaba desesperadamente algo de amor maternal.

¿Me crees cuando yo te digo que te quiero? - pregunto Inu sacándome de mis pensamientos.

A veces - me encogí de hombros.

¿A veces?

Me apretó más a su pecho desnudo.

¿Que puedo hacer para convencerte de que en verdad te quiero?

No lo sé - me hice la desentendida y traté de levantarme de la cama.

Inuyasha me acostó de nuevo y se subió sobre mí.

Me miro con sus lindos ojos oscuros, tomándome con fuerza de las manos, a ambos lados de mi cabeza.

Te quiero Kagome. Te quiero más que a nada en este mundo.

Mi corazón tartamudeo.

Quise que ese momento no terminara nunca.

Quise que el fuera mío para siempre y ser suya toda la vida.

Quise que él no fuera mi hermano.

Quise tantas cosas en ese preciso instante, pero lo que realmente necesitaba... era que me quisiera. Que me demostrara cuanto me quería realmente.

Yo también te quiero, Inuyasha Taisho. No te puedo decir que te quiero más que a nada en este mundo... porque... porque tú eres mi mundo.

Me dolió decirle aquellas palabras, pero era la verdad. Podía ser falsa frente a las personas, comportarme como niña buena y ver a Inu como mi hermano... pero nunca había sido deshonesta con él, respecto a mis sentimientos. Si bien no le había dicho que lo amaba, pero era para no hacernos más daño.

Su deslumbrante sonrisa se extendió, por su bronceado rostro y lentamente se acercó al mío. Unió nuestros labios con dulzura y enrede mis dedos en sus cabello.

Sus labios descendieron a mi mandíbula y la recorrió, hasta llegar a mi oído.

Te quiero - susurro de nuevo.

En esa ocasión hicimos el amor. No fue solo sexo. Y fue casi igual de tierno, dulce y considerado conmigo, como en nuestra primera noche, después de mi exagerada y asombrosa fiesta de cumpleaños.

Esa noche también llore, no porque me doliera, sino porque sabía que nuestro amor estaba condenado. No sobreviviría mucho más. Lo único que me quedaba, era valorar cada segundo que pasaba a su lado.