62 – LO QUE NUNCA LE DIRE
El Día de Brujas se acercaba y con ello, múltiples invitaciones a fiestas de disfraces. Yo no tenía idea de que disfrazarme ese año.
Un domingo por la tarde, mientras veía una película en pijama en la cama de Inuyasha, se me ocurrió un buen disfraz.
Me gusta el uniforme de Pan Am - murmure antes de comerme un puñado de palomitas de maíz.
Serias una linda azafata.
Y tu un guapo piloto. - replique - ¡Eso es! Me disfrazare de azafata de Pan Am y tú de piloto.
¿Como Leonardo DiCaprio? - pregunto Inu señalando la pantalla.
Pero en version moreno y sexy.
¿Soy sexy? - pregunto avergonzado.
No tienes idea de cuánto. Y te veras más, con ese traje.
El vestuario de Inuyasha fue fácil de encontrar, el mío no tanto. Miroku tuvo que ir por el hasta Brooklyn. Sango hizo los ajustes necesarios, para que me quedara a la medida. Encontré en internet un maletín original de Pan Am; me lo vendió la nieta de una azafata, de la aerolínea en cien dólares. Era excesivo el precio, pero lo valía.
Mi disfraz fue un éxito en la escuela, sobre todo por la bolsa azul. Para mi mala suerte el de Inuyasha también. Se paso la noche rodeado de chicas.
Inuyasha, te ves genial...
Dios, te ves guapísimo...
¿Que hice yo? Sonreír tragándome el coraje y los celos.
¿Quieres bailar? - me pregunto Hoshiyomi después de un rato.
¡Claro! - acepte con tal de no escuchar más a las resbalosas.
Ignore las miradas asesinas de Inuyasha y Kanna, cuando regresamos a la mesa, después de media hora en la pista.
Los disfraces más memorables de esa noche, fueron los de Kouga y Ayame. Se disfrazaron de Mario Bros y de la Princesa Peach, respectivamente.
Al llegar a casa, Inuyasha entro en mi habitación.
Te veías muy bonita.
Lo ignore.
Se acerco a mí y me quito de la cabeza, el sombrerito azul. Me aleje de el intencionalmente.
¿Que ocurre Bicho?
No estoy de humor.
Pero si para bailar con Hoshiyomi - no fue una pregunta.
Tu no me sacaste a bailar, el me invito y acepte, eso es todo. No me paso las manos por los pectorales, ni los bíceps. No me elogio inapropiadamente, ni me ofreció hacerme un trabajito en el asiento trasero de su auto. - me quite el saco.
¿Estás celosa? - pregunto divertido.
¿Porque habría de estarlo? -gracias al cielo, mi tono no sonó sarcástico.
¿Si me permites? -señale la puerta- Quiero cambiarme y meterme a la cama.
Te he visto sin ropa.
¿Porque no te vas Inuyasha?
No me voy a ir - se acercó y trato de besarme.
Inuyasha, vete.
No.
Me beso a la fuerza.
¡Suéltame! - me arrastro a la cama - No Inuyasha, por favor no.
Subió la mano por mis muslos, hasta mi entrepierna.
No quiero, suéltame. Me estas lastimando.
Por primera vez, me asusto su fuerza y me asuste de mí misma.
No quería desearlo como lo deseaba en ese instante, pero era algo imposible, no dejaba de besarme y tocarme. Estaba enojada y no debía encontrarlo irresistible, pero no podía.
Comencé a llorar de coraje. Estaba furiosa conmigo misma y no con él.
Se alejo de mí, en cuanto escucho mis sollozos.
Gomy... yo lo lamento. Yo no... - se alejó aún más, retrocediendo asustado.
Se fue a su habitación y escuche que cerro con seguro.
Si él hubiera continuado, no me hubiera violado, estaría pidiéndole más y murmurando su nombre, en susurros casi inaudibles, como cada noche.
Llore contra la almohada, llena de dolor y frustración. Si el fuera mío en público, no tendría por qué estar celosa; las chicas no se le insinuarían... Si tan solo fuera realmente mío.
Llore hasta que amaneció, incluso después de eso. Se que el me ama y yo a él, pero nunca se lo diré, porque solo nos haríamos más daño, al momento de separarnos.
Se que después de la preparatoria, cada uno se ira a una universidad diferente. El conocerá a alguien y se enamorará. Solo lo veré en los días festivos, cuando regresemos a casa. Joka y Onigumo me comprometerán con alguien "adecuado" para mí, en el tercer año de universidad. Años más tarde, me convertiré en una mama más de Upper East Side. Por las tardes al beber mi copa de chardonnay, a media luz en la biblioteca de mi gran casa, usando perlas y Chanel... pensare en él y en las noches de mi adolescencia que pase en sus brazos. Recordare nuestra primera noche juntos y sonreiré al recordar la manera en que me miraba y su blanca sonrisa.
Sus hijos me llamaran tía en lugar de mama. En navidad lo saludare de beso y abrazo, un abrazo fugaz lleno de recuerdos felices. El vera en mi cara una cálida sonrisa, pero por dentro estaré llorando y muriendo por él; deseando con todas mis fuerzas regresar a esos días, a estos días que estoy viviendo con él.
No lo volvería a alejar de mí nunca más. Tenía que ser inteligente y atesorar cada momento que viviera a su lado.
Pero de algo estaba segura... nunca le diría: Te amo.
