¡Hola a todos!, luego de algunos meses de trabajo en conjunto con mi lector beta, finalmente podemos presentarles a ustedes esta adaptación de la talentosa escritora Victoria Wittaker la trama es de ella, yo solo hice algunas correcciones de ortografía y redacción de su historia original, para que se adaptara a el mundo de Inuyasha el cual pertenece a nuestra querida Rumiko Takahashi.
No olviden visitar la historia original de Victoria, el enlace estará en mi perfil
Estaré publicando dos veces a la semana lunes y viernes esta emocionante y hermosa historia.
Siendo fiel a lo que ponía Victoria, tengo en una pagina de Facebook las imágenes de los capítulos (Cosas que destacan de los capítulos, y no todos tienen imágenes) la dirección esta en mi perfil
Quiero ofrecerles disculpas por esta extensa espera, sin embargo la vida real me ha tenido SUPER ocupada.
La historia de Nuevo Amanecer queda temporalmente suspendida LO SIENTO
63 – MRS RABBIT
A la mañana siguiente, luego de que me bañe toque a su puerta.
Abrió, pero sin mirarme o hablarme. Estuvimos en silencio casi un minuto entero, hasta que me abrazo y me pidió perdón. No tenía nada que perdonarle, pero aun así llore contra su pecho, rodeando su cintura con mis brazos.
No dijimos una sola palabra, durante mi llanto. Con ese abrazo nos decíamos todo, nos decíamos te amo.
Para la fiesta de disfraces de la disquera, me sorprendió que Joka me comprara un disfraz. Y me sorprendió aún más cuando lo vi.
¡¿Jessica Rabbit?!
Asintió emocionada.
No te gusta?
Si, pero... no me parezco en nada! No tengo tantas curvas y es muy provocativo. No creo que a papa le guste.
Yo le pedí su opinión y dijo que estaba bien. además el que usaste el año pasado estaba más ajustado - murmuro mi madrastra mientras sacaba los guantes largos de satín, color morado. - Veamos cómo te queda el vestido.
Me puse el vestido rojo con tirantes transparentes y con un gran hueco en la espalda. No era exacto al del dibujo animado ya que el original es straple y solo se sostiene gracias a los enormes atributos de la femme fatale de Jessica Rabbit, los cuales yo no tenía.
Salí con el provocativo vestido y Joka me vio con ojo crítico.
Te queda algo grande de la cintura... Le diremos a Sango que lo arregle un poco. Tienes los ojos cafés y Jessica los tiene verdes como tu padre. Toma. - me entrego una cajita con un par de lentes de contacto verdes.
Le llamare a Sango para que te ajuste el vestido.
Joka salió de mi habitación y me mire en el espejo. Si me maquillaba exactamente igual que el dibujo y me compraba unas pestañas postizas y si alaciaba mi cabello, si podía parecerme a Jessica.
Mi relación con Joka iba por buen camino; la acompañaba a un evento por semana, con la condición de que ella fuera a los partidos de Inuyasha. Acepto mis condiciones de muy buena gana, incluso cuando iba a los partidos, se vestía con los colores de la escuela: azul y rojo. Gritaba, vitoreaba y en ocasiones se le salía una que otra grosería dirigida al equipo contrario.
No le Conte a Inu de que sería mi disfraz, quería que fuera una sorpresa. Pero yo si sabía que el iría del Fantasma de la Opera, papa iría de Homero Adams y Joka de Morticia.
Me mire en el espejo con los lentes de contacto verdes y suspire. Me hubiera gustado tener los ojos como papa, para no tener ni un recuerdo de Kikyo en mí.
Me levante de la silla frente a mi peinador, me pare frente al espejo de cuerpo entero y me gire frente a él. Mire mi espalda desnuda y pálida, expuesta por la abertura del vestido. Mi disfraz del año anterior seria más ajustado, pero al menos no andaba con medio cuerpo de fuera.
Sonreí abiertamente en el espejo para asegurarme de que mis dientes, no se hubieran manchado con el labial rojo fuego.
Tres golpes suaves en la puerta secreta, hicieron que mi corazón saltara. Me preguntaba si alguna vez dejaría de sentir esa sensación y que las manos no me sudaran, al escuchar esos simples sonidos.
Traté de caminar como la caricatura que en esos momentos personificaba -contoneando las caderas- y me sentí totalmente ridícula.
Abrí la puerta e Inuyasha me esperaba en pose: el brazo derecho le cubría el rostro dramáticamente, pero pronto dejo su juego.
Ah - suspiro - creo que me va a dar algo - se puso la mano derecha en el corazón.
Su mirada me perturbo, parecía uno de esos pervertidos enfermos, que salían en las películas. Me estaba desnudando con la mirada.
En cambio, el... bueno no era novedad que se viera guapo, pero traía el cabello peinado hacia atrás con alguna clase de producto para el pelo, y no despeinado como siempre.
Me miro una y otra vez de arriba a abajo. Desde los altos zapatos rojos Yves Saint Laurent -con los cuales casi lo veía a los ojos-, hasta mi cabello lacio con volumen.
Si te beso... no se enojará Roger? - pregunto acercándose a mi.
No lo creo... el me engaña con el Conejo de Pascua - trate de engruesar la voz y hablar sexy.
Claro que no me salió bien, pero la respiración de Inuyasha se agito. Me pego a su cuerpo y pude sentir claramente la excitación en sus pantalones.
Paso su nariz desde mis senos, hasta mi garganta.
Quiero tenerte - susurro subiendo lentamente su mano por mi pierna izquierda, la cual se salía por la abertura del vestido rojo.
Tendrás que esperar unas horas - casi me muero al decir eso - Cuando regresemos podrás hacer conmigo lo que quieras. - Me alejé de él y le cerré la puerta en la cara.
La fiesta de la disquera se pareció mucho a la del año anterior. Papa me presento con sus colegas, los cuales no dejaban de verme de manera poco apropiada. -Viejos rabos verdes- También me presento con algunos artistas, con los que había trabajado ese año.
Justin Timberlake se acordó de mí. Me saludo de beso y abrazo. Actúe muy normal y sonreí cortésmente, en mi fuero interno estaba brincando y gritando emocionada, como cualquier fanática enloquecida.
Por la manera en que papa me miraba y me presentaba con sus amigos, que tenían hijos de más o menos de mi edad, me sentía como si tratara de... venderme o... arreglar un matrimonio por conveniencia. Sabía de sobra que algún día trataría de hacer algo así, pero no tan pronto.
Entre a mi habitación y cerré con seguro. Inuyasha entro aun caracterizado, lo cual me gusto.
Desate el cordón de su capa negra y la avente al suelo, desabotone su camisa blanca de seda solo de arriba, hubiera continuado con mi propósito, pero detuvo mis manos.
No, no, no. Tu dijiste que yo podía hacer contigo lo que quisiera... así que... - beso mi hombro izquierdo y lo mordisqueo juguetonamente.
Cada caricia suya, me hacía temblar. Cada beso suyo me hacía suspirar.
Soltó mis manos y deje que me desvistiera, Se deshizo de mi vestido y me quito los guantes.
Una vez acostada en mi cama, recorrió mi cuerpo con sus manos y su labios. No me penetro de inmediato, el muy maldito me torturo con sus caricias por media hora. Casi tuve que rogarle, para que me hiciera suya.
Pero una vez que lo hizo... valió la pena.
Me parecía un poco extraño que se estuviera comportando tan brusco conmigo, pero era muy placentero.
¿Te gusta? - susurro en mi oído.
Aja - suspire.
Su respiración áspera y agitada en mi oído, era la melodía más hermosa en esos momentos.
Moví con fuerza mis caderas hacia arriba -como había leído en la revista Cosmopolitan- y un fuerte gemido salió de los labios de Inu.
Gomy... hazlo de nuevo. Oh... Dios!
Luego de un rato me ordeno:
Date vuelta.
¿Que? - al niebla de lujuria y deseo dejo de aturdirme.
Date vuelta.
Pa-para qué? - casi lo empuje. Que quería hacer?!
¿Confías en mí?
Lo pensé un momento y al final asentí levemente.
Salió de mi interior y me di la vuelta para quedar boca abajo. Respire agitadamente porque estaba nerviosa.
Me jalo de las caderas y quede hincada y sosteniéndome con mis manos, entro en mí de nuevo y gemí de placer y de sorpresa. Era diferente y excitante hacerlo de esa manera. Como tenía las piernas juntas estaba más estrecha.
Quiero verte - murmuro Inu tomándome por el mentón, para voltear mi rostro hacia él.
¿Qué demonios le pasaba a Inuyasha? Que tomaría en la fiesta? Lo que sea que fue... tenía que conseguirle más.
Nunca había actuado así. Si era algo desesperado, frenético e intimidante, pero siempre me pedía permiso cuando quería hacer algo diferente o al menos me avisaba. Ahora me había dado órdenes y era brusco... pero era lo mejor que habíamos hecho.
