64 – LA APARICION DEL DIABLO
Como había decidido atesorar cada momento junto a Inu, el tiempo me hizo una mala jugada.
Cuando menos me di cuenta, ya estaba preparando en pavo de Acción de Gracias, en la cocina junto a Sango y Joka. Casi me dio un ataque cuando repare en la fecha. El mes se me fue como si fuera un día!
Durante la cena trate de pasarla bien, al fin y al cabo, tenía lo que siempre había deseado: una familia unida.
Papa pasaba más tiempo en casa, Joka y yo platicábamos más, incluso me había dejado leer los primeros capítulos de su nuevo libro, antes que su editor. Tenía a mi nana y a Miroku, además tenía un hermano al cual adoraba y un amante secreto que amaba (también en secreto).
Papa había impuesto el Dia Familiar. Sin importar cuan ocupados estuvieran él y Joka, y cuanta tarea tuviéramos Inu y yo, veíamos una película los domingos los cuatro juntos en el cuarto de la televisión. Hacíamos palomitas, comíamos banderillas, hamburguesas, pizza, hot dogs... cualquier comida chatarra que se nos antojara ese día.
En la escuela me seguía yendo bien; según Tsubaki y Ayame, el próximo año -el último en la preparatoria- dominaríamos el lugar. Eso no me importaba ni en lo más mínimo, pero a ellas sí.
Byakuya, Kouga, Bankotsu, Candy y Hoshiyomi ya habían hecho el examen SAT y estaban yendo a los recorridos que las universidades hacían, para los estudiantes próximos a entrar.
Como ya era costumbre, una semana después del día de Acción de Gracias, fuimos de compras para navidad.
A Joka le compre una computadora portátil con un disco duro externo. Últimamente se estaba quejando de su vieja computadora.
Compre lo de siempre ese año, bolsas, bufandas, abrigos, una que otra joya para Joka y Sango. Un celular nuevo para Onigumo y uno para Miroku. Una consola de video juegos para Inu. Según él se moría por tenerla.
Yue y Kirinmaru me invitaron de nuevo a Suiza, pero rechacé su invitación. No me quería alejar de Inuyasha, pero mi excusa oficial fue que papa estaría en la casa todo ese tiempo y quería aprovechar para pasar la temporada con él.
Una semana antes de salir de vacaciones de navidad en escuela... el diablo se me apareció. Ese viernes habíamos salido temprano, porque los maestros estaban organizando el evento navideño y las juntas con los padres de familia y no sé qué tantas cosas más.
Nuestro grupito planeo irnos a jugar Central Park, con la nieve que había caído durante la noche y la mañana.
Las chicas traíamos la falda, pero a mí no me importaba mucho ya que traía unas gruesas leggins azul oscuro y botas negras hasta la rodilla. También traía el suéter del St. Meyer y un grueso abrigo negro. Guantes, bufanda y un sombrerito color rojo. Los hombres traían pantalón, así que no pasarían frío.
El día era hermoso; blanco y gris. Blanco por la nieve que caía y que cubría las calles y gris por las nubes que cubrían el cielo de Nueva York.
Luego de ir a Central Park, nos iríamos a la casa de Tsubaki y Kouga a estudiar para los exámenes de la semana siguiente.
El próximo viernes cuando acabemos con todo esto, hay que hacer una fiesta, le pediré permiso a mis padres. - iba diciendo Byakuya, con su brazo izquierdo en los hombros de Tsubaki.
Casi todos íbamos en parejas. Inuyasha y yo íbamos fuertemente abrazados como los demás; no se veía sospechoso, hacía frío.
Kagome! - grito una mujer a mi espalda.
Pensé que sería Joka, por lo que voltee.
No era Joka.
Kagome... Higurashi? - se me acerco una mujer con el cabello rubio dorado en risos como los míos.
Sus ojos cafés, me advirtieron quien era. además del jadeo de sorpresa de Tsubaki y Kouga.
Eres tú... en verdad eres tú. - la alta y hermosa mujer se acercó más a mí, bajo las miradas interrogantes de mis amigos.
Quise vomitar, la calle comenzó a dar vueltas a mi alrededor. Tragué saliva y retrocedí un paso.
Lo siento - se disculpó la mujer - Tal vez no sepas quien soy... Yo tengo tus fotos - sonrió levemente mientras de su bolso Louis Vuitton sacaba todas las revistas en las que yo había posado.
En una busco una página que traía doblada la esquina superior. La reconocí, en ella se hablaba de mi pasada fiesta de cumpleaños.
Eres tan bonita... mi niña - levanto la mano derecha para acariciar mi rostro.
Retrocedí más.
Lo lamento, yo... Tú no sabes quién soy? - no respondí, si lo hacía vomitaría enfrente de todos - Tal vez tu papa nunca te hablo de mí.
Comencé a temblar.
¿Que hacia ella aquí?
¿Que quería?
¿Porque tenía mis fotos?
¿Por qué ahora?
Desvié la mirada de sus ojos -mis ojos- y retrocedí otro paso tambaleándome. Di media vuelta y sin decir una sola palabra me marché.
¡Kagome! - grito de nuevo esa desconocida mujer - Hija no te vayas!
Las lágrimas salieron de mis ojos y seguí caminando sin esperar que alguien me acompañara.
Di la vuelta en la esquina y eché a correr. No podía respirar, corrí desenredando la bufanda roja de mi cuello y desabotoné mi abrigo. Corrí y corrí adentrándome más en el parque, perdiéndome entre la gente, la cual me miraba asustada.
Corrí y corrí hasta que no pude más y me tiré en el césped ahora blanco por la nieve.
Nunca pensé reaccionar así cuando viera a Kikyo Yamada, pero me había tomado desprevenida su asquerosa presencia.
Lo que más me molesto, es que tuviera la osadía de llamarme hija.
¿Quién demonios se creía que era?
¿Mi madre?
Mi celular no dejo de sonar durante mi huida, ni en mi derrumbe en la nieve.
¿Muchacha, estas bien? - me pregunto una señora con un marcado acento latino.
Si - la mire entre mis lágrimas.
Muy amablemente me ayudo a levantarme y me sentó en el banco más cercano.
¿Estas herida?
Negue con la cabeza.
¿Estas perdida?
Si lo estaba, pero no geográficamente.
Negué de nuevo y seguí llorando.
¡Gomy! ¡Ahí estas cielo! - grito Inuyasha aliviado. Se acerco a mí y se sentó a mi lado, en el lugar en que la amable mujer se había sentado a consolarme. - Gracias, estamos bien - le susurro a la señora.
Inuyasha me abrazo y llore contra su pecho, algo que ya era una costumbre después de todos estos años.
¿Que es lo que quiere? - solloce - Para que regreso?
Tranquila cielo, tranquila. No te va a hacer daño, ya estoy aquí. - murmuro meciéndome a modo de consuelo.
Cerré los ojos y seguí llorando.
Fue un impacto muy fuerte que ella estuviera al tanto de mi vida, que tuviera esas revistas con ella. Incluso tenía en las que ni parecía ser yo, por que traía el cabello lacio.
Yue y Kirinmaru estaban en contacto con ella? Después de todo era su hija. Pero... ellos le darían un informe detallado de mi vida?
Sabia donde estudiaba y que había posado en esas revistas...
Mi padre sabía que ella había regresado? Lo último que supo de ella, fue cuando le envió los papeles del divorcio ya firmados, solo para que el los firmara, un año después de que ella se fue.
Inuyasha saco de su mochila un pañuelo y limpio mis lágrimas, algo en lo que él era todo un experto.
Cuando nos levantamos del banco, sacudimos toda la nieve acumulada sobre nosotros. Mientras yo lloraba desconsoladamente por la mujer que me había abandonado siendo yo una bebe, la nieve arrecio y cayó sobre nosotros dos.
La casa estaba a unas cuantas calles del parque. Caminamos en silencio abrazados.
Cuando entramos a nuestro calientito y seco hogar, Joka me llamo cuando íbamos subiendo las escaleras.
Kagome... tienes visita - murmuro con tono monótono.
Se fijo en mi cara roja e hinchada por el llanto, pero no dijo nada.
La seguí hasta la sala arrastrando los pies y ahí, vi al mismo diablo de nuevo.
¿Que hace ella aquí? - masculle con la mandíbula apretada, al igual que los puños.
Kagome, hija yo...
¡No me llame hija! ¡Fuera de aquí! ¡Largo! - señale la puerta pero ella no se movió. - ¡Miroku! - grite a todo pulmón. Apareció en la puerta muy serio. - Saca la basura, por favor.
¡Kagome! - Joka me reprendió.
¿Que?
¿Quieres que la trate bien?
¿Crees que se merece un buen trato? La tratare justo como ella lo hizo conmigo. ¡Sácala, Miroku! No quiero verla.
Kagome, por favor... - me tomo de la mano.
¡No me toque! - sacudí mi mano - Tu decidiste sacarme de tu vida, ahora es mi turno. Vete! Lárgate a Rumanía. - Dio un respingo cuando mencione el lugar donde vivía.
Kagome, escúchala - suplico Joka tomándome de los hombros, a mi espalda.
¿Que? ¿Me vas a decir que regresaste porque te diste cuenta de que me amas? Muy tarde. ¿O me vas a decir que regresaste porque te descubrieron una rara enfermedad incurable?
Kikyo bajo la mirada.
¿Estas... muriendo?
¿Por eso regresaste? - me reí - Ya se, quieres enmendar tus errores y que tu hija perdoné tu abandono, ¿verdad? Bien, te perdono, eres libre de culpas. Listo, vete. De hecho, te agradezco que te fueras, si no te hubieras ido papa no hubiera conocido a Joka y a Inuyasha. Así que... gracias. Ahora ya puedes irte a morir en paz. Ya tienes lo que querías, ahora vete. Lárgate de mi casa.
No se movió, siguió llorando en silencio frente a mí. Esta vez, yo no llore.
Miroku, saca la basura por favor. - murmure con autoridad antes de marcharme a mi habitación.
Extrañamente, la que se sintió en paz, fui yo.
