65 – MAMIS Y PAPIS AUSENTES

Cerré ambas puertas de mi habitación, me quité la húmeda ropa por la nieve y me di un baño caliente y reconfortante. Me puse ropa limpia y calientita. Me tire en la cama a estudiar para los exámenes finales.

Nadie se había atrevido a molestarme el resto del día, hasta que llego papa.

¡Princesa! - toco a la puerta - ¿Puedo pasar?

Suspiré y cerré mi computadora. Abrí la puerta con una falsa sonrisita.

¡Hola Onigumo, que milagro!

¿Onigumo?

Bueno, papa.

¿Puedo pasar?

Abrí más la puerta. Cuando entro se sentó en la silla de mi escritorio.

¿Como estas? - pregunto consternado.

¿Bien? - mi respuesta parecía una pregunta.

Subí las piernas a la cama y abracé una almohada.

Joka y Inuyasha me contaron todo lo que sucedió.

Asentí.

Inuyasha chismoso, ¿que le habrá contado?

No te culpo, pero esa no fue la manera de tratarla, Princesa.

¿Que querías que hiciera?

¿Que corriera a sus brazos, llorando y diciéndole mami una y otra vez?

No, tampoco exageremos las cosas. Pero si la hubieras tratado con más... diplomacia.

Si, claro. Así como ella la tuvo conmigo, durante quince años. Lo siento, es todo lo que decía el papel.

Papa asintió y se sentó frente a mí en la cama.

Ella está enferma, cielo.

Lo siento mucho, pero no puedo compadecerla. Ella vino buscando mi perdón y se lo di. Fin de la historia. -papa iba a decir algo, pero lo interrumpí

Ella nos abandonó y no intentes justificarla con la depresión postparto. Si ella nos hubiera querido lo suficiente, se hubiera atendido, hubiera luchado contra eso. Así que no tiene ningún derecho de haber venido como lo hizo. ¡Fue... escalofriante que trajera con ella esas revistas, como una acosadora! - me estremecí.

Onigumo se río.

¿Que?

Nada, es solo... Nada.

¿¡Que?!

Te vas a enojar, pero... te pareces a ella. ¡Me volvía completamente loco! Era dulce, tierna, algo caprichosa, inteligente, todo lo que se proponía lo lograba. Tienes sus risos, excepto que con el color de mi pelo. - papa sonrió con la mirada perdida en sus recuerdos, mientras yo lo miraba enfurruñada.

¡No me quería parecer a ella!

¿Te puedo pedir un pequeño favor, papi? - tenía siglos sin llamarlo así.

¡Lo que quieras! - sonrió y sus ojos verdes brillaron como esmeraldas.

No quiero que vuelva a entrar a esta casa, es... mi lugar seguro. -hable en susurros- No quisiera temer a entrar a mi hogar, por creer que ella está aqui. Ella no me quiso en su vida cuando más la necesitaba, yo no la quiero a ella cuando me necesita. Ella no cabe en mi vida, tengo un padre, dos madres y un hermano. Tengo suficientes amigos y no quiero otra. - no pude evitarlo y comencé a llorar - No quiero que me haga más daño.

Onigumo asintió llorando y me abrazo.

Te quiero mucho Kagome. Mas que a mi propia vida. Tuvimos un inicio accidentado, pero... te amo Princesa, nunca lo dudes. - beso mi frente

No te hará daño, te prometo que no se volverá a acercar a ti. Si es necesario te pondré un guardaespaldas. Pero creo que con Inuyasha es suficiente, te protege muy bien. Es muy buen hermano.

Suspire.

Mi hermano...

Si no fueran hermanos, serian una linda pareja. Te juro que le daría tu mano sin pensarlo si me lo pidiera en unos cuantos años, claro si no fueran hermanos.

Trague saliva.

Que cosas dices - me aleje de él y limpie mis lágrimas.

Lo sé, es solo una loca idea que me ha rondado la cabeza desde la fiesta de disfraces. ¿Quieres bajar a cenar o le digo a Sango que te traiga aquí la comida?

Quiero comer aquí, papa.

De acuerdo. Te quiero Princesa.

Yo también.

No fue Sango quien me llevo la cena, sino que fue mi "hermano". Y no solo llevo mi comida, también la de él.

Comimos sentados en el suelo alfombrado de mi habitación, con la espalda recargada en mi cama. Pusimos música y hablamos sobre los exámenes próximos y la fiesta que quería hacer Byakuya. También trato de que habláramos sobre Kikyo, pero intente distraerlo hablando de mi ropa interior de encaje, pero no funciono.

Gomy, tú tienes a tus padres, no sabes lo que yo daría por que los míos vivieran.

Pero cuando tus padres murieron, te amaban. Eso lo sabes muy bien. ¿Ella no me quiso y ahora que está muriendo se acordó de que tiene una hija? En verdad lamento con todo mi corazón que tus padres no estén aquí y que no vean en el gran chico que te has convertido... ellos no tuvieron elección, ¡pero ella sí! Ella pudo regresar y no lo hizo. además, como le dije a ella, si no se hubiera ido, no te habría conocido.

Acaricie suavemente su mejilla y cerró los ojos por mi contacto.

Te quiero, Inuyasha.

Y yo a ti.

No pensemos más en nuestros padres, solo nos hacemos daño.

Asintió.

Esa noche dormí entre sus brazos como ya era costumbre.

El fin de semana la pasamos encerrados en nuestras habitaciones, no divirtiéndonos, claro; sino estudiando. Teníamos exámenes finales la siguiente semana. Ya luego tendríamos el resto de las vacaciones para nosotros.