Advertencia:
🔺Los personajes no me pertenecen, son de Kōhei Horikoshi.
🔺No existe relación entre los acontecimientos de esta historia y el desarrollo del manga o el anime.
🔺Cambio de personalidad de los personajes.

Espero que lo disfruten.


En los vestidores.

- Katsuki. - El gemido sonó bajo y sensual, sus pequeñas manos se apoyaron de su antebrazo buscando soporte y él gruñó cuando sus paredes lo apretaron.

- Abre los ojos, cara de ángel. Míranos. - Su voz ronca la hizo gemir y abrió sus ojos lentamente, avergonzada por lo que sabía que vería.

Un jadeo salió fuerte de sus labios ante lo que encontró. Frente a ellos estaba en enorme espejo que cubría toda la pared sur del vestuario de chicas, reflejando claramente la figura de Ochako saltando en su regazo. Katsuki estaba sentando en una de las sillas con ella de espaldas a él, su miembro entrando y saliendo de su interior.

Su uniforme de porrista estaba mal puesto, su camiseta estirada hacia arriba para dejar sus pechos al aire, sus bragas tiradas en algún lugar del vestuario, y tenía la falda envuelta en las caderas, levantada de forma que veía claramente su pene perdiéndose dentro de ella una y otra vez, empapado con su excitación.

Katsuki apretó su agarre sobre sus caderas y la instó a ir más rápido, ayudándole a moverse mientras ambos se acercaban al clímax.

Ella gimió, el nudo en su vientre tensándose cada vez más. Pronto sus piernas empezaron a temblar.

- Sí, más. - Gimió extasiada cuando él empezó a mover sus caderas también, haciéndola sentirlo más profundo. - Tócame. - Jadeo desesperada, su sangre cantando ardiente en su sistema, sintiéndose al borde. El rubio obedeció al instante, una de sus manos viajando hacia su clítoris y restregó con fuerza. Su otra mano apretó su pezón entre sus dedos y ella gritó, su orgasmo golpeándola por sorpresa y dejándola temblorosa y jadeante.

Katsuki embistió en su interior un par de veces más antes de correrse también, jadeando con fuerza en su cuello.

- ¡Mierda, eso fue jodidamente caliente, mejillas! - Ella no pudo evitar reír por su comentario, pero asintió completamente de acuerdo. Se dejó caer contra su pecho satisfecha, girando su cabeza para besarlo en la boca, sus lenguas acariciándose perezosas.

Ronroneo cuando sus manos amasaron sus senos, las palmas cálidas acariciando los pezones erguidos. Sus caricias calmaban su cuerpo y al mismo tiempo lo encendía, una contradicción que no lograba comprender pero que disfrutaba en demasía.

- Vamos, aún falta una hora para terminar. - Ella asintió otra vez ante sus palabras y se puso de pie con dificultad, las manos de Katsuki en sus caderas para ayudarla.

Sus músculos estaban resentidos después de la actividad, sus piernas temblorosas y su espalda adolorida, pero había valido totalmente la pena. El rubio se puso de pie por igual y se abrocho los pantalones, dirigiéndose a uno de los lavabos para volver con una toalla húmeda en las manos.

Ochako lo observó atenta mientras él la limpiaba, llevándose el rastro de lo que acababan de hacer de entre sus piernas, y cambiando la toalla por otra nueva para secar el sudor de sus cuerpos. Ella le sonrió enternecida, tal vez él odiada escucharlo, pero su novio era jodidamente adorable.

Ella le echo los brazos al cuello tan pronto estuvieron vestidos y se puso de puntillas para darle un beso fuerte en los labios. Le entregó una vez más su corazón e intento demostrarle con sus labios lo mucho que lo amaba, sonriendo un poco cuando él respondió con el mismo sentimientos, sus manos envueltas a su alrededor pegándole por completo contra él.

- Encuéntrame después de clases en mi habitación. - Le invito jadeante y esta vez él asintió. Ambos tomaron sus cosas y Ochako se arregló el pelo frente al espejo antes de dirigirse hacia la salida, dando un respingo cuando él le pellizco el trasero sonriendo.

Ella iba sobando la zona afectada al salir del gimnasio, fingiendo estar enojada, cuando toda su dicha poscoital y la diversión huyeron de su cuerpo para ser reemplazado por el pánico al encontrarse de frente con Mina Ashido, su mejor amiga, que miraba sospechosamente de ella a Bakugo, su cabeza moviéndose de forma cómica de uno al otro. Su amiga los miró boquiabierta cuando al parecer su cerebro finalmente hizo clic.

- ¿Qué estaban haciendo? - Su tono sugerente y su expresión divertida daba a demostrar que sabía exactamente lo que estaban haciendo. Ochako se sonrojó hasta las orejas y Katsuki la miro fastidiado.

- ¡No es de tu incumbencia, ojos de mapache! ¡Fuera de mi camino! - Bakugo le gritó al rostro antes de esquivarlas a ambas y seguir de largo hacia su última clase del día. La ojos de mapache era demasiado entrometida, pero sabía que debía darle la elección a Uraraka si quería contarle o no; a él no le importaba, de todos modos ella seguía siendo suya, lo supiera la gente o no. No pudo evitar sonreír un poco ante el pensamiento.

Uraraka sintió su rostro arder más de lo que nunca lo había hecho en su vida mientras su amiga la miraba fijamente, sonriendo imperturbable y ansiosa por todos los detalles. Sería una larga tarde.