67 - EL AÑO TERMINO... Y NOSOTROS TAMBIÉN *
Pase las vacaciones viendo películas en la habitación de Inuyasha y en la mía, pero de vez en cuando teníamos que jugar a la Familia Feliz con Joka y papa.
En navidad comimos los seis juntos en el comedor: Onigumo, Joka, Miroku, Sango, Inuyasha y yo. Mi nana preparo jamón glaseado, adornado con piñas y cerezas; de postre Inu y yo hicimos brownies, los cuales nos quedaron deliciosos. Papa no creyó que nosotros dos los preparamos con nuestras manitas, pero si se comió casi media docena.
A la mañana siguiente mi lindo hermano y yo bajamos a abrir los regalos de navidad, tal y como lo hicimos la primera navidad que pasamos juntos. Media hora más tarde bajaron de sus habitaciones los cuatro adultos, aun en pijama y con la marca de la almohada en la cara.
Después del desayuno vimos películas y a la hora de la comida, nos terminamos las sobras de la cena. Me sentí de once años otra vez, esa navidad casi fue idéntica a la primera navidad que tuvimos en Nueva York, excepto que al despertar no fui a la habitación de Inuyasha, había pasado la noche en su cama y fue el quien me despertó.
Durante la semana las cosas estuvieron algo alocadas y ajetreadas, ya que papa había decidido dar una fiesta de Año Nuevo en casa. Los organizadores y sus asistentes daban órdenes a los decoradores y demás personas que pululaban en la sala, los pasillos y la piscina.
Joka me regalo un hermoso vestido blanco, largo de seda. Tenía una franja gruesa bajo el busto, hecha de pedrería fina. Era hermoso. A Inu le regalo un nuevo tuxedo negro; el hizo un gesto de disgusto, pero la fiesta era con el elegante tema de Blanco y Negro.
El día de la fiesta al medio día llegaron un maquillista y una estilista. Primero arreglaron a Joka en su habitación y luego a Sango. Al final a mí. No me maquillaron mucho, pero si delinearon con destreza mi parpado superior y me colocaron una gruesas y tupidas pestañas postizas. Pintaron mis labios con un labial rojo cereza indeleble, que hacía que mis labios se vieran aún más llenos.
Mi cabello lo peinaron con suaves ondas que me recordaron las antiguas películas en blanco y negro.
Los invitados comenzaron a llegar a las siete treinta, pero yo estuve lista una hora más tarde. Baje a la fiesta cuando el reloj marcaba las nueve menos quince. Inuyasha me esperaba al pie de las escaleras dandome la espalda.
Volteo para verme cuando los invitados lo hicieron. Me dedico una gran sonrisa que hizo que las piernas me temblaran y sus ojos tenían esa chispa picara y tierna que yo adoraba. Se veía... bueno era Inuyasha, con cualquier ropa se veía guapo, incluso se veía mejor sin ella. Pero ese no era el momento de pensar en él; debía comportarme como niña buena, frente a los invitados de papa. Mi hermano realmente me quito el aliento esa noche, se veía tan guapo con su tuxedo y con su corbata de moño.
Inu me tendió la mano derecha y la tome sin dudar, los invitados nos saludaban y nos observaban muy de cerca, así que no podía decirle que tenía unas ganas desquiciantes de besarlo.
Te ves hermosa - murmuro muy bajito, mientras nos encaminábamos tomados del brazo, hacia donde estaban Onigumo y Joka.
Gracias, tú también. - le sonreí.
¿Recuerdan a mi hija Kagome? - le pregunto papa al señor Motola una vez que nos acercamos.
¿Como olvidar a un ángel? - respondió el, besando mi mano.
Le sonreí.
La noche fue el típico desfile con los amigos de Onigumo. Así como el me presentaba con sus amigos y colegas hombres y los hijos de estos, Joka presentaba a Inuyasha con sus amigas y sus hijas.
En cierto punto de la noche, me vi rodeada de adolescentes y universitarios, que trataban de conquistarme diciéndome los ceros que tenía su fideicomiso. Lo que me hizo pensar que ellos no tenía ni idea de cuantos ceros tenía el mío; papa me había dado esos papeles años atrás, pero no los leí. Guardé los papeles en una caja con llave y la subí a la repisa más alta de mi armario.
Intercambie números telefónicos y correo electrónico con los chicos menos superficiales y que eran lindos. Uno tenía el cabello negro y lacio. Otro tenía los ojos casi negros, otro tenía la piel bronceada, otro era alto y atlético
Poco a poco me di cuenta de lo que buscaba en todos ellos... a Inuyasha Taisho. Buscaba un reemplazo y no lo encontré del todo. Nadie era como él. Nadie era tan guapo, encantador, tierno, dulce, fuerte y gracioso como él.
Nadie.
Inuyasha Taisho era único, cuando lo hicieron rompieron el molde. Nunca encontraría a alguien como él.
Me disculpé con mis nuevos amigos y casi corrí a los brazos de Inuyasha. Me faltaba el aire si no estaba junto a el.
¿Te diviertes? - pregunto muy serio.
Lo hacía, hasta que...
¿Hasta qué...que? - le dio un trago a su champane.
Hasta que empecé a buscarte en ellos, pero ninguno se parece a ti. - respondí mirando el suelo. - ¿Y tú? ¿Te diviertes?
Ninguna de ellas eres tú.
copión.
¡Es la verdad!
Lo miré y encontré en su rostro, lo que había buscado en otros.
Voy a disculparme con Onigumo, tengo una migraña terrible - le guiñe el ojo - Cinco minutos más tarde iras a mi habitación a ver como estoy y te quedaras conmigo cuidándome.
¿Que?
Espera aquí y veme en el baño en cuando termines de contar hasta treinta.
Me escabullí al baño que estaba debajo de las escaleras y cuando Inu entro lo avente a la pared. Me miro sorprendido por mi agresividad.
Mientras lo besaba salvajemente, subí su mano izquierda por mi pierna hasta llegar a mi entrepierna.
¡Siente que tan húmeda esta mi ropa interior - susurre en su oído - Ups! Me equivoque... no traigo ropa interior.
Retire su mano de mi entrepierna y me aleje de él.
déjame entrar - murmuro dándome la vuelta.
Me pego contra la pared y subió de nuevo su mano.
No.
No puedes dejarme así, Kagome.
Oh sí que puedo, Inuyasha.
Solo déjame... - abrió su pantalón.
No.
Solo la puntita.
Inuyasha! - lo empuje.
Por favor - me rogo con una mirada enloquecida.
Arrugaras el vestido - dije sin mucha convicción, sus besos en mi cuello estaban causando estragos en mí.
Quitalelo, entonces.
Iba dejar que me desvistiera cuando:
Kagome estas aquí? - Sango toco a la puerta.
¡Si! - empuje de nuevo a Inu y me puse la ropa interior.
Inuyasha me miro asustado y cerro su pantalón.
¿Has visto a Inuyasha, cielo?
Abre la puerta - le susurre.
¿Que? ¡No!
¡Hazlo!
Me hinque frente al inodoro y cuando Inu abrió la puerta baje la palanca.
Gomy se siente mal, Sango.
Pretendí enjuagarme la boca, porque según yo acababa de volver el estómago.
¿Comiste algo que te cayo mal? ¿Bebiste mucha champane? - pregunto Sango con ternura tocando la frente. - Estas hirviendo!
Me duele la cabeza. He tenido migraña desde que me levante.
¿Porque no dijiste nada?
Me encogí de hombros haciendo un puchero.
Voy a disculparme con papa y Joka.
Sali del baño y los encontré platicando animadamente con sus amigos. Le hice señas a Onigumo de que se acercara.
¿Que ocurre Princesa?
¿Me disculpas? Me quiero ir a mi habitación.
¿Porque?
Tengo migraña y acabo de vomitar. En verdad me siento mal.
¿Porque no me lo habías dicho? - Tomo mi cara entre sus manos con delicadeza y ternura.
No quería arruinarte la fiesta. Tenía que cumplir...
¡Me hubieras dicho! Lo hubiera entendido, Princesa.
¿De verdad?
¡Claro! Tu abuelita Kaede le daban esos dolores, no soportaba la luz y el ruido. Y nosotros con una fiesta... - meneo la cabeza - Ve a tu habitación y acuéstate.
Beso mi frente.
Feliz año nuevo, papi - lo abrace.
Feliz año nuevo, Princesa.
Joka se acercó. ¡Maldición y a mí que me urgía irme!
Dice Sango que te sientes mal.
Si - contesto Onigumo por mi - Tiene migraña.
¿Como tu madre? - gruñi
Papa asintió.
Sube a tu habitación, cariño. No te preocupes. Le diré a Inuyasha que suba a cuidarte.
No es necesario Joka, déjalo que disfrute de la fiesta - replique inocentemente.
A él no le importara.
Bueno, gracias. Feliz año, Joka - la abrace.
Feliz año cariño. Le diré a Sango que te lleve unas pastillas.
¡No! No, gracias. En mi botiquín tengo.
De acuerdo.
Me despedí de ellos y casi corrí entre los invitados hasta las escaleras, donde dos de los gorilas que había contratado papa, custodiaban la parte superior. había otros dos fuera del estudio de grabación.
Cuando entre a mi habitación me puse un poco de perfume y espere a Inuyasha con impaciencia. Cuando por fin entro, sonrió como un niño travieso.
Joka me envió a cuidarte y vaya que te voy a cuidar.
Me pego contra su cuerpo y al besarme mordió mi labio inferior.
Te ves tan hermosa - susurro antes de morder mi lóbulo. - Como pudiste dejarme así en el baño?
Me reí.
Porque puedo.
Desate su corbata, abrí su camisa, le quite el saco... No sé decir cuál de los dos tenía más prisa.
Mi corazón y mi vientre palpitaban a un ritmo desenfrenado. La pasión y el deseo se destilaban por mis poros y la adrenalina corría rapidamente por todo mi cuerpo.
Nuestra respiración era un violento jadeo, cuando quedamos en ropa interior acostados en mi cama.
Inu últimamente tenía ese instinto salvaje y apasionado que me volvia loca. Deje que, con sus dientes, me quitara la delicada tanga de encaje blanco. Hizo conmigo lo que él quiso, dejo marcados los dientes en mis senos y mordió mis pezones haciendo que de mi boca saliera un fuerte gemido, que quedo ahogado por la música de la fiesta en el primer piso. Nadie nos escucharía esa noche.
¿Sabes en que lio te metiste hoy, Kagome? - pregunto torturándome con su dedo travieso en mi húmedo interior. - Crees que puedas soportar lo que te voy a hacer? Porque se va a poner un poco rudo para ti - susurro en mi oído haciéndome temblar.
Tragué saliva y asentí.
Entro en mí de un solo golpe haciendome gemir de dolor y placer deliciosamente mezclados. Si fue rudo conmigo, sabía que sus manos, sus dientes y sus labios dejarían marcas en mi cuerpo, pero no me importo, no había nada mejor que ese placer indescriptible que me estaba causando su rudeza. además el invierno era muy crudo en Nueva York, no usaría ropa ligera pronto y las marcas que quedaran en un lugar visible, las maquillaría. Solo el las vería cuando estuviera desnuda de nuevo.
Sin preguntarme me dio la vuelta y me puso de rodillas de nuevo.
Quiero verte - con fuerza me tomo de la mandíbula y volteo mi cara hacia él.
Quería verme cuando me penetrara de nuevo.
Mírame a los ojos - mascullo con autoridad.
Me dio miedo ese Inuyasha, pero era de lo más erótico y excitante verlo así, ver como entraba y salida de mí una y otra vez. Ver su expresión de placer, ver lo que yo le provocaba a él. Ver como de su rostro había desaparecido la dulzura al ser reemplazada por la rudeza.
A lo lejos escuche la cuenta regresiva del final del año viejo, para recibir al nuevo. La cual coincidió para que Inuyasha y yo llegáramos juntos a la dulce agonía del orgasmo.
10!
Mas Inu!
9!
Así?
8!
Si...
7
Si...
6!
Mas fuerte
5!
Oh si Gomy...
4!
Continua...
3!
Mas inu mas!...
2!
No aguanto
1!
¡Feliz Año Nuevo! – Todos gritaron y nosotros dos nos llegamos a los éxtasis juntos
Inuyasha me levanto aun dándole la espalda y lo tome de la nuca para darle un beso.
Te quiero. Te quiero - me abrazo con fuerza, rodeando mi cintura con sus brazos, aun dentro de mí.
Yo también te quiero - replique con voz ronca
Me deje caer en la cama bañada en sudor y temblando de frio.
Feliz año, Bicho.
Feliz año, Yeti.
Me cubrió tiernamente con la cobija y como cada noche, dormí entre sus brazos.
