68 - ACOSADORA MORIBUNDA
Inuyasha me llevo el desayuno a la cama, luego de que nos bañamos juntos. Los cuatro adultos aun dormían; la fiesta de año nuevo se había prolongado hasta pasadas las cuatro de la mañana.
Desayunamos en pijama en mi cama y dándonos de comer el uno al otro.
¿Seguro que tu hiciste estos huevos? - pregunte asombrada.
Si. ¿Porque?
Saben bien.
Hay muchas cosas que no sabes de mi - su tono sonó misterioso.
Me reí.
Tal vez, pero me conformo con saber que te quiero y tú a mí.
Se acerco aún más y me beso con ternura.
Te quiero, Bicho.
Y yo a ti, pero ve buscando otro sobrenombre, ya no soy tan pequeña. Mido uno sesenta y tres.
Y yo uno ochenta y cinco -replico- Para mí, te sigues viendo pequeñita. - junto el dedo índice y el pulgar.
Le avente el gajo de una naranja y le di en la frente.
Al día siguiente, mis abuelos fueron a casa. Kikyo iba con ellos. Sonreí de manera perversa, cuando papa le negó la entrada. Yue y Kirinmaru estuvieron muy incómodos durante su visita. Querían que fuera a comer con su hija, para que hablara con ella.
Lo siento mucho, pero no tengo nada que hablar con ella, Yue.
No guardes rencor en tu corazón.
No es rencor, simplemente no puedo sentir algún tipo de sentimiento por ella. Es una desconocida. Sentiré lástima porque está muriendo y es joven, pero solo eso. Es el mismo sentimiento que tengo por los niños huérfanos africanos y con VIH. Siento pena por ellos y hasta ahí.
Pero es tu madre - insistió Kirinmaru.
¿Y porque ella no pensó lo mismo? A ella eso no le importo. Era una bebe de seis meses cuando se fue. - suspire tratando de controlarme - Miren, nada de lo que hagan o digan, me hará cambiar de opinión. No la voy a ver y no la visitare. No quiero nada con o de ella. Si eso significa que ustedes se retiraran y cancelaran mi cuenta bancaria, adelante. Háganlo. Lo aceptare. Pero yo no voy a hablar con ella.
Yue y Kirinmaru no insistieron más y dijeron que mi cuenta quedaría intacta.
Días más tarde Inu y yo fuimos por los libros que nos encargaron en el St. Meyer, para ese semestre. Pasamos la mañana en la ciudad, de compras y a la hora de la comida fuimos a un restaurante italiano. Pero comencé a sentirme incomoda.
Ya no quiero estar aquí.
Acabamos de llegar, Bicho.
Lo sé, pero... no me agrada el lugar.
Hemos venido aquí en otras ocasiones, es tu pizzería favorita. - Inu me tomo de la mano.
Lo sé, pero... - mire a mi alrededor y me llamo la atención unos cabellos rubios resplandecientes. El cabello en cuestión tenía la misma textura que el mío. - Esto es... ¡el colmo! - masculle con la mandíbula apretada.
¿Que?
Kikyo está aquí. Allá está sentada - señale con la barbilla.
¿Quieres que nos vayamos? - pregunto Inu con voz conciliadora.
Asentí y tomé mis compras. Salimos del restaurante y caminamos hasta la quinta avenida.
Sentí de nuevo esa sensación extraña. Sentí que me estaban siguiendo. Voltee a mi espalda y ahí estaba Kikyo, a unos cincuenta metros de distancia.
Nos estába siguiendo.
¿Quieres enfrentarla? ¿O mejor tomamos un taxi?
Tomemos un taxi, si es que podemos - me burle.
Conseguir un taxi a esa hora y en esa avenida era difícil.
Si eres tú quien lo pide, seguro que se detienen hasta tres. - murmuro Inu.
Si claro.
Mírate en esa vitrina - me volteo hacia una tienda y vi mi reflejo en el vidrio. - Eres hermosa.
Solo tú me ves así, porque me quieres.
Vi nuestro reflejo y sonreí.
¿Que no viste como babeaban por ti esos imbéciles en año nuevo?
Torcí el gesto.
Vamos, yo silbo y tu mueves tu manita en el aire y parecera que tu pediste el taxi. - sugirió Inu con una sonrisa.
Me reí, pero asentí.
Inuyasha Silvio con fuerza y yo moví la mano sobre mi cabeza. Un taxi se detuvo frente a nosotros.
¡Genial!
Te lo dije.
Cuando subimos al auto, le dimos la dirección de nuestra casa al chofer y huimos de Kikyo; quien se quedó quieta como una estatua en la acera, mientras nos burlábamos de ella por la ventanilla del auto amarillo.
