Advertencia:
🔺Los personajes no me pertenecen, son de Kōhei Horikoshi.
🔺No existe relación entre los acontecimientos de esta historia y el desarrollo del manga o el anime.
🔺Cambio de personalidad de los personajes.
Espero que lo disfruten.
Le encanta que...
Camie jamás pensó en toda su vida que sería testigo de la imagen que tenía frente a sí. El estirado, estricto y mandón de Tenya Iida sentado en su sofá, completamente desnudo, con ella montándolo cual ninfómana. Se le escapó un gemido y se recriminó por ser tan débil.
- Eso es, buena chica. - Su voz ronca y sensual alentándola a moverse más rápido, sus manos en sus caderas sosteniéndola. Quiso morderlo, quién se creía que era para mandonearla a ella. ¡A ella precisamente! Camie no se dejaba ordenar por nadie, pero se sentía jodidamente bien tenerlo dentro ella, y su jodida voz ronca estaba haciendo cosas extrañas en su interior, haciéndola sentir acalorada y con el corazón acelerado.
Lo vio apretar la mandíbula para contenerse cuando ella empezó a moverse más rápido sobre él, su pecho lleno de músculos y su abdomen marcado contrayéndose bajo las caricias de sus dedos. Camie se inclinó y lamió sus pezones, chupando y mordisqueando la suave y sensible piel hasta endurecerlos antes de apartarse y mirarlo a los ojos. Sus ojos azules estaban opacos por el deseo, entrecerrados. Él la tomó bruscamente por el cabello y estampó su boca contra la suya.
Camie apoyó los codos en sus hombros anchos, buscando soporte para seguir moviéndose, sus lenguas luchando una con la otra. Él se acomodó mejor sobre el sofá hasta quedar recostado, sus grandes caderas obligando a sus piernas a abrirse más y ella hizo movimientos circulares con las suyas; el calor en su vientre empezaba a ser insoportable, sentía todos los músculos de su cuerpo contraídos esperando por su liberación.
No admitiría ni siquiera bajo tortura lo mucho que amaba esto. Esos encuentros apasionados en los que intentaban acabar con el control del otro, donde usaban todas sus tácticas disponibles para vencer a su oponente y hacerle suplicar. Casi se ríe en voz alta, sólo a ellos se les ocurría ver el sexo como una especie de batalla, pero era jodidamente estimulante verlo perderse por el placer que ella le daba.
Otro gemido salió de su garganta cuando Iida la abrazó por las caderas y embistió contra ella, tomando el control. Se apartó de su beso con un jadeo y se dejó caer sobre su pecho, dejándose llevar por el placer. El sonido de sus pelvis chocando inundó la habitación y ella sintió que veía estrellas cuando el ángulo de sus envites le permitió frotar su clítoris contra él cada vez que se encontraban.
Sintió una de sus fuertes manos subir por su costado, acariciando su piel, hasta uno de sus pechos con ella, pellizcando el pezón erguido, masajeándolo con sus dedos. Camie gimió y se arqueó bajo su toque, llevando una de sus manos sobre la suya para mostrarle donde más necesitaba ser tocada. Él tomó su mano y entrelazó sus dedos, apartándolas a un lado, inclinándose para abrazarla más fuerte, estando otra vez piel con piel.
Ella se dejó caer en su pecho y le beso el cuello, probando su sudor con sus labios, lamiendo y besando todo el camino hasta su oreja, donde mordió ligeramente el lóbulo antes de empezar a gemir en su oído. Le hizo lo saber lo mucho que le gustaba lo que estaban haciendo, lo bien que se sentía tenerlo dentro de ella y le describió lo que su cuerpo ocasionaba en ella. Sonrió cuando él gruñó algo incomprensible y aumentó el ritmo de sus envites.
Algo que Iida le encantaba era cuando le hablaba sucio, cuando le decía todo lo que quería hacerle, todo lo que le gustaba que él le hiciera a ella. Eran unos jodidos pervertidos el uno con el otro. No podía esperarse nada menos.
Pronto sus palabras se volvieron murmullos ininteligible y el placer explotó en su vientre. Su nombre salió como un lamento de los labios de la rubia mientras se estremecía, espasmos de placer recorriendo todo su cuerpo, casi viendo puntitos de luz bajo sus párpados cerrados con fuerza.
Iida también se estremeció entre sus brazos, dando un potente último embiste antes de quedarse quieto; sintió los espasmos de su miembro en su interior mientras llegaba al orgasmo.
Sus cuerpos cayeron flácidos sobre el respaldo del sofá, sin fuerzas y con sus respiraciones tan erráticas que parecían recién salidos de una carrera. Sus manos seguían entrelazadas y no quiso perder el contacto, por lo que usó su otra mano para apartarle el pelo mojado por el sudor que se le pegaba al rostro.
Él la miró fijamente mientras ella liberaba su rostro de la melena que había crecido demasiado para su gusto. Besó su mejilla cuando al fin se vio libre y lamió su cara cual gata, su lengua llevándose el sudor que aún caía de su sien. Él gruñó disgustado y le mordió el labio cuando ella sonrió socarrona.
Camie intento sentarse derecha en su regazo y la dolorosa punzada que sintió en su espalda le hizo hacer una mueca, de pronto recordando que aún seguía herida de su última misión.
- ¿Estás bien? ¿Qué sucede? - El tono urgente del héroe la hizo fruncir el ceño, no quería preocuparlo pero no le mentiría. Llevo sus manos entrelazadas hasta el lugar en su espalda donde había recibido un buen golpe y depositó su mano allí. Iida echo un vistazo por encima de su hombro y acarició la piel amoratada, sus cejas frunciéndose por primera vez desde que había llegado a su casa.
- ¿Te he dicho que te ves muy sexy sin tus gafas? - Preguntó burlona, intentando aligerar el ambiente y evitar que se preocupara. Iida revoleo sus ojos exasperado pero asintió, por supuesto que no era la primera vez que le mencionaba esto. Ella sonrió y envolvió sus dedos en su pelo oscuro, obligándole a inclinarse para besarlo.
Él se dejó besar mientras sus manos acariciaban suavemente su espalda, simplemente relajándose después de tantas semanas de tensión. Habían pasado tres largas semanas sin verse, ambos ocupados con sus agencias y todo el trabajo como héroes, él incluso había sido enviado fuera de la ciudad para varios trabajos, pero ambos habían podido arreglar sus vacaciones para que coincidieran y al fin poder verse.
Había sido el tiempo más largo que habían pasado separados desde que iniciaron su noviazgo; la distancia los había vuelto locos, prueba de ello era la forma en la que habían saltado sobre el otro nada más verse. No estaba seguro de cuál de los dos había iniciado la intensa sesión de besuqueo que terminó con ellos desnudos en el sofá, pero no estaba quejándose, para nada.
Camie rompió el beso para respirar y disfrutó de la vista. Le encantaba mirarlo, principalmente después del sexo, cuando estaba tan relajado. No bromeaba al decir que lo encontraba más sexy sin sus gafas, nada que le obstaculizara de ver sus intensos ojos azules devolviéndole la mirada de deseo, su cuerpo ancho, fuerte y musculoso por todo el ejercicio y trabajo, sus labios rojos e hinchados por los besos. Todo él era sexy y atrayente, todo él era suyo.
- Mañana tendremos que ir a ver lugares, ya es lo último que falta por escoger. - Le informó la heroína levantando los brazos y estirándose sobre él, relajando sus músculos tensionados. Él disfrutó de observar sus pechos levantarse por la acción, riendo cuando ella le pellizcó divertida.
Iida tomó su mano y besó sus dedos, jugando con el anillo en su dedo anular. Era un precioso anillo de compromiso de plata que él le había dado varios meses atrás el día que le pidió matrimonio. Ella sonrió feliz ante el recuerdo.
- No lo he olvidado. Ahora vamos a descansar. - La ayudó a ponerse de pie y ambos se dirigieron hacia la habitación desnudos, dejando el desastre que había hecho en la sala tal cual estaba.
Iida le dio un beso en la frente mientras se dirigían abrazados a la habitación y ella sonrió feliz. Pronto él sería suyo para siempre, no podía estar más ansiosa.
