Advertencia:
🔺Los personajes no me pertenecen, son de Kōhei Horikoshi.
🔺No existe relación entre los acontecimientos de esta historia y el desarrollo del manga o el anime.
🔺Cambio de personalidad de los personajes.
Espero que lo disfruten.
Posesivo.
Kirishima silbó por lo bajo la melodía navideña que sonaba desde la sala común de los dormitorios. Todos estaban emocionados por la celebración y las próximas vacaciones.
Sus pasos se dirigían hacia la habitación de Mina, intentando no ser descubierto, mientras pensaba en pasar algo de tiempo a solas con su novia esa tarde de sábado.
Había logrado llegar hasta su puerta sin ser visto y sonrió triunfante, cada vez era más fácil escabullirse hasta ahí.
Escuchó un sonido desde adentro que le detuvo cuando levantó la mano para tocar la puerta. Sonaba como un golpeteo constante, y se preguntó qué rayos estaría inventando Mina en ese momento, tal vez algún movimiento de baile.
Pego su oreja a la puerta y escuchó con atención para descifrar qué era. Él sonido incremento y al parecer algo cayó al suelo, el golpe resonando con fuerza.
Su respiración se atacó en su garganta cuando algo parecido a un gemido se escuchó. Pero eso no podía ser posible. Ahora lograba identificar los sonidos bajos que se mezclaban con el golpeteo, eran claramente gemidos, bajos y entrecortados.
Frunció el ceño mientras una extraña presión empezaba a crecer en su pecho. Se fijó que su mano temblaba cuando la apoyó en la pared, evitando caerse. De pronto tenía una sensación reseca en los ojos.
Estaba seguro de lo que estaba escuchando, pero era la habitación de Mina. Ella no podría estar en esa habitación teniendo sexo con otra persona, ella no podría. Se llevó una mano al pecho cuando sintió una punzada de dolor que casi lo hace doblarse en dos. Ella no lo traicionaría, no de esa manera o de ninguna otra en realidad, estaba seguro.
Se apartó lentamente de la puerta y se dirigió hacia la salida de los dormitorios. Necesitaba pensar, seguro que habría una explicación para eso. Cuando saliera podría respirar aire fresco y pensar en paz, más tranquilo.
Su expresión era tan sombría que los compañeros que notaron la forma en que se veía no se atrevieron a hablarle. Caminaba como un autómata.
Kirishima iba tan ensimismado que tardo en darse cuenta de que algo suave y cálido había chocado contra él. Parpadeó fuera de sus pensamientos para ver a Mina mirándolo con una sonrisa, abrazándolo con fuerza.
- ¡Kirishima-kun! Ochako y yo fuimos de compras. - Se acercó para susurrarle al oído, su perfume inundando sus sentidos. - Te compré algo muy especial, solo para ti. -. Él podía escuchar claramente las implicaciones sexuales de su frase, pero su mente seguía embotada.
Al fin terminó de procesar lo que estaba pasando cuando Uraraka paso a su lado saludándolo con la mano antes de caminar directo hacia Bakugo.
Mina tomó su cara entre sus manos y lo miro a los ojos preocupada.
- ¿Estás bien, Kiri... - No la dejó terminar la frase. La tomó en brazos y se dirigió directo hacia su habitación.
Si alguien le preguntara más tarde si se avergonzaba de lo que había hecho diría que tal vez lo hacía, porque no se estaba comportando para nada como el caballero que su madre le había criado para ser.
Pero no podía controlarse, no en ese momento, después de haber pensado que su chica estaba con alguien más; la sensación de alivio que le recorrió fue tan intensa que su única respuesta había sido esta.
Antes de darse cuenta tenía a Mina presionada contra la pared de su habitación, sus piernas envueltas a su alrededor, mientras recibía los envites de su miembro dentro de ella con su cara contorsionada por el placer.
En medio de su impulso había roto su camisa y podía sentir sus pechos redondos y suaves rozarse contra su torso, los pezones rosa erguidos.
- Eijiro. - Gimió su nombre contra su cuello y él gruño, el sentimiento de posesión creciendo en su interior.
Él agarró su falda, que aún tenía envuelta en la cintura, y la rompió, desgarrando la tela fácilmente para dejar a la vista la unión de sus cuerpos, el movimiento de su miembro en su suave y húmedo interior.
- Míranos. - Ordenó, poseído por un instinto primitivo, antes desconocido para él. Nunca se había sentido de esa manera, quería marcarla, hacerle saber a todos que era suya, y que nadie podía tocar lo que era suyo.
Kirishima la tomo por el cuello con una mano para apartarla de su hombro y la vio bajar los ojos. El sonrojo en las ya de por sí rosadas mejillas de la chica aumentó y uno de los gemidos más sensuales que le había escuchado soltar salió de su garganta. Ella jadeo al verlos.
Su miembro estaba duro y húmedo con su excitación; lo vio entrar y salir de su sexo, la piel suave como seda de su interior abrazándolo y succionando cada vez que salía. La fricción que creaba dentro de ella construyendo el placer, el nudo que buscaba desesperadamente liberar.
Kirishima también observó unos segundos antes de levantarle la cabeza y besarla en la boca. Se abrazaron con fuerza y llegaron al clímax casi al mismo tiempo, ella gimiendo alto cuando se corrió a su alrededor. El pelirrojo gruño al sentir sus suaves paredes apretándolo y también se corrió con un jadeo.
Poco después estaban ambos duchados en su habitación, él se había cambiado de ropa y ella tenía una de sus camisetas y su bóxer, su ropa estaba destrozada en el suelo.
Se recostaron sobre la cama y Mina se acomodo en su costado, recostando su cabeza en su pecho, escuchando el rítmico golpeteo de su corazón mientras le relataba lo que había pasado y por qué había reaccionado de esa manera.
Ella escucho atenta y su mente proactiva se imagino por un momento si hubiera sido al revés, si hubiera escuchado esos ruidos desde la habitación de Kirishima y su pecho ardió de dolor y celos.
- Lo siento mucho, cariño. - Se acercó y lo beso en los labios. - Jirou dijo que necesitaba que le prestara mi habitación pero no sabía que era para eso. Es una puerca. - Soltó con enojo y un puchero en sus labios, su amiga iba a pagar por esto.
Mina iba a vengarse, no solo casi le costaba su relación con Kirishima, sino que había mancillado su habitación con sexo. Ya se las pagaría.
- De todos modos, ¿Qué fue lo que compraste? - Pregunto el pelirrojo con curiosidad y ella se distrajo rápidamente, echando un vistazo hacia la puerta donde la bolsa de compras estaba tirada.
Se puso de pie y volvió entusiasmada hacia la cama, no notando como Eijiro miraba el movimiento sensual de su cadera y sus pechos rebotar dentro de su camiseta. La deseaba de nuevo.
- Es más para los dos, pero sé que te va a encantar. - Dijo sentándose a su lado, las piernas cruzadas.
Kirishima se recostó contra la cabecera de la cama y la vió sacar varios pedazos de tela de la bolsa.
Se sentó sobre sus rodillas para extender la ropa frente a ella y darle una mejor mirada. A Kirishima no le pasó por alto la mueca que hizo al moverse, y el sentimiento anterior volvió con fuerza, se sintió satisfecho al saber que ella sentiría los estragos de su encuentro por un tiempo. Se pasó una mano frustrado por el cabello y sacudió la cabeza para despejar sus pensamientos, no sabía de dónde venían estas ideas, pero no estaba seguro de no le gustaran.
- ¿Qué es esto? - Preguntó volviendo a prestarle su atención. En realidad no sabía qué era, ni siquiera viendo la ropa extendida, solo sabía que era un montón de encaje negro totalmente sexy.
- Esto se llama liguero, y es para que yo me lo ponga y tú lo disfrutes. - Se rio de manera traviesa y él le dio un beso.
- Excelente entonces. Me encanta este regalo. ¿Cuándo lo vamos a usar? - De pronto quería verla con el puesto ahí mismo.
- Pronto. - Contesto evasiva. - También te traje estos. - Le paso un aceite para masajes, un pedazo de tela y una cosa rosa en la mano.
- ¿Qué esto? - Reviso la cosa por ambos lados para descifrarla. Era redonda con botones en un costado.
- Esto es un vibrador. - Él enarcó una ceja. La voz de Mina fue más tímida al hablar, pero aún lo miraba con picardía.
Él no tenía idea de cuándo usarían sus regalos, pero ya estaba poniéndose duro otra vez solo con la idea.
Mina se acercó a sentarse sobre él, besándolo fuerte en los labios.
...
Más tarde esa noche.
- Ochako-chan, ¿Te importaría salir conmigo mañana en la tarde? Tengo que ir por otra inyección. - Mina rebuscaba en su armario mientras su amiga de cabello castaño estaba recostada en su cama.
- Por supuesto, recuerda que yo también iré por otra, nos la pusimos al mismo tiempo. - Le recordó jugueteando incómoda con una almohada. A Uraraka aún le resultaba vergonzoso hablar de la inyección anticonceptiva.
- También tengo que comprar polvo picapica y una almohada nueva. - Uraraka miro a su amiga ir y venir del armario con extrañeza.
- ¿Polvos picapica? ¿Y por qué estás empacando? - Mina guardaba ropa en un bolso deportivo sobre la cama.
- Jirou. - Prácticamente gruño el nombre. - Estuvo teniendo sexo en mi habitación y casi me arma un problema con Kirishima-kun. Voy a vengarme. - La expresión malvada de Mina le dio escalofríos y recordó por qué trataba de nunca enojar a su amiga.
- ¿Sexo? ¿En la cama? - Pregunto parándose de la misma como si tuviera chinchas.
- No sé dónde, pero ya me enteraré. - Volvió al armario y siguió rebuscando ropa.
- ¿Para qué la ropa? - Volvió a preguntar la castaña señalando el bolso y Mina le sonrió ampliamente sobre el hombro.
- Las vacaciones de navidad son el próximo fin de semana. Planeo llevarme a Kirishima-kun a un lugar especial antes de que vayamos a casa.
Mina llevaría a Kirishima con sus padres esas navidades, ya que el año pasado las habían pasado con los padres de él.
- No puedo creer que ya falta menos para la graduación. - Soltó Ochako con nostalgia, dejándose caer en un sillón frente a la ventana, lo más lejos posible de la cama.
- Yo tampoco. Pero estoy más ansiosa que otra cosa. - Su voz entusiasmada lo demostraba. Ochako suspiró.
Mina ya tenía todo resuelto. Ella y Eijiro se mudarían juntos después de la graduación, y Uraraka sabía de buena fuente que el pelirrojo no perdería tiempo en pedir su mano. Ella, sin embargo, aún no tenía planes de irse a vivir con Bakugo, no por el momento, y no sabía si en los planes del rubio estaría eso, y si se enfadaría si lo rechazaba. Suspiró otra vez.
- Deja de preocuparte y deja que las cosas fluyan. - Le dijo Mina volviendo del armario. La miro con las manos en las caderas. - Apenas tienen un año saliendo y todo ha ido de maravilla, no te adelantes a las cosas y simplemente deja que pasen. ¿Entendido?
La castaña asintió con fuerza y le sonrió, su amiga era siempre quien metía algo de sentido común dentro de ella cuando se dejaba llevar por el pánico.
Mina miro hacia su bolso y sonrió cuando vio la tela negra de encaje mezclada entre las prendas, le tenía una gran sorpresa a su novio.
Pensar en él hizo que se le acelerara el corazón y un latido sordo inicio en su sexo. Lo deseaba tanto que dolía. Pero ya lo tendría para ella sola por un largo tiempo después.
De eso estaba segura.
