70 – EL CASO DE LA PLAYERA PERDIDA

Aproximadamente un mes después, estaba en un dilema -el que siempre tenía a la hora de regalarle algo a Inu-. San Valentín se acercaba y no podíamos ir a cenar en un lugar romántico, no podía hacerle una cena especial en casa... Y como él ya tenía todo en la vida, lo único que le podía regalar era lencería. No para el claro, sino para mí. Ese sería su regalo.

La temporada de fútbol americano había acabado y Inuyasha no encontraba su camiseta azul del equipo, la cual tenía su apellido y un gran número 11 en color blanco en la espalda.

¿Bicho, no has visto mi camiseta? - pregunto entrando a mi habitación el sábado por la mañana.

¿Sigues con eso?

No la encuentro aún.

Búscala en los vestidores de la escuela.

Ya la busqué ahí y nada. Le pregunte al entrenador y dijo que no la ha visto. Incluso los de la limpieza me ayudaron a buscarla.

¿Ya le preguntaste a Sango? Tal vez ella la tiene y la está lavando.

Le preguntare - salió de mi habitación y unos minutos después regreso. -No, dice que ella no la ha visto. Estoy seguro de que después del partido la guarde en mi maleta junto con el pantalón blanco y lo demás. La pelota del partido Emmett me la dio a mí y yo te la di a ti.

Si, ahí está. - señale el balón sobre mi escritorio, que descansaba sobre un pequeño pedestal.

Habíamos ganado el campeonato y Inuyasha me regalo el balón.

¿Y el entrenador no te puede conseguir otra?

Ese no es el punto. - suspiro - Olvidado.

Me levanté de la cama y lo seguí a su habitación.

Puedo ayudarte a encontrarla. Pegaremos posters en la escuela, anunciando que daremos una recompensa a quien la regrese. O tal vez está en el armario y no lo has notado.

Ya busqué en todos lados... - suspiro derrotado - Así déjalo ya. Gracias de todos modos.

Lo siento, Inu.

Se encogió de hombros.

El martes en la noche, mientras Inuyasha se duchaba, me puse la atrevida lencería de encaje, que había comprado en La Perla.

Era un sostén push-up de encaje rojo transparente, una delicada tanga, pantimedias y liguero. Esperaba que le gustara a Inuyasha el modelito, ya que me había costado bastante. Sobre la fina lencería, me puse el ultimo accesorio.

Entre a su habitación sin hacer ruido y me puse los tacones. Me recosté en su cama, sobre mi costado derecho y esperé pacientemente a que saliera de bañarse.

Escuche como cerro la llave del agua y mi corazón se agito.

Salió del baño con una toalla blanca anudada a la cintura. Hasta deje de respirar.

¡Mi playera! Tu... ¿la tenías?

Me reí de mi travesura.

¡Feliz San Valentín! - me hinque en la cama para que viera mejor su playera, la cual me quedaba de vestido.

Se acerco poco a poco.

¿Que hay debajo de la playera?

No lo sé. - me encogí de hombros - Averígualo tu.

Me baje de la cama y me miro de arriba a abajo.

¿Es mi regalo? - enarco una ceja oscura.

Asentí.

Esa sonrisa traviesa que me encantaba, se extendió por su rostro.

Con cuidado me quito la playera azul e hizo una mueca graciosa cuando vio el liguero.

Uuuy! - frunció el ceño. En verdad quieres que me dé un infarto, no?

¿Puedo ver yo que hay debajo de la toalla? - negó con la cabeza he hice un puchero.

¿Como es que lo haces? - pregunto a un centímetro de mis labios.

¿Hacer qué?

Hacer que me obsesione contigo cada día más.

Paso sus brazos por mi cintura y me pego a su cuerpo húmedo.

Te quiero, Kagome.

Y yo a ti.

Muy despacio me recostó en su cama. Acaricio mi rostro con la punta de sus dedos; con mucha delicadeza recorrió mi cuerpo con sus manos.

Esa noche yo había ido a su habitación, era mi turno de hacer con él lo que yo quisiera, pero no podía resistirme a sus suaves besos y sus tiernas caricias. Me gustaba que el tuviera el control de la situación, me hacía sentir verdaderamente suya y de nadie más.

No existía nadie más en el planeta, excepto nosotros dos. Nuestras habitaciones a media luz eran nuestro pequeño mundo. En ellas estaba todo lo que queríamos y necesitábamos: nosotros dos.

Porque así era, estábamos hechos el uno para el otro, nuestro destino era estar juntos. Solo que algo salió mal y terminamos como hermanos.

Si sus padres no hubieran muerto y Kikyo no me hubiera abandonado, cuando yo entrara a la universidad, hubiera conocido a Inuyasha; nos hubiéramos enamorado, comprometido, casado y hubiéramos tenido un final tipo Y Vivieron Felices Para Siempre. Pero la vida no quiso ser tan buena con nosotros, no nos quiso hacer las cosas fáciles. No quiso que fuéramos felices y terminamos como hermanastros amándonos en secreto. Teniendo un mal romance. Un amor clandestino. Escondiendo nuestros sentimientos frente a los demás.

Inuyasha me hizo el amor de manera tierna y apasionada. Fue dulce, pero fuerte. Las hormonas no nos dominaron esa noche. Disfrutamos de nuestra máxima muestra de amor, porque eso fue lo que hicimos: el amor.

Esa noche en su cama no éramos dos locos adolescentes. Éramos dos personas que se amaban infinitamente y lo demostraban de manera física.

Te quiero, Gomy. En verdad... te quiero. - me beso con ternura y con lentitud, haciendo que se me derritiera el corazón por completo.

Yo también te quiero. - susurre cuando por fin me dejo hablar.

Te tengo un regalo.

De verdad? No debiste.

Es San Valentín, Gomy.

Estiro la mano izquierda y busco algo a su espalda.

Toma - me entrego la playera con el número 11.

Por eso la buscabas con tanta desesperación?

Si.

Me mordí el labio luchando por no llorar.

Gracias.

Huele... huele bien - murmuro Inu olisqueando la tela.

Cuando la... robe... - me aclare al garganta avergonzada - la lave... Tenía manchas de tierra y césped. Sucia no se iba a ver sexy.

Nunca pensé que se fuera a ver así.

¿Quieres que me la ponga?

Me incorpore y pase las grandes mangas por mis brazos. Me hinqué en la cama e hice posturas "sexys"

Inu suspiro y sonrió ampliamente. Me acosté de nuevo junto a el.

¿Sabes por qué use la playera con el numero 11? - pregunto muy serio.

No.

La... la letra K... es el número 11 en el alfabeto. -me paralice- Cuando el entrenador me pregunto si quería elegir un numero o el me lo asignaba, sin dudar elegí el número 11 -confeso avergonzado - Cada anotación que hice, la hice pensando en ti. Suena de lo más cursi, tonto y patético, lo sé pero... Por eso quería que tuvieras la playera. Te pertenece.

Me aferre aún más a él y solloce contra su hombro. No me había pasado por la cabeza la razón de su número. Pensé que era algo al azar. Si era cursi, tonto y patético como dijo el, pero era lo más bonito que alguien hubiera hecho por mí.

No llores - murmuro con ternura limpiando mis lágrimas.

Te quiero.

Y yo a ti, hermosa. Y yo a ti.

Beso mis labios de nuevo y con ese beso le entregue el ultimo cachito que aún conservaba de mi corazón.