Quiebre

Bella POV

― ¡No! No quiero arreglar nada, James. Quiero que te largues de mi casa, quizás tu maldita zorra tenga un lugar en su cama para ti. ―grité furiosa lanzando su ropa fuera del armario, no iba a aceptar que ese imbécil se quedara un día más en mi casa.

―Isabella, tienes que calmarte. Alex necesita una familia y no vamos a quitarle eso por un error. Ya te expliqué que solo fue una vez, los hombres tienen necesidades. ―la voz patosa de James y el comentario sobre mi hijo dieron en el botón rojo que llevaba parpadeando desde que lo había visto con esa mujer sobre su escritorio. Me giré sobre mis talones y cerré las manos con fuerza.

―No te atrevas a meter a mi hijo en esto, porque soy capaz de romperte la cara. ―murmuré furiosa, él puso los ojos en blanco y suspiro pesadamente como si yo realmente estuviera exagerando. ―No me importa si fue una o mil veces, ni si eres un cerdo adicto al sexo con necesidades especiales, te vas a ir de mi casa y voy a pedir el divorcio antes de que tu secretaria aparezca en mi casa diciendo que tendrá un hijo tuyo, igual que la zorra de tu madre.

Sabía que era inapropiado de mi parte insultar a la madre de James cuando no tenía nada que ver en nuestros problemas, pero verlo girarme los ojos como si fuera una loca desquiciada había alterado cada instinto de cordura que me quedaba. Y de todas maneras esa mujer y yo jamás habíamos sido cercanas, ella me odiaba por razones que solo ella comprendía y con el tiempo había llegado a despreciarla de la misma manera.

―No te voy a permitir que hables así de mi madre. ―bufé medio sonriendo, antes de girarme para seguir sacando su ropa y pertenencias del armario. ―Bella, tú no eres la misma desde que Alex nació, antes teníamos sexo mínimo tres veces por semana y ahora ni siquiera lo intentas, vives en sudaderas y pantalones algodón, necesitaba liberar la presión y ella estaba ahí, no significa nada.

―Perdóname por no complacerte cada jodida noche, pero acabo de tener un bebé, por sino lo habías notado y estoy intentando no quedarme dormida cada día, porque eres un inútil que se niega a ayudar, me duelen partes del cuerpo que ni siquiera sabía que podían doler, intento no perder la cordura porque amo a Alex con todo mi corazón y por eso mismo, no voy a permitir que viva en las mismas mentiras que tu madre te hizo vivir a ti, no dejaré que mi hijo crezca creyendo que esa es la manera correcta de tratar a una mujer. ―murmuré de vuelta y terminé de sacar sus cosas del closet. ―Toma tus cosas y vete, James. Esto se acabó.

―Si sigues con esta locura, soy capaz de pelear por la custodia de Alex. ―mi cuerpo se tensó y más que miedo por sus amenazas, sentí rabia.

― ¿En serio? ¿Para qué? No sabes cambiar pañales, no tienes tiempo para cuidarlo, no puedes darle pecho, no sabes como sacarle el aire o arroparlo para dormir. Si tu punto es lastimarme a mí, lo único que vas a lograr si me lo quitas, es lastimarlo a él. ―susurré dolida, repitiendo cada una de sus excusas sobre porque no podía ayudar con Alex, el hombre con quien me había casado había desaparecido en cuestión de unos meses y se había convertido en un ser egoísta que solo podía pensar en si mismo.

Quería que se fuera y revolcarme en mis propias lágrimas por unos días, porque incluso en el peor momento, había amado a James con cada parte de mi corazón y perderlo era doloroso, por nuestro hijo que no merecía esto. Sentía que le estaba arrebatando la opción de una familia completa, sabía que de una u otra forma James estaría a su lado, pero no podía evitar el nudo en mi garganta al pensar que mi pequeño lo echaría de menos cuando fuera mayor.

Y la parte más insegura de mí estaba destrozada porque finalmente esa sensación que había intentado ignorar durante meses, el gran monstruo en la habitación, ese miedo de verme al espejo y encontrar marcas que antes no tenía, grasa en todas partes, cabello sin brillo y enredado, todos esos pequeños detalles que no me dejaban sentirme hermosa de nuevo, eran los que necesitaba que James me hiciera olvidar, así como él necesitaba el sexo, yo necesitaba que me diera un cumplido, que me abrazara como antes, que al menor mostrara interés en mí, porque sí, me sentía horrible frente al espejo y era tan patética que una simple señal de amor de su parte habría servido para calmar mis miedos. Ahora, con su aventura, la criatura que crecía en mi interior estaba ahí mirándome como gritando "Te lo dije".

James metió todas sus cosas en la maleta sobre la cama y salió de la habitación en silenció, espere a que la puerta de la entrada fuera cerrada y me derrumbe sobre la cama presa de cada emoción que corría con fuerza por mi ser, lloraba por sentirme un fracaso, sentía que estaba fallando en cada paso de esta etapa, ser madre era más difícil de lo que parecía y estaba volviéndome loca intentando hacer lo mejor sin alguien mostrándome como hacerlo, no había un manual y no tenía a nadie explicándome paso a paso cuales elecciones eran las correctas, apostaba con cada decisión el futuro de mi pequeño, tenía cientos de preguntas y ninguna tenía una respuesta definitiva, buscarlas en internet solo servía para aventurarme en debates de madres de todo el mundo sobre cual era la mejor manera de criar a un niño.

Siempre pensé que esta era la etapa maravillosa, cuando tu bebé te mira como si fueras lo único en el mundo y tú solo debes enfocarte en mostrarle cuanto le amas, pero no lo era, si usabas una marca de pañales diferente podía causarle salpullido, si usabas formula la mitad del mundo te juzgaba y si se te ocurría alimentarlo en público, más de un idiota te miraba como si fueras la mayor escoria en el mundo. No podías comer lo que comías habitualmente, porque entonces algo podría causarle daño al bebé. Con cada decisión que tomabas, algo podías hacer mal y era aterrador pensar que esa vida que sostenías en brazos pudiera dañarse por tu culpa.

Y ahora podía escuchar a mi abuela recriminándome por no tener una familia completa para Alex, a la madre de James quejándose de lo inadecuada que era para criar a mi hijo, a mi jefe preocupado de que no pudiera reintegrarme al trabajo siendo madre soltera. Pero en medio de todas las críticas que seguramente recibiría, mi mayor miedo era que James desapareciera de la vida de nuestro hijo, quería creer que, si bien no había funcionado para nosotros, esto no afectaría a Alex, pero el miedo se había instalado en mí, negándose a desaparecer.

Cuando el llanto se convirtió en un sollozo silencioso, tomé aire y me puse de pie, ya casi era la hora de comer de Alex y no quería arruinar su horario por nuestros problemas, su vida debía ser tan simple como siempre. Me lavé el rostro y fui hasta su habitación, mi pequeño de ojos verdes me miraba curioso desde su cuna, al menos ya no lloraba cada que despertaba.

―Hola, cariño. ―susurré buscando todo lo necesario para cambiarle el pañal antes de darle de comer, cada noche dormía más horas y esperaba que antes de tener que volver al trabajo lo hiciera toda la noche, eso haría todo más sencillo.

Antes de que todo esto pasará había pensado en llevarlo a una guardería, pero sin James sería más complicado tener un horario para recogerlo, no quería que pasara todo el día fuera de casa y tampoco podía salir de la oficina diario a medio día para llevarlo conmigo, dudaba que el idiota de mi jefe que apenas había respetado mis meses de maternidad me permitiría tener a mi hijo en el trabajo.

Lo tomé en brazos y lo acomodé sobre el cambiador sonriéndole como si nada hubiera pasado, notaba como buscaba mi rostro últimamente y me gustaba tener una sonrisa para él. Una vez que estuvo limpió de nuevo, me senté en una mecedora que teníamos en su habitación, sus manitas se movían mientras comía y las atrapaba con delicadeza mirándolo a los ojos, le gustaba que lo hiciera.

Iba a ser horrible, quizás James no tuviera mucho que decir, pero conociendo a su madre, terminaríamos en una disputa legal por meses y necesitaba un buen abogado lo antes posible, no quería que Alex estuviera en medio de todo, así que necesitaba una niñera y para ambas cosas necesitaría dinero, así que debía volver a trabajar.

Ni siquiera sabía cómo les diría a mis padres que iba a divorciarme o a nuestros amigos, enfrentarme a las preguntas y las miradas de lástima, simplemente no estaba lista. Esta mañana, cuando salí de casa junto a mi pequeño, creí que tendríamos un lindo día los tres juntos, quizás iríamos a comer y luego regresaríamos a casa para acurrucarnos a ver una película. Ahora todo estaba desplomándose y mientras más intentaba idear un plan, peor se veía la situación.

―Todo va a estar bien, amor.

La mañana siguiente recibí una docena de rosas de James, gesto que en otra circunstancias habría apreciado incluso cuando le había repetido cientos de veces que no era fanática de las rosas, pero en ese punto las encontraba tan vacías como el resto de las palabras dichas la noche anterior.

Estaba agotada y desolada, apenas había sido capaz de levantarme para abrir la puerta, tenía el rostro hinchado por el llanto y apenas había dormido, pues Alex había tenido cólicos toda la noche y no había logrado dormir hasta cerca de las seis de la mañana, había llamado a su pediatra y la Doctora Evans me explicó que lo único que podía hacer era darle el medicamento que me había recetado con anterioridad.

Si mi pequeño seguía enfermo por la mañana, tendría que llevarlo al consultorio, por suerte, Alex dejo de llorar unas horas más tarde, pero no por eso se rindió al cansancio, era como si supiera que estaba ocurriendo algo y se negara a quedarse fuera.

Mientras Alex dormía revise los anuncios de despachos de abogados en Los Angeles, necesitaba encontrar uno que fuera bueno y que estuviera dentro de mi presupuesto, seguramente James no pagaría por él y con mi baja por maternidad apenas me alcanzaría para pagar los gastos del apartamento. Anoté los datos de algunos que parecían decentes y decidí dormir un rato antes de salir.

El primer despacho que visitamos era bastante elegante y pulido, grandes puertas de vidrio y muebles que seguramente costaban más que nuestro apartamento, Mike Newton fue el abogado que nos recibió, el hombre tenía un ojo puesto en Alex mientras le explicaba la situación, fruncí el ceño al notar que me estaba ignorando y aclaré la garganta llamando su atención.

―Lo siento, es solo que no es habitual que haya un bebé aquí. ―murmuró mirándome con algo de molestia. ―Podría manchar algo o romper algo y…

―Ni siquiera puede levantar la cabeza, le aseguro que no romperá nada. ―exclamé ahora enojada, Alex estaba despierto y miraba alrededor con curiosidad, pero estaba callado y tranquilo, cosa poco habitual en mi pequeño ruidoso.

―Quizás ambos estaríamos más cómodos si reagenda su cita y vuelve sin el pequeño. ―murmuró de nuevo, suspiré frustrada y me puse de pie, ¿cómo podría ser mi abogado si estaba más preocupado en que sus costosos muebles no se ensuciaran?

Salí del despacho echando humo y empujando la carriola con paso firme, de pronto mi idea de recorrer la ciudad en busca de un representante legal, se esfumo, quería regresar a casa y meterme en mis pantalones de algodón.

Alex se quedo dormido en cuanto lo puse en su cuna y mientras busqué algo de comer, aun cuando el caso con el primer abogado había sido un fiasco, sabía que no podía quedarme de brazos cruzados y también estaba segura de que necesitaría a una niñera para antes de mi siguiente cita.

No esperaba que todos fueran como Newton, pero sería más sencillo si alguien cuidaba a Alex y yo ponía toda mi atención en explicar la situación al abogado en cuestión. Así que, a la mañana siguiente, en lugar de buscar unos pantalones que aun me quedaran para poder salir, hice llamadas a agencias de niñeras, mandarían unas cuantas a lo largo del día para que las entrevistara, la primera era una chica que estudiaba su maestría los fines de semana, llevaba cuidando niños desde que tenía dieciséis y tenía un impecable currículum, pero su horario no era el indicado para mí.

Necesitaba a alguien que pudiera cuidar de Alex gran parte del día y que no hubiera posibilidades de que me dejara plantada cualquier día de la semana, con su maestría tenía algunas clases entre semana que le eran informadas un día antes e incluso solo unas horas antes, por lo que tuve que dejar su nombre fuera.

Las siguientes dos eran mujeres dedicadas de lleno a cuidar niños, pero sus métodos de crianza no encajaban con los míos, quizás tenía que ver con que ellas no estaban paranoicas con todas las teorías de internet para una educación saludable y yo me ahogaba en ellas.

Cerca de las cinco llego una joven, Rosalie Hale, con veintidós años y un informe impecable parecía tener todo lo que buscaba, tenía cursos en educación infantil, un horario flexible, preparación en primeros auxilios y prefería tomar una familia a la vez, algunas de las anteriores tenían horarios con familias durante todo el día.

Llame a la agencia esa misma noche para contratar a la señorita Hale, la mitad de los ahorros se irían en eso, pero no había manera de retomar mi búsqueda de abogado sin alguien ayudándome a cuidar a Alex.

Estaba segura de que si llamaba a mis padres vendrían de inmediato para apoyarme en todo esto, pero escuchar cada día los "te lo dije" de mi madre y las miradas tristes de mi padre no me dejaban tomar el teléfono y hacer la llamada.

Cuando comencé a salir con James mi madre fue la primera en advertirme que esto no llegaría a ningún lado, René no confiaba en el chico rico que salía en todas las revistas del país y tampoco estaba de acuerdo en que dejara que mi vida girar en torno a una relación, el tener un marido o un bebé no eran logros que ella considerara importantes, así que tampoco había saltado de alegría durante la boda, ni cuando le conté sobre el embarazo, Charlie había intentando convencerla de que yo era feliz y eso era lo más importante, pero mi madre tenía una manera especial de ser que solo él podía comprender y a veces sentía que ella lo había convencido más a él de que este matrimonio era un error que al revés.

Dos días después, con la señorita Hale cargando la pañalera de Alex y yo empujando su carrito, entré al despacho número quince, Alice, mi mejor amiga, me recomendó a un viejo amigo de su padre.

El abogado en cuestión era Stefan Collins, según las referencias de Alice, Collins había acabado con los hombres más poderosos del país y hundido a más de un tiburón de los negocios turbios. Solo había una mancha en su historial contra un abogado de la misma generación, Al no tenía mucha información sobre el legendario vencedor de Collins, solo sabía que su padre no lo soportaba, habían tenido un par de choques en el pasado y desde entonces su padre se había cambiado totalmente al bando de Collins.

El señor Collins tenía una agenda apretada y la única razón por la que conseguí la cita fue porque Alice llamó antes y menciono el apellido de mi próximo exesposo. Rosalie se quedó en la sala de la entrada mientras yo entraba al despacho, Stefan Collins era un hombre imponente, tenía un rostro de engreído que no se quitaría en lo que le quedaba de vida, pero con su historial probablemente se había ganado el sentimiento de superioridad a pulso, su mirada resultaba desafiante, como si intentará leerte antes de aceptar tu caso, quizás quería descubrir si estabas mintiendo o si le hablabas de la verdad.

Le expliqué a grandes rasgos que quería un divorcio sin demasiada atención y rápido, lo que realmente me importaba era la custodia de Alex, estaba dispuesta a no recibir un jodido peso de James con tal de que mi pequeño se quedará a mi lado. Collins, por otro lado, tenía otros planes.

―De acuerdo ¿cuál será la causa de divorcio? ―preguntó con voz firme y sin mostrar emoción alguna en su voz, estar ahí sentada en la enorme silla de cuero frente a su gran escritorio de madera se sentía como ser enviada a la dirección cuando eras pequeña y sabías que se venía el sermón de tu vida.

La pregunta me resulto más complicada de responder de lo que esperaba, si hubiera hablado con él el primer día tras nuestra discusión habría exclamado a gritos que él idiota me había sido infiel, pero tras días de pensarlo, había llegado a la conclusión que una infidelidad sería justo lo que los medios esperarían para saltar sobre una nota de la bien conocida familia Cullen. En especial con la madre de James, que seguro saldría en cada entrevista que le ofrecieran para desprestigiarme.

Algo parecido a lo que había sucedido antes de la boda, excepto que, en lugar de llamarme su querido nuera, sería la zorra que dejaba a su hijo. Sabía de lo que era capaz, había convertido nuestra intima celebración en una boda por todo lo alto, con un vestido que costaba más que la casa de mis padres y una iglesia lo suficientemente grande para albergar a sus amigos y conocidos, porque de ahí solo dos filas estaban llenas por las personas más cercanas a mí.

No quería toda esa atención de nuevo, al menos en aquel momento me veía preciosa en el exagerado vestido de diseñador, ahora no estaba precisamente en mi mejor momento para querer salir en revistas y periódicos con mi apenas presentable rostro.

―Diferencias irreconciliables. ―él soltó un bufido y cuando volví a mirarlo a la cara me di cuenta de que me miraba con fastidio.

―Vamos a dejar algo en claro, señora Cullen. Si planea que tome su caso, será totalmente honesta conmigo, porque si en el juicio salta una supuesta infidelidad suya, debo tener algo para sostener su caso. ―la sensación de ser una niña acusada de una travesura volvió a instalarse en mi cuerpo, también había un toque de molestia por su sugerencia de que yo me hubiera acostado con alguien más.

Collins no era la clase de abogado que me consolaría al salir de un mal juicio, ni me llenaría de esperanzas, era la clase de hombre que seguramente se tomaría todo personal y saldría de un mal juicio volando para encontrar información secreta de la familia de James con tal de salirse con la suya. No encajaba con mis principios, mi intención no era destrozar su apellido o dejarlo mal parado frente a todo el mundo, porque en unos años nuestro hijo vería todo esto y lo último que quería era que viera que su madre era una loca vengativa.

Sin embargo, mis opciones se reducían a un abogado que me diera la corte o empeñar el anillo de compromiso para pagar a Collins, conociendo a los Cullen, seguramente ya tenían a un buffet trabajando enteramente en el caso y habrían enviado a la zorra de Victoria al otro lado del globo para asegurarse de que no dijera nada. No podía perder a Alex, la idea de que la madre de James cuidará de mi bebé me hacía hervir la sangre, no podía dejar el futuro de mi hijo en las manos de un abogado gratuito contra todo el equipo legal de los Cullen.

―Infidelidad por parte de él. ―respondí después de un largo suspiró, Collins anoto la información en su computadora, la cual desencajaba con el resto del despacho, todo tenía una sensación de ser antiguo, los libros, las sillas, el escritorio, incluso las paredes, lo único moderno era la gran computadora frente a él.

Me hizo tantas preguntas que al terminar sentía que él conocía mi vida incluso mejor de lo que James lo hacía y me sentía agotada de solo pensarlo.

―De acuerdo, tomaré el caso. ―suspiré aliviada y él llamó a su secretaria. ―Enviaremos los papeles de divorcio al señor Cullen el lunes y le avisaré el día en que nos iremos a juicio. Sobre la custodia del menor, tiene las ventaja de que tiene tan solo uno meses, en la mayoría de los casos los menores de siete años se quedan bajo la custodia de la madre, pero no debemos confiarnos de ello.

Me explicó algunas cosas más y salí del despacho, sentía que llevaba horas ahí dentro y al ver a Rosalie supe que sentía lo mismo.

El lunes recibí tres llamadas, diez mensajes y cero flores de James, quería una explicación para los papeles de divorcio, al parecer él en verdad creía que había mentido cuando le pedí que se fuera, Collins me había pedido que no contestara ninguna de sus llamadas, ni cayera en provocaciones, pues encontrarían la manera de usarlas en nuestra contra.

Para mi sorpresa tres días después toda la prensa tenía los pormenores de nuestra separación, James no había dado declaraciones, pero su madre si había respondido algunas preguntas, la maldita había insinuado que yo había faltado al matrimonio y era lo que esperaba, pero la sola mención sobre la posibilidad de que Alex no fuera hijo de James me hizo perder los estribos.

Collins me llamo antes de que pudiera terminar de marcar el numero de James, me ordeno mantenerme al margen y evitar el contacto con la familia. Dijo que las acusaciones de la señora Cullen podría usarlas a nuestro favor y que lo único que debía hacer era esperar para la audiencia preliminar.

El día de la audiencia salimos del apartamento intentando no llamar la atención, Alice estaba acompañándome, y Collins creía bueno que llevará a Alex, aun cuando tenía mis dudas al respecto, confiaba en él. Había logrado mi objetivo de pasar desapercibida, hasta que llegamos a la corte, había cámaras y reporteros por todas partes.

Salimos con la mirada baja y cubriendo a Alex de las luces lo más posible. Al entrar nos encontramos con Collins y éste nos llevó hasta nuestro lugar, la audiencia sería rápida según me explicó, así que intentaba calmar mis nervios. Después de una hora todos estábamos fuera con las cartas puestas sobre la mesa.

Estaba claro que el abogado de James iba a intentar destruir mi reputación de una u otra forma, esto ya ni siquiera se trataba de un divorcio, se trataba de Alex y James claramente no estaba pensando en lo mejor para nuestro hijo, sino en no quedar mal parado frente a su sequito de reporteros.

Collins desapareció por casi veinte minutos y cuando me disponía a irme pensando que él lo había hecho también, lo encontramos frente a la puerta de salida, me miró sin emoción y me pidió hablar a solas.

―Voy a dejar el caso. ―no hubo una explicación clara, ni una razón real, estaba a punto de gritarle a la cara que era un idiota cuando Alice apareció, ella se fue junto a Collins cuestionándolo hasta que deje de escucharla y yo me reuní con Alex y Rosalie.

¿Cómo se suponía que siguiera adelante con todo esto?

¿Dónde iba conseguir un jodido abogado en menos de una semana?

Para cuando salimos de la corte James tenía a la mitad de los reporteros a su alrededor respondiendo a sus preguntas como si se tratara del clima y tan solo un par se tomaron el tiempo de tomarnos fotos. En cuanto llegamos a mi apartamento le pedí a Rosalie que se fuera y llevé a Alex a su cuarto, quería llorar de impotencia, destrozar cualquier cosa con mis manos o gritar hasta quedarme sin voz, pero solo me senté en silencio en la sala, intentando encerrar la desesperación al fondo de mi ser, no podía perder la cordura ahora, no cuando mi bebé estaba en medio de todo esto.


Espero les guste

Gracias por leer