72 – MAL DE AMORES
A la hora de la salida, Inuyasha no me hablo y Kikyo no apareció.
Por las miradas hostiles de Inu, supuse que ya sabía de mi "cita" con Hoshiyomi. Subimos a nuestras habitaciones y no tardó mucho en entrar a la mía, un tanto encolerizado.
¿Vas a salir con Hoshiyomi? - mascullo entre dientes.
Ah, eso. Si, se puede decir que sí. Pero es solo para darle celos a Kanna. - me quite el suéter y desabotone mi blusa.
¿Que?
¿Como supiste de mi cita?
La mitad de nuestra clase los vio en el jardín.
Metiches... Chismosos - masculle quitándome las botas - Iremos al cine mañana y si Kanna no se anima a decirle que lo ama, seguiremos con el juego.
¿Y no me pudiste haber pedido mi opinión? - pregunto aun enfadado, mientras yo me quitaba las gruesas leggins.
Es una cita falsa... y no. No necesito tu opinión.
Me dirigí a mi armario para cambiarme de ropa, pero el me tomo con fuerza del brazo.
¡Oye! - me estampo contra la pared - Auch!
No has salido conmigo, pero con Hoshiyomi si? - me sujeto por los brazos y me miro enojado y dolido.
¿Eres mi hermano, recuerdas? - trate de zafarme.
No me vengas con esas estupideces de nuevo - le pego a la pared con la palma de su mano, justo a un lado de mi cabeza.
Me estremecí de miedo.
Es una cita falsa - replique con voz temblorosa.
¿Lo vas a besar?
¡No!
Me tomo con fuerza excesiva de la mandíbula y mordió mi labio. Trate de zafarme de su mano, pero me fue imposible.
Con la otra mano me tomo de la nuca y retorció mi cabello con fuerza -haciéndome daño- y metió su lengua en mi boca.
Me dio asco la manera como me estaba tratando, de cómo sus dedos me estaban penetrando a la fuerza y como contra mi voluntad se humedecía mi sexo, por su rudo contacto.
Y me dio aún más asco como le correspondía a sus besos soeces, como mi cuerpo sentía que aquella cercanía no era suficiente y me restregaba aún más a su palma.
Debí haberme sentido ultrajada, no excitada. Debía gritar por ayuda y llorar, no murmurar su nombre y comenzar a desvestirlo como lo hacían mis manos en ese momento.
Tienes una idea de cómo me sentí cuando me dijeron, ¿que la Princesa Higurashi iba a salir con el tarado de Hoshiyomi? Me hierve la sangre de solo imaginarte con el - murmuro contra mis labios.
Yo no dije ni una sola palabra cuando levanto mi pierna derecha y entro con brusquedad en mi húmedo y palpitante interior.
Me sentía sucia, usada y rebajada al nivel de una mera esclava sexual, pero no quería que Inuyasha se detuviera.
Además, entendía perfectamente como debió sentirse al saber que saldría con otro; debió ser igual al día a como me sentí yo, cuando todas aquellas arrastradas lo manosearon en la fiesta de Halloween del St. Meyer.
Mi cuerpo estaba inundado de deseo lascivo y poco sano, la adrenalina corría de nuevo libre por mis venas. Mi corazón lo sentí galopando en mi pecho, llevándome a un estado en el que me olvidé de mí misma y solo podía pensar en el cuerpo caliente de Inuyasha unido al mío, su miembro endurecido llenándome por completo una y otra vez. Mis manos aferrándose a su cabello y nuestras lenguas luchando en una batalla a muerte.
El calor y el placer llego hasta lo mas imposible, cuando Inuyasha termino dentro de mí, haciéndome estremecer de pies a cabeza. La explosión de calor era deliciosa, adictiva y creo que algo pecaminosa. Cada vez estaba más cerca del infierno.
Inuyasha se aferró más a mí y continúo moviendo su pelvis, pero con suavidad.
Lo siento - murmuro en mi oído con la respiración agitada - No me pude contener.
Comenzó a llorar.
Solo quería sentirte mía una vez más, antes de perderte.
Quise decirle que nunca me iba a perder, que siempre seria suya, pero de un modo u otro teníamos que comenzar la separación. De forma gradual me tenía que alejar de él, para que no sufriera.
Solo deseaba que la chica que algún día ganara su corazón, lo hiciera feliz. Que lo hiciera olvidarse de mi por completo.
Inuyasha se alejó de mí y se marchó a su habitación.
Esa noche, no toco a mi puerta.
Lo espere toda la noche, pero no apareció. Tampoco lo vi por la mañana en el desayuno, ni cuando Hoshiyomi fue por mi a la casa.
¡Hola Hoshiyomi! - me olvidé de la tristeza que me invadía y fingí una gran y cálida sonrisa.
Hola, Kagome. Te vez muy bonita.
Gracias.
Cerré la puerta principal de la casa.
Me había puesto unas botas negras largas, sobre el pantalón de mezclilla, blusa violeta de cuello alto y un abrigo gris de doble botonadura. Había levantado un mechón de mi cabello y lo sujete con unos lindos broches y me maquille más de lo acostumbrado.
Bajamos las escaleras de mi casa y cerramos la reja. Mientras caminábamos rumbo a la esquina, me cruce al hombro un bolso Chanel negro que Joka me había regalado en navidad.
Tome de brazo a Hoshiyomi mientras hablábamos de las películas que estaban en cartelera.
Hice lo que me dijiste - murmuro muy contento.
¿Y cómo te fue?
Kanna estaba con Hakudoshi cuando llegue a pedirle consejo sobre mi guardarropa.
¿Y que hizo?
Pensé que me diría algo, pero solo desvió la mirada. Muy molesta por supuesto, haciendo ese gesto tan lindo que me encanta.
Me reí.
Pedimos un taxi en la esquina, con la técnica que me había enseñado Inuyasha. Hoshiyomi silbó con fuerza y yo levante la mano en el aire. Conseguimos un auto en un segundo.
Fuimos al cine y entramos a una de las salas que exhibía la película de terror más taquillera del mes. La cual fue un asco total. La trama, las actuaciones y los efectos la hacían verse graciosa y algo patética.
Nos preguntamos cómo es que esa cosa, había ganado tantos millones de dólares, en las cuatro semanas que llevaba en cartelera.
Mi amigo me tomo totalmente desprevenida cuando comenzó a hablar de Inu y de mí. Hoshiyomi dijo que Inuyasha me quería, como él quería a Kanna, pero nosotros no podíamos estar juntos por que éramos hermanos.
¡Cielo santo! ¿Como demonios...?
Y tú también lo quieres, no te hagas. Te he visto como lo miras. Y el beso que se dieron en la fiesta en casa de los Minamoto, me lo dejo muy en claro.
Quise esconderme debajo de la mesa, del restaurante en el que estábamos cenando.
Se como son los estirados de los ricos, se asustarían si ustedes estuvieran en una relación pública. -Asentí- Tus padres pondrían el grito en el cielo y los separarían. ¿Te imaginas las habladurías? -Asentí de nuevo- Lo más probable es que Onigumo te mandé a un internado en Francia o Suiza. Tal y como lo hacen los demás con sus hijas rebeldes.
Suspire.
Es lo mismo que he pensado yo, pero creo que el no entiende... No... No ha pensado en las consecuencias, como lo he hecho yo. Prefiero mil veces estar a su lado como su hermana, a... - el nudo en mi garganta me impidió continuar.
Se que lo mío con Kanna, no será bien visto, porque yo soy el hijo de su chofer y ella es la señorita de la casa... Pero al menos nuestros padres no son esposos. Nosotros dos no somos hermanos.
Asentí limpiando mis lágrimas.
¿Porque Hoshiyomi entendía todo a la perfección, sin siquiera saber los sucios detalles e Inuyasha era tan ciego y testarudo?
¿Prométeme que no le dirás a nadie? - le pedí.
¿Decir qué?
Que Inuyasha y yo nos queremos - cuchichié.
No tengo idea de que me hablas.
Sonreí.
Gracias. Eres un buen amigo.
Lo mismo digo de ti.
Me tomo de la mano con cariño y sonreí abiertamente.
