73 – ENFERMEDAD
La mañana del domingo, vi a Inuyasha. Me saludo de manera normal, pero distante, incluso... fría. Su expresión era serena, pero sus ojos estaban ligeramente hinchados. Su mirada usualmente cálida, se veía extraña esa mañana.
Inuyasha había... llorado?
Bueno, sin duda yo sí que había llorado por él, en la noche.
¿Como te fue en tu cita con... Hoshiyomi? ¿Si se llama así el chico? - pregunto papa.
Ah, este... bien. Pero no fue una cita cita.
¿Y cómo es eso? - cuestiono Joka antes de darle un trago a su jugo de naranja.
Fue algo así como un reto de Tsubaki y Ayame - respondí.
No vayas a hacerle daño a ese pobre chico, Kagome - murmuro papa tomando otra sección del periódico.
¡Oh, no! Claro que no. El... está al tanto de ello. Además, es un plan para darle celos a una chica que a él le gusta. Solo somos amigos. - asegure.
Papa y Joka se miraron.
¿Que? - pregunte
Nada, es solo que es... raro, Princesa.
Solo quiero ayudarlo y sacarme de encima a Tsubaki y a Aya.
Inuyasha no hablo para nada.
Dos horas más tarde, Inu toco a mi puerta secreta.
¿Porque tocas? -pregunté cuando le abrí - Esta abierto, lo sabes bien.
Se encogió de hombros.
Su mirada seguía extraña.
¿Ya terminaste la tarea de álgebra? - pregunto en tono monótono.
¿Ya y tú?
Por eso vengo, no encuentro la solución al problema numero 7 - murmuro algo avergonzado.
Ah... trae tu cuaderno y te explico.
Se dirigió a su escritorio y trajo su cuaderno, libro, lápiz y calculadora.
Le ayude con el problema de álgebra, el cual le daba número positivo, era el correcto, pero debía de dar negativo. Se había equivocado con un signo y un paréntesis, pero lo demás era correcto. Lo cual me parecía extraño.
¿Había inventado no encontrarle solución a la tarea, solo para hablarme?
¡El no necesitaba eso!
Gracias - se levantó de mi escritorio y camino rumbo a la puerta.
¿Ya... te vas?
Si, yo...
Me acerqué a él y me puse de puntitas para darle un beso en la mejilla izquierda. No lo resistí y me colgué de su cuello para besarlo.
No me respondió.
Con suavidad deshizo mi abrazo y retrocedió un paso.
Mis ojos se llenaron de lágrimas por su rechazo.
Instintivamente yo también retrocedí. Dio media vuelta y se marchó, camino despacio hasta la puerta y cerro a sus espaldas.
Caí de rodillas en el suelo alfombrado de mi habitación, con la respiración entre cortada. No podía controlar los sollozos y el dolor en mi pecho era insoportable. Me lleve la mano al corazón, mientras mi cerebro buscaba una respuesta a lo que acababa de suceder...
Inuyasha... había... terminado... conmigo? – en eso vino a mi mente lo ultimo que me dijo el viernes por la tarde.
"Solo quería sentirte mía una vez más antes de perderte"
Sus ojos, sus ojos habían cambiado. Lo había visto claramente esa mañana.
Quise correr al baño y vomitar, pero estaba inmóvil tirada en el suelo de mi habitación, la cual giraba a mi alrededor.
Inuyasha había terminado conmigo...
¿Por qué? ¿Por Hoshiyomi? No, él sabe que es mi amigo. ¡Se lo explique! Debe haber otro motivo, lo sé.
Cada vez que intentaba respirar profundo me ahogaba más.
Uno y mil recuerdos vinieron a mi cabeza. Cada beso, cada abrazo, cada risa, cada te quiero, cada lagrima, cada vez que estuve en sus brazos...
¿De verdad había terminado ya?
¡Yo no estaba preparada! La separación debía ser gradual. El final de esto debía ser cuando cada quien partiera a la universidad, cuando ya no nos viéramos más.
No iba a soportar verlo todos los días y no estar a su lado...
Pero... yo sabía desde un principio que él me iba a abandonar. Todas las personas a las que he querido y que han dicho quererme, me han abandonado. Kikyo, Onigumo... Inuyasha.
¡No, él no puede hacerme algo así!
Mientras vomitaba en el baño hasta la primera papilla de mi vida, una vocecita me dijo: Egoísta. Eres una egoísta, Kagome Higurashi. Esto es lo mejor para él. Él no es para ti, déjalo ir.
Tal vez esa ruptura era lo mejor para Inuyasha y si él era feliz, yo... No, yo no sería feliz sin él. Aun no. Contaba desesperadamente con ese año y medio a su lado. La separación deba ser gradual, no de un solo golpe limpio y doloroso.
Continúe llorando en el baño, acostada en el piso helado. Sabía que cada vez que hacia el amor con él me acercaba más al infierno, pero pensaba que sería caliente, rojo y el Diablo se burlaría de mí, pero no, el infierno era esa habitación, donde me había hecho suya por primera vez. El infierno era en donde me encontraba en esos momentos. Y el que se había burlado de mi era Inuyasha Taisho.
Me las arregle para arrastrarme a la cama y continúe llorando en ella.
¿Inuyasha realmente había terminado conmigo? Me pregunte una y otra vez.
Desperté el lunes esperando que aquello fuera una fea pesadilla, pero mis cuadernos seguían donde los había dejado.
El dolor de cabeza me impedía pensar y ver con claridad.
Sango fue a mi habitación cuando se dio cuenta de que no baje a desayunar. Me miro detenidamente, se acercó a mí y toco mi frente. No recuerdo nada más hasta que mi padre y Joka me miraban asustados; por lo que pude entender, tenía fiebre. No fui a la escuela ese día. Traté con todas mis fuerzas de no pensar en el, en los momentos en que estuve consciente, pero estaba ahogada en recuerdos en esa habitación.
Inuyasha no fue a verme, me envió la tarea con Sango.
El martes no tuve fiebre, pero no tuve fuerzas ni para comer.
El miércoles no comí de nuevo, pero porque no tuve ganas, solo dormí y dormí, para no pensar en el.
Cuando desperté el jueves, había flores y chocolates en mi habitación, mis amigos habían ido a visitarme, pero había estado inconsciente.
No recuerdo nada mas de esa semana, solo un dolor profundo y lacerante y el recuerdo de su rechazo. Sus ojos fríos me acecharon hasta en sueños.
Supuse que era lunes cuando desperté de nuevo y algo más consciente, trate de moverme, pero algo me jalo de la mano. Era un tubo delgado y trasparente. Trate de quitármelo.
No lo quites Princesa - murmuro papa desde una esquina de mi habitación.
Se acerco a mí y con sus largas y blancas manos acaricio mi rostro.
No has comido y esto te da los nutrientes.
¿Que?
¿Qué es lo que tienes, Princesa? ¿Que te duele?
¿Nada - el corazón - Por qué?
El doctor no sabe que es lo que tienes y en verdad me estoy asustando.
No es nada, papa.
¿Te hizo algo Hoshiyomi?
¿Que? ¡No!
¿Tus compañeros?
No.
¿Inuyasha?
Tampoco.
Termino conmigo.
Luche por contener las lágrimas.
¿Entonces?
Me encogí de hombros.
La ambulancia ya viene en camino.
¿Que?
El doctor lo recomendó. Tendrás una habitación para ti sola. Te harán unos estudios...
No exageres papa.
Kikyo teme que sea lo mismo que ella tiene.
¿Kikyo? ¡¿Qué demonios tiene que ver Kikyo?!
Es tu madre Kagome.
¡¿La trajiste a esta casa?!
Gomy entiende que...
¡No me llames así!
Lo lamento yo...
A pesar de que grite, refunfuñe y patalee, me llevaron al hospital.
En el lugar ataque a una enfermera, le jalé el cabello, la mordí, y le enterré en el brazo una jeringa que me encontré y... ya no recuerdo nada más.
No sé si fue un extraño sueño o fue la realidad, pero me hicieron unos estudios en una cosa que parecía una nave espacial, lo más probable es que fue un sueño.
Después de eso, cuando realmente desperté, lo hice en una extraña y fría habitación. ¡Estaba atada a la cama como si fuera una loca! Las muñecas me ardían.
El lugar estaba lleno de flores como lo había estado mi habitación en casa. Había fotografías, flores, cartitas, chocolates, los pompones de Ayame... Pero ninguna carta, ninguna flor, eran de él.
¿En verdad... todo había terminado?
Me hicieron otros estudios, creo ya que de nuevo todo está borroso en mi memoria.
En la semana Joka y Sango se quedaban por las noches a cuidarme.
El no apareció.
Desperté cuando una enfermera joven me estaba curando la muñeca derecha, la vendo con mucho cuidado. La chica se asustó cuando nuestras miradas se cruzaron.
¿Me tienes que amarrar de nuevo? - pregunte con voz pastosa, cuando me coloco de nuevo una gruesa correa de cuero con el interior afelpado.
Es por tu bien, cariño.
¿Mi bien?
No queremos que te lastimes de nuevo - me sonrió con ternura, pero leí el temor en sus ojos.
¿De nuevo? ¿Es a ti a quien ataque? Lo lamento de verdad, yo... no era mi intención. En verdad.
No es a mí. Pero es por precaución, te hiciste mucho daño.
Yo no me hice daño, fue otra persona.
Me miro extrañada.
¿Tú no te hiciste esto? - me pregunto aún más asustada mostrándome la muñeca izquierda cortada.
Era una fea, roja y delgada cortada. Estaba cocida con mucho cuidado. La herida tendría unos diez centímetros de largo, hecha a partir de la muñeca hacia mi antebrazo.
¿Yo... yo hice eso? - la chica asintió - ¿Cuando?
Papa, Joka y el doctor me contaron lo que había hecho. No quería pensar en ello. No sonaba a mí. ¡Esa que describían no era yo! Yo no me suicidaría, ¿o sí?
Ese día me hicieron estudios psicológicos en lugar de médicos. Acepte de muy buena gana, ya que no quería que me internaran en un psiquiátrico. Pero por la mirada de papa y de Joka me decía que era lo más probable.
Al día siguiente el doctor nos dio los resultados, no había nada malo en mí. Solo estaba deprimida y estresada, algo que según él era normal en mi edad, pero aún no encontraban la respuesta a mi deteriorada salud.
Yo sabía muy bien la respuesta.
Había sabido desde mucho antes, que algo así me pasaría cuando Inuyasha Taisho me abandonara.
Otro abandono en mi vida... Era de suponerse y esperarse.
