75 – TRATAMIENTO
Los doctores vieron una notable mejoría en mi salud y mi semblante. No se explicaban el porqué de mi recuperación, al igual que de mi supuesta enfermedad.
Era un caso extraño para ellos.
Claro que yo sabía toda la verdad: Sin Inuyasha a mi lado, casi muero. Cuando regreso conmigo, mejoro mi salud.
Me dieron de alta el miércoles por la tarde y el resto de la semana la pase en casa, haciendo tareas atrasadas. Tuve un tutor particular dulce, atento, tierno, gracioso y que decir guapo.
El lunes en la escuela me dieron la bienvenida mis amigos y compañeros -los cuales no sabían nada de mi intento de suicidio-. Mis maestros fueron muy considerados y recibieron mis tareas y trabajos atrasados.
Mis amigos no dejan de revolotear a mi alrededor.
¿Te sientes bien?
¿No sientes que te vas a desmayar?
Cualquier cosa nos avisas.
Para ellos yo tenía un caso severo de anemia, la cual podía pasar por cierta, era muy pálida.
Hubo algo que llamo mi atención y me dejo con la boca abierta: la mano de Kanna unida a la de Hoshiyomi. Había valido la pena nuestro truco, aunque casi me mata.
Inuyasha dormía conmigo todas las noches, pero no teníamos sexo. A pesar de que nos decíamos mil te quiero y te amo, no habíamos pasado de los besos.
No era porque no quisiéramos hacer el amor, sino que los doctores me habían recomendado no hacer actividades físicas pesadas. Continuaba algo débil por no haber comido adecuadamente por dos semanas y en verdad tenía anemia, pero no tan fuerte como la que decía tener en la escuela.
Con el paso de las semanas, mejore de salud y con ello la primavera llego a Nueva York. Papa y Joka habían estado sobre mi como halcones y me cuidaban todo el tiempo, pero el trabajo se les había acumulado y tenían fechas límite de entrega, tanto en la disquera como en la editorial. Poco a poco regresaron a sus actividades normales, dejándome bajo los cuidados de Inuyasha, lo cual -para ser honesta- no me gustó mucho. Era algo paranoico y sobreprotector.
Mi hermano y yo queríamos ir a la playa en vacaciones de primavera, necesitábamos un tiempo a solas. Nuestros padres no iban a poder acompañarnos, pero Sango y Miroku sí, pero eso no nos convenía. Inuyasha expuso un caso muy convincente, sobre la responsabilidad.
Después de nuestra -devastadora- declaración de amor, no se me había despegado ni un minuto. El me daba las vitaminas y demás medicamentos y me cuidaba todo el tiempo. A parte de que jugábamos a la hermanita enferma y el hermano mayor, no podíamos estar lejos el uno del otro.
Ayame, Kanna y Tsubaki decían que no había un mejor hermano que Inuyasha y que les gustaría que los suyos fueran como él.
¡Asco! Claro en el contexto de que ellos son hermanos carnales.
Hoshiyomi me preguntaba casi diario, si Inuyasha y yo habíamos hecho algún avance en nuestra relación.
Ese jueves luego de mi clase de Álgebra, no fue la excepción.
No, Seguimos tratandonos como hermanos.
Eso está mal. Deberían de estar juntos, aunque sea en secreto.
¿Que tanto cuchichean? - pregunto Kanna muy contenta y abrazando a Hoshiyomi.
Le agradecía de nuevo su diabólico plan, para hacerte entrar en razón - mintió Hoshiyomi mientras yo sacaba mi libro de Química del casillero.
Aah. Por cierto, ahora que estas mejor... ¡¿Como demonios se te ocurrió hacerme eso?! - me pego con su libro de recetas, para la clase de Economía del Hogar, en el brazo.
Auch! ¡Oye! Yo solo quería ayudarte, eres muy obstinada - replique sobando mi brazo.
Te está saliendo sangre de la boca - murmuro Hoshiyomi.
Lo mire de mala gana.
Para el fin de semana todo estaba listo para nuestro viaje privado a la playa, incluso papa había rentado un Corvette para que Inu me llevara a donde yo quisiera, mientras estábamos en Los Hamptons.
Mi maleta contenía lencería muy atrevida, Encajes, seda, transparencias... No empaque trajes de baño, porque el agua del mar aun esta fría en esa época del año; es más calientita en verano.
El sábado por la tarde fui a la disquera donde estaba papa, quería despedirse de mi porque no lo vería en dos semanas.
Entramos al estudio de grabación y me presento a Demi Lovato. La chica era sencilla y agradable, y su forma de vestir era genial
¿Te gusta? No, ¿verdad? Estas aburrida. - murmuro Onigumo sentándose a mi lado en un cómodo y amplio sillón negro.
Si me gusta, de hecho... ¿Me harás fiesta de cumpleaños?
¡Claro! Cumples dieciséis.
¿Puede ir ella? - señale a Demi.
Hablare con su manager - murmuro con suficiencia.
Gracias papi - lo abrace con fuerza hundiendo mi cara en su pecho.
De nada princesa.
No recuerdo mucho de aquel intento de suicidio, solo la soledad que me invadió, pero había servido de algo. Se que caí en un doloroso y nada gracioso cliché al hacerlo, pero fue una alerta, un llamado de atención hacia Onigumo.
Por fin convivía con él, como había deseado toda mi vida. Se preocupaba verdaderamente por mí, me daba su cariño y amor incondicional.
Una parte de mi se alegraba por su ausencia en años pasados, porque eso me llevo a estar más cerca de Inuyasha. Pero Onigumo me había hecho mucha falta cuando era una niña.
Esa noche cenamos los cuatro juntos en el comedor.
Si pueden, vayan a la fiesta de...
¡Papa! - solté el tenedor, molesta -Voy a ir a descansar, a olvidarme de... todo. Eso incluye: personas, ciudad, fiestas, escuela... El doctor lo recomendó.
Pero es descortés que ninguno vaya en representación de la familia. Sabrán que están ahí y tal vez se sientan desairados y...
No planeo salir de la casa, ni andar en esas aburridas fiestas, con gente horrible - replique como niña caprichuda.
Inuyasha se río.
Son nuestros amigos - murmuro Joka.
Exacto - exclamo Inu - Son SUS amigos, no los nosotros. No se preocupen, yo cuidare bien a Gomy. Lo prometo - me tomo de la mano bajo la mesa.
A Sango se le cayeron unos platos a mi espalda. Todos volteamos asustados y me solté de la mano de Inu.
Lo siento, no me fije por donde iba.
A mi nana nunca se le había caído un plato en su vida, ni nunca se distraía...
Oh oh. Creo que ella lo sabe...
