76 – SEIS

Ame el viaje en auto de dos horas, que hicimos Inuyasha y yo, para llegar a los Hamptons. El Corvette plateado era hermoso y poderoso; Inu estaba más que encantado de ir manejándolo. La radio iba encendida, las ventanas bajadas. El aire puro sobaba nuestros rostros.

En la casa todo estaba en orden y limpio. Las alacenas y el refrigerador estaban llenos; papa había mandado a tener todo listo para nuestra llegada.

Inuyasha me abrazo con fuerza una vez que llevo nuestras maletas a la habitación principal.

Te amo- susurro a un centímetro de mis labios.

Y yo a ti.

Miles de mariposas inundaron mi estómago, hasta casi hacerme sentir mareada.

Me estrecho con demasiada fuerza, hundiendo su rostro en mi cabello.

Caminamos tomados de la mano, hasta la habitación y nos acostamos en la gran cama. No hicimos nada, solo estuvimos ahí, abrazados.

Vi las casi invisibles marcas en mis muñecas, el cirujano plástico que me coció hizo un gran trabajo. A parte de que me prescribieron unas cremas que borrarían casi por completo las cicatrices. Para el verano, se notarían incluso menos, pero por si acaso, compraría pulseras, brazaletes o cualquier otra cosa para cubrirlas.

Esa noche Inu hizo la cena y fuimos de nuevo al dormitorio. A dormir.

Teníamos casi dos meses sin tener sexo, ambos lo deseábamos, pero teníamos miedo. Bueno, no miedo, sino que... nos sentíamos de catorce y dieciséis años de nuevo.

Por la mañana yo hice el desayuno y al medio día jugamos al tenis.

¿Te das cuenta de que somos el estereotipo del cual solíamos burlarnos? - pregunte en un descanso.

¿Por qué lo dices?

Mírame, mírate - nos señale con la raqueta. -Tu short blanco, tu camisa, su chaleco. Mi falda, mi blusa. ¡Las pelotas de tenis rosas! Nosotros no éramos así. Nosotros somos...

No supe como describirnos.

¿Te molesta ser rica? - se burló.

No es que me moleste... sino... que ya no me reconozco. ¿Soy igual de superficial que Tsubaki y Ayame?

¡No! Claro que no, Gomy.

¿Pero son mis amigas... soy igual de superficial que ellas? ¿Me burlo de los demás como ellas?

No, Gomy. Tú no eres así - me tomo de las manos - Si llegaras a comportarte como ellas, yo te lo diré. Y si yo soy como Byakuya y Kouga... por favor dame un buen golpe.

Sonreí y asentí.

Pero tienes que admitirlo, Inu, nos estamos convirtiendo en otras personas. Ya no somos aquellos niños que se burlaban de personas como nosotros.

Exacto. Ya no somos unos niños - murmuro acercándose a mí y me beso hasta quitarme el aliento.

Los vecinos pueden vernos - murmure alejándome de el - Pórtate bien.

Solo porque tú me lo pides – se rio

En la noche no sabía que ponerme: la lencería tierna rosa suave, o el corsé rojo con negro y liguero.

Opté por la primera opción y me puse una bata de seda sobre la lencería. Me vi de nuevo en el espejo y me puse otras gotitas de perfume.

Antes de salir del baño respiré profundo unas cuantas veces; me sentía incluso más nerviosa que aquella primera noche que estuve con él. Tal vez porque en aquella ocasión fue espontaneo y esta noche era premeditado.

Inuyasha me esperaba en la cama, con la espalda recargada en la cabecera. Sus ojos oscuros se iluminaron al verme semidesnuda. Me mordí el labio inferior, nerviosa y me acerqué a él. Se arrodillo en la cama cuando me subí a ella.

Era de lo más embarazoso que mi corazón latiera de esa manera, como si fuera una chiquilla. Bueno tal vez si lo era, pero ya había perdido la cuenta de cuantas veces habíamos tenido sexo. Sabía exactamente que era, cómo y por dónde; así que no debería de estar casi hiperventilandome, mientras Inuyasha descubría mis hombros y los besaba.

Sorprendida, pase mis manos por sus musculosos brazos, hasta llegar a sus anchos hombros. Continúe mi camino, hasta su lustroso cabello azabache.

Te amo - murmuro contra mis labios pegándome a su cuerpo.

Aun no me acostumbraba a responderle, tenía muy arraigado el hábito de quedarme callada, cuando tenía ganas de decírselo.

Sus fuertes manos se aferraron a la piel de mi cintura y pude sentir como su cuerpo reaccionaba por mis nada recatados besos.

Deje de tener miedo y nervios, mi cuerpo recordó que hacer y actuó como si estuviera en piloto automático. Baje mis manos por su pecho y le quite la playera blanca sin mangas.

Casi me caigo de espaldas.

Tuve que contar dos veces -mentalmente- para cerciorarme de que lo que estaba viendo. 1,2,3,4,5,6...

Seis cuadritos definidos adornaban hermosa y eróticamente el abdomen de Inuyasha. Sus pectorales estaban más hinchados y tenía esas... esas cositas que sepa Dios como se llaman... Esos músculos marcados en la cadera, como los de Lenny Kravitz.

¿Qué es eso? - pregunte en un susurro y señalando con el dedo su nuevo cuerpecito.

En algo tenía que utilizar el tiempo y energías extras - se encogió de hombros.

Oh - ni siquiera lo mire a los ojos de nuevo.

¿Podría tocarlos? me pregunte mordiéndome el labio.

Creo que Inuyasha me leyó la mente y tomo mi mano derecha, la paso desde su pecho hasta el estorboso bóxer gris.

Se me hizo agua la boca. Un escalofrió recorrió mi columna y se alojó en mi vientre.

Con una sonrisa satisfecha y orgullosa se acercó de nuevo a mí y continúo besando mi cuello, mi clavícula, mis senos. Una de mis manos viajo a sus anchas por su amplia y musculosa espalda. La otra se fue de vaga y se escondió bajo su bóxer. Era super erótico acariciar su gruesa virilidad endurecida.

Lo tumbe sobre las almohadas y continúe besándolo; sus manos se deshicieron de mi delicada ropa, una vez que se dio la vuelta para que yo quedara debajo de aquel monumental cuerpo.

No me pregunto si estaba lista para él, porque era algo más que obvio. Me penetro despacio, pero sin detenerse.

El movimiento de su pelvis fue suave y constante. Aferre mis manos a su delicioso trasero y lo acerque más a mí. Poco a poco sus embestidas se hicieron más fuertes y más profundas, ocasionando que de mis labios saliera un gemido involuntario. Acto reflejo me mordí el labio, para no hacerlo de nuevo.

No te reprimas, amor - susurro con voz ronca y endemoniadamente sexy. -Quiero que lo hagas de nuevo.

Me embistió con fuerza y gemí de nuevo.

Me sentía tan extraña haciéndolo.

Si, chiquita. Hazlo. Grita si quieres - me miro directamente a los ojos.

Su mirada estaba tan llena de deseo lascivo, que era hipnotizante.

Cerré los ojos y me dejé llevar por sus besos y su delicioso vaivén de caderas. Gemí de nuevo y dije su nombre en voz alta.

Grita, amor. - susurro en mi oído - Grita todo lo que quieras, nadie te va a escuchar. Excepto yo.

Aquello sonó medio macabro. Me pareció algo que diría un asesino que tiene en cautiverio a su víctima.

Poder expresarle en voz alta lo que me hacía sentir y con los sonidos más primitivos del mundo, fue increíble. Y no fui la única en hablar, él también me dijo cosas bastante subiditas de tono, que ni siquiera sabía que el sabía.

Me sentí como una actriz porno con tanto gemido, al llegar al más grande de los orgasmos. Pero los míos no eran fingidos. Y los de el tampoco.

Una vez que recuperé el aliento, solo pude decir:

Wow – el me sonrio

Lo sé.

Nuestras miradas se cruzaron peligrosamente y tuvimos una repetición instantánea.