77 – VIOLACION

Desperté con Inuyasha pegado a mi espalda, abrazados de cucharita.

Me pregunte si Inu estaba teniendo un sueño erótico, ya que su amigo estaba despierto. Me acosté boca arriba y el acomodo su postura igual a la mía. Tuve que taparme la boca con las manos, cuando se me ocurrió un chiste, al ver su carpita de circo.

Me pregunte si podía ver a los payasos y levante la sabana azul mordiéndome el labio.

Baje de nuevo la sabana y espere pacientemente a que despertara, pero no creí que fuera a ser pronto. Seguí esperando con paciencia, pero me fue imposible, al cabo de unos minutos.

¡No, Kagome! ¡No lo pienses! ¿Es violación, o no? Mejor lo despierto.

Con el dedo índice toque su brazo. No se movió.

Lo moví un poco más. Nada.

Inuyasha - susurre en su oído - Inuyasha.

Mmm -no dijo nada más.

Volví a tocarlo con insistencia, pero no despertó.

¿Se sentiría violado si juego un rato con su amigo? A mi mente retorcida le gustaría despertar y verlo sobre mí. Sería una gran forma de hacerme el día.

Preferí intentar despertarlo de nuevo; si lo hacía bien y si no...

Nop, no despertó.

Sentí mis mejillas arder cuando le puse el preservativo.

Intente despertarlo una vez más, para no sentirme tan mal.

No, nada.

Me senté sobre él y sonreí cuando estuvo totalmente dentro de mi.

Él fue el primero en gemir.

Abrió los ojos muy despacio y luego de par en par cuando entendió lo que estaba pasando.

Me detuve y lo miré avergonzada.

¿Me odias?

No - articulo con los labios.

Bien.

Sonreí y continué con mi labor, mientras el casi ponía los ojos en blanco.

Después de eso comencé a sentirme culpable, pero Inuyasha no me dejo disculparme con él por nada del mundo. Al contrario, me agradeció por casi haberlo violado.

Luego de que jugueteamos en la ducha casi una hora, desayunamos en el comedor.

A la hora de la comida hicimos un picnic en el jardín.

Coloque una manta en el pasto y comimos emparedados, frituras, golosinas y fruta. Inu tomo la otra mitad de mi naranja y se la comió como si fuera la última del mundo.

En lugar de desagradarme la forma tan asquerosa de comerse la fruta, me imagine gateando hasta el, quitarle la naranja de las manos y lamer el jugo que se escurría por la comisura de sus labios.

¡Cielo santo! ¿Qué demonios me pasaba? La reciente y olvidad abstinencia me había trastornado y ahora hasta lo más desagradable me parecía erótico.

¿Te la ibas a comer? - pregunto Inu consternado, dejando solo la cascara en un plato.

No - desvié la mirada.

¿Estás bien?

Si.

Entrecerró los ojos al darse cuenta de que le estaba mintiendo.

Por la tarde vimos películas estúpidas y graciosas, esas que son la parodia de otras películas aún más estúpidas.

En la noche dormí de nuevo entre sus brazos, luego de que dejo casi inservible mi delicada lencería de encaje purpura transparente.

¿Porque tenía que usar los dientes? ¿Que no podía quitarme la prenda con las manos?

Bueno, lo admito. Era de lo más sensual que me quitara la tanga con los dientes y al hacerlo rozaba mi piel con ellos, haciéndome temblar y suspirar.

A la mañana siguiente lo desperté de la misma manera que la anterior.

Así como la mañana después y la que le siguió a esa.

Al siguiente lunes fuimos a la ciudad, pero al área pobre de los Hamptons. ¡Que de pobre no tenía nada! La zona era bonita y normal, con tiendas de todo tipo y restaurantes. Solo que no estaba a la altura de los pomposos habitantes del lugar.

Fuimos a esa área para que nadie de nuestros conocidos nos viese, pero aun así nos tratamos como hermanos y no como novio-amantes.

Llegamos a un mercadito ambulante, donde había muchas personas. En los puestos vendían hasta lo que no. Era bonito y agradable.

Me acerque a un puestecito donde vendían joyería de fantasía: pulseras, anillos, collares... Vi un lindo collar hecho de conchitas color turquesa y estaba dispuesta a comprarlo, cuando me llamaron la atención los anillos.

¡Mira! Tengo años sin ver uno de estos - le murmure a Inu mientras señalaba los anillos que cambian de color según el estado de ánimo.

Solo son anillos, Gomy - hombre tenía que ser.

No. Mira, cuando lo usas cambia de color.

Enarco una ceja oscura.

Ash! Olvídalo.

Busque uno bonito, pero todos tenían diseños muy infantiles. Encontré uno sencillo de piedra ovalada y grande. Me lo puse y me quedo a la perfección en el dedo anular de mi mano izquierda, sin siquiera ajustarlo.

¡Mira! ¡Tienen argollas! - tomé una y la puse en el dedo anular de Inu. - Este está muy chico.

Tome otro.

Este muy grande - lo deje de nuevo en su lugar y tome un tercero. - Perfecto.

Inuyasha no dijo nada, solo me miro sonriente mientras intentaba ponerle los tres anillos.

Nos llevamos estos dos - le dije al chico que estaba encargado del puesto y saqué la cartera de mi bolso para pagar. Pero Inuyasha ya le había pagado los tres dólares que costaron ambos anillos. - Gracias. De niña tenía varios, el ultimo que tuve lo perdí en la mudanza.

Camine viendo mi anillo que cambiaba de color, mientras Inu me conducía entre las personas.

Entre la multitud me tomo de la mano y mis hormonas se dispararon. ¡Maldita adolescencia! Esperaba algún día poder ver a Inuyasha sin desear que me tomara en ese instante.