78 – PORNOGRAFIA

Cuando llegamos a casa Inuyasha me tomo en brazos y me llevo hasta el dormitorio.

¿Qué estás haciendo?

Te voy a violar - su rostro era serio e intimidante.

De acuerdo - me encogí de hombros, muy quitada de la pena.

Soltó a reír rompiendo su máscara de frialdad.

Al entrar a la habitación me aventó a la cama con brusquedad.

¡Oye!

Me jalo de las piernas, me acerco a él y comenzó a hacerme cosquillas.

¡No! ¡No lo hagas! - reí sin parar, hasta que me falto el aire.

Te voy a comer a besos - murmuro besando mi rostro en repetidas ocasiones.

¿No que me ibas a violar?

Se detuvo y me miro sorprendido.

Mmm... ambas - me beso en los labios, pero haciéndome cosquillas.

En la noche decidí que era tiempo de usar uno de los conjuntos más atrevidos que había empacado y saqué de mi maleta la lencería roja transparente.

Me puse el sostén de encaje y las bragas rojas. Mis zapatos despuntados rojos complementaban el atuendo de "niña mala". Busque en mi alhajero mis arracadas y mis pulseras de diamantes, que me había regalado papa en Navidad. Rocié en el aire perfume. Respire profundo antes de salir del baño y camine con toda la seguridad del mundo.

Inuyasha estaba sentado en la orilla de la cama, frente al gran peinador. Solo traía sus bóxer negros y pegaditos.

¡Cielo santo! Respira Kagome, solo... respira.

Caminé hasta él y me senté en su regazo.

¿Te gusta?

Asintió acariciando mis senos con la punta de sus dedos y muy interesado en ellos.

Eres tan hermosa - susurro viéndome con esos profundos ojos oscuros que adoraba.

Volteo mi rostro con suavidad y me mire en el espejo. Para mi yo no era la gran cosa. Era muy pálida, tenía un cutis bonito y un buen cuerpo, pero me faltaba hacer ejercicio para tonificar. Lo único realmente bonito y que me gustaba eran mis risos castaño cobrizo. No me mire por más de dos segundos; lo mire a él. A la perfecta replica de su rostro.

Mientras veía su reflejo, hundió su rostro en mi cabello.

Hagamos el amor frente al espejo - susurro apretando mi seno derecho con su mano.

¿Que?

Sera como ver una película.

¿Qué demonios...?

¿Estás bien? - tuve que preguntar.

Mejor que bien.

Me miro a los ojos a través del reflejo y me acomodo en sus piernas a modo de que me viera de frente en el espejo. Sin dejar de mirar mi reflejo, metió su mano izquierda en mi sostén.

relájate - susurro contra la piel de mi cuello.

¿Qué tipo de fantasías había tenido Inuyasha, estas semanas? ¡¿O que había visto?!

Se hizo hacia atrás y quede sentada en la cama y no en sus piernas. Paso las manos por mis brazos, mis senos, mis caderas, por todo mi cuerpo, sin dejar de mirarnos en el espejo.

De nuevo recorrió mis caderas, mis piernas; cuando llego a mis rodillas, las separo.

Pude sentir su deliciosa y agitada respiración en mi oído izquierdo. Su mano derecha recorrió mi vientre, se deslizo bajo la delicada tela roja y acaricio mi intimidad humedecida y palpitante.

Inuyasha - me mordí el labio y me moví contra su palma, sin dejar de mirar su réplica.

¿Te gusta lo que ves? Solo estoy aquí para ti, cielo - susurro antes de morder mi lóbulo.

Con la otra mano bajo el tirante de mi sostén y descubrió mi seno, aun con la mano derecha bajo mi ropa interior.

Mis manos estaban aferradas a sus piernas y mis dientes a mi labio inferior; al igual que nuestras miradas estaban trabadas en la imagen del espejo.

¿Te gusta lo que ves? - repitió la pregunta. Asentí sin poderlo evitar - ¿Quieres que suba un poco más el calor?

¡Rayos! Me gustaba lo que veía, más de lo que debía. Aquello no era... normal, ¿o sí?

No tengas miedo. Solo has lo que yo te diga. No te voy a soltar, hasta que te haga alucinar - continúo susurrando, como si estuviéramos en mi habitación en Nueva York.

Esperaba que aquellas palabras, no solo fueran promesas vacías.

Quiero escucharte gritar mi nombre. ¿Apuesto que pensaste que solo era tierno y dulce? - Asentí levemente.

Casi no le estaba poniendo atención a sus palabras, estaba a punto de llegar... al orgasmo.

Pues te equivocaste - murmuro con claridad, volteando mi rostro al suyo para besarme violentamente.

Arranco y destrozo sin piedad alguna mi lencería. - ¿Como le hizo? No tengo idea. Tal vez era más fuerte de lo que yo creía. – eso significaba que le había gustado el modelito.

Hice todo lo que él me ordeno; él dijo que confiara en él. Hicimos todo frente al espejo, como él quería.

No sé de dónde diablos había sacado la idea, pero estaba pensando seriamente remodelar mi habitación con espejos en las paredes, en el techo y en el piso.