79. SEX AND THE CITY Y EL MISTERIO DE LA PRINCESA

Regresamos a casa el viernes al mediodía; el lunes entraríamos de nuevo a clases.

Inuyasha le dio un informe "detallado" a nuestros padres, acerca de lo que hicimos en los Hamptons.

Les dijo que había comido bien, que hice ejercicio, que me tomé las vitaminas y demás medicamentos. Y que el mismo se había encargado de curar mis casi invisibles cicatrices.

El lunes en la escuela, todo seguía su curso habitual, tanto con las materias, las personas y las parejitas.

Era lo mismo de lo mismo.

Al pasar las semanas, Tsubaki estaba más que emocionada con su celebración de cumpleaños número 17. Y más porque los gemelos Takahashi no quisieron celebrar su cumpleaños número 16 con una fiesta; lo hicieron con un viaje a Asia en vacaciones de primavera, junto a sus padres. Sesshomaru invito a Hoshiyomi, el cual fue el regalo de Kanna en sí. Su padre había aprobado su relación, lo veía como un hijo más y confiaba en él.

Incluso Kanna me dijo que Sesshomaru quería que Hoshiyomi se encargara de sus negocios en un futuro, porque se veía que Hakudoshi no le gustaban para nada.

Mi amiga me trajo un hermoso kimono, el cual desato al hormonal Inuyasha. No dejaría que sus manos se acercaran a mi lindo kimono, temía que quedara inservible como mi lencería.

Hoshiyomi continuaba preguntándome si ya le había declarado mi amor a Inuyasha.

No - respondí con una mentira. Como siempre.

¿Porque no? Sería muy romántico que tuvieran un romance secreto y prohibido - murmuro emocionado.

¡¿Como ya eres casi esposo de Kanna, ahora me fastidias a mí?!

Si - suspiro con ojos soñadores.

Vete a besuquear con Kanna bajo las gradas - moví mi mano despectivamente.

Uuy! ¡Buena idea! Gracias. ¡Kanna! - le grito y ella volteo con una sonrisa.

Se tomaron de la mano y casi salieron corriendo en dirección al campo de fútbol americano.

Tsubaki ocupo el lugar de Hoshiyomi en la banca del jardín.

Ya está todo listo para este fin de semana. ¿Ya le pediste permiso a tus padres?

Si, desde el lunes le dije a Onigumo que me quedaria en tu casa el viernes y el sábado - respondí con una sonrisa.

Gracias. Te adoro - sus pequeños brazos casi me ahorcaron. - Que ha sido de Kikyo?

No sé, no me interesa.

Pero ella estuvo en el hospital contigo todo el tiempo, igual que Inuyasha. Claro que el la corría, le decía sus verdades y ella hasta una bofetada le dio...

¡¿Que?!

Inuyasha no te lo dijo?

No.

¡Ups! Pensé que lo sabias.

¡Claro que no lo sabía! Y tampoco sabía que Inuyasha había estado conmigo en el hospital, todo el tiempo. Yo pensaba que había ido hasta que supo de mi intento de suicidio...

Lo que ocurrió en el minuto siguiente, pensé que solo ocurría en las películas. Flashbacks de imágenes sin sentido vinieron a mi mente. Un Inuyasha bañado en lágrimas, las manos ensangrentadas y gritando...

¿Mi mente lo estaba creando o si ocurrió?

Inuyasha... me había encontrado con las venas cortadas?

Deseche de mi mente aquellos pensamientos, antes de que me afectaran aún más.

El jueves en la noche me despedí de Inuyasha en toda forma y varias veces. No iba a estar en casa las dos siguientes noches, porque iba a estar en casa de Tsubaki.

El viernes después de clases, nos recogió una limosina negra, fuera del St. Meyer a nosotras cuatro: Tsubaki, Ayame, Kanna y a mi. El auto nos llevó a un Spa, donde nos hicieron manicura y pedicura. Nos exfoliaron todo el cuerpo, nos depilaron hasta hacernos pedir la muerte. Nos dieron baños de lodo y nos embarraron chocolate. Mas tarde nos dieron un masaje delicioso con aceites aromáticos.

Esto... es... asombroso - murmuro la festejada con voz pastosa.

Estaba más dormida que despierta, por el masaje tan relajador.

Aja.

Mmm.

Si.

Murmuramos todas al mismo tiempo, con la voz igual que ella.

¿Es muy Sex and the City, no creen? - pregunto mi prima.

Aja.

Mmm.

Si.

Contestamos de nuevo.

Obviamente Ayame es Samantha.

¡Oye! No, si tienes razón - la rubia coincidió con mi prima.

Kanna es Miranda. Kagome es Charlotte y yo soy Carrie.

¿Porque yo soy Charlotte? Soy la pelirroja del grupo, debo ser Miranda. Kanna es Carrie y tu Charlotte - exclame levantando la cabeza.

No es por el color del cabello, excepto por Ayame. Es que tú y Charlotte se parecen - replico Tsubaki.

Es verdad - murmuro Kanna.

Ambas son muy mojigatas y asustadas - mascullo Ayame.

¡¿Porque me dicen mojigata?!

¡Porque lo eres! - respondieron las tres.

Como no tenía ganas de discutir, me tuve que callar y conformarme con ser Charlotte.

Luego de los masajes, vinieron las mascarillas y faciales.

Casi dormidas subimos a nuestras habitaciones. Se suponía que haríamos una pijamada, pero ni siquiera pudimos ponernos los pijamas. En cuanto vimos las camas nos acostamos y a dormir se ha dicho.

Después del check out, nos fuimos a desayunar al Plaza, de ahí nos fuimos de compras y arrasamos con las tiendas. Entre ellas estaban: H&M, Barney's, Bergdof Goodman, Macy's, Victoria's Secret, Tifany's...

Compre blusas, faldas, pantalones, vestidos, jeans, shorts, suéteres, abrigos, zapatos, botas, sandalias, tenis, ropa interior, lencería, trajes de baño, perfumes, aretes, pulseras, collares, anillos, relojes...

Donaría la ropa que ya no me pusiera a La Buena Voluntad y al Ejército de Salvación. Solo esperaba que a papa no le diera un infarto al ver el estado de cuenta de mi tarjeta de crédito. No, no lo creo. Casi no la usaba; siempre pagaba en efectivo toda la lencería que compraba para Inuyasha, para que nadie me preguntara sobre esos cargos.

Tsubaki se sentía en su jugo en esas tiendas. Cabe mencionar que la mayoría de la ropa que compre, ella la eligió. Éramos sus tres maniquíes de carne y hueso.

A Ayame le eligió ropa un poco más recatada de la que suele usar. A Kanna ropa moderna y colorida; según mi prima ella se vestía con ropa sombría y sobria.

Mi ropa era moderna, bonita, fina y algo reveladora para mi edad.

¿Qué me estas queriendo decir con esto? ¿Qué me visto con ropa antigua, fea, corriente y ando muy tapada? - le pregunte cuando nos dijo el tipo de ropa que nos estaba eligiendo.

¡No tonta! Es para que Inuyasha se fije en ti. ¡Te tiene en las narices y no hace nada! ¡Es un verdadero bruto!

¡No quiero que Inuyasha se fije en mí! ¡¿Que estas mal de la cabeza?!

¡Ternurita! Si supieras... o vieras lo que hice con Inuyasha en vacaciones de primavera... Te daría el infarto y te querrías arrancar los ojos.

¡Cállate y mídete este vestido! - me empujo de nuevo al probador de la tienda.

Kagome... porque no sales con alguien? - pregunto Ayame en el probador de enseguida.

Porque no le gusto a nadie. Nadie me habla o se me acerca.

Sal con alguien para que dejen de llamarte como te llaman - murmuro Kanna.

¿Llamarme como me llaman?

Bueno en parte de que no se te acerquen es por culpa de Inuyasha - mascullo Tsubaki abriendo mi puerta.

¡Oye! Aun no me termino de... ¿Como que culpa de Inuyasha? ¿Y cómo es que me dicen?

¿Recuerdas que a veces los chicos te llaman Princesa? - Asentí. Siempre me pregunte por que me llamaban así - Es una abreviatura de Princesa de Hielo Higurashi - Tsubaki se disculpó con una sonrisa.

¡¿Que?!

Los chicos en la escuela si te ven y les gustas, pero Inuyasha les prohibió acercase a ti a menos de que tú te acerques a ellos primero. Pero como no lo has hecho... te dicen Princesa de Hielo.

Estaba en shock con media boobie fuera.

¿Qué Inuyasha había hecho qué? ¡¿Con que derecho?! ¡Y yo todo este tiempo pensando que en la escuela yo era un cero a la izquierda! No es que me interesara salir con algún chico, pero... sentir esa linda sensación de decir: No, a un chico que me invitara a salir.

¡¿Qué demonios estoy diciendo?!

A demás, yo si tenía que aguantar a todas las zorras de las porristas, que se le insinuaban y lo abrazaban al final de cada partido...

¡Maldito Inuyasha!

¡¿Pero porque lo hizo?! - pregunte atónita luego de mi pequeño trance.

Yo digo que por que eres su hermana y no te quiere ver sufrir - murmuro Kanna.

Yo digo que es porque le gustas y no te quiere ver con nadie más.

Coincido con Tsubaki - mascullo Ayame saliendo del vestidor con un vestido verde esmeralda. Precioso.

Cuando regresamos a la casa de la desquiciada de Tsubaki, nos arreglamos para ir a su fiesta.

Ayame uso el vestido verde. Era de tirantes, muy escotado y pegado al cuerpo. Sinceramente, se veía hermosa.

Kanna eligió el vestido amarillo, entallado en el torso y plisado en las piernas. Tsubaki se vistió de rojo para resaltar, era un vestido straple, delineaba su diminuta y esbelta figura de bailarina, Con escote en forma de corazón. Mi vestido era rosa, con pedrería en el cuello y la cintura. Era de línea simple y halagadora, según Tsubaki.

La cuatro llegamos en limosina al restaurante, donde nos esperaban Urasue, Hoshiyami, Kouga, Yue, Kirinmaru, Byakuya, Hakudoshi, Hoshiyomi e Inuyasha. Los padres de Tsubaki -mis tíos-, habían reservado el área privada del restaurante favorito de la festejada. Todos se sentaron en la gran mesa en parejas. Mi asiento era junto a ¿Quién creen?... Pues Inuyasha, el cual cada vez que se le ocurría me decía cosas subidas de tono al oído.

¿Te puedes controlar? No estoy de humor.

¿Qué ocurre?

Lo hablamos en casa... caballero negro.

Después de la deliciosa cena, fuimos al Red Light. Era un club donde había ventanas con chicas bailando como si fuera el barrio rojo en Ámsterdam, las paredes del lugar eran como si fueran las calles de aquella ciudad holandesa.

Tsubaki bailoteo en la mesa luego de su quinta copa de champan.

Creo que nos equivocamos de club. Esto es para el Bitten Apple - murmuro Kanna cuando Kouga ayudo a subir a la mesa a Ayame.

No importa, es su cumpleaños - replique. - Bueno técnicamente es hasta el dos de mayo... ¿Qué es cuándo? ¿El miércoles?

Si es el miércoles - murmuro Inuyasha muy sonriente.

Te dije que no me hablaras.

El domingo por la mañana -más bien mediodía- No nos podíamos ni levantar. Desayunamos en la habitación y luego nos duchamos. Miroku fue por mí a la casa de Tsubaki.

Llegue a casa antes de las seis de la tarde y papa y Joka me bombardearon con preguntas.

¿Estas bien?

¿Tomaste tus vitaminas?

No tomaste mucho, ¿verdad?

¿Dónde vas a meter la nueva ropa?

¿Como te sentiste?

¿Te divertiste?

¿Comiste bien?

¿Qué compraste?

¡Ya basta! No he cruzado la puerta y ya están sobre mí. Les agradezco sus atenciones, pero déjenme llegar a mi habitación, por favor.

Los dos retrocedieron, me dejaron pasar y subieron las escaleras tras de mí, con mis compras en la mano.

Bueno, al menos de algo sirvió su abrumadora bienvenida.