80. SOSPECHAS

Gomy - toco Inu a la puerta compartida a la media noche. - Ábreme.

Me tape la boca para no reírme.

Cielo, no seas así. Ábreme - susurro tocando de nuevo.

Me cubrí con la sabana y traté de dormir.

Por la mañana toco de nuevo mientras yo me ponía el uniforme.

¿Qué quieres? - pregunte con brusquedad al abrir la puerta.

Te quiero a ti.

Sabes muy bien porque estas castigado y también sabes que es indefinido. Ahora sal de mi habitación.

Lo hice porque te quiero.

Me vale un cacahuate. Sal.

Me miro como cachorrito atropellado y luego me robo un beso.

¡JA! ¡Gane!

Le avente la puerta en la nariz.

Cuando había terminado de acomodar mi nueva ropa el día anterior, le exigí una explicación del porque había amenazado a mis compañeros hombres, Kouga y Byakuya junto con él. Su respuesta fue una sarta de tonterías.

Por un lado, se lo agradecía y por otro lo odiaba por ello.

Alguien como yo, con una autoestima y valoración de mí misma casi por los suelos, necesitaba atención. No es por ser egocéntrica, pero con el abandono de mis padres una parte de mi necesitaba esa atención extra que ellos no me dieron.

Tal vez si no me hubiera sentido tan sola y tan poca cosa, no hubiera intentado quitarme la vida. Ahora que lo veo con otra perspectiva, era algo más que obvio que algún día eso llegaría a suceder, con o sin drogas calmantes.

Si hubiera sabido que era importante para alguien más que solo Inuyasha -persona que me acababa de abandonar- no me hubiera cortado las venas.

Porque siendo honesta, solo por él lo hice.

¿Que más podía hacer cuando la única persona que te ha querido en esta vida te abandona a tu suerte?

Si no hubiera estado tan apegada a él, hubiera sobrevivido a su abandono. Si hubiera sabido que tenía pretendientes o al menos saber de la existencia de que a un chico le gustaba, o que no era un cero a la izquierda en la vida... la soledad no me hubiera cobrado una factura tan grande.

Tenía que alejarme de el cómo debí haberlo hecho... no estar tan enamorada de él. Sabía que ese amor nos haría daño...

Todavía me quedaba un año a su lado, pero debía de ir alejándome de el poco a poco.

Lo primero era ver si algún chico de mi clase me llamaba la atención, acercarme a él, ser su amiga y de ahí ir soltando la cuerda que me tenía amarrada a Inuyasha.

Después de una semana, mi plan fallo.

Nadie me llamaba la atención. Todos me parecían insípidos, torpes, estúpidos...

O tal vez yo tenías expectativas muy altas...

El último día de clases, en la noche... no cerré mi puerta con seguro. Claro que Inuyasha no tardo ni un minuto en darse cuenta.

Pasamos las vacaciones de verano en Nueva York.

Inuyasha y yo fuimos a casi todas las fiestas a las cuales papa tenía invitación. Cuando regresábamos a casa, teníamos sexo como los locos adolescentes que éramos.

Las prendas salían volando por la habitación, mientras susurrábamos: te amo.

Por las mañanas paseábamos tomados del brazo, en Central Park. Nos correteábamos como si fuéramos niños, volábamos cometas y comíamos helados.

Los fines de semana no salíamos de la piscina, hasta que nuestra piel parecía pasita.

Hacia todo lo posible por no terminar en la cama con Inuyasha, luego de cualquier actividad, pero eso era casi imposible. Estaba loca por él. Lo necesitaba más de la cuenta. Necesitaba una dosis diaria de sus besos, de sus caricias... Era como una droga. Él lo era todo para mí. Mi amigo, mi hermano, mi amante... Pero necesita alejarme de él. Tenía que alejarme de él.

Pero su mirada, sus ojos oscuros y profundos eran mi perdición y caía de nuevo, como una drogadicta sin remedio.

Joka y Onigumo estaban muy ocupados con el trabajo y sus vidas, como para darse cuenta de cómo Inu y yo nos mirábamos o nos tomábamos de la mano.

La que si lo notaba era Sango.

Cada día me preocupaban más sus indirectas y sus miradas de advertencia.

Una noche, luego de tener sexo alocado, desenfrenado y silencioso en mi habitación, le dije a Inuyasha acerca de Sango.

Creo que mi nana lo sabe - susurre mientras Inu besaba la punta de mis dedos.

¿Que? - se detuvo y me miro asustado.

Creo que sabe de nosotros.

¿Porque lo dices? - su expresión no había cambiado.

No sé... ella me dice cosas. Cuando regresamos de vacaciones me dijo: ¿Usaron protección?

Tal vez se refería al bloqueador.

Lo dijo de otra forma Inu. Siempre me pregunta: ¿Inuyasha te trata bien? ¿Es considerado? ¿Atento? Ella sabe que me tratas bien, sus preguntas tienen doble intención, lo sé. La conozco, es...como mi madre.

¿Crees que le diga a Joka y Onigumo? - cuestiono preocupado.

Espero que no. No estoy segura de como reaccionaran. Para ellos tu y yo somos hermanos. ¡Nos separaran!

Habla con ella, Gomy. Dile que nos queremos, que no solo es esto - señalo nuestros cuerpos desnudos.

Si te has dado cuenta de que no hemos hecho nada más que esto, en las vacaciones, ¿verdad?

¿Soy un buen agente de viajes, no lo crees?

Oh sí. Claro - susurre con sarcasmo.

Si quieres yo hablo con Sango, Gomy.

No, déjalo así. Si me dice algo... yo le explico las cosas.

De acuerdo. Pero ahora puedes dar otro recorrido en Inuyashalandia.

Entramos a nuestro cuarto y último año de preparatoria, la última semana de agosto.

Ayame había celebrado en vacaciones su cumpleaños número 17 en Europa junto a su familia. Tsubaki estaba muy emocionada con iniciar nuestro último año, aunque estaba algo triste porque Byakuya estaba en la universidad y no con nosotros.

Kanna se la mantenía pegada a su Blackberry, enviándole mensajes a Hoshiyomi. Hakudoshi seguía con sus cuadernos de dibujo...

La semana paso sin novedades, hasta el miércoles por la tarde, cuando Joka y papa me entregaron las invitaciones a mi fiesta de cumpleaños número 16. Ellos se habían encargado de la organización junto con Tsubaki. A mí no me había importado mucho que digamos. Solo me habían preguntado que de qué color me gustaría la fiesta.

Esta vez seria en el ZODIAC, según sabia, era el bar de moda entre las celebridades.

Las invitaciones era color blanco con letras rosa metálico y los sobres negros. Se veían muy elegantes. Mi prima se había encargado de la lista de invitados como el año anterior.

Esta vez fui yo quien las repartió.

De nuevo mis compañeros de clase me agradecían como si fuera un cheque de un millón de dólares. Repartí las invitaciones entre clases y los recesos. Solo a los de mi grado.

El sábado, las chicas fueron a mi casa a hacerme los ajustes a mi vestido. Tsubaki lo había confeccionado.

Kikyo quiere ir - susurro mientras me ponía un alfiler.

Pues que se quede con las ganas - por el reflejo del espejo vi como Aya y Kanna se miraron. - ¿Que?

Creees que se va a quedar de brazos cruzados? - pregunto Kanna.

¡Mira! ¡Es un milagro... HABLA! - me burle.

A lo mucho había hablado con mi amiga un par de veces esa semana.

¡Cállate!

Kanna tiene razón - coincidió Ayame. - Es Kikyo. Ella se va a aparecer, y lo sabes.

Pues que aparezca, pero no va a entrar. Eso te lo aseguro.

Me fije en el vestido.

Tsubaki, esto está muy corto!

Tienes que vender la mercancía.

¿Cuál mercancía? - renegué

El domingo por la mañana me llego un correo del presidente del consejo estudiantil. Tenía que ser la guía del nuevo chico de intercambio. Venía de Japon.

Me encargaba que le diera el recorrido por la escuela, que le ayudara con las clases y con cualquier cosa que el chico necesitara. Me adjuntaron su expediente escolar, fotografía y horario de clases.

Imprimí la información y la leí de nuevo antes de irme a dormir.

Bueno, supuse que dormiría, hasta que Inuyasha llego...