El fandom está más muerto que mi carrera universitaria. Al menos eso me dijo Darkness.
Esta vez el comienzo se ha editado y ya veremos cómo avanza lo demás. (2020)
Siempre serás el único, Usagi-san
Capítulo I: Él
Advertencias: Mención de violación. Tortura. Non-con.
Historia con temática homosexual.
Relación hombre/hombre.
Se suponía que se había rendido, que había renunciado a él entonces ¿por qué ahora estaba a su merced esperando que Akihiko pudiera salvarlo? Porque Misaki sería de Haruhiko, aprendería a amarlo... o aprendería a temerle. Menciones de non-con.
Era un día normal en la ciudad, Misaki acababa de salir de sus clases en la Universidad, había tenido apenas una hora y luego su horario había sido liberado. Ese día Akihiko tenía una reunión con su editora por lo tanto no pudo ir a recogerlo, de todas maneras el chico quería comprarle un poste a Akihiko que sabía le gustaría.
–Espero verte mañana, Misaki.
–Claro Sumi-senpai.
Ambos se despidieron haciendo un gesto con la mano. Había pasado ya un tiempo desde la confesión de Sumi hacia Akihiko, a pesar de los problemas y el distanciamiento que tuvieron ese tiempo habían quedado en buenos términos con Misaki. Sumi había conseguido una pareja, se la presentó a Misaki y Akihiko, era un doctor llamado Tsumori, un tipo demasiado amistoso pero que había terminado complementando a Keiichi; Misaki lo había felicitado y luego de unas sinceras disculpas de parte de Sumi continuaron teniendo una buena amistad, e incluso el mayor se volvió muy protector con Misaki, lo trataba como su hermano menor y eso Akihiko se lo agradecía, de alguna manera era Sumi quien cuidaba de que nadie se le acercara a Misaki con dobles intenciones en la Universidad.
Misaki sacó su reproductor de música, regalo de Usagi-san porque "simplemente me dio la gana", eso era lo que le había dicho, lo puso en su canción favorita y se dirigió a casa sin darse cuenta de que un auto negro le seguía de cerca.
Se detuvo en una tienda que había antes de llegar a casa para unos pastelillos que tenía muchas ganas de probar y el postre que quería darle a Akihiko. Vio a un hombre parado cerca de la tienda, un tipo normal que estaba hablando por teléfono, tenía el rostro cubierto por una mascarilla. Misaki lo ignoró, entró a la tienda, una vez salió con los postres se puso en marcha. Pasó junto al hombre que seguía fuera, apenas hubo dado un paso cerca de la siguiente intersección alguien tiró de él mientras lo metían a un auto. No había nadie por la zona que pudiera verlos. Misaki peleó para poder escapar, no entendía lo que pasaba. El mismo hombre que estuvo fuera lo golpeó dejándolo mareado y luego inconsciente.
El auto arrancó, una persona estaba entrando a esa pequeña calle pero no le dio importancia al auto.
Todo lo que quedaba era la bolsa de pastelillos en el suelo.
–Uhm... –comenzó a abrir sus ojos pero los cerró de inmediato debido a que la luz le impedía ver bien, la cabeza le dolía y no podía enfocar las figuras. Parpadeó un par de veces para mejorar su visión y pudo observar que se encontraba en un lugar que no reconocí a primera vista: estaba recostado en una cama grande con dosel, era una habitación muy espaciosa y tenía una enorme ventana frente a él y otra a su lado. Se levantó con cuidado apoyándose en su codo derecho, trató de levantarse de la cama pero sus sentidos fallaron y cayó estrepitosamente. Alguien llamó a la puerta. ¿Quién podría ser?
La puerta se abrió con cuidado y de ella apareció un hombre alto de cabellos negros. Misaki lo conocía.
Tengo miedo.
No podía ser él, no debía ser él. La figura se aproximó hasta llegar a su lado, sonriéndole desde arriba. El chico solo pudo encogerse en su lugar.
–Misaki, te he echado de menos.
Y bueno gente, aquí vamos de nuevo.
