Nota del autor: Los hechos que se presentarán serán desarrollados en una época actual y no se verán reflejados a fondo los resultados del Cuarto y Quinto conflicto del canon original. Todos los elementos que serán usados en la historia, exceptuando a los participantes, pertenecen a la obra escrita por Kinoko Nasu y perteneciente a Type Moon.
Capítulo I: Encuentro bajo la luna
— Ya ha pasado un tiempo desde que ese hombre...
El cambio de estación ya se hacía notar poco a poco en la ciudad, junto con el regreso de las actividades académicas, después de unas vacaciones de verano más tranquilas que de costumbre.
Desde su habitación en un segundo piso, un joven de preparatoria observaba a través de su ventana el paisaje de Fuyuki, con un ánimo bastante deplorable difícil de ocultar cuando regrese a la escuela. Tenía acumuladas muchas inasistencias, lo cual podría provocar más de algún problema de lo que tendría contemplado en su calendario personal, y por lo tanto no podía permitirse arruinar lo que sería su último año escolar antes de entrar a la enseñanza superior. Tampoco quería provocar mayores complicaciones de los que ya tiene su madre, bastante agotada por su arduo trabajo día a día.
Su futuro estaba enfocado en seguir su formación en una universidad, pero le faltaba claridad más allá. Es un simple estudiantil que estaba en la media. No era el mejor estudiante ni tampoco de los peores en su año, solo estaba preocupado de cumplir su papel como hijo que apoya a los quehaceres del hogar de vez en cuando y así aligerar la carga.
A pesar de todo ello, realmente su estado de ánimo se debía a otra razón bastante particular, lejos de lo académico y familiar.
«Haz sido seleccionado, joven Hirata»
Las palabras que le dirigió un singular hombre cuando apenas comenzaban las vacaciones de verano quedaron impregnadas en su memoria todo este tiempo. Su voz era extrañamente sospechosa para alguien que usaba una vestimenta de estilo religioso, sus ojos profundos generaban incomodidad al conectar miradas, una sonrisa bastante desagradable que aparentaba ocultar motivos desconocidos. Tenía muchas dudas sobre sus motivos, pero sí tenía una certeza: No podía confiar en él.
Desconocía por completo a qué se refería cuando mencionó que había sido seleccionado a quién sabe qué, y aunque ya habían pasado aproximadamente dos meses de ese inesperado encuentro, pensó que tal vez ya era demasiado tarde lograr averiguar de qué se trataba, pero mantenía una pequeña esperanza.
— Kohaku, Amane vino a visitarte!
Sacándolo de sus pensamientos, la voz de su madre le llamaba desde la sala de estar en el primer piso, avisándole que una persona le vino a visitar antes de volver a la escuela, algo imprevisto por la casi nula comunicación que entabló durante las vacaciones.
— Koha-kun! No nos veíamos hace dos semanas ¿Cómo te sientes para la escuela?
Tan activa como de costumbre, Amane fue directo a su habitación para saludarle, ignorando su privacidad con su inconfundible tono de voz. Iba a contestar sin pensarlo mucho cuando observó algo llamativo en la joven, siendo de gran ayuda todo el tiempo que han pasado juntos desde la escuela primaria. Tenía un rostro somnoliento que incluso con maquillaje no podía ocultar por completo, sin dejar de lado una venda que rodeaba su mano izquierda.
— Oh, Amane! Aun no organizo muy bien mi calendario. Por cierto ¿Qué hay de tu mano? ¿Quemadura?
La chica abrió un poco los ojos, sorprendida por la pregunta de Kohaku, sin esperar que fuese tan distintivo para sus ojos.
— ¿Amane?
— Oh... ¿Esto? Me herí ayudando a papá hace unos días. Nada grave, pero prefiero tenerla cubierta un poco tiempo más, no soy muy cuidadosa
No tenía una razón de dudar de las palabras de su amiga, por lo que dejaron el tema en el olvido rápidamente a medida que hablaban de cosas muy triviales, aunque si notaba un poco cómo la chica observaba su habitación, más de lo normal, como si esperara encontrar o sintiera algo distinto.
Sin necesidad de preguntar, la muchacha tomó asiento en la silla de su escritorio, una costumbre muy típica de ella cada vez que aparecía de visita en casa. Aparecer era una buena palabra, porque no solía avisar en lo absoluto.
— Y bien ¿Has logrado averiguar algo de ese viejo? Estuve muy ocupada estas semanas, de verdad pensaba echar una mano
— Ugh, para nada. Antes de que llegaras estaba pensando en ello, pero no he tenido ningún avance, ni siquiera en casi dos meses...
Le producía algo de molestia recordar todo el tiempo que ha gastado llenando su mente de aquel misterioso hombre, pero ya nada puede hacer para recuperarlo.
Desde que habló con Amane sobre el encuentro con ese supuesto sacerdote, ella se había mostrado bastante interesada y con ansias de ayudarle, a pesar de que perdieron la comunicación constantemente este tiempo, preocupándole un poco debido a que varios accidentes estaban dando lugar en la ciudad últimamente, según lo que mencionaban en sitios web y televisión que cubrían las noticias de Fuyuki, por no mencionar la información que conseguía su madre, quien trabaja en pleno centro de la urbe. Algo incluso curioso, recordando que años atrás cuando era pequeño ocurrieron casos muy parecidos.
— Oh, pero mi vida no ha sido tan aburrida estos días
— ¿Por qué lo dices?
— Hace unos días tuve un pequeño accidente mientras conducía en bicicleta cerca del puente, y quedé algo lastimado en mi brazo derecho
El joven había comenzado a reír recordando cómo había perdido el equilibrio, mientras Amane se unía a las carcajadas imaginando una divertida escena, siendo interrumpida por Kohaku, quien había comenzado a quitarse su prenda de vestir superior. Quizás sería algo extraño para ojos ajenos, pero llevaban un buen tiempo conociéndose desde primaria y no sentían vergüenza alguna frente al otro.
Una vez que el torso del chico estaba desnudo, le mostró la herida que quedó después de su accidente, consistiendo en tres marcas que llegaban a rozar su hombro derecho. Simplemente quería compartir su mala suerte con su buena amiga, pero ella quedó observando las marcas con tonalidad rojiza, con una vista algo preocupada desentonando un momento que no parecía ser serio. Sus ojos estaban fijos en la cicatriz sin decir una sola palabra, en completo silencio.
— H-Hay algo raro, Amane?
— ¿Has sentido ardor estos días?
A diferencia de su tono de voz tan característico, esta vez se escuchaba mucho más monótona, esperando una respuesta suya.
— Bueno... Claro que sí ¿No es lo normal después de una caída así?
Respondió sin pensarlo mucho. Ya había tenido varios accidentes desafortunados que le han dejado heridas cuando era pequeño mientras jugaba con sus hermanas o la misma chica frente a él, y por ello no creía que esta vez debería ser distinto, pero el rostro de Amane no le transmitía una sensación positiva. Ella solo se dedicó a observar una y otra vez las marcas que estaban en la parte superior de su brazo derecho.
Levantándose de improviso, caminó hasta la entrada de la habitación.
— Necesito ir a mi hogar. Vendré a medianoche otra vez, te explicaré unas cuantas cosas, me debes prometer que escucharás con seriedad, y no salgas de aquí ¿Bien?
Kohaku quedó algo perplejo debido a la repentina decisión que ella tomó, cambiando su semblante habitual a uno que no le conocía, o simplemente no recordaba. Mientras más tiempo llevaba en su habitación, no parecía la misma persona con la que solía convivir antes del descanso escolar, y aunque pudo haberle preguntado en este tiempo, consideró que era su imaginación. Las palabras de alguien tan cercana a él no podría ignorarlas de una forma tan fácil.
— B-Bien. Estaré despierto para cuando llegues, solo dime qué es lo que ha sucedido contigo este verano
Amane le dirigió una ligera y sincera sonrisa para intentar tranquilizarle, aceptando de antemano cualquier pregunta que le hará Kohaku más tarde. Dio media vuelta y salió de la habitación para volver a su hogar a paso rápido, sin querer perder tiempo en el trayecto.
— Demonios, ya casi son tres marcas...
— ¿Hmm?
El chico creyó escuchar algo salir de la boca de su amiga, pero ya había escuchado la puerta de su casa abrirse, así que era inútil intentar seguirle el paso por ahora, no hasta que vuelva a medianoche.
Las brisas del viento que recorrían la ciudad se tornaban mucho más frías una vez que el sol se ocultaba en el anochecer, haciendo casi imposible una caminata con ropa ligera. En el caso suyo, había elegido un conjunto ideal para resistir las bajas temperaturas, tal vez algo más de lo que podría usar otra persona normalmente, aunque tenía sus propios motivos algo particulares.
— Maestra ¿Desea que me materialice para tener una mejor protección?
— No te preocupes, Caster. Estoy bien, y tampoco quisiera sufrir hipotermia
Tratando de mantener su calma característica en situaciones que lo requieren, comentó con unos leves carcajadas a la nada, o eso era lo que parecía a simple vista, deseando incluso que la traten de loca si alguien captaba sus acciones, como lo era hablar en solitario en las calles. Era mejor quedar catalogada de esa forma que iniciar un infortunio, aún menos en una situación como la actual.
Ahora se estaba encaminando a paso rápido hacia su hogar para buscar unos cuantos objetos que necesitará para más tarde, esperando que sus planes que estaba ideando ahora mismo resulten tal como lo espera, aunque conociéndose, lo dudaba.
Hace casi dos meses, escuchó de una llamada de su querido amigo un extraño encuentro que había tenido con un hombre desconocido con vestimenta religiosa, un sin sentido que dejaría desprevenido a cualquiera, especialmente con las palabras que usó para entregarle un comunicado.
Ella estaba segura de a quién se refería, temiéndose un gran peligro que no habría deseado por ningún motivo. Prefirió elegir la peor opción y ocultárselo, esperando que él mismo lo olvide o solo sea una extraña coincidencia, pero ya estaba siendo demasiado tarde, por no decir que ya estaba todo perdido gracias a las marcas que vio en el brazo derecho del joven, según él, heridas de un accidente que tuvo hace un par de días atrás.
Observó por un momento su mano izquierda, cubierta por un vendaje blanco, echando quejidos y dando pasos algo más fuertes de lo normal. Percatándose de ello, volvió a recuperar la compostura, lo que más necesitaba ahora mismo era tranquilidad para analizar muy bien sus movimientos de ahora en adelante.
— Maestra ¿Está segura que ayudar a su amigo será una buena idea?
— ¡C-Claro que sí! No puedo simplemente dejarlo desprotegido sabiendo lo que podría suceder...
Quería creer en sus propias palabras, pero la pregunta de aquella voz femenina y calmada tenía una razón especial. Tenía una opción mucho más viable que la planeada en su mente, pero sentía que no era lo correcto.
— Sé que podría dejarlo bajo el cuidado de ese sacerdote, pero no puedo confiar en él. La Iglesia debe tener poco personal para dejar a un hombre como él a cargo.
— En el peor de los casos, tarde o temprano se enfrentarán ¿Deseas dilatar ese futuro con una alianza?
Los cuestionamientos que recibía no eran estúpidos, no podía negar que ahora está actuando con sentimentalismo, pero el lazo que le unía a ese chico no era posible ser borrado tan fácilmente, y aunque esa alianza lo pondría en peligro, era la mejor opción para mantenerlo a salvo bajo sus propios ojos.
Una vez en casa, caminó directo a su habitación para buscar los objetos que necesitaba, esperando que todo resulte sin daños colaterales, algo no del todo posible por la condición de normalidad que tiene el chico. Le conocía hace bastante tiempo para estar lo bastante segura de que él no tiene raíces familiares similares a las suyas, y por una parte lo agradecía, porque le recordaba su vida adolescente normal como cualquier otra.
— Caster, sé que no estás de acuerdo con esto ¿Pero opinas que es mejor crear el área cerca del nuestro?
— Que no esté segura de tus decisiones no quiere decir que rechace tu plan, Maestra. En cuanto a tu pregunta, si hay dos zonas cercanas atraerá la atención, Fuyuki no es tan pequeña y debe haber mejores lugares, o eso es lo que he visto desde que aparecí frente a ti
Amane sonrió para sí misma por incluso pensar en algo tan arriesgado sin tomar en cuenta las consecuencias. Imaginaba otros lugares en su mente, pero la noche en la ciudad ya no era tan segura como lo pudo haber sido meses atrás, tenía pleno conocimiento de que esos supuestos accidentes que invaden las noticias día tras día escondían motivos.
— El acto no tendrá ningún catalizador ¿Tendrá alguna repercusión?
Cuando ya se disponía a volver a casa del joven, algo más temprano de lo que tenía previsto, la ya figura materializada a su lado, y la razón del intenso frío que se sentía a su alrededor, una chica de largo cabello blanco y vestido de tonos similares, le había hecho una pregunta que había pasado por alto. A estas alturas, sus emociones se estaban desbordando a lo largo de su ser para no dejarle pensar como usualmente estaba acostumbrada.
Todo dependería de la personalidad de los demás Maestros y sus respectivas "invocaciones". Sin un catalizador, debería de ya haber una invocación predeterminada, similar a los dos casos anteriores, tal como había leído entre sus tantos libros, pero no tenía idea y no era imposible imaginar a alguien más en la misma situación que Kohaku.
— Lo veremos pronto. Vamos, Caster.
Ya con todo listo en su bolso, saldría nuevamente de su hogar para ir a su siguiente destino.
Había pasado casi una hora desde la visita de la joven, que se había tornado misteriosa al cabo que avanzaba su conversación, pero según ella, respondería a cualquier pregunta que él tenga, por lo que no quería complicar aun más su mente, no más de lo que ya estaba. Mientras estaba acostado sobre su cama, se giró a su escritorio para tomar un regalo muy especial que le había dado su hermana menor hace unos años atrás, ocupándolo para cualquier ocasión, incluso en momentos formales en su escuela.
Era un listón negro que, de hecho, su madre le había entregado a Hana en su quinto cumpleaños, pero al cabo de pocos años más tarde lo dejaría de ocupar sin una razón específica y decidió dárselo como muestra de cariño, un signo de lazos inquebrantable a pesar de la distancia.
«No las he visto desde año nuevo...»
Amarrando su listón entre su muñeca derecha, escuchó su teléfono al lado suyo. El mensaje era de Amane, quien para su sorpresa ya estaba en camino otra vez, imaginando que debió correr durante parte del trayecto en caso de cualquier peligro, o eso era lo que se le podía ocurrir.
Tomando una chaqueta oscura de su armario, intentó no despertar a su madre que ya debería estar durmiendo para volver al trabajo en la mañana. Abrió despacio la puerta y Amane ya estaba allí, recuperando el aliento de la caminata desde su casa, no muy lejos de la suya, sin embargo, no tenía disponible un vehículo en el cual trasladarse.
— Ir a pie en Fuyuki después de todos esos accidentes era tu mejor idea ¿No?
— C-Cállate, Kota-chan. Sígueme, iremos a la residencia abandonada y después al bosque
Se molestó con ese apodo que tenía de pequeño, pero lo dejó de lado al escuchar sobre el pequeño viaje que harán, el cual parecía que ocupará gran parte de la madrugada. La residencia de la cual hablaba su amiga pertenecía a una familia en la parte sur de Miyama, estando en casi pleno abandono hace un par de años, con breves visitas cada cierto tiempo, aunque ya se cumpliría casi un año desde la ultima vez que aquel terreno tendría movimiento allí dentro.
El bosque, por otra parte, parecía ser lo que tomará más tiempo en llegar, y no era necesario mencionar que no estaba muy de acuerdo con ir hasta allí, esperando que haya un cambio de opinión en el camino.
— Y bien ¿Me dirás qué planeas hacer en esos lugares? Te ves algo tensa
— Te diré todo lo que debes saber, pero me debes prometer dos cosas
Ahora más que antes, notaba mejor el rostro y tono de voz de Amane, un semblante distinto a la joven que conoce hace años, estando enfocada en llegar a sus destinos con una caminata rápida.
— Dejarás de buscar información sobre ese viejo sacerdote, y no vuelvas a salir de casa sin un motivo importante o al descubierto sin avisarme
«¿E-Eh?»
No sabía qué responder a esos extraños pedidos, reduciéndose a una mirada sin palabras exigiendo respuestas de inmediato, siendo seguido de las manos de su amiga tomando la capucha de su chaqueta para esconder su rostro.
— Caster, muéstrale tu rostro a Kohaku por unos minutos
«¿¡U-Una guerra!?»
En el trayecto, aparecería una misteriosa joven de la nada a un lado de Amane, sobresaltándolo por la sorpresa. Mientras observaba de reojo las acciones de esa extraña chica, quien solo se dedicaba a vigilar los alrededores, la otra chica se dedicaba a darle una información totalmente desconocida para él hasta el momento. Sus cicatrices provocadas por su accidente en bicicleta, según él, tenían un curioso nombre: "Sellos de Comando". Si bien era cierto que no les había prestado la atención suficiente después de su caída en bicicleta, jamás se habría esperado que tendrían una similitud a tatuajes "tribales", siendo la razón de su pequeño pero constante ardor el último tiempo. Amane, por su parte, le reveló los Sellos que ocultaba en la mano que tenía un vendaje para esconderlos.
Pero aún más sorprendente era la segunda identidad que tenía su cercana amiga, de quien estaba seguro saberlo casi todo.
Era una maga, no muy similar a lo que había visto y leído en programas, películas y libros de fantasía.
Entendió las razones del por qué mantenía ese lado de su vida bajo un completo anonimato. Era la mejor decisión para conservar a sus conocidos civiles en la mejor protección, como lo era en su caso, aunque debido a la situación actual, se vio obligada a revelarle un secreto muy importante como ese.
La joven al lado de Amane no era una persona común y corriente, lo cual ya parecía ser bastante obvio una vez que apareció en un abrir y cerrar de ojos. Tenía como nombre uno muy peculiar: Caster, pero éste servía para ocultar datos vitales de algún peligro desconocido.
¿Qué peligro podría estar relacionado al nombre de alguien como ella?
La Guerra del Santo Grial, una actividad oculta al público por diversos motivos desde hace ya muchas décadas atrás, teniendo la Iglesia un papel importante en este extraño conflicto del cual nunca escuchó.
Son siete personas, no necesariamente magos de nacimiento, elegidos que participan activamente en esta guerra que, tal como dice su nombre, buscan obtener un cáliz dorado, objeto importante de los relatos bíblicos, conocido incluso para personas no muy relacionadas a la religión.
Pero aquel cáliz que anhelan los participantes tenía una característica especial: Su capacidad de otorgar un deseo, sea cual sea, al respectivo ganador del conflicto.
Y tal como se lo esperaba de una guerra, los participantes tenían como objetivo eliminar a su competencia para alcanzar el Grial.
Ese objetivo no era tan simple como se escuchaba, porque cada uno de los siete contrincantes era apoyado por una extraña entidad, llamados Espíritus Heroicos, quienes eran invocados antes de dar comienzo al acto.
La joven que acompañaba al dúo era uno de los siete Espíritus que participarían en la guerra que se desatará en cualquier momento, y por lo tanto, Amane es una de los siete participantes.
Cada Espíritu trabaja como un compañero llamado Sirviente junto a su Maestro para derrotar a sus enemigos, y esa derrota podía tener una mejor traducción para lo que se llevará a cabo.
Morir.
— Sé que me he dejado unos detalles importantes en el camino, pero te los diré más tarde. Solo debes tener una cosa en claro: Al igual que yo, eres uno de los siete Maestros de la guerra por el Santo Grial
No podía sacar su habla con la cantidad de datos que estaba tratando de asimilar en pocos minutos.
En cualquier otro momento habría dicho que era una total estupidez sacada de alguna historia ficticia, o simplemente una mala broma para descolocarle de su serenidad, pero sería injusto no creer en alguien tan cercana a él, quien además ha mostrado la seriedad suficiente para dejar en claro que todo era verdad
«¿Un Maestro?»
«En simples palabras...»
— ¡¿M-Matar a alguien más?! ¡¿Seremos enemigos?!
Preguntó en voz alta, algo desesperado por todo lo que había escuchado, recibiendo con toda justicia un golpe en la nuca por parte de Amane, intentando callarle.
— Claro que no, idiota, lo último que podría hacer sería matarte. Tengo una idea para esto, así que intenta no preocuparte sobre ello.
Las palabras de su amiga querían tranquilizarlo, funcionando a medias. Intentó bajar su tono de voz, sin embargo, su mente estaba lejos de alcanzar la paz.
— Ya lo dije, te diré los demás detalles después. Mira, ya estamos aquí
Sin haberse dado cuenta por toda la confusión, ya estaban frente a la mansión de construcción occidental, mostrando un claro estado de abandono, solo iluminada por las luces de los alrededores.
— ¿Q-Qué planeas hacer en este sitio?
— No hace falta preguntar ahora, entraremos
Podía no estar bajo sus cabales en estos momentos, pero tenía por seguro que ingresar a un sitio sin permiso, por más abandonado que esté, no sería la mejor idea, aún menos en un lugar algo tétrico.
Quería frenarle, pero después de todo, él no sabía qué hacer en lo absoluto en este momento. Ya teniendo el conocimiento de su situación, estaba más agudo a cualquier movimiento cercano, aun cuando esa chica "Caster" ya lo hacía, y de mejor forma que él sin duda.
Decidió no perder el tiempo y seguir a Amane, quien rodeaba la seguridad de la mansión hasta llegar a un lugar perfecto para entrar al sitio. Una muralla en mal estado les serviría para cruzar al otro lado, sin encontrar o sentir peligro alguno.
— Esta casa pertenecía a una familia de magos, aunque se mudaron a Londres hace un par de años, y por lo que parece, allí dentro está todo limpio. No hay rastro alguno de magia defensiva.
Kohaku no entendía ninguna sola palabra relacionada a la magia, pero sí se sorprendió el aprender sobre los antiguos residentes que vivían allí hasta hace no mucho tiempo atrás.
Lo único que sabía de aquella familia era sobre la hija adolescente, ahora posiblemente adulta, con dos coletas en su peinado. No se esperaba para nada que esa chica tendría lazos con la magia al igual que Amane, quien parecía tener una conexión familiar con todo lo sucedido ahora mismo, esperando un mejor momento para preguntarle sobre ello.
Una vez dentro, su amiga comenzó a analizar el terreno del sitio de un lado a otro, buscando algún rastro de lo que ella le mencionó, magia. Paró en seco frente a unos árboles de relativa altura que decoraban el lugar, mostrando un semblante pensativo para lo siguiente que vaya a hacer. Solía quedar de pie mirando a la nada cuando intentaba pensar en algo, ignorando todo a su alrededor, teniendo él la tarea de no dejarla atrás en el camino una vez que volvía a la normalidad.
— Puede haber parecido inútil, pero no es el mejor lugar para tu invocación, así que iremos hacia el bosque
— ¿Nos iremos? ¿Mi invocación?
— Exacto, tu invocación. Mi plan por ahora es protegerte, pero para ello necesito que tengas a tu propio Sirviente para idear mejores cosas. En cuanto al lugar, no es especialmente malo, aunque su aspecto abandonado lo hace muy tétrico ¿No crees?
Sentía que Amane le tomaba el pelo con esa aparente seriedad y esas palabras tan fueras de tono con lo que está pasando ahora mismo.
— ¡No tengo problemas con el lugar, solo quiero terminar con esa estúpida invocación ahora mismo! Y no creas que caminaremos hasta el bosque, ya es plena madrugada
— Ugh, vaya carácter, y tan quejumbroso como siempre
Lamentándose con tener a un amigo con ese genio, la joven no contradijo la decisión de Kohaku, por lo que llamó a la joven Caster y le pidió que comenzara a hechizar el terreno de la mansión para alejar posibles visitas que no eran necesarias, o indeseadas.
Ella, por su parte, abrió su bolso para buscar los objetos que requería, y una vez lista, comenzó a dibujar una extraña circunferencia en el suelo, con diversos signos que él desconocía por completo, tomando prestada su mano por alguna razón.
— ¡O-Ouch! ¿Qué haces con esa aguja?
— Necesito una muestra de tu sangre para el círculo mágico
— Pero pudiste haberlo preguntado ¿No?
— Tal vez, pero era más rápido de esta forma, solo haces tardar el ritual. Ahora, colócate aquí para comenzar la conexión
Ignorando la cara de molestia de Kohaku, tomó su muestra de sangre y la dispuso en el círculo mágico en el mismo lugar que ella había utilizado en su propio ritual.
— Bien, ahora escucha atentamente. Debes repetir sin error lo que está escrito en este pap-
Cuando iba a entregarle un papel con las palabras para la invocación, fue interrumpida por la sorpresiva iluminación que ahora provocaba el círculo que había dibujado y el brazo derecho del chico, donde se ubicaban sus Sellos de Comando, incluso con la gruesa chaqueta que utilizaba para el frío.
— ¡¿Ah, qué sucede?! ¡Amane!
— ¡No tengo idea! Ni siquiera te he mostrado el rit-
Su amigo comenzó a ser rodeado por una luz rojiza generada por la magia, que a pesar de haber estudiado desde su niñez, le faltaba conocer la totalidad de algo tan único como lo era el mundo de los magos. Sin nada más que hacer, se alejó un poco de la invocación que estaba llevando a cabo el chico para no interrumpir algún circuito del ritual.
Los ojos de Amane y Kohaku quedaron cegados por la intensa luz que provocó todo el ritual, tardando unos cuantos segundos en darse cuenta cuál fue el resultado de esa peculiar invocación, muy distinta y alocada comparada a la que Amane había llevado a cabo con Caster en el sótano de su hogar.
La fuerte brisa que generó el ritual al fin había cesado.
Kohaku pudo despejar su vista borrosa, dirigiéndola hacia el frente para ver qué demonios pasó en ese lapso de tiempo.
Sus ojos se cruzaron con una figura en medio del círculo mágico, ligeramente más baja que él.
Tenía el cabello blanco con ligeros tonos rubios y una peculiar "antena" en su peinado superior era ondeada por el viento natural del medio ambiente. Era tan largo que parecía cubrir gran parte de su espalda, atado por un lazo negro, conocido incluso a simple vista, pero por alguna razón no le tomó la importancia que debía. Junto a ese lazo, en los costados tenía unas borlas de color rojo.
Usaba una armadura oscura con unos diseños y tirantes rojizos, dejando parte de su pecho al descubierto. Su calzado le hacía ganar la altura necesaria para rozar la suya, acompañado por unas largas medias también oscuras.
Su piel era morena, una mirada algo apagada con ojos plateados muy claros se dirigía directamente al chico, quien no lograba conseguir hilar una sola palabra sobre lo que estaba presenciando.
Sostenía con su mano izquierda lo que parecía un objeto alargado y fino, semejante a lo que usaban antiguos generales japoneses muchos años atrás para atacar a sus oponentes, provocando heridas e incluso la muerte.
Segundos más tarde, la misteriosa mujer que estaba de pie frente a él se arrodilló en señal de una presentación "formal", no muy vista en los días de actualidad.
— Me he manifestado en respuesta de tu invocación. Hasta que mi cuerpo y mente sean destrozados, pelearé a tu lado, Maestro.
«¿M-Maestro?»
La joven había vuelto a su postura anterior, demostrando un cambio en el aire con su sola presencia, utilizando su vista para analizar el terreno de su alrededor y el arma en posición de defensa, sin esperar una respuesta por parte de su supuesto "Maestro", quien solo se mantenía allí de pie sin quitarle la vista de encima.
— O-Oye, pareces un títere... ¡Kohaku!
Ante el grito de Amane, el chico consiguió salir de su breve trance, girando su vista hacia ella algo asustado por el repentino llamado, aunque no fue el único que prestó atención a la voz.
— K-Koha... ¿A-Ah?
Amane pensaba seguir llamando a Kohaku, pero su garganta recibió un ligero roce de parte de la nueva acompañante del grupo, con sus ojos fijos en su figura sin mayores emociones y objetivos más que asesinar.
Sin tardar más de unos pocos instantes, la chica de cabello blanco que se dedicaba a hechizar el terreno de la residencia para "encerrar" el sitio, se trasladó directamente a la posición de su Maestra, con una pequeña "muñeca" que sostenía con sus manos en su pecho y ahora apuntada hacia el atacante, haciéndole retroceder unos pocos pasos atrás.
— Tú debes ser la invocación del amigo de mi Maestra. Ya veo...
Con una voz mucho más seca que la que había demostrado hasta el momento, no recibió respuesta alguna por parte de la ya obvia espadachín, aun en pose de ataque que podría cambiar en un solo parpadeo.
— Debes estar muy segura de ti misma para revelar tu Tesoro Heroico tan pronto, no es así ¿Saber?
«¿Tesoro Heroico? ¿Saber?»
El chico se mantuvo en silencio, observando las chispas que sacaban ambas Espíritus sin ánimos de ceder, y lo único que estaba pidiendo en aquellos segundos era una simple cosa.
Salir vivo de allí junto a su amiga, quién seguía bajo la amenaza de una espada cerca de su garganta.
