Los personajes no me pertenecen son de Kōhei Horikoshi, yo solo hago que se amen y tengas bebés.
Gracias a mi linda beta por tu ayuda, apoyo y consejos.
En la era de los dioses, los humanos no tenían una vida tranquila que llevar, debían preocuparse por satisfacer las necesidades de sus deidades, cada aldea veneraba a una en específico, le brindaban diferentes ofrendas, pero sabían que sus vidas estaban protegidas y que nada les faltaría.
Los dioses Izanagi* e Izanami, fueron los que crearon cada una de las partes que componen lo que se denominó el país del sol naciente, le dieron paso a los diferentes dioses de tomar posesión de las diferentes aldeas que se crearon.
El nombre que le dio mi viejo a esta zona es Niigata, se extiende sobre el sudoeste, hasta el noreste y según los datos propiciados por los dioses somos dueños de casi 240 km sobre el mar, tenemos extensos campos de producción, bosques y pequeñas aldeas.
Mi familia está dedicada al cuidado de todo esto pues la deidad Inari*, nos ha dado la misión de cuidar y salvaguardarlo, el líder es Enji Todoroki un kitsune* de 7 colas, su pelaje es tan rojo como el fuego, sus ojos azules como el cielo, mi madre una de las más hermosas descendientes de la deidad con 5 colas, ella posee un pelaje tan blanco como la nieve, ojos grises como luceros resplandecientes en la noche, mis hermanos mayores son Touya que se terminó convirtiendo en un kitsune que se complace de hacer travesuras a los aldeanos, Fuyumi es hermosa de pelaje blanco con pequeñas líneas rojas, muy atenta con los dioses y aldeanos, Natsuo es inteligente siempre está ayudando a la deidad, su pelaje es igual al de Fuyumi.
Cada uno ya tiene su propio templo, el cual protegen mientras escuchan a cada una de las personas que van a orarles, el único que no ha podido acceder a su independencia es Touya, pues el viejo lo desheredo por no cumplir a cabalidad con su deber divino.
Por mi parte soy el menor de todos, estoy jodidamente atrapado en el templo principal, mi viejo está obsesionado con ser reconocido por todos los demás dioses, por lo que busca incansablemente superar al gran dios Izanagi, mejor conocido como Toshinori Yagi, tiene carisma, es fuerte además que todos los dioses están dispuestos a seguirlo y apoyarlo; pero mi viejo es todo lo contrario así que busco a la doncella más hermosa, se casó con ella, de todos sus hijos nació el que llamó el ¨perfecto¨, por desgracia soy yo Todoroki Shouto, nací con 6 colas, mi pelaje se divide perfectamente en dos colores el lado izquierdo es rojo, el derecho blanco, mi ojo derecho es gris, el izquierdo azul, esas características hicieron que fuera el objeto de mi viejo.
Desde que tengo memoria he tenido que estudiar incontables pergaminos, no solo de la línea de los kitsune, sino de cada uno de los dioses que conforman nuestro mundo, se me permite salir dos veces por semana del templo para estudiar a los humanos y aprender de ellos, pero siempre debo ir con mi guardián el pequeño dragón del rayo mejor conocido como Kaminari.
—Estas salidas no son suficientes Shouto – dijo Kaminari bastante ofuscado – quiero permiso para ir a esos sitios que los adultos llaman de placer.
—Cállate, no está permitido y eso suena vulgar – odiaba esos pensamientos de su guardián, siempre lo metían en problemas – además según el viejo somos jóvenes para eso.
—Me estas jodiendo de verdad con esas palabras – lo miró de reojo, lo vio rojo como un tomate, que por cierto eran deliciosos – tenemos casi 200 años y sales con esas pendejadas, además mírate, todas las mujeres ponen sus ojos en ti.
—No importa – levantó los hombros restándole importancia – ¿sabes algo de mi madre?
—Nada – la sonrisa de su guardián desapareció – lo peor es que la fecha de la ofrenda especial para el dios zorro está por llegar.
—Estoy cansado de eso – dijo, fue apoyado con varias afirmaciones de cabeza de su acompañante – ya tiene una casa extra llena de mujeres.
—¿Y si hablas con la deidad Momo para bajarlo de su puesto? – él junto a sus estúpidas ideas, siempre queriendo buscar conflictos para divertirse – tienes nueve colas ahora, eres más fuerte que él.
—Si te escucha, te quitará la cabeza – lo vio llevar sus manos a su cuello y negar con lágrimas en sus ojos –
Vio como una multitud de gente estaba rodeando algo, se acercó, agradecía tener buena altura, porque ahí en el círculo había una mujer de hermosos cabellos verdes, tirada en el piso llorando con desesperación, la gente le lanzaba todo tipo de objetos, ella solo se encogía más en el suelo para proteger eso que llevaba en sus brazos.
—Que crueles – le dijo Kaminari en un susurro él solo pudo afirmar – creo que los dioses se equivocaron en algún paso de su creación.
—¡Mátenlos son unos adefesios! – gritaba un hombre, haciendo que los demás continuaran –
La mujer pedía piedad, pero sus palabras quedaban perdidas en los gritos de los demás, sin embargo, un llanto llamó su atención, se percató que Kaminari, también lo había escuchado.
—Hay un bebé en sus brazos – afirmó, una mujer se giró al escucharlo –
—No eres de por aquí ¿verdad? – el negó pues rara vez se le veía – esa mujer dio a luz un adefesio, se dice que un demonio era su esposo.
—¿Por qué dice eso? – Kaminari se veía bastante preocupado, eso era imposible, los demonios no tenían permiso de entrar o su viejo los acaba en un instante – nunca se han escuchado casos de Onis en esta zona.
—El niño tiene un símbolo en su vientre y según el sacerdote de la aldea no es nada bueno – la mujer hablaba con propiedad, como si esas palabras en verdad fueran ciertas –
Pero el llanto cada vez era más fuerte, la mujer sangraba demasiado, siendo honesto no estaba dispuesto a ver como mataban a una mujer por un simple rumor, así que con movimientos rápidos se hizo paso entre la multitud, se quitó su haori* y lo colocó sobre la mujer.
—¿Puede moverse? – le preguntó, sabía que ellos pararían de inmediato pues un hombre era quien la defendía, ella asintió – venga la ayudaré, ¿dónde queda su casa?
—La quemaron – la voz sonaba completamente desolada – no tengo donde ir.
La ayudo a levantarse, la saco de ese lugar no sin antes escuchar murmullos desagradables, igual los ignoró para seguir, nada podía dolerle ahora, solo esas palabras y acciones llegaron a dañarlo lo suficiente.
—Hay una cabaña saliendo de aquí – dijo Kaminari mientras los guiaba – la encontré la vez que salí a buscar frutas.
—¿Frutas o mujeres? – lo contradijo viendo como le corría la mirada – no soy idiota, te conozco bastante, pequeño idiota, ve a buscar algo de comida y elementos que puedan servirles.
El solo afirmó mientras salía corriendo, viendo la distancia vio el lugar, apresuraron el paso, la mujer se veía muy pálida mientras que el bebé no dejaba de llorar; al llegar abrió la puerta, tenía una silla, una cocina en un rincón, una pequeña chimenea con algo de madera y mucho polvo, la ayudó a sentarse, al verla se golpeó mentalmente por no pensar en algo para curar sus heridas.
—Gracias joven – la mujer le sonrió tan hermosamente, que quedó deslumbrado – ahora le será difícil ir al pueblo, no perdonarán que me ayudara.
—¿Es cierto?, ¿Lo que dicen de su esposo? – ella negó suavemente, acarició su rostro - ¿no fue un Oni?
—No, mi esposo era un joven trabajador – se veía el anhelo en cada palabra, lo amaba de verdad – somos campesinos, trabajábamos en un campo de arroz, éramos muy felices, pero…
La vio temblar sin dudarlo fue a encender la pequeña chimenea, por primera vez agradecía sus poderes de fuego.
—Pero cuando nació Izuku, todo cambió – las lágrimas empezaron a caer como una cascada – en su vientre tenía un pequeño lunar, no pensé nada raro, pero al pasar de los días creció, él al verlo se asustó, empezó a decir que un Oni era el causante y desapareció.
La vio mientras amamantaba al pequeño, se veía la tristeza en su rostro, pero sus ojos eran un poema de amor hacia su hijo, brillaban más fuerte que el mismo dios de la luna. Kaminari llegó con más de lo que le pidió, entre ello elementos para sanarla, traía los elementos que le permitirían a la mujer vivir sin tener que volver al pueblo y comida.
—No pude conseguir ropa – dijo mientras distribuía todo por la pequeña cabaña – pero de resto hasta conseguí una buena cobija de lana.
—Gracias jóvenes – ella se levantó, dejo al bebé en esa litera de madera, después se inclinó hacia ellos – no sé cómo pagarles.
—Solo viva feliz – dijo Kaminari, levantando su dedo pulgar - ¿quiere que le ayude?, tú debes volver o él enloquecerá.
—Señora…
—Soy Midoriya Inko – lo cortó de inmediato volvió a sonreírle –
—Midoriya san – volvió a hablar, como era su carácter preguntó sin rodeos - ¿me dejaría ver la marca de su hijo?
La vio preocupada, empezó a temblar de nuevo, ella negaba suavemente, llevando sus manos a su pecho, el temor estaba tatuado en todo su ser.
—No debe preocuparse – escuchó al rubio hablar mientras se dirigía al lado de la mujer – ese tipo sabe bastante, su padre tiene una biblioteca gigante, él podrá ayudarla a encontrar que fue lo que paso.
—¿De verdad? – el asintió, la mujer pareció tranquilizarse un poco – ven Izuku, nos van a ayudar.
Ella quito la delgada prenda que llevaba el bebé, lo volvió a recostar, le dio permiso de acercarse, se sorprendió por lo que vio, el problema no era ese símbolo, el problema fue la belleza de esa criatura, sus cabellos verdes tan revueltos como un jardín iluminado por el sol, sus ojos tan grandes que parecían esmeraldas perdidas en una cueva, su piel blanca y sus redondas mejillas, junto con su nariz estaban cubiertas por pequeñas estrellas nocturnas; Izuku, saboreo ese nombre en su mente.
—¿Qué piensas? – la voz de su dragón lo sacó de sus pensamientos llevando sus ojos al vientre – es extraño.
—Pero tiene el sol – afirmó luego continuó – no es obra de un Oni, si lo fuera las formas serían más feroces y desagradables, pero es todo lo contrario, si miras bien el corazón en el centro parece un símbolo de una deidad, podría ser Inari y el sol es de un dios.
—¿Eso cree? – la madre se veía aliviada – si es así, podría estar más tranquila, ¿sabe qué significa?
—No – respondió de inmediato, sintió como su dedo era sujetado por el bebé mientras este soltaba una tierna risa – no puedo afirmarle nada, pero averiguaré.
—Se lo agradezco mucho – la mujer se acercó, llevó su mano a su cicatriz, pero esta vez no dolió – es un joven muy amable, que los dioses lo llenen de mucha felicidad y prosperidad, orare a nuestro dios Kitsune por usted.
—Gracias – al dejar esa pequeña mano sintió un vacío en su pecho, pero debía regresar – si me disculpa debo regresar, tú no te demores.
—No es necesario que me ayuden – dijo la mujer, llevándolos a la puerta – puedo con esto sola, cuando vuelvan los atenderé correctamente, ya es tarde y deben estar preocupados por ustedes, como madre lo entiendo, tengan una feliz noche.
Ella los despidió con un fuerte movimiento de su mano junto a una amplia sonrisa, al alejarse lo suficiente tomaron sus formas originales, él como el kitsune de nueve colas que era y su guardián un dragón tamaño bolsillo que se amarró a su cuello, regresando rápidamente al templo dejándolo con un sentimiento que jamás había sentido.
Izanagi: Significa "el que invita"
Inari: Significa "la que invita".
Kitsune: Zorro
Haori: es una chaqueta tradicional japonesa que cae a la altura de la cadera o los muslos, de forma similar a un kimono, y es llevada sobre un kosode.
Bueno hasta aquí el primer cap, espero les gustara, si es así háganmelo saber, o si merezco tomatazos.
Sin más Ame, las ama.
