Cinco minutos, le daba cinco minutos a ese horroroso gato para que dejara la habitación.

No estaba de buen humor, había sido un día espantoso. Unos perros salvajes nos persiguieron y espantaron a la mayoría de las presas, a pesar de que le disparásemos a uno, el intercambio de este no valía lo que otros animales valdrían. Desde ese momento ya me encontraba frustrada, pero las cosas no hacían más que empeorar.

Tuve una discusión con Gale luego del desastre de caza y como estaba tan enojada, al llegar a casa descargué mi ira en mi madre. Creía que todo estaría mejor luego de comer nuestra pequeña cena, pero claramente las cosas no se arreglaban, tragué mi comida rápidamente y me preparé para dormir. Cuando por fin concilié el sueño, tuve que soñar con la muerte de mi padre.

Ahora estoy fuera de la habitación para despejarme, pero el estúpido gato decidió seguirme. No esperé a que pasaran los cinco minutos, estaba parándome para echarlo pero de repente sentí como si me golpearan fuerte en la cabeza y por último no veía nada.

Cuando abrí los ojos estaba ante un cálido fuego que era la única luz en la habitación, no se veía ni una ventana ni siquiera una puerta, eso me puso alerta. Estaba encerrada, y cuando me empecé a levantar noté que mis manos y pies estaban atados, no sabía qué hacer ¿Acaso alguien del capitolio se enteró de mis salidas la bosque? ¿Sabrán de las armas escondidas? ¿No habré metido en problemas a Prim? Entonces escuché un quejido, me quedé quieta esperando que la oscuridad me escondiera. Lo mejor de estar alejada del fogón era que yo podía ver a quien despertó pero él no me veía a mí.

Mientras me acostumbraba a la escasa luz, pude distinguir el destello de un cabello rubio, por un momento pensé que era mi pequeña hermanita, pero al ver que el cabello era corto me tranquilicé un poco. La persona se movía desesperadamente, al principio no entendía que le sucedía, después de observarlo y escuchar más quejidos comprendí que estaba en el mismo estado que yo. Eso me dio confianza para hablar.

- "¿quién eres?" Mi voz resonó entre las cuatro paredes. El movimiento cesó.

- "¿quién eres tú?" Respondió con la misma calma que yo. Si no lo hubiera visto tan asustado forcejeando con las cuerdas pensaría que tiene total control de la situación.

- "No diré nada mientras tú no respondas a mi pregunta".

- "No es justo, estoy en clara desventaja, tú me has visto, pero yo ni siquiera sé dónde estás". Pasaron unos minutos en completo silencio, no daría mi brazo a torcer. "Soy Peeta Mellark".

Quedé paralizada. El chico del pan ¿qué hacía acá? ¿También está en problemas? no deseaba que lo mataran, no mientras le debiera un favor a ese chico, ese chico, que me provocaba tantos sentimientos conflictivos, el agradecimiento y a la vez la culpa.

- "Ahora dime quién eres tú".

- "Soy Katniss, Katniss Everdeen".

En el momento en que lo dije, las tenues llamas de la hoguera parecieron emitir más brillo y más calor y por fin pude ver claramente al chico del pan. Verlo era peor que saber que estaba conmigo, tal vez tendría la oportunidad de agradecerle por su regalo y liberarme de una vez por todas de su imagen en mi cabeza.

Se percibía afectado, confundido y angustiado, al darse cuenta de que lo observaba cambió su expresión, aparentaba estar sereno y lo creería de no haberlo visto antes.

Después de eso pasaron cosas aún más confusas, justo a un lado del fuego apareció una mesa con un libro encima de ella y nuestras ataduras, como por arte de magia, se soltaron.

Peeta se dirigió hacia la pequeña mesa y leyó la nota.

- "Lean el libro. Pueden salir y volver para realizar sus vidas cotidianas, pero bien sepan que si salen de esta habitación y no vuelven para terminar de leer, cosas malas vendrán". Esto parece una tarjeta de amenaza –dijo de manera obvia.

- "Bueno no creo que nos mate leer un libro, si empezamos ahora podemos terminar más rápido".

Mis palabras parecieron molestarlo, sin embargo no dijo nada, con cuidado tomó el libro en sus manos y leyó

- "En Llamas. Primera parte: la chispa "