Bienvenidos a mi primer fanfic largo de Danny Phantom. Uds. me van a conocer como Rossana's Mind. Pleasure~
En fin, hay que aclarar ciertas cositas, o reiterarlas para que no queden dudas más allá del argumento mismo de esta historia:
-Este es un AU (Alternate Universe): los eventos de DP NUNCA ocurrieron. Esto se basa en un mundo donde Vlad es padre de Daniel y lo crió de una determinada manera.
-Daniel es OOC (Out Of Character). Su personalidad es una mezcla en quien pudo ser Danny Fenton y el frívolo Dan Phantom (por eso, pondré AMBOS nombres en los datos de este fic).
-Hay diferencia de edades. Daniel, Jasmine, los Fenton y Vlad son adultos, mientras que Sam, Tucker y el resto de los estudiantes que conocemos por la serie, están en último año antes de irse a la universidad.
- La historia, en sí, es oscura; no lo suficiente para hacerlos correr de ciertos capítulos, pero siento que corresponde decirlo.
-Es posible que agregue escenas de categoría M (Mature), pero NO todavía porque aún no las subo, y sería injusto calificar enseguida este fic, siendo que ni siquiera es seguro.
-Es un poco obvio, pero en algún momento, muchos personajes serán OOC porque la historia lo demandará de esa manera. Si no les gusta, sugiero que dejen de leer; si les gusta, bienvenidos sean.
-No sé si es muy obvio, pero la pareja principal sería Daniel Masters & Samantha Manson.
Creo que eso es todo. En caso de que se me haya olvidado algo... ehhh
Bien, vayamos a lo legal:
DISCLAIMER: Danny Phantom no me pertenece, sino a Butch Hartman.
Capítulo 1:
Bienvenido a Amity Park
Wisconsin no era un lugar muy poblado, y por eso mismo, todos se conocían entre ellos. Se podría decir que vivían en harmonía… o eso querían creer. No había gente especial allí; todos eran pequeños trabajadores que iniciaban y terminaban sus días de la misma forma; casi de forma monótona. Cada familia esperaba seguir con la misma rutina de siempre, no querían que apareciera el fantasma de Wisconsin nuevamente.
Los menores no conocen al espectro, y sus padres no desean que lo conozcan. Al principio, era un simple ladrón de fortunas y destruidor de hogares, pero nunca causaba daños graves. Pero, hace veinticuatro años aproximadamente, había arrasado con casi todo el pueblo, desgarrando gargantas y arrancando cabezas a criaturas inocentes.
Curiosamente, cuando hacían un ofrecimiento monetario al lago abandonado, estos desaparecían y los habitantes eran contestados con una nota de agradecimiento. No era como que gastasen sus ahorros en las ofrendas, pero era mejor no arriesgarse a dar una cantidad miserable.
Los Masters no tenían ese problema. Eran una familia de dos integrantes y casi se derrochaban en dinero. Es más, aseguraban que no temían de la ira del fantasma de Wisconsin porque ellos no creían en esos cuentos.
Vladimir era un hombre que la edad le había hecho bien; a pesar de ser un solitario, se sentía a gusto con lo que tenía. Sus pasatiempos siempre lo envolvían a él encerrado en su mansión, así que nadie se atrevía a preguntar mucho. Cualquiera que fuese observador, notaría que en esos oscuros ojos azules, había cierta superioridad y malicia que advertía a cualquiera que se atreviera a enfrentarse a él.
Daniel no era un caso tan diferente. Muchos asumían que se parecía más a su madre, pues no tenía ni una pizca de Masters. Mientras que el mayor ya tenía su cabello plateado por la vejez, el de su hijo era lustrosamente negro, sin mencionar que sus ojos azules eran claros como el cielo, pero a la vez, tan fríos como un témpano de hielo. El heredero no era muy diferente de su padre, tenía una actitud serena y confiada que aseguraba aires de grandeza, pero no le gustaba socializar mucho gracias a malas experiencias que tuvo en el pasado. Cuando tenía catorce, se había agarrado a golpes con un estudiante que lo había estado molestado ese año, casi matándolo en el proceso. Vlad tomó cartas en el asunto, y decidió educarlo en casa. Pareció ser la mejor solución, pues su aprendizaje resultó ser más rápido y terminó sus estudios antes. O eso decían.
Sí, Wisconsin era un… tanto peculiar.
—Joven Masters, el señor Vladimir desea verlo.
Él alzó la vista y murmuró un asentimiento al mayordomo. Apartó el libro que estaba leyendo y caminó al estudio de su padre. Abrió la puerta y se plantó en frente de su escritorio. Vlad fumaba tranquilamente de una pipa, y lo miró con los ojos entrecerrados.
—Sabes que no me gusta que entres sin tocar, Daniel.
—Tengo una corazonada de que mis modales no importan ahora, y que lo que necesitas decirme es importante.
El hombre sonrió complacido ante la astucia de su hijo, y bajó con cuidado la pipa. Exhaló el humo y entrelazó sus dedos.
—¿Recuerdas que me dijiste que querías un trabajo fuera de Wisconsin?
El joven de veinticuatro años alzó una ceja, interesado.
—Al principio, no me pareció una muy buena idea porque te necesitaba aquí para mis investigaciones —los ojos azulados de Daniel tomaron un tono más oscuro ante esas palabras. Vlad sonrió con simpleza—… pero un cambio de aire no te hará mal.
—¿Qué quieres? —fue directo al grano. No le gustaba cuando su padre les daba tantas vueltas a los asuntos.
Vlad dejó de sonreír, y su expresión se tornó increíblemente seria.
—Mis radares han captado un nuevo portal —susurró. Dan lo miró con sorpresa—. Y, al parecer, este fue construido con maestría. Según he descubierto, los fantasmas prefieren salir por allí, que en el de nosotros.
—Skulker es el único que sale en nuestro portal, nadie quiere embrujar este maldito lugar —comentó con desdén—. ¿Quieres que lo destruya?
—No realmente —pausó unos segundos—. Creo saber quién lo hizo, pero no quiero confirmar nada todavía. He oído que los fantasmas se han motivado mucho en invadir esa ciudad, así que me gustaría que estudiaras a cada uno.
—No te ofendas, padre, pero dudo que quieran unirse a ti —contestó francamente.
—Nunca lo sabré si no lo intento primero; además, soy muy persuasivo.
No supo porqué, pero Daniel suprimió un escalofrío ante la forma en que había pronunciado esas palabras.
—Así que, quieres que los observe.
—Estúdialos, Daniel. Quiénes son, cómo murieron, qué poderes tienen… y qué tan fuertes son. No me sirve tener soldados débiles.
—¿Dónde está ese portal?
Finalmente, notó cierto malestar en la compostura de su padre. Lo vio dudar unos segundos, pero después volvió a mirarlo a los ojos.
—Amity Park.
Daniel trató de ocultar lo mucho que le impactó esa noticia. Tragó saliva con lentitud y respiró con la mayor normalidad posible.
—Ya veo. No entiendo qué tiene de especial esa ciudad, pero no tengo problemas para ir. ¿Qué empleo me encontraste?
—Te conseguí una entrevista —corrigió—; tu comportamiento se encargará de conseguirlo. Serás el ayudante en deportes de la preparatoria Casper.
El de cabellos azabaches no pudo evitar chasquear la lengua.
—Hubiese preferido trabajar en una hamburguesería —gruñó—. Sabes que tengo problemas con grupos grandes.
—No te preocupes, solo liderarás el curso mayor. Eres mayor, así que tendrán que respetarte por ser quien los calificará. Además, a esos fantasmas les encanta poseer a esos chicos. Los encuentran fascinantes —se rio con suavidad—. ¿Y bien?
Honestamente, Dan siempre quiso ir a Amity Park, pero por razones personales. Era una buena oportunidad para alejarse de su padre, y cumplir con algo que siempre quiso hacer desde pequeño. Podría aceptar las demandas de su padre sin sospechas y, tal vez, ser libre.
—… Bien.
—¿Estás inestable?
—No lo creo. Me siento bien.
—Mm… en cualquier caso, llévate dos o tres frascos… solo para emergencias, claro —un brillo extraño resplandeció en los ojos de Masters, incomodando profundamente a su sucesor.
—De acuerdo. ¿Cuándo me voy?
—Puedes irte ahora, o mañana temprano. Como quieras, tu equipaje ya está listo, y también un departamento esperándote.
Daniel no tardó en contestar.
—¿Qué auto tomo?
—El que quieras.
—Nos vemos, entonces.
Daniel cogió su chaqueta y escogió el modelo más viejo que tenía su padre (honestamente, todos eran populares), y se marchó a toda velocidad de Wisconsin. Sabía que su padre lo seguiría hostigando, pero lo haría de lejos, y su presencia no sería una molestia para él. Su corazón latió con rapidez ante la idea de finalmente conocer Amity Park. No sabía qué esperar de allí, pero haría lo posible para cumplir su objetivo.
Apenas llegó al departamento, tuvo que agradecer que se trataba de un piso sutil y lo suficientemente pequeño para no llamar la atención. Claro, por su apellido, los trabajadores lo recibieron con respeto y cuidado, pero más allá de eso, lo dejaron en paz. Guardó inmediatamente sus cosas en los muebles y escondió los frascos de cristal debajo de su cama en una caja con seguro. Una vez terminada la tarea, sacó una libreta gastada del año 2004. La hojeó unos segundos, hasta encontrar la página que quería encontrar.
En ella, había una fotografía de su padre Vladimir, y dos amigos de su universidad: Madeline and Jack Fenton.
—¡Bienvenido, joven Masters! Es un honor tenerlo en nuestra escuela —le contestó con gran entusiasmo la robusta mujer que era la profesora de gimnasia—. Soy Tetslaff, y usted y yo lograremos grandes cosas con esos muchachos.
—… Acabo de llegar, ¿ya fui aceptado?
—Su padre me ha hablado de su gran atletismo, Daniel —asintió complacida—. Podría adiestrar a esos malditos niños que son incapaces de jugar un partido de basquetbol sin arrancarse los dientes primero. Además, las chicas no saben otra cosa que mover pompones. Necesitan ser motivadas, especialmente por un chico de su edad, o aproximadamente —pausó unos segundos—. Solo tendrá que venir los lunes, miércoles y viernes en la mañana hasta el medio día. Y no se preocupe, no será el único ayudante. Hay una chiquilla que lleva unos meses como tutora de filosofía. Si necesita algún apoyo, le puede preguntar a ella.
—Bien.
—Oh, y una última cosa. Quiero que estruje a esos mocosos —sonrió con malicia—. Quiero que sepan moverse como los mejores atletas del mundo.
—Si quiere que los torture, lo haré —se encogió de hombros con una ladina sonrisa.
—¡Así me gusta! Firme aquí, y aquí —le lanzó unos papeles—, ¡y empezamos hoy mismo!
—¿Hoy? —detuvo el lápiz antes de firmar—. ¿Tan pronto?
—Es mejor antes que después, señor Masters. ¿A menos que tenga algo que hacer? —alzó una ceja.
Dan presionó los labios. Quería recorrer la ciudad y saber un poco de los Fenton… pero debía jugar con las personas aquí.
—No, para nada. Solo no tengo ropa de cambio.
—Oh, tranquilo. Tenemos —le aseguró la profesora.
Dan suprimió una socarrona sonrisa. Parecía muy motivada tener una mano derecha. La mujer se levantó y le pidió que se cambiara mientras ella iba a hablar con los estudiantes antes de enviarlos a los casilleros. Él asintió mientras leía el contrato. No pudo evitar sonreír cuando vio a la maestra salir de la oficina con aires triunfantes.
—¿Manson?
Cierta gótica se giró y se encontró con una joven de cabellos anaranjados y ojos calipsos sonreírle con amabilidad.
—¿Sí?
—Umm… quería felicitarte por tus notas —murmuró con cierta incomodidad—. No sé porqué vienes a mis clases, siendo que te va muy bien.
—Es obligatorio —contestó ella como si fuese lo más obvio, pero después sonrió—. Además, no está mal repasar. Enseñas bien.
—¿De verdad lo crees?
—Sí, pero debes saber cuándo ponerte dura. No puedes dejar que Dash coquetee contigo, eres una tutora —la mayor se cohibió y miró el suelo con vergüenza. Ella suspiró—. No te estoy reprochando nada… pero te sugiero que seas más estricta, o te faltarán el respeto, ¿está bien?
—Sí… gracias. ¿Te veo en la tarde?
—Sí. Tengo que irme, Tetslaff me matará si llego tarde.
—¡Oh! Es cierto, me enteré que la señorita Tetslaff tendrá un ayudante en gimnasia. Será un tutor, como yo.
—¿En serio? —alzó una ceja.
—Sí, pero no sé su nombre. Quizás lo vea después de tu clase. No te preocupes, eres buena en deportes, así que no creo que se ensañen contigo.
Ella sonrió a medias y asintió.
—Bien. Nos vemos.
—¡Adiós!
Samantha Manson vio a su tutora Jasmine Fenton desaparecer en los pasillos y suspiró. El curso en el que estaba llevaba un promedio un tanto bajo del normal, así que últimamente habían contratado muchos tutores para subir las calificaciones. Sam no tenía problemas en sus notas, incluso, era una de las mejores de su clase, pero no le gustaba demostrarlo.
—¡Sam!
Alzó la vista cuando entró al salón. Su mejor amigo levantaba la mano con entusiasmo para que se sentara a su lado. Ella sonrió y se acercó a él.
—¿Oí que hablabas con la señorita Fenton?
—Tucker —rodó de ojos—… debes superar tu enamoramiento.
—¡Vamos, Sam! Es la primera vez que me enamoro…
—Lo mismo dijiste de Paulina, de Star, de Valerie, de Britney…
—¡Bien! Ellas fueron una fantasía… excepto Valerie —pausó unos segundos—, pero lo de Fenton es en serio, te lo juro.
—Es mayor que tú…
—¡A veces, las mujeres maduras son buenas para un chico joven!
—Tucker… ella no parece interesada en ti, ni en nadie. Ya tuvo una mala experiencia con Dash. No la molestes.
El moreno la miró con una mueca, y terminó por asentir.
Tucker Foley era su mejor amigo desde que eran niños. Curiosamente, solían llevarse como perros y gatos cuando los había comenzado a golpear la pubertad, pues sus ideales eran realmente diferentes; sin embargo, habían aprendido a continuar con su amistad a pesar de sus diferencias. Sam se tuvo que aguantar los enamoramientos del amante de la tecnología desde los catorce años, hasta que logró una cita con Valerie. Al parecer, la chica Gray había apreciado el hecho de que su amigo la valorara a pesar de que su familia se haya ido a la quiebra; habían comenzado a salir por unos meses, y Sam pudo jurar que nunca había visto tan feliz a Tucker… hasta que terminaron. Valerie dijo que necesitaba estar sola y decidir su futuro sin su constante compañía, y él había aceptado con gran pesar. A los dieciséis, conocieron a Jasmine Fenton, con quien se habían topado durante un proyecto de ciencias, y la joven los había felicitado por su trabajo. Desde ese entonces, Tucker había sido flechado por la hija mayor de los Fenton, aunque no había hecho nada en especial.
Sam, por otro lado, nunca había tenido una relación seria. Había tenido unas cuantas aventuras con algunos chicos mayores que ella en el recinto donde iba a escuchar poemas, pero nunca llegaba a algo especial. Creyó haber encontrado a la persona adecuada cuando Gregor había llegado a su vida, pero solo se había tratado de otro idiota más que, por cierto, se llamaba en realidad Elliot.
—Eres una hipócrita —murmuró con desdén el moreno—. Tú te besuqueabas con chicos mayores que tú.
—Era para experimentar, no para buscar una relación seria —le aclaró sonriendo.
—Hmph —hizo un mohín—. Como digas…
—¡Buenos días, holgazanes!
Ambos dejaron de hablar y miraron la sonriente cara de Tetslaff.
—¡Espero que vengan preparados porque les tengo una sorpresa!
—No tan sorpresa —murmuró Sam.
—¡A partir de hoy, ya que ustedes se han vuelto una bola de animales incontrolables, tendremos a un tutor de gimnasia para ustedes!
—¿Qué? —exclamó gran parte del salón.
—¿Tú sabías de esto? —le susurró Tucker.
—La señorita Fenton lo sabía.
El moreno hizo una mueca y suspiró.
—Es un gran atleta, y ha terminado sus estudios antes gracias a la buena enseñanza que le ha dado su padre. Les aseguro que saldrán como los mejores de esta escuela. Yo los observaré durante el examen al final de este semestre, ¿me oyeron? Ahora, vayan a cambiarse, su nuevo tutor los está esperando.
—E-Espere un momento, señorita Tetslaff… ¿adónde va? —preguntó Star con una mueca de confusión.
—¿Qué? ¿Creían que me quedaría sentada observando cómo hacen estupideces? ¡Claro que no! Me voy de vacaciones.
—¡¿Qué?!
Muy bien, eso no me lo esperaba.
Sam suspiró y se levantó para dirigirse a los vestidores femeninos, ignorando las protestas de los demás alumnos. Al girar a la izquierda, se detuvo al ver a alguien afuera del salón; parecía tener la edad de Jazz. Era mucho más alto que ella, ¿un metro ochenta y… algo? Tenía el cabello negro y levemente largo, atado en una cola baja. Vestía una simple camisa y pantalones deportivos, ambos negros. Él ni siquiera se molestó en mirarla, pero cuando habló, supo que la había notado. Tuvo que disimular el escalofrío que sintió al oír su profunda voz.
—Un gusto, ¿señorita…?
—… Manson —contestó con lentitud—… ¿Eres…?
—¿El nuevo tutor? Así es.
—… Tetslaff lo estafó.
—Lo sé, pero necesito el trabajo, así que no me importa —sonrió de una forma curiosamente malévola. Finalmente, le dirigió una mirada de soslayo y Sam se paralizó un poco ante sus ojos de hielo—. Tengo cosas que hacer aquí —La miró unos segundos sin decir nada, hasta que ensanchó su sonrisa—. ¿Hija de Jeremy y Pamela?
La gótica parpadeó, nuevamente tomada por sorpresa.
—No te sorprendas. Mi padre los conoce muy bien; negocia con ellos de vez en cuando… y tienen la costumbre de mostrar fotografías tuyas.
Ella se ruborizó un poco ante lo idiotas que podrían ser sus padres, pero algo llamó su atención.
—… ¿Tu padre?
Una sombra oscura se paseó en los ojos del extraño, se irguió hasta quedar bien parado en frente de ella y le extendió su mano.
—Soy Daniel Masters.
—¡¿Masters?!
Ambos se giraron y vieron la entrada del salón a todo el grupo de alumnos observando en shock al nuevo tutor de gimnasia.
—¡Nuestro tutor es el hijo de Vladimir Masters! —chilló una muchacha con acento latino…Paulina Sánchez.
—No puede ser…
Tucker miró con el ceño fruncido a Sam, quien le devolvió el gesto.
Daniel solo ensanchó su sonrisa, pero en el fondo, maldijo el apellido de su padre.
—¡Esto… es… tortura!
—Vamos, Tuck —el moreno se giró al oír una tercera vez la voz de su amiga gótica.
—… ¡¿Cuántas vueltas me llevas adelantando?!
—¿Con esta? Cuatro.
—¡¿Cuántas llevas?!
—Diez.
—¡¿Y cuántas son?!
—Quince.
—¡Voy a morir!
Sam sonrió y siguió trotando a su propia velocidad al pasar nuevamente a Tucker. Pocos llevaban el ritmo de la gótica; los miembros del equipo de fútbol y algunas admiradoras junto a Valerie Gray estaban en buen estado físico. La gótica sabía que su amigo amante de la tecnología tenía problemas con el ejercicio, especialmente porque se alimentaba pésimo, y holgazaneaba la mayoría del tiempo.
—Hey, Sam.
La joven miró a Valerie y le regaló una sonrisa cortés.
—Hey.
—¿Qué tal el nuevo tutor?
—Es bueno. Al menos, estamos calentando. Últimamente, Tetslaff solo hacía jugar al equipo, ¿recuerdas?
—Sí. Ya me sentía algo fuera de forma. Tal vez este profesor no sea tan malo.
—¡¿Tan malo?! ¡Nos está asesinando! —escucharon la queja de Tucker a unos metros de ellas. Ambas se rieron.
Todos pegaron un brinco al oír el silbato.
—No hablen mientras realizan el circuito. Gastan energía innecesaria —ordenó con voz fuerte Masters.
—¡Pero tengo que quejarme!
Daniel no pudo evitar sonreír un poco cuando escuchó el martirio de Tucker. Se ajustó sus zapatillas y, para sorpresa de todos, se integró a la pista y comenzó a correr. Alcanzó al moreno y palmeó su hombro.
—Hey, Foley.
—Hey… señor… Masters…—jadeó.
—¿Por qué no puedes correr como los demás?
—Muchos están como yo —protestó con pesadez—… ¡Y no tengo músculos que presumir, a diferencia de alguien!
Dan rodó de ojos. Si tan solo supiera que solía ser tan debilucho como él...
—Escuchen —alzó la voz—. Daré las quince vueltas con ustedes, pero… si yo termino antes que ustedes, tendrán una penitencia.
Quienes iban retrasados sudaron frío y comenzaron a acelerar el paso al notar que Daniel había comenzado a correr con más velocidad, ya cumpliendo cinco vueltas.
Samantha Manson no era una joven exactamente popular, pero muy conocida. Al principio, no destacaba muchos años atrás, pero cuando se supo de la reputación de su familia, todos supieron de su estado económico. Eso no cambió su forma de ser; incluso, se intensificó su carácter tras haber tenido que lidiar con personas que quisieron pretender ser sus amigos por su dinero.
Ahora, la dicha gótica se dirigía a su hogar tras un duro día clases; definitivamente, no había hecho tanto ejercicio en mucho tiempo. Casi pudo saborear la satisfacción del tutor Masters al contemplar a las personas que no habían cumplido el circuito (entre ellas, Tucker) hacer treinta sentadillas cinco veces. Sam sentía sus músculos algo adoloridos, pero no se sentía a morir como su amigo decía. Antes de pasar el parque cerca de su hogar, notó un espectro familiar. Se trataba de un fantasma vestido de policía. Hacía unos meses que los fantasmas se habían vuelto una costumbre y, especialmente, muchos grupos de esos fantasmas merodeaban por la ciudad. A veces, pensaba que estaba siendo paranoica, pero le intrigaba el porqué de su espionaje tan poco sutil.
Esperaba que se detuvieran, y fuese lo que estuviesen planeando, no perjudicaran la ciudad.
Despair, you come to me with your poison and your misery~
Bueno, ese es el primer capítulo, estimados lectores. ¿Qué les pareció?
Espero que les haya gustado y los haya dejado sintiendo una pisca de curiosidad.
Nos leemos en el próximo capítulo, o en otro fanfic.
Rossana's Mind.
Reviews?
