Capitulo 11.

Los habitantes de la tribu del norte fueron convocados en el salón de audiencias del consejo. El lugar estaba lleno de muchas personas que no paraban de hablar acerca de la amenaza que se aproximaba, pero no fue hasta que el jefe Arnook tomó la palabra que todos callaron.

-Todos estamos conscientes de que la Nación de Fuego se aproxima. Y es por eso que pido voluntarios para hacerles frentes, pero he de advertirles que puede que no regresen con vida y sin embargo su valor será recompensado por los dioses.

Al terminar de pronunciar estás palabras, varios hombres se ofrecieron como voluntarios y entre ellos estaba Sokka, quien a pesar de la oposición de su hermana, este se dirigió hacía el jefe Arnook y recibió la marca de guerrero. Después de eso, se unió a los demás hombres voluntarios y se dirigieron a otro salón para prepararse para la batalla.

Cuando la reunión terminó, todos salieron de la sala de consejo y aquellos que no iban a participar en la batalla, fueron a buscar refugio.

-Aang no podemos permitir que la Nación de Fuego tome la ciudad. -dijo Katara acercándose al avatar quien se encontraba encarando al mar.

-No estuve cuando atacaron mi pueblo – dijo Aang en un tono serio. -Pero esta vez, no permitiré que ataquen este lugar.

-¡CUIDADO! -gritó alguien mientras señalaba algo en el cielo.

A lo lejos, sobre el mar abierto, se podía percibir un barco de la Nación de Fuego, pero eso no era todo, este había comenzado a lanzar bolas de fuego a través de una catapulta y estos proyectiles comenzaron a caer sin previo aviso por toda la ciudad, despertando el pánico de sus habitantes.

Aang sin poder aguantar más, subió a su bisonte volador y se dirigió hacía el barco, durante el camino, desvió varias bolas de fuego, pero eran demasiadas para él. Y no solo era ese barco, atrás de el, había muchísimos más, preparando sus catapultas.


Mientras el avatar junto con los guerreros de la Tribu del Agua respondían el ataque de los enemigos. Zuko junto con Yugoda corrían a toda velocidad por las calles de la ciudad, teniendo cuidado de no ser golpeados por las bolas de fuego.

-¿Qué no puedes ser más rápida? - se quejó Zuko mientras jalaba a Yugoda del brazo para apresurar el paso.

-¿Qué no…. te enseñaron a….. respetar a tus…. Mayores? - dijo Yugoda tratando de tomar aire con cada paso.

El moverse por las calles de la ciudad era difícil, la gente corría de un lado a otro, pero a Zuko no le importaba, su prioridad en ese momento era llevar a Yugoda al refugio más cercano, pues no se perdonaría el perderla.

Una bola de fuego cayó muy cerca de ellos, haciendo pedazos una casa y provocando un derrumbe, pero gracias a los reflejos de Zuko, el hielo no les golpeó. Después de correr por unos segundos más, Zuko y Yugoda visualizaron el túnel de evacuación. Era el mismo túnel, por el cual meses atrás ellos dos habían salido de la ciudad para practicar por primera vez agua control.

Cuando llegaron al túnel, Zuko se detuvo en la entrada, y Yugoda al ver eso, se regresó y lo cogió por el brazo con el propósito de que fuera con ella, pero Zuko se resistió.

-¡Vamos Lee! ¿Qué esperas? - le cuestionó Yugoda.

-Ve tú – le contestó Zuko. -Yo me quedaré aquí.

-¿Pero qué dices? ¡No es momento para bromas!

-No estoy bromeando – dijo en un tono serio. - Regresaré y pelearé contra los soldados de la Nación de Fuego.

-¡NO! ¡TÚ NO REGRESARÁS! ¡TÚ VENDRÁS CONMIGO!

-Ya tomé mi decisión.

-¡NO LEE! - exclamó Yugoda al borde de las lágrimas. -¡YA PERDÍ A MI HERMANA, A MI SOBRINO! ¡NO QUIERO PERDERTE A TI TAMBIÉN! ¿POR QUÉ TIENES QUE HACER ESTO?

-Porque por una vez en mi vida quiero hacer lo correcto.

Al escuchar esas palabras, Yugoda vio que no podía convencer al muchacho de lo contrario, por lo que antes de soltarlo le dijo:

-Quiero que regreses con vida, ¿me escuchaste? Aún tienes que devolverme la máscara que te presté…Ten cuidado.

-Lo haré.

Con esas últimas palabras, Zuko se dio media vuelta y corrió de regreso hacía la ciudad, mientras que Yugoda entraba al túnel y pedía a los dioses que protegieran al príncipe.


El crepúsculo se hizo presente y para suerte de la Tribu de Norte, los ataques de la Nación de Fuego se detuvieron, pero los maestros agua sabían que esto era debido a que durante en la noche, la luna les daba poder, por lo que la Nación de Fuego no era idiota al intentar atacar en plena noche y con una desventaja.

Mientras esto pasaba, los guerreros del agua, aprovecharon el cese del fuego, para ayudar a los heridos y evacuar al resto de la población vulnerable.

-¡Ya sé que podemos hacer! - dijo Aang quien se encontraba junto con Katara y la princesa Yue sobre un mirador.

-¿Qué tienes en mente? - preguntó Katara.

-Puedo pedir ayuda a los espíritus.

-¿En serio puedes hacer eso? - preguntó la princesa sin poder creerlo.

-El avatar es el puente entre el mundo terrenal y los espíritus.- dijo Katara. - Claro que podrá pedir su consejo.

-Más bien, tenía en mente pedir que soltarán a un enorme espíritu que pudiera hacerle frente a los de la Nación de Fuego. - dijo Aang, pero al ver las caras de las dos chicas que no aprobaban aquel método, agregó -O mejor dicho, puedo pedir que me den consejo, estoy seguro que su sabiduría nos vendría bien en estos momentos.

-¿Y cómo planeas ir al mundo de los espíritus? -preguntó Katara. -La última vez lo hiciste por accidente.

-Tengo una idea – dijo la princesa. -Siganme.

Katara y Aang siguieron a la princesa, hasta un lugar al que solo se podía acceder por una pequeña puerta de madera. Al cruzarla, los dos no pudieron evitar abrir sus bocas al ver que el sitio estaba completamente cubierto por plantas de un vivo color verde. ¿Cómo era posible que las plantas sobrevivieran al frío glaciar?

Se acercaron al centro del lugar y pudieron percibir una enorme cascada que fluía al fondo. También, vieron un arco de madera bellamente decorado con símbolos antiguos y frente a este, había un pequeño estanque, con dos peces, uno de color negro y el otro de color blanco.

-¿Cómo es posible que este lugar sea tan cálido? -preguntó Katara.

-Es el centro de toda energía espiritual de nuestra tierra – respondió la princesa.

-Es cierto – dijo Aang colocándose debajo del arco de madera. -Puedo sentir la energía.

Sin decir más, Aang se sentó en posición de loto, juntó los puños y cerró los ojos. A los pocos segundos, sus tatuajes habían cobrado brillo, lo que daba a entender que había cruzado al mundo espiritual.

No habían pasado más de cinco minutos, cuando un enorme estallido se hizo presente en el lugar donde de encontraban.

Katara y Yue dirigieron sus miradas hacía la entrada y ambas miraron con horror como un grupo de soldados de la Nación de Fuego entraba al recinto espiritual, dirigidos por un hombre alto y maduro, que aparentaba estar en sus treinta.

-Zhao – exclamó Katara al mismo tiempo que se colocaba en posición de ataque.

-¡Oh maravilloso! - dijo el general deteniéndose a escasos metros de ella.- Es la mocosa que viaja junto al avatar. Esto será sencillo.

-¡Yue, lleva a Aang a la parte de atrás! -gritó Katara.

Y en un abrir y cerrar ambos maestros comenzaron a intercambiar ataques. Cómo aún era de noche, Katara demostró ser la que tenía la ventaja sobre la pelea, no obstante, Zhao, sabía que esto no duraría mucho, pues la noche estaba a punto de llegar a su fin y pronto el sol le daría fuerza.

-Hazme las cosas fáciles niña – dijo Zhao bloqueando un ataque. -Rindete de una vez.

-¡Jamás! - dijo Katara volviendo a atacar.

-Entonces acabaré contigo primero y luego iré por el avatar.

Al pronunciar esas palabras, Zhao lanzó una bola de fuego tan fuerte, que Katara estuvo a segundos de no lograr bloquear. Sin embargo, el general, no le dio tiempo para reponerse y con otro ataque la mandó volando al otro lado del lugar.

-Te lo advertí. -dijo Zhao invocando una bola de fuego y dispuesto a darle un golpe mortal a Katara, pero antes de que pudiera lanzar su ataque, un látigo de agua se le enrolló en su muñeca derecha y le hizo perder el equilibro.

-¿Llego tarde a la fiesta? - preguntó Zuko al mismo tiempo que jalaba el látigo de agua que había creado y encaraba a Zhao.

-Genial, otro bicho. -dijo Zhao molestó. -Tendré que encargarme de ti.

Katara, quien yacía adolorida en el suelo, se alegró al ver a Lee. Con esfuerzo miró hacía donde estaba Aang y Yue y se tranquilizó al ver que la princesa le había hecho caso y se había llevado al avatar atrás de las plantas, donde estaban fuera de la vista de los soldados de la Nación de Fuego. Quiso levantarse para ayudar a Lee en su pelea con Zhao, quiso levantarse para proteger Aang, pero le era imposible, su cuerpo no reaccionaba. Y esto solo la frustró, ya que no podía hacer algo para ayudar.

-Aang...perdoname...te he fallado. -fueron las últimas palabras de Katara antes de quedar inconsciente.

-¡Vaya eres un buen maestro! - dijo Zhao. -Pero me estas hartando.

-Gracias – dijo Zuko al momento que esquivaba un ataque de fuego. -Podría decir lo mismo.

Mientras Zuko esquivaba y respondía los ataques de Zhao, no pudo evitar sentir que por algún extraño motivo, ya había tenido una pelea con ese sujeto, solo que en un lugar y en condiciones diferentes, además, no podía explicar la ira que comenzaba a sentir en ese momento.

-¡Ya rindete de una maldita vez! - gritó Zhao al momento lanzaba una bola de fuego.

Zuko deseó en esos momentos poder hacer hielo control como los demás maestros, pues aquello le habría servido perfectamente para bloquear el ataque del general. Pero lo único que pudo hacer fue una barrera de agua, y esto no le sirvió de mucho, ya que terminó siendo lanzado, también, al otro extremo del lugar.

-Ahora si me disculpan -dijo Zhao dirigiendo hacía el estanque donde estaban nadando los peces de color negro y blanco.

Aquel golpe, provocó que la máscara se le cayera a Zuko, pero esto no le importó. Reuniendo todas sus fuerzas, logró levantarse e invocar un látigo de agua, pero al momento que hacía esto. Zhao tomó los peces y los metió a una bolsa.

De repente, el cielo y luna se tornaron de color rojo carmín y todos los maestros agua, perdieron la habilidad de controlar el agua.

-¡No! - exclamó Yue con dificultad al ver eso desde su refugio.

Zuko quien había intentado atacar a Zhao, no solo perdió la habilidad de controlar el agua, sino que sentía la energía del lugar alterada, como si gritara de dolor.

-¡Los espíritus de la Luna y el mar! – dijo Zhao alzando la bolsa donde se agitaban los peces en su interior. - ¡Está noche será contada por generaciones hasta el fin de los tiempos! ¡Me llamarán el Conquistador! ¡Zhao el asesino de la Luna! ¡Zhao el invencible!

-¡Eso solo en tus sueños!

Zhao junto con sus hombres encararon aquel que se atrevió a decir aquellas palabras y todos quedaron petrificados al ver al príncipe Zuko parado a escasos metros de ellos.

-¿Cómo es esto posible? - exclamó Zhao. -¡Tú moriste en ese derrumbe!

Fue entonces que Zhao comprendió todo. El joven maestro agua con el que había peleado hacía unos segundos, era ni más y menos que Zuko y está súbita revelación le provocó una sonrisa.

-¿Quién lo habría pensado? - dijo Zhao. -No solo exiliado y traidor de la Nación de Fuego. Sino que también un maestro agua. No sé como es esto posible, pero siempre supe que eras un defectuoso,...Principe Zuko.

-¿Principe Zuko? - repitió Zuko en su mente. No entendía a que se refería el general, pero lo que si entendía era que aquel hombre lo conocía.

-Estoy seguro que a tú padre y a tú hermana les alegrará saber que sigues vivo. ¡Oh bueno! ¿quién sabe? Después de todo lo que haz hecho, de seguro te querrán muerto, pero con esa habilidad que tienes para controlar el agua, quizá te tomen como conejillo de indias. ¡Ya sé!. Te llevaré de regreso a la Nación de Fuego, pero primero acabaré con los espíritus.

-¡NOO! - gritó Yue saliendo detrás de los juncos. -Si los matas no solo acabarás con las tribus del agua, sino con todo el mundo. Todo estaría fuera del equilibro, no tendrías idea del caos que provocarías.

-Ella tiene razón – dijo Iroh apareciendo de la nada. - Si matas a los espíritus provocarías caos en el mundo.

-Debí suponer que tú también eras un traidor, como tu sobrino. -exclamó Zhao harto de que lo interrumpieran.

Iroh miró hacía donde estaba Zuko y de igual forma quedó petrificado, no podía creer que seguía con vida. Quiso correr y abrazarlo, pero no era momento para eso.

-¡Lo que le hagas al espíritu, yo te lo haré multiplicado por diez! - amenazó Iroh al general.

Zhao sostuvo la mirada con Iroh y después de un rato, se arrodilló y regresó los peces al estanque. Por unos segundos la luna y la energía volvieron a su estado original, pero esto no duró, pues el general, sin perder tiempo, atacó a los peces con fuego y todo el lugar se tornó de color gris.

Todo había muerto.

Zhao quedó congelado al ver eso, y en su interior supo que había cometido un error.

En eso un ataque de fuego, creado por Iroh, fue hacía él, pero los reflejos del general fueron más rápidos y lo esquivó. Iroh trató de ir tras él, pero los soldados que acompañaban a Zhao lo rodearon, aunque no fueron rival para él, puesto que logró sacarlos de combate en pocos segundos.

Al ver que Zhao había escapado del lugar, a Iroh no le quedó más remedio que correr hacía el estanque y coger con cuidado al pez blanco para examinarlo, pero era demasiado tarde. Estaba muerto.

-No queda esperanza – dijo Yue con lágrimas en sus ojos al ver al pez.

-Haré que pague – dijo Zuko apretando los puños. -Pagará por todo lo que ha hecho.

Zuko se dio media vuelta y se echó a correr por donde Zhao había huido, ignorando los gritó de Iroh.

En eso, una luz cegadora surgió donde estaban los juncos. Yue y Zhao miraron hacía allí y vieron a Aang caminar hacía el agua. Sus tatuajes y sus ojos brillaban intensamente.

-¡Yue! - gritó Sokka al mismo tiempo que entraba al lugar y corría hacía la princesa. -¿Te encuentras bien? Tú padre me mandó a protegerte, te estuve buscando por todos lados, los maestros agua han perdido su habilidad para controlar el agua, la luna se puso roja y luego gris….¡QUÉ DEMONIOS ESTÁ PASANDO!

Al momento que Sokka pronunciaba esas palabras, Aang era envuelto en una masa de agua brillante que tomó forma de pez gato. El avatar se encontraba justo en medio y sin dar aviso comenzó a moverse. Ya tenía su objetivo: La Nación de Fuego.


A la vez que corría por las calles destrozadas de la ciudad, Zuko comenzó a recordar todas las visiones que había tenido durante todo ese tiempo y justo ahora empezaban a tener sentido.

El recuerdo del ataque de la ola gigante de agua, había sido provocada por el avatar, la chica que lo había atacado, era Katara. La persecución del chico misterioso, resultaba ser él el persecutor y el perseguido el avatar, ¿por qué? Porque él era un soldado de la Nación de Fuego, ¡NO! Un príncipe, ÉL príncipe de la Nación de Fuego, o eso era lo que Zhao había dicho.

Y hablando de Zhao…

Él era el hombre que lo había atacado en sus visiones, él era el responsable de que estuviera en la Tribu del agua del norte, él era el causante de que no pudiera recordar nada, él era el causante del caos que se estaba viviendo ahora. Y él era quien debía pagar por todo lo que había hecho.

Zuko logró advertir a Zhao correr por un puente, sintió la ira y el calor recorrer sus manos y antes de que el general cruzara el puente, el príncipe lanzó un ataque de fuego.

Zhao, al ver el ataque ir hacía él, lo esquivó de un salto y se dio media vuelta para encarar al heredero de la Nación de Fuego.

-¡Trataste de matarme! - gritó Zuko.

-Así es– dijo Zhao colocando en posición de ataque. - Lo hice para quitarte del camino, pero veo que al final eres "más" fuerte de lo que creí. ¡Tú eres el Espíritu azul!

-¿El espíritu azul? - dijo Zuko también poniéndose en posición de ataque.

-Él que se enfrentó a miles de guardias para liberar al avatar de una fortaleza impenetrable, pero no solo son es eso. El Espíritu azul, según viejas leyendas puede ser tan fuerte como el avatar e incluso más. Dime, príncipe, ¿acaso lo eres?

Molesto de tanta palabrería, Zuko soltó varios ataques de fuego hacía Zhao y el general, aceptando la provocación, respondió de la misma forma.


De regreso al estanque de los espíritus.

-¿En serio no podemos hacer nada? -preguntó Sokka.

-Es tarde – dijo Iroh, quien aún seguía sosteniendo el pez en sus manos. -Al menos que…

-¿Al menos qué?

-Tú tienes parte de la vida de la Luna, ¿verdad? - pregunto Iroh a la princesa.

-Si – admitió ella. -Yo cuando nací no respiraba, por lo que mi padre suplicó a la Luna que me ayudara y está accedió y después de eso, respiré y lloré como cualquier bebé. La Luna me prestó parte de su vida, creo que es hora de que se la devuelva.

-¡No tienes que hacerlo! - dijo Sokka comprendiendo los motivos de la princesa.

-Es mi deber Sokka.

-No lo permitiré.

-Lo siento Sokka, tengo que hacerlo.

Iroh extendió con cuidado el pez blanco y Yue colocó sus manos sobre el, al momento de hacerlo una pequeña luz surgió a través de sus dedos y terminó siendo absorbido por el pez. Cuando hubo pasado esto, la princesa cerró los ojos y se desvaneció.

-Se fue – dijo Sokka con tristeza. -Se ha ido.

Iroh coloco el pez blanco devuelta al agua y para el bien de todos, este comenzó a nadar nuevamente y se unió al pez negro, restaurando el equilibro.


Simultáneamente, el pez gato de agua que había creado Aang con ayuda del pez negro, recorrió las calles de la ciudad y sin tener piedad, atacó a los soldados de la Nación de Fuego, mientras que los habitantes de la Tribu Norte, se inclinaban con respeto ante el espíritu.

El avatar llegó hasta la muralla que daba al mar abierto y sin darles oportunidad a los barcos de atacar o retirarse, los atacó con grandes olas, provocando que muchos chocaran o se hundieran.

Una vez derrotado a los barcos, el pez gato, dejó al avatar sobre un puente de hielo y uniéndose de nuevo al agua, se dirigió de vuelta a la ciudad, pues aún tenía un objetivo, castigar al hombre que provocó el caos.


Zuko y Zhao todavía estaban peleando, el primero mostraba con cada ataque que no se iba a rendir por ningún motivo y el segundo cayó en cuenta de que no podría derrotarle, pues su oponente demostraba un fuerza poderosa con cada ataque.

El príncipe, lanzó un último ataque, que provocó que Zhao pusiera una rodilla en el suelo. Zuko al ver eso, supo que tenía la oportunidad perfecta de vengarse, de acabar de una vez por todo, el causante de tanto dolor y sufrimiento.

Alzó la mano derecha creando una bola de fuego, estaba dispuesto a descargar toda su ira contra el general, pero se detuvo.

-¿Y si vuelvo a ser esa persona?

-Confió en que sabrás que decisión tomar.

-No – dijo Zuko deshaciendo la bola de fuego. - Yo ya no soy esa persona.

-¡¿Qué estas esperando?! - gritó Zhao. -¡Tienes la oportunidad, acaba conmigo de una vez!

-No me corresponde a mi hacer eso. Tú destino está en manos del avatar.

-¡Siempre fuiste un miedoso!

Zhao intentó atacar al príncipe, pero en ese momento, una mano de agua brillante surgió del río y atrapó al general, impidiéndole escapar por cualquier medio. Zuko al ver eso, dio un salto hacía atrás, pero sin pensarlo dos veces corrió hacía el general y le ofreció su mano para escapar. No obstante, el orgullo del general fue más fuerte y este rechazó la ayuda, condenándose así mismo. Lo último que vio Zuko, fue como Zhao era arrastrado hacía las profundidades del agua.

-¡ZUKO!

El príncipe volteo hacía donde lo estaban llamando y vio a un hombre robusto de edad avanzada. Zuko recordaba a ese hombre del sueño que había tenido, él, al momento de su caída, había sido el único quien le tendió su mano para ayudarlo.

-¡Oh Zuko! - dijo Iroh corriendo hacia él y abrazándolo fuertemente. - Sabía que seguías con vida, sabía que eras fuerte y está noche me los has demostrado.

-Perdone, ¿quién es usted? -preguntó Zuko.

-No bromees – dijo Iroh soltándolo y colocando los brazos en jarra. - Soy tu tío, ¿es que no me recuerdas?

-Perdí la memoria, solo recuerdo sombras de algunas cosas.

-En ese caso, deja te pongo al corriente.

Esa misma noche, Zuko llevó a Iroh a la casa de Yugoda, donde la maestra agua lo estaba esperando impacientemente. Al verle entrar, al igual que Iroh, la mujer corrió a abrazarlo y a llenarlo de besos, pero al ver al soldado de la Nación de Fuego se preparó para atacar, aunque gracias a la intervención de Zuko, se evitó una pelea.

Yugoda preparó el té y los tres se sentaron a hablar de todo lo que había pasado durante esos seis meses. Una vez que Yugoda había terminado el relato, Iroh puso al tanto a los dos sobre los verdaderos orígenes de Zuko. Les contó que Zuko era el príncipe y heredero de la Nación de Fuego. Con mucha tristeza les contó acerca del origen de la cicatriz de Zuko y como esto habría provocado su exilio, ordenado por su padre, el Señor del Fuego, y que para poder regresar con honor a su tierra natal, debía capturar al avatar. También les contó todo lo que habían pasado durante su viaje en busca del avatar, y esto, comenzaba a tomar sentido en los pocos recuerdos de Zuko. Ahora entendía porque sintió ira al ver al avatar, porque parte de su subconsciente recordaba la ira y el enojo que sentía cada vez que fallaba al intentar capturarlo.

Sin embargo, la plática que había durado horas, se amenguó cuando llegaron a la parte en que Zuko podía controlar dos elementos.

-Solo el avatar es capaz de controlar más de un elemento – dijo Yugoda. -¿Eso quiere decir que Lee, es decir, Zuko es también un avatar, ¿eso es posible?

-No creo que sea el avatar – contestó Iroh llevándose una mano a la barbilla y al ver eso, Yugoda supo de inmediato de donde su protegido había sacado esa costumbre. - Debe ser otra cosa, algo diferente.

-Zhao me llamó Espíritu azul – dijo Zuko haciendo un esfuerzo por recordar lo que le había dicho en la pelea, pues en ese momento estaba más concentrado en acabarlo que en lo que decía. -Dijo que yo había liberado al avatar de una fortaleza.

-Si, te metiste a una fortaleza llena de miles de guardias – dijo Iroh con orgullo mientras tomaba té. -Solo tenías dos espadas y dejaste a todos como unos idiotas.

-Apuesto que fue divertido, quisiera recordarlo.

-Ya lo harás con el tiempo. - dijo Yugoda. -Pero, ¿a qué se refería con el Espíritu azul?

-Zhao dijo que según según viejas leyendas puede ser tan fuerte como el avatar e incluso más. - dijo Zuko.

-¿Eso es imposible? - dijo Yugoda sorprendida. -Nadie es más fuerte que el avatar, por eso el avatar es, bueno, EL avatar.

-En este mundo todo es posible. - dijo Iroh. - Y creo que podremos encontrar las respuestas si vienes conmigo Zuko.

-No puedo – dijo Zuko. -No regresaré contigo.

-¿Qué tienes en mente? -preguntó Iroh sabiendo que su sobrino tenía algo en mente.

-Quiero cambiar las cosas. Quiero terminar de una vez por todas con el sufrimiento que está provocando la Nación de Fuego. Y solo lo conseguiré si hago una sola cosa: unirme al avatar y ayudarlo.

"Sé que es una locura, pero algo en mi me dice que es lo correcto y he visto que este mundo necesita un cambio y estoy dispuesto a dar el primer paso para hacerlo"

-¿Y crees que el avatar te dejará unirteles así como así?- le cuestionó Iroh. -No tienes el mejor historial con ellos.

Zuko agachó la cabeza, sabía que su tío tenía razón. No podía llegar y decir: "Que tal soy Zuko, soy quien los estuvo persiguiendo un buen tiempo y además soy Lee, el chico que hace agua control, quiero ser parte de su equipo". Con eso jamás podría unirseles.

En eso, vio como una mano colocaba una máscara color azul claro frente a él, era la máscara que Yugoda le había prestado tiempo atrás.

-Necesitarás esto – dijo Iroh sonriendole. - La dejaste en el estanque de los espíritus.

-Zuko – dijo Yugoda. -Tarde o temprano deberás decirles la verdad o sino tendrás que sufrir las consecuencias.

-Lo sé – dijo Zuko tomando la máscara con las dos manos. -Pero no tengo otra opción. Tío, perdona no poder acompañarte, pero tengo que hacerlo.

-Lo sé – dijo Iroh. -Y estoy muy orgulloso de ti...eh...Lee.

-Cuidate mucho por favor – dijo Yugoda. -Y escríbeme todos los días.

-Yo puedo ayudarte mandándote información que te pueda ser útil de vez en cuando. - dijo Iroh.

-Muchas gracias a los dos – dijo Zuko.


A la mañana siguiente, el equipo avatar estaba preparándose para partir. Sokka seguía triste por la partida de Yue y Aang y Katara sabían que le sería difícil superarlo, pero estarían apoyándolo.

-Ya está todo listo – dijo Katara amarrando las últimas provisiones a la silla de Appa.

-Muy bien – dijo Aang tomando las riendas de Appa. - Prepárense para despegar.

-¡Esperen!

El equipo avatar vio como un chico enmascarado corría rumbo hacía ellos.

-¿Tienen lugar para uno más? - preguntó Zuko entre jadeos. -Podría serle útil, sin olvidar que soy un excelente maestro agua.

-Por mi no hay problema – dijo Aang con una sonrisa. -¿Y ustedes chicos?

-Claro que puede venir – dijo Katara felizmente.

-Lo que sea – dijo Sokka desanimado.

Con ayuda del avatar, Zuko subió a la silla de Appa y con las indicaciones de Aang, vio como el bisonte se elevaba por los cielos.

El príncipe miró con por última vez el lugar que había sido su hogar por los últimos seis meses. Ahora era parte del equipo avatar, y estaba dispuesto a cambiar la cosas, para así hacer un mundo mejor. No importaba a que peligros se enfrentara, cumpliría a toda costa su objetivo.

-¡Reino Tierra, allá vamos!

CONTINUARÁ...


Hemos llegado al final de la primera parte de esta aventura, espero que les haya gustado, pues aún falta mucho por ver ahora que Zuko ha recuperado parte de su memoria.

¿Cómo se llevará con el equipo Avatar?

¿A qué se enfrentarán en el Reino Tierra?

Esto lo verán en la segunda temporada, la cual está en proceso.

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Gracias por llegar hasta aquí.

Nos leemos a la proxima.