4. Cimentar antes de gatear

- Momo, creo que me gustaría probar algo nuevo.

Izuku ayudaba a Aiba con las máquinas mientras Danjuro se giraba a escuchar su pedido.

- Por supuesto Shoto, ¿Qué vas a pedir?

El semi albino puso un codo sobre la mesa, mirando con discreción al pecoso, quien no hacía más que ignorarlo.

- Té verde.

Izuku se detuvo por varios segundos, provocando que Manami pronunciara su nombre dos veces para llamar su atención. Miró con el rabillo del ojo a Todoroki, quien apenas alzó las comisuras de sus labios antes de volver a su neutral expresión. No habían ocurrido bromas, ni risas, ni osadías anteriores a eso.

Porque se habían vuelto a ver (y como no), tras que Midoriya se hubiese comprado un celular. Mayormente, salían a comer. Las primeras salidas consistían en reunirse en un punto fijo, charlar amenamente hasta llegar y ordenar la comida, y seguir con el intercambio individual hasta partir.

Hasta el momento, conocía que la empresa de Todoroki era subcontratista, que consistía en diseñar y ejecutar estrategias de marketing que vayan de acuerdo a los objetivos de las empresas que lo contrataran. Mientras que al inicio había ido bastante lento, actualmente le iba excelente; tenía muchas recomendaciones, por lo que estaba en constante movimiento. Como él mismo la había fundado en Nueva York, su sede quedaba allí, por lo que vivía allá. De modo que cuando no podían verse, se escribían.

No había mucha intimidad en la información, generalidades más que detalles. Mas, el hecho de compartir cualquier dato entre ellos significaba bastante, considerando lo herméticos que eran, uno más que el otro.

También estaba al tanto de que Shoto mantenía una complicada situación familiar; disputas con el padre, cierta lejanía con los hermanos, y sanación con la madre. Los dos últimos eran preciados, por lo que pudo captar, en proceso de reconcilio por cualquier altercado en el pasado, mientras que del primero nunca se hablaba.

Había sacado cierta conjetura entre su familia y la quemadura en su rostro, pero nunca se atrevía a preguntar, y nunca lo haría. Por otro lado, no había mucho que Shoto recopilara de Izuku. Entre su poca habladuría y la mención de algún fallecimiento, nunca conseguía nada más del peliverde.

Este incluso lo había llevado a su hueco, lo cual había sido un poco penoso la primera vez.

- Mi lugar es pequeño, no quiero que te sientas incómodo. Además, si terminas siendo un asesino serial, estoy frito. – había dicho una tarde al terminar su turno, donde Todoroki lo esperaba afuera para su sorpresa, pensando si le daba peor imagen a su departamento tratando de evitar que lo vea antes de haberlo visto.

- Si a ti te incomoda podemos ir a otro lado, y sobre lo otro ¿Qué me garantiza que no eres tú el asesino serial? Yo soy el que estaría en tu casa, quien tiene más ventajas de enterrarme bajo tierra eres tú.

Al llegar, lo examinó por largo rato antes de decir que se veía acogedor, y perfecto para una sola persona. Y fue ahí cuando Shoto descubrió que Izuku sabía cocinar.

- ¿Fuiste a una escuela de chefs?

- Tuve mucho tiempo libre antes. – en Japón, claro estaba.

Devuelta en Japón, Kacchan le había dicho varias veces que no estaba hecho para vivir solo. Deja que yo me encargue de nosotros, Deku.No había necesidad deestudiar ni trabajar. Lo tuyo es seguir como eres: dulce y tierno. Se te tiene como a un rey o no se te tiene, no te mereces menos. Así que ven aquí, y abrázame fuerte, para que me recuerdes cuando ya no esté.

Y no tan erróneo en sus predicciones, sí que lo recordaba, pero como deseaba restregarle en la cara lo relativamente bien que se había valido hasta entonces. Y se acordó entonces que tenía un invitado, por lo que se sentó frente a Todoroki en la mesa de dos sillas, a verlo y escucharlo con detenimiento, permitiéndose disfrutar para sus adentros de la compañía que tanta falta le hacía en ese mundo tan desconocido.

Por lo que ahí estaba de nuevo. Cuando terminó su turno, Midoriya lo encontró arrimado a su Audi R8. Ya lo había visto una vez, cuando lo fue a recoger para ir a comer y se había quedado asombrado con un auto que seguramente valía más que el edificio en el que vivía. Le presentó a Momo Yaoyorozu, aunque él ya la conocía al ser una fiel cliente del Elastic Love. Nunca lo había tratado de otra forma que no fuera cortés y simpática.

- ¿Cómo estás Izuku?

- Tan bien como se puede estar, ¿y tú?

- Igual. – le sonrió con empatía. – Quería invitarte a salir con unos amigos. Una es dueña de un bar no muy lejos de aquí, y si no tienes inconveniente alguno, quería saber si quisieras acompañarnos. ¿Tal vez podamos conocernos un poco mejor?

Se puso su chaqueta con lentitud, considerando la oferta.

- Um, ¿me puedes dar tu número? Para que me puedas mandar la dirección.

Le dictó dos veces el número. Pero antes de pasarle lo esencial, Todoroki intervino, preguntándole a Midoriya si deseaba que él lo llevara, a lo que aceptó agradecido.

- Nos vemos entonces.

Al verlo, Midoriya pensó que le estaba sonriendo con los ojos.


Después de que se hubieran retirado, Midoriya salió al supermercado que estaba a 3 calles de su departamento. Agarró una canasta en vez de un carrito porque solo planeaba llevar víveres indispensables. Ya tenía todo menos unos enlatados, por lo que fue al pasillo indicado a conseguirlos. Mientras buscaba en las repisas, notó a un niño pelinegro trepando las repisas.

A Izuku no le gustaba meterse en donde no lo incumbían (y cuando lo hizo por un buen motivo, terminó con una hemorragia nasal), sin embargo, no veía a ningún otro adulto más que él mismo en ese pasillo. Era peligroso lo que estaba haciendo el pequeño, mas, no tenía la confianza de detenerlo. Pero cuando vio como resbalaba y se traía consigo la repisa, su cuerpo actuó solo. Dejó tirada su canasta mientras que con una mano agarraba al niño y con la otra detenía a la repisa, usando su cuerpo para escudarlo de las latas que caían.

- ¿Estás bien? – le preguntó cuando había estabilizado la repisa. El niño le arranchó su gorra roja y le sacó la lengua.

- No necesitaba tu ayuda.

Esa no era la respuesta que esperaba. Solo suspiró, no había caso en pelear con un infante. Algunas personas se asomaron, entre ellas la guardiana del pequeño.

- ¡Kota! ¿¡Y ahora que travesura has hecho!?

Algunos empleados ayudaron a recoger las latas. Mientras que Izuku pedía disculpas agachando la cabeza, escuchó a otra persona hablar.

- ¿Por qué siempre que te encuentro estás causando algún problema?

Se giró al creer reconocer la voz. Era el mismo peliazul de lentes que lo había salvado de ser atropellado semanas atrás.

¿El que casi muero cuenta como un problema?

- Yo-

- ¡Por favor, discúlpeme señor!

Ambos hombres miraron a la castaña, quien miraba con arrepentimiento al peliverde. Tenía agarrada de la mano al pequeño pelinegro.

- Lamento de verdad todo este problema. Mi sobrino no suele ser así de travieso. Le pido disculpas.

Vio como lo jaló delante de ella, susurrándole furiosa que pidiera disculpas.

- Lo siento. Lamento que tu brazo se lastimara por mi culpa.

En comparación a su anterior respuesta, si se notaba arrepentido. Izuku revisó su brazo y vio el creciente moretón que empezaba a sobresalir.

¿Por qué siempre que trato de ayudar salgo lastimado?

Hizo un esfuerzo fallido en sonreír al tratar de transmitirle su despreocupación. Había pasado por cosas peores. Mucho más dolorosas.

- No te preocupes, no duele tanto.

- ¡Permítame pagarle sus compras! ¡Y también le compraré un botiquín!

- En serio no es necesario…

No sirvió de nada. La castaña - Shino Sosaki- terminó por pagarle todo lo que había ido a comprar, que por suerte no era mucho. Por otro lado, el peliazul se había ofrecido a tratar la herida.

- Lo siento de verdad.

Le había dicho Kota antes de despedirse. Izuku se despidió con un gesto honesto de la mano mientras que esperaba al de lentes en una banca, ya lejos de la tienda. Había ido a pedir hielo a una cafetería, y por suerte lo había conseguido.

- Me llamo Tenya Iida.

Izuku hizo una mueca cuando Iida le ajustó demasiado la venda elástica. Ante su reacción, el peliazul la aflojó un poco.

- Izuku Midoriya.

Le ofreció la mano, y el otro la tomó, estrechándola.

- Disculpa por asumir que fuiste tú el problemático.

Su voz era curiosa, pensó Izuku. Sonaba profesional, como si supiera la manera de tratar cualquier situación, un poco robótica, como si estuviera programado para decir eso, y al mismo tiempo, un poco simpático.

- Tranquilo - le sonrió rascándose el cuello con la otra mano. – No estás del todo equivocado. Se podría decir que soy un imán para las desgracias. Es decir, para los problemas.

Iida alzó una ceja.

- Eso es todo. No uses la misma venda siempre. Pero no necesitarás muchas, el hematoma debería desaparecer en un par de días.

Izuku asintió a cada palabra.

- Muchas gracias.

Se quedaron en silencio, mirando a la calle. Izuku pensó que lo mejor era despedirse y retirarse. No tenía nada más que hacer allí, y no quería quitarle el resto de la tarde al peliazul. Iba a hablar cuando se le adelantó el otro.

- ¿Quieres un café? Yo invito.

Ya le habían pagado sus víveres, y él ya le había ayudado con el moretón, pero ya estaba demasiado cansado como para volver a negarse, así que simplemente asintió.

Cuando Iida volvió a acercarse, esta vez con ambas bebidas, Izuku creyó que iba a tener que pasar por otro silencio incómodo. Creía que Tenya Iida era tímido, sin embargo, le había probado que estaba equivocado. El peliazul había iniciado presentándose; en que trabajaba (como ingeniero electrónico), en donde trabajaba (en la empresa desu hermano mayor), y su familia, especialmente sobre su hermano mayor.

Izuku había mantenido una media sonrisa (había sonreído más en un día de lo que lo había hecho en 5 meses) durante este último tema de conversación, puesto que le enternecía la devoción con la que Iida hablaba sobre su hermano mayor. Y, debido a que él carecía de una familia, escuchar a alguien hablar tan agraciadamente de la suya le ablandaba el corazón. Tanto que no se dio cuenta de que había derramado unas cuantas lágrimas hasta que el peliazul detuvo su narración y lo miró preocupado, agitando las manos sin saber que hacer.

- ¿¡Estás bien!?

- ¿Eh? – se tocó el rostro y se secó con rapidez. – Oh, lo siento Iida.

- Disculpa si dije algo fuera de lugar.

- ¡No! No es eso. – Izuku movió las manos frente a su cara. – Es solo que me parece muy hermosa la manera en que hablas de tu familia. Se nota lo mucho que la amas.

Iida agrandó los ojos. Se sintió un poco avergonzado de repente.

- Oh– sonrió apenado. – Bueno, mi familia lo es todo para mí. En especial mi hermano. Siempre estoy aspirando a ser como él. Ya sabes, alguien bueno, valiente, virtuoso.

- Estoy seguro que eres tan bueno como aspiras a ser.

Sintió que debía alentarlo, sin saber el por qué.

- Aun me falta mucho, pero realmente espero serlo.

Botaron los vasos de plástico en un basurero, y se miraron de nuevo para despedirse.

- Gracias por el café y por la ayuda, Iida.

- No fue nada. Gracias por escucharme. Lamento si no te dejé decir algo…

- No te preocupes, no tenía nada que decir. – Iida lo miró sin pestañear antes de soltarle la mano.

- Sería bueno volverte a ver.

Ahora la voz de Iida no sonaba tan robótica. Más bien, genuinamente simpática. Se preguntó si su propia voz sonaría igual. Tomaron sus rumbos tras intercambiar números.

Podrían ser amigos, pensó. Talvez.


Frente al espejo pegado en la puerta de su armario se encontraba viendo su reflejo. En ocasiones como esa, extrañaba la grandeza y el espacio de su antiguo departamento. Solo quería verse bien. ¿Y por qué? Solo quería. Se puso unos jeans oscuros, una camiseta blanca y una chaqueta azul oscura. No se veía mal, o eso quería creer.

Se sentó en la sala a esperar, recurriendo a sus pensamientos. En su habitación, al fondo del cajón de su mesita de noche, bajo un libro viejo que había comprado con la intención de distraerse cuando estaba en casa (pero que nunca pasó de la décima página), Izuku conservaba una foto que había puesto en su bolsa antes de salir de su departamento, y que la tenía desde que Tsuyu se la hizo a él y a Kacchan un día que celebraban su cumpleaños.

Estaban los dos solos en la foto; Bakugo llevaba puesta una camiseta sin mangas, y le pasaba un brazo por los hombros. Se veía apuesto, con su sonrisa sin dientes, honesta y divertida, su apariencia de ladino musculoso, junto con la apariencia de Izuku, que apuntaba una sonrisa inocente y desconcertada. Contaba apenas diecinueve años entonces, además de joven, parecía frágil e ingenuo, con los ojos muy abiertos ante el flash de la cámara.

La expresión era casual: un instante cualquiera. Pero cómo no aventurarse con la lección a interpretar. Había fotos que el tiempo luego ponía en su lugar. Aquella foto que guardaba apenas comenzaba a adquirir su sentido. Todo parecía obvio en la actitud de Kacchan, en la expresión de Midoriya, en la sonrisa confusa motivada por la presencia de la cámara. Él sonreía para agradar a su hombre, lo justo -ven aquí Deku, mira el objetivo y piensa cuanto me quieres-, mientras se refugiaba en los ojos rojos del rubio el oscuro presagio.

Sentado en la sala de su hueco, esperando a su acompañante, en una ciudad ajena, Izuku pensaba en esa foto, y su trasfondo. Hasta que escuchó el timbre seguido por los golpes suaves en la puerta.

- ¿Vamos?

Por esa noche, no pensaría más. Siguió tras él, abochornándose solo un poco ante el cumplido de Todoroki cuando era el semi albino quien se veía mucho más apuesto.

- ¿Qué te ocurrió? – preguntó al encender el Audi R8.

Tardó medio minuto en entender que se refería a su brazo izquierdo.

- Un accidente.

- ¿Salvaste a otra persona? – su tono no fue burlesco. Más bien, curioso, intrigado.

- Algo así.

El recuento de lo ocurrido esa tarde terminó cuando se fijó en el exterior del bar al que acababan de llegar. Midoriya supuso que la amiga de Todoroki debía de estar en su mismo nivel económico.

Sugoi.

A pesar de que el interior se veía elegante, no dejaba de cumplir la función de cualquier bar o discoteca. Arriba estaban las mesas y sillas pequeñas y amuebladas que ocupaban los que deseaban conversar y beber al mismo tiempo. Abajo, todas las personas bailaban y cantaban, moviéndose a sus propios ritmos, divirtiéndose. La barra y los tragos en la repisa detrás estaban iluminados, solo lo suficiente para que se notara dónde estaban las sillas y que trago era estaba la barra.

- ¡Shoto! – una voz masculina proveniente de la barra los llamó. Midoriya se mantuvo cerca del bicolor para no perderse en la multitud.

Sentada frente a la barra estaba Momo Yaoyorozu, a su lado estaba el joven con poco cabello de antes, y una chica con un hermoso cabello que jugaba entre el rubio y el castaño, en medio. Los tres se levantaron para saludarlos.

- Inasa, no grites.

- ¿Y cómo se supone que me va a escuchar?

- Inasa, Camie, tranquilícense.

Momo lo abrazó al bicolor, mientras que Inasa le estrechaba la mano y le daba un fuerte golpe en la espalda. Camie le sonrió.

- Ha pasado un tiempo, Shoto. ¿Y a quien tenemos el placer de conocer?

Midoriya inclinó levemente la cabeza, sintiéndose desubicado. Todoroki puso una mano en su espalda, acercándolo.

- Izuku Midoriya. Gusto de conocerlos.

- ¡No estés tan nervioso! – la palmada que Yoarashi le dio en la espalda le sacó el aire al peliverde. – Un gusto, yo soy Inasa Yoarashi.

- Me alegra que vinieras Izuku. Espero que te diviertas, y que Inasa no te espante.

- Oh, claro que no. – la pelinegra le sonrió con empatía.

- Yo soy Camie Utsushimi, dueña del Maboromicamie. Soy amiga de estos lindos idiotas desde la secundaria. – habló con una gran sonrisa. Midoriya se permitió sonreír ante la expresión de indignación de Momo e Inasa. Todoroki permanecía impasible.

- ¡La próxima vez que te emborraches búscate otro que te soporte tus llantos por tus ex novios!

- Que vergonzoso. – murmuró Todoroki por lo bajo.

Inasa le dio una palmada en la espalda al semi albino, riéndose a su lado.

- ¡Inasa! Vas a matar a alguien si sigues golpeando de esa manera. – regañó Momo al escuchar el quejido del heterocromático.

- Vamos Izuku, ¡te invito un trago! – dijo Inasa, cambiando de tema.

Hoy es el día donde ahorro.

Inasa pidió un Macallan para él y para el pecoso. Momo estaba tomando un coctel con Camie mientras que Todoroki bebía un vodka del que Midoriya jamás había escuchado.

- Entonces, ¿conociste a Todoroki en esa tienda? – él asintió mientras tomaba un sorbo. A diferencia de él, suponía que Inasa ya llevaba tomando desde antes, aunque no se lo veía ebrio.

- Así que Japón. – bebió de su vaso, pausando brevemente. – Has venido desde muy lejos.

Midoriya se encogió de hombros.

- Cosas de la vida.

- ¿Cuánto tiempo llevan juntos? – preguntó una entusiasmada Camie.

- Fin de la entrevista. – interrumpió Todoroki.

Pasaron unas horas en ese ritmo, conversando amenamente, dándose Midoriya a conocer, pero no en demasía, lo justo y necesario, mientras que Camie pausaba la conversación del grupo con alguna risotada ocasional o lanzando comentarios obscenos de vez en cuando.

Izuku callaba, terciando algún comentario cada cuánto. No hacia preguntas ni ofrecía respuestas sólidas, dando a entender el poco ahínco a contar de sí mismo, lo que era respetado. Cuando una borracha Camie y un risueño Inasa se fueron a la pista a conseguir una pareja con quien bailar, Todoroki se excusó para ir al baño, y Momo aprovechó para contarle algunas anécdotas de su juventud.

Todos habían asistido a la misma secundaria, donde se conocieron (a excepción de ella y Shoto, que contaban con una amistad de varios años). Inasa y Todoroki, en un principio, se llevaban de lo peor debido a un malentendido. Sin embargo, en ese mismo año lograron resolver sus diferencias y conservar aquella duradera amistad. Camie se sentaba detrás de Inasa, por lo que fue normal para él invitarla al grupo, y tras algunas salidas, todos se familiarizaron.

Fue difícil para Shoto en un inicio, dio a entender Momo. Incluso cuando recién se conocieron, era bastante huraño, aparte de callado y solo. Pero ella era optimista, y al realmente conocer el mundo de Shoto, se negó aún más a abandonarlo y privarle del cariño que solo se podía conseguir de un amigo.

- Es un buen chico. Más de lo que él piensa.

- Y ustedes son buenos amigos.

Estaban sentados, Izuku con el codo arrimado a la barra, pero no la estaba mirando a la pelinegra, quien se enfocó en él al escucharlo decir esas palabras llenas de melancolía.

- También tus amigos.

Le agradeció con una sonrisa simpática.

Cuando Shoto regresó, Izuku ya había tomado de las bebidas que Inasa le había dejado. La música le comenzaba a fastidiar.

- Izuku, ¿quieres ir arriba? Podemos sentarnos con más comodidad.

El peliverde asintió. Momo ya se le había unido a Inasa en su baile. Esta vez, Todoroki le tomó de la mano al dirigirse a las escaleras. Solo había un puesto ocupado, y optaron por sentarse en el más alejado, uno delante del otro.

- Tus amigos son muy divertidos.

- Para mañana te habrás ganado a un par de idiotas que querrán tu compañía siempre que puedan. Talvez no fue buena idea que te los haya presentado. – Midoriya rio gozoso. Le divirtió como Todoroki lo decía con verdadera seriedad y no como un chiste.

- Son muy buenos. Eres afortunado. Por cierto, hoy hice un amigo por mi cuenta. Bueno, creo que es mi amigo.

- ¿Debería preocuparme que este nuevo amigo llame tu atención? – de nuevo, Midoriya se echó a reír.

- ¿Y si así fuera?

- Entonces yo estaría en problemas.

- ¿Por qué?

- Porque tendría competencia.

- Que cosas dices.

- Es lo normal, me gustas.

No lo miró. Y tampoco le respondió por un largo rato. Cuando alzó la vista, Todoroki parecía incómodo. Se rascaba el cuello esperando a que el pecoso dijera algo.

- A veces es como si me quedara fuera. Hablas, o te callas, lo que es bastante tierno muchas veces, y de repente, cuando también trato de ser tierno, me ves como si trataras de reconocerme, así perdido. Como esta mañana, en la tienda. Por eso quería invitarte y estar juntos.

- No me acuerdo.

- ¿De invitarte?

- De verme perdido.

Lo recordaba, por supuesto. Ver el rostro tranquilo de Todoroki como una vez lo tuvo Kacchan, o él mismo, ignorante, creyéndose protegido del horror, del dolor y de la muerte. Minutos antes de la llamada, en la bañera, y luego en las calles preso ante el pánico. El rostro de su ingenuo yo, junto con el que conoció lo peor de su país.

- Estamos así, en cualquier lado, y entonces es como si te fueras.

- También te vas tú, y más lejos aún.

- Lo mío es distinto. Tengo asuntos de las cuales ocuparme. Pero lo tuyo es diferente.

Se pasó una mano por el cabello bicolor, confuso, buscando una idea difícil de expresar.

- Lo tuyo son cosas que estaban ahí antes de conocerte.

- Como cualquier otro.

Sabía perfectamente a lo que se refería Todoroki. Mas, llevar la conversación por ese camino no era lo que buscaba.

- Nunca me cuentas nada de Japón.

Midoriya se encogió de hombros.

- No hay mucho que contar. Allí los viejos te miran mal por estupideces, como faltas a las reglas de etiqueta. O la pasas tranquilo y feliz cuando te reúnes con tus amigos.

El impulso de hablar, generado por el alcohol en su sistema, transformaba su cerebro en un laberinto ambivalente, queriendo y no queriendo hablar.

- Me refería a ti.

- Soy muy centrado en lo que hago, a veces tanto que llego a fastidiar. Pero listo cuando debo.

- ¿Y qué más?

- No hay nada más. Tampoco te pregunto a ti nada. Yo estoy y tú estás. Ese es el trato.

- ¿Qué trato? No recuerdo haber hecho ninguno. – Izuku se encogió de hombros. - ¿Y qué hay del futuro?

- De eso hablaremos cuando llegue.

- ¿Por qué estás conmigo?

Izuku lo miró con detenimiento, lento y apreciativo, en silencio. El alcohol le permitió responder sin mucho rodeo, y sin mucha prudencia.

- Porque eres tierno, y callado sin ser del todo huraño. Porque te tomas la molestia de estar conmigo cuando podrías hacer algo mejor. Porque a veces te avergüenzas con facilidad y a veces logras avergonzarme a mi sin darte cuenta. Eres extraño, reservado, pero un tanto hablador al mismo tiempo. - Sintió que se le tensaban los rasgos del rostro – También, porque te pareces un poco a alguien que conocí.

Todoroki lo miraba y escuchaba con suma atención. Por lo que, ante la última frase, se le desvaneció la expresión tranquila, e Izuku sintió que podía adivinar lo que diría a continuación.

- No creo que me agrade eso de recordarte a alguien más.

Y como no.

De pronto, sintió la urgencia de terminar esa conversación.

- Yo no he dicho que me recuerdes a alguien, he dicho que te pareces, y solo un poco. Apenas.

Se negó a contestar más preguntas. Pero Shoto no se puso malhumorado, ni se levantó sin despedirse, ni lo miró con desprecio al no querer hablar.

Permaneció junto a él, a una distancia prudente, a la espera de una señal positiva o negativa -o ninguna en absoluto- sin quejidos ni reprimendas. Y así estuvieron en silencio por tanto rato, que a Izuku ya no le nublaba la mente de alcohol. Aventuró su mano sobre la de Shoto, para confirmar que no fuera una alucinación de su cansancio. Y al comprobar que no lo era, no se molestó en quitarla.

Aquí estoy, parecía decir el semi albino sin entonarlo. Así que no te preocupes. No iré a ningún lado.