5. Sin acabar, volver a sentir

- Cuidado

Antes de poder darse cuenta del porqué de la advertencia, sintió el brazo de Todoroki rodear su cintura. Estaban caminando junto al río, y Midoriya se había resbalado con unas pequeñas piedras que, de no haber sido por la reacción rápida del semi albino, lo habrían mandado a nadar.

Sintió un pequeño escalofrío, por lo que cerró los ojos, respiró profundo, y se imaginó a sí mismo con Ochako y Tsuyu jugando bajo el puente que atravesaban siempre para ir a la escuela o regresar a la casa, con barquitos de papel o lanzando piedras planas. Beneficios de la terapia.

- Lo siento.

- ¿Estás bien? – preguntaron al mismo tiempo. Izuku asintió.

- Sí.

Todoroki le sonrió a falta de palabras, una sonrisa sencilla y pequeña. A veces, lo contagiaba al pecoso. Las sonrisas de Todoroki era tan puras y agraciadas que lo enternecían. Había tardado al inicio en volver a verlas, Shoto sabía mantener un rostro neutral, pero tras varios momentos a solas, aumentaron.

La cercanía que había ocurrido, curiosamente, semanas después de la noche en el bar, lo desasosegaba al peliverde, mientras que también le acicateaba. Después de todo, era agradable estar con Todoroki; se había vuelto su nueva rutina. Él había irrumpido en ella tan deleitosamente que Izuku abrazó al cambio de buena gana. Llenar sus días con la compañía de alguien singular y grato era mejor que pasársela hundido en los recuerdos y pensamientos que lo llevaban a una lucidez iterativa y nada placentera.

No se sentía presionado, de cierta manera, como lo hacía al estar con Danjuro y Manami, mucho más habladores. El desliz que había ocurrido en el bar no se había repetido; había dado detalles que aún no estaba listo para compartir. Sin embargo, el acuerdo tácito del silencio sobre ese asunto lo habían aliviado, haciendo que la compañía de Todoroki no se tornara incómoda.

El celular del semi albino sonó. No dejó de caminar hasta ver el número.

- Lo siento, debo responder. – Izuku asintió.

- No te preocupes, te espero.

Shoto se alejó con hesitación, un poco molesto por la interrupción. Izuku lo observó de lejos, estudiando su rostro sereno. Casi siempre que lo veía, alguna llamada interceptaba la reunión. Él nunca se quejaba, Shoto sí, pero jamás en voz alta. Midoriya entendía; debía de ser sofocante no poder huir del trabajo, sin embargo, siendo el dueño y jefe, las responsabilidades aumentaban.

Tiempo atrás, le habrían molestado las constantes interrupciones, como ocurría cuando a Kacchan lo llamaban hasta en los peores horarios. Ahora, tras la experiencia de sentir la sangre y el sudor pegados al cuerpo, corriendo con el corazón en la garganta y el miedo a flote, una llamada no lo era nada; a menos que implicara rehacer su vida nuevamente. Eso no quitaba que le seguía pareciendo inverosímil la cantidad de llamadas que Shoto recibía, agotándolo a sobremanera con una sola conversación.

Las cejas de Todoroki se arrugaron. Midoriya ya sabía la noticia que le daría. Tampoco sería algo nuevo. A diferencia de Kacchan, Todoroki no tenía jefes, por lo que respondía ante cualquier problema con su presencia. Mientras que varias cosas podía manejarlas con una llamada, su asistencia era indispensable ante cualquier estrago, abertura, o contratación.

Al terminar, volvió junto a él.

- Pasado mañana debo irme.

No era la primera vez, ni sería la última. Aunque era una lástima, apenas había vuelto hace dos días después de 3 largas semanas.

- Entiendo.

No le respondía con un "volveré pronto". Las ausencias de Todoroki eran indefinidas. Ese fue un gran factor que determinó la decisión de Midoriya de permitirse conocerlo. Cuando Shoto se marchaba, era imposible determinar cuándo regresaría, ni él mismo podía asegurarlo.

Su ausencia más larga había sido de 2 meses. Midoriya solo le había dejado un mensaje, y cuando pasó un mes sin responderle, creyó que no lo volvería a ver. No lo preocupó demasiado en ese entonces, cuando apenas se conocían, pero ahora no estaba tan seguro, suponiendo que se repitiera el caso. Así de imprevisible era, lo que volvía cada momento con él verdaderamente preciado.

Retomaron el camino. Midoriya observó de reojo como Shoto había extendido su mano para tratar de tomar la suya. Tardó en copiar el gesto.

Se alejaron del río, adentrándose en la urbanización. A Midoriya le llamó la atención una tienda cuyo nombre estaba escrito con la caligrafía de su país. Lo jaló inconscientemente a Shoto al interior del local, maravillándose por dentro al ver posters, camisetas, peluches y más con temas que él reconocía. Sin embargo, al fondo de la tienda, en varios estantes, estaban las figuritas de acción que con tanto esmero coleccionaba devuelta en Japón.

Shoto miraba intrigado la emoción reflejada en los ojos verdes del pecoso al estudiar con atención las figuras refugiadas dentro de las pequeñas cajas. Recordó vagamente cuando Izuku le habló un par de veces sobre sus comics y películas favoritas.

- Creo que encontré mi nuevo lugar favorito. – murmuró con 5 cajas en su agarre.

Aquello le sacó una risita al semi albino, ayudándolo. Midoriya decidió que volvería, por lo que solo compró 3 figuritas y un poster que colgaría en su habitación. Al terminar de pagar, Todoroki lo esperaba con otra figurita.

- ¿Y eso? No sabía que te gustaba.

- Es para ti.

Midoriya se sonrojó, y lo aceptó con una gran sonrisa.

- Espero que esto no sea porque te invité a almorzar.

- Tu casa se ha vuelto un restaurante donde nunca pago nada. Estoy endeudado de por vida.

Esta vez, cuando Todoroki le extendió la mano, no hesitó en agarrarla.


- Izuku, ¿Quién te hizo eso? – preguntó Yoarashi preocupado, señalando las cicatrices en su brazo. – Te prometo que le daré una buena lección a quien lo haya hecho.

- Deja de hablar como si fueras su novio, Inasa. – le gritó Momo desde la mesa. Izuku no desvió su vista de la parrilla.

A veces Shoto y él salían con todo el grupo, generalmente, a la casa de Momo, quien tenía piscina y una parrilla. Midoriya los había sorprendido a todos con sus artes culinarias. Había progresado en dejar de sentirse como intruso en el pequeño grupo.

- Me caí de un árbol. Fueron las ramas. No vayas a hacerle daño por favor. – sonrió con lo último, y logró que el resto compartiera la risa.

Shoto salió de la piscina en busca de su toalla, pasando a la izquierda de Izuku. El peliverde no pudo evitar mirar los pectorales del semi albino, embobado. Camie sonrió con picardía.

- Cuidado se te quema la carne. El resto de nosotros solo podemos quitarnos el hambre con esa comida que cocinas, Izuku.

- C-claro.

Shoto rio para sus adentros ante la expresión avergonzada del pecoso. Momo salió en su rescate, sujetando una bandeja para ayudarlo a servir la comida. Se sentaron todos en la mesa larga de madera que tenía Momo en su patio, llenando sus platos sin dejar la charla. Todoroki y Midoriya escuchaban sin agregar mucho.

- ¿Qué ocurre Momo? – inquirió Camie ante la expresión de la pelinegra. Todos se giraron a ella.

- Estoy feliz.

- Yo también lo estoy. No sabía lo que era el paraíso hasta probar la comida de Izuku. – exclamó dichoso Inasa ante los primeros bocados de las costillas que sirvió en su plato. Shoto rodó los ojos. Izuku sonrió, agradeciéndole con un susurro.

- Estoy segura que Momo no se refería a eso. – murmuró Camie incitándola a proseguir.

- Con toda la locura que ocurre en nuestras vidas, me alegra poder reunirnos a disfrutar momentos así. Y me alegra también que Izuku se nos haya unido. El grupo se siente más completo que nunca.

Inasa alzó su bebida, a lo que todos imitaron.

Tras acabar y reposar por un rato, las chicas se quedaron recostadas en las sillas reclinables mientras que los chicos volvían a la piscina. Izuku se dejó acunar estrechado por los brazos de Shoto. El agua no estaba fría, pero el calor que le transmitía era reconfortante.

- Demonios, olvidé que mañana debo volver a Nueva York. – se quejó Inasa saliendo de su trance.

Izuku se aventuró a preguntar.

- ¿A Nueva York?

- Es por trabajo. Shoto y yo somos compañeros, ¿sabes?

No lo sabía.

Se giró sorprendido ante el semi albino, quien parecía mirar con enfado a Inasa. La expresión de Shoto no siempre cambiaba, pero Izuku había aprendido a descifrar las miradas de sus perlas bicolores.

- ¿Eres su jefe? – Inasa lo miró al heterocromático por detrás de Izuku.

- ¿Mi jefe?

- Si, tu jefe. De TE Marketing. ¿Acaso tus pequeñas vacaciones te han hecho olvidar tus responsabilidades?

Hubo un largo silencio en la piscina. Era la primera vez que Izuku lo había escuchado hablar en ese tono. Miró de un lado a otro, observando con intriga la expresión sorprendida de Yoarashi y la molesta de Todoroki.

Finalmente, Inasa se dignó a contestar.

- Lo siento, jefe. – alzó las manos a modo de rendición. – No se preocupe, no perderé el vuelo.

- Eso espero.

- ¿Cuál es tu puesto en la empresa, Inasa? – preguntó con un poco de timidez el pecoso. Shoto volvió a pasarle el brazo por el estómago, abrazándolo por detrás sin soltarlo.

- Pues… estoy justo por debajo de Shoto. Soy el gerente financiero. – Inasa sonrió con satisfacción, mientras que Shoto rodó los ojos, sintiendo el impulso de golpearlo.

- Oh.

- Él es quien me atormenta con todas las llamadas. – terció de pronto Todoroki, posicionando su cabeza sobre el hombro de Midoriya. – Es él quien me mantiene lejos de ti Izuku.

La sonrisa de Inasa cayó de pronto.

- Un momento.

Pareció buscar con enojo un argumento que no encontró.

- ¿Sí?

- No creas que por ser el jefe te vas a salir con la tuya.

- Y no creas que por ser mi amigo te dejaré de tratar como al resto de mis empleados. – Midoriya sintió como Shoto lo soltó para nadar al otro extremo de la piscina. Su primer instinto fue ir tras él, pero Inasa se le adelantó.

- ¡Soy el gerente financiero! Es imposible que esté al mismo nivel que el resto.

- Por favor, deja de hablar Inasa.

- ¡Tú empezaste esto!

Izuku suprimió una risa ante la situación. Pero dejó salir un grito ante el chapuzón detrás suyo.

- ¿Y ahora por qué pelean? – preguntó Camie.

- Izuku, ¿sabes que Momo, Inasa y yo vivimos en Nueva York? Camie es la única que vive aquí.

- ¿De veras? - dirigió a la vista a Momo (sin notar el abrupto cambio de conversación) quien bajaba con cuidado por las escaleras, dejando que su cuerpo se adaptara a la temperatura de la piscina. Ella asintió.

- ¿Pero no es esta tu casa?

- Es de mis abuelos. Pero viajan a menudo a Europa. Me hospedo aquí cuando vengo a Delaware. Pero mi trabajo queda en Nueva York.

- Es Camie quien nos arrastra acá. – entonó dramático Yoarashi. Camie le sacó la lengua.

Izuku observaba desde lejos la interacción. Era lindo apreciar el cariño del grupo; todos, de distintas maneras, daban a conocer el apego que se tenían. Pensó en su amada Ochako. Su mejor amiga, su hermana.

Era inevitable imaginarla ante un escenario tan ameno de amistad. Su amiga más preciada se hallaba ahora sola, todo por su culpa.

Si tan solo estuvieras aquí, Ochako-chan.

No había dejado de pensar en ella ni un solo día desde que se despidió. La conocía tan bien que Midoriya sabía que la pobre Ochako debía seguir preocupada por él, sin tener otra opción más que aferrarse a la fútil esperanza de que siguiera vivo. Si tan solo pudiera presentarla ante aquel grupo tan divertido donde seguro ganaría nuevos amigos.

- ¿Izuku?

Shoto estaba a su lado, inspeccionándolo con cautela. Midoriya le sonrió para calmarlo.

- Me está dando frío. Creo que saldré de una vez.

Lo dijo lo suficientemente alto para que el resto lo oyera. Shoto lo siguió. Tras ponerse sus camisetas, decidieron esperar en la espaciosa cocina.

- ¿Quieres algo?

- ¿No debería ser yo quien lo pregunte? – dijo, un poquito burlón. – Aunque usar la cocina de Momo… me pone nervioso.

Shoto rio, tomándolo suavemente de los brazos y lo condujo a uno de los asientos tras la isla de mármol.

- Estoy muy consciente de que el experto eres tú. Pero no soy tan inútil. Te puedo preparar un batido, o un sándwich, un gran sándwich.

Izuku pensó en rematar con algo sarcástico, como solía hacerlo bastante con Kacchan. Pero la expresión inocente y la voluntad de Shoto de complacerlo con lo que era un desafío para él lo conmovió demasiado que aceptó.

- Está delicioso. – comentó al tragar el primer bocado. Shoto lo miraba con su cabeza reposando en su mano, frente a él.

No mentía, si estaba bueno, como lo estaría cualquier sándwich con queso y jamón. Shoto había agregado dos rodajas de cada uno, junto con un poco de mayonesa. El batido tampoco estaba tan mal, a pesar de que Shoto metió solo dos bananos en la licuadora y un poco de agua. Midoriya rechazó el impulso de ponerle al menos un poco de leche.

No quería entristecerlo, puesto que se esforzó más que nada en buscar los ingredientes en la nevera. O como dio un pequeño brinco del susto al prender la licuadora. Estaba claro que la cocina no era lo suyo, y que él no preparaba lo que consumía, pero verlo esforzarse por él, lo animó bastante por dentro.

- ¡Hey tortolitos! – se voltearon y vieron a Camie cruzar la sala con la pelinegra. – Momo y yo iremos por unas cervezas. Regresamos enseguida.

Ambos correspondieron la despedida agitando las manos.

- Y yo les haré compañía. – añadió Inasa entrando de repente a la cocina. Se sentó a lado del peliverde. Ojeó con interés su comida antes de ver a la pareja. – Supondré que fue Shoto quien hizo esto.

- Supones bien. – Todoroki se cruzó de brazos.

- No he dicho nada malo. – respondió Inasa. – Incluso iba a decir que me sorprendía que supieras hacer un sándwich.

- No se necesita mucha ciencia para saber cómo hacerlo.

- Serás un genio para los números y las letras, pero cuando se trata de sentido común…

Izuku contuvo la risa ante la mirada del semi albino. Inasa no podía leer miradas, por lo que se encogió de hombros ante el rostro indiferente de Shoto.

- ¿Desde cuando eres tan detallista? Ni siquiera con Momo fuiste así.

- ¿Con Momo?

- Inasa…

- Sí. Él y Momo salieron por un tiempo. Fue hace 3 años si mal no recuerdo. – se calló un minuto, verificando si sus memorias no lo engañaban. Por otro lado, Shoto lo perforaba con la mirada al de cabello pelado. – En efecto, hace 3 años.

- Que interesante. – Inasa rio en voz alta.

- Este tipo era todo un rompecorazones, ¿verdad Shoto? – inquirió tras darle un golpe amistoso en el brazo.

- Claro- dijo rodando los ojos.

- La verdad es que no me lo puedo imaginar. – comentó Midoriya haciendo una mueca.

- Imagina como reaccionamos nosotros. Siempre nos enterábamos después de que la relación terminara.

- Basta de estupideces, Inasa.

Este alzó las manos.

- Está bien, jefe. – miró a Shoto, quien tensaba los músculos. Inasa decidió irse a dar otro chapuzón hasta que las chicas regresaran, no sin antes darles una fuerte palmada en la espalda a ambos.

Pasaron unos minutos de silencio. Izuku se levantó a lavar su plato, completamente tranquilo. Shoto buscaba las palabras adecuadas. Mierda. ¿Y ahora que decía? Cuando comenzaba a llamarlo, entraron Momo y Camie cargando 2 paquetes de cervezas.


Izuku bostezó por décima vez. Manami llevaba la cuenta. Sin embargo, el sueño no le generaba problemas en el trabajo, aunque era la cuarta noche que se desvelaba. La primera había sido cuando se quedaron hasta la madrugada en casa de Momo, y Shoto lo regresó a su departamento al amanecer.

Al día siguiente partió a Nueva York, y no había tenido noticias de él desde entonces. Izuku no quería creer que era por el tema que sacó Inasa. Si bien, lo sorprendió bastante, no era algo que lo afectara en lo más mínimo, después de todo, nada tenía que ver Midoriya con lo que Shoto hiciera en el pasado. Tampoco le había vuelto a escribir; ni siquiera le había respondido a su mensaje de si había llegado bien a Nueva York. Eso había sido hace dos semanas. No se molestó en seguir.

Esto se está volviendo ridículo.

Era día de paga, por lo que al final de su jornada recibió su dinero y se encaminó a su hueco. A veces deseaba aprender a conducir, en Japón era Kacchan quien los llevaba a todas partes, pero sabiendo los costos de mantener un carro, la idea se iba por donde venía.

Saludó a los hermanos Shimano, quienes se hallaban saltando en las escaleras. El más pequeño, Katsuma, siempre había sido cariñoso con él, y ahora también lo era su hermana mayor, Mahoro, puesto que Izuku los había comenzado a cuidar de vez en cuando, en su tiempo libre, y cuando el padre de ambos lo necesitaba.

La primera vez que hizo de niñero para ellos fue debido a una emergencia; el padre había sufrido un paro cardiaco bajando las escaleras. Izuku había llamado a la ambulancia mientras el pelinegro que vivía en el primer piso (descubrió que se llamaba Fumikage Tokoyami) trataba de mantenerlo vivo con reanimación cardiopulmonar. Y lo había logrado.

Cuando lo cargaron en la camilla, escuchó un llanto a sus espaldas, y vio como la mayor Shimano trataba en vano de ocultar su desesperación mientras calmaba a su hermano. Izuku dejó atrás el espanto para encargarse de ambos. Como Mahoro se encontraba vulnerable, se dejó calmar por el peliverde, quien no durmió esa noche al hacer su mejor esfuerzo por atender a los hermanos. Al amanecer siguiente, fue al hospital con ambos. Al ser familia, podían entrar a ver a su padre. Izuku se marchó después de que entraran a la habitación.

Midoriya nunca había tratado con el señor Shimano, pero debió haber sido la buena referencia de parte de los hermanos que permitió que lo conociera, quien lo trató de compensar a lo que Izuku se negó. Y fue así como de vez en cuando, el señor Shimano le pedía de favor que cuidara a sus pequeños, e Izuku aceptaba sin cobrarle nada, porque la amistad con los pequeños era lo suficientemente gratificante.

Incluso hizo un descubrimiento; Kota, el pequeño al que salvó en el supermercado, era compañero de clase y amigo de Mahoro. Lo descubrió un día que fue a cuidarlos y Kota estaba allí, jugando con ellos. Los pequeños amaban a Izuku (aunque Kota nunca lo admitía), e Izuku amaba esos espacios en que hacía de niñero, ya que, curiosamente, lo hacían sentir más pleno.

- ¡Izuku! – gritó Katsuma, quien saltó a abrazarlo. Midoriya dio un pequeño brinco, pero rio y le devolvió el gesto. Shimano, un poco más tímida, se acercó e imitó a su hermano.

- Alguien está emocionado.

- Vamos al parque. – contestó sonriendo. – Vamos a ir por primera vez en mucho tiempo.

- Es porque papá ha estado un poco cansado. – agregó Mahoro.

En ese momento, el padre bajó con lentitud, y mostró una sonrisa cansada.

- ¡Izuku! ¿Cómo estás?

- Tan bien como puedo. – le devolvió la sonrisa cortes. – Regresaba del trabajo.

- Nosotros justamente salíamos.

- ¡Vamos, vamos! – exclamó Katsuma, quien agarró la mano derecha de su padre y lo jaló.

Izuku contempló como Shimano se aferró al pasamanos.

- Con cuidado Katsuma. Recuerda que papá no se siente muy bien.

- Estoy bien Mahoro. – le pasó una mano por el cabello a su hija amistosamente.

- Sabe, si quiere, yo los puedo llevar. – se ofreció Izuku. A ambos niños se les iluminaron los ojos.

- ¡Sí! ¡Sí! Por favor papá, ¿podemos ir con Izuku? – rogó el menor, mientras que su hermana lo copió.

- Izuku acaba de regresar del trabajo. Ha de estar muy cansado. – lo miró al peliverde agradecido. – No quiero molestarte.

- No es ninguna molestia. – sonrió agitando los brazos. – Así ellos pueden gastar toda esa energía y usted repone la suya.

Por más que Shimano no quería fatigar al peliverde con sus hijos, aceptó. Necesitaba descansar.

- Al menos toma esto, - dijo pasándole un par de billetes, - en caso de que les de hambre a los 3.

Midoriya los guardó en su pantalón. Le tomó de las manos a los niños y salieron del edificio, sonriendo. El parque quedaba a una calle del edificio, por lo que la caminata no fue fatigadora para él, porque los pequeños Shimano salieron corriendo a los juegos apenas entraron. Izuku los miró desde lejos al principio, tomando un respiro sentado en la banca. Cuando se cambiaron a los columpios, se acercó para darles un pequeño empujón.

Todo era risas y diversión hasta que Mahoro quiso cambiar de juego.

- ¡Juguemos a la familia!

Izuku se quedó en blanco.

- ¿Cómo…?

- Izuku, tú serás el papá. Yo seré la mamá, - dijo con un pequeño rubor. – ¡Y Katsu será él bebé!

- No quiero ser un bebé.

- Está bien. No un bebé, pero serás el hijo.

- Uhm…

- ¡Iniciemos! - Mahoro le tomó de la mano a Izuku, quien seguía perdido.

Trató de seguirle la corriente a la hermana mayor, pero le resultaba extraño escucharla decirle cariño, mientras que Katsuma le decía papá.

Izuku logró conseguir un descanso cuando escuchó los estómagos de los pequeños rugir.

- ¿Quieren hot dogs? – preguntó acercándose al carrito que estaba a la entrada del parque. Los niños asintieron.

Se quedaron jugando a una distancia en que Midoriya aun podía verlos mientras compraba la comida. Tenía un hot dog en la mano cuando escuchó sonar su celular. Sintió un escalofrío, pero se tranquilizó diciendo que no había razón para huir.

No hay por qué correr.

Se alivió al ver el nombre de Shoto en la pantalla. Pero antes de siquiera contestar, le cortó.

- Oh por favor, esto ya es ridículo. No puede ser que siga preocupado por lo que yo piense.

El señor del carrito lo miró raro mientras prepara el otro hot dog.

- Lo siento.

Izuku ahogó un grito y se giró con rapidez. Todoroki estaba a unos pasos de él.

- ¿¡Q-Qué haces aquí!?

- Llegué hace 2 horas. – ocultó las manos en los bolsillos de su chaqueta.

Midoriya asintió, aun recuperándose del susto.

- Que milagro que pases por aquí. Seguramente no me enteraba nunca que habías regresado.

No había sonado muy cortés. Todoroki agachó la mirada.

- Lamento por desaparecerme-

- Está bien Shoto.

- Izuku – se acercó un poco más, sin saber cómo darse a entender. – En Nueva York me es difícil comunicarme porque mi trabajo me… no me da mucho tiempo para nada.

- No me molesta si no puedes responderme. Yo sé lo difícil que es para ti. Apenas si te dejan respirar cuando estás aquí. Solo quiero saber es si el hecho de que Inasa mencionara lo tuyo con Momo influyó en tu decisión de no quererme hablar.

- Claro que no. – dijo con seguridad, aunque su expresión luego lo delató. – Talvez un poco al inicio, pero te prometo que-

– Izuku le sonrió. Verlo tan en conflicto le había disuelto el pequeño resentimiento de antes. – Lo que tu hayas hecho o con quien hayas estado antes no tiene por qué importarme, no me debes explicaciones. Me sorprendió cuando lo dijo Inasa, pero no debería y no me molesta.

- ¿No te molesta que sea mi amiga?

- También es mi amiga, ¿no? – respondió más tímido. Nunca lo había dicho en voz alta, pero ahora lo afirmaba.

- Lo siento de todas maneras.

- No tienes por qué-

- ¡Papá!

Izuku sintió el sudor en su frente. Los ojos de Todoroki se desviaron hacia la personita a sus espaldas.

- Papá, dile a mamá que deje de peinarme. ¡Me está doliendo! – exclamó Katsuma agarrándose al suéter de Midoriya.

Izuku miró del pequeño a Shoto, y de él al pequeño, una y otra vez. Katsuma se dio cuenta del bicolor que acompañaba al ojiverde.

- Papá, ¿Quién es el él?

- … ¿Papá? – murmuró Todoroki perplejo. Izuku palideció.

- ¡E-e-esto no es lo que parece!

- ¡Mi hot dog! – con una gran sonrisa, Katsuma extendió los brazos, y por instinto Izuku le dejó en sus manos la comida mientras miraba a Shoto.

- No es lo que crees, yo-

- Lo que hayas hecho en el pasado no tiene por qué molestarme. – Shoto lo agarró con suavidad de las manos, y le dedicó la sonrisa más comprensiva que Izuku había visto hasta el momento. – Con o sin hijos, igual te quiero.

El peliverde se comenzaba a tornar colorado.

Es tan maravilloso… ¡pero este no es el momento!

- Shoto, él no es mi-

- ¡Cariño!

Mahoro apareció detrás de Katsuma, y agarró a Izuku de la mano. – Dile a nuestro hijo que deje de correr. Estoy tratando de peinarlo.

- Estas jalándome el pelo.

- Lo tienes enredado.

- ¿Qué tal si dejamos el juego por un momento y nos sentamos a comer?

Entonces miró al señor del carrito, quien había estado observando toda la escena en silencio. Izuku se sintió avergonzado y molesto de que al menos no haya ocultado su interés en el drama que estaba viviendo. Lo miró desdeñosamente, y el señor se apresuró en servirle el otro hot dog, que se lo entregó a Mahoro.

Se sentaron en una mesa de picnic, los niños frente a los adultos.

- Solo era un juego que propuso Mahoro. – explicó Izuku apuntando con su cabeza a la niña.

- Aun así, si tienes algún hijo secreto...

- No tengo ninguno. – se apresuró a decir, avergonzado. La risa de Shoto empeoró su rubor.

Mahoro observaba a ambos hombres con detenimiento. Izuku le parecía lindo, y ahora se les había unido otro hombre lindo. Sonrió con dulzura, pensando en el siguiente juego.


- Estoy agotado.

Suspiró el peliverde cerrando la puerta de su departamento. Todoroki se sentó en el sofá, cerrando los ojos. Midoriya entonces recordó un pequeño dato.

- Oh Shoto, tú debes de sentirte aún peor, apenas volviste hoy de Nueva York.

- No te preocupes.

Midoriya le preparó un té, y se sentó a su lado. Prendió la televisión, puesto que el silencio lo incomodaba. Todoroki le agradeció en voz baja, y sintió su interior revolotear con gusto al probar la bebida. Sus ojos se iluminaron, sacándole una sonrisa a Midoriya.

A Izuku le sorprendió como Shoto podía contentarlo con los más mínimos detalles. No era como estar con Iida, quien le causaba gracia. Con Shoto era una sensación más placentera.

Ocurría a menudo; viendo la tele recostado en su hombro, recorriendo por enésima vez los mismos caminos verdes tomados de las manos, jugando a las cartas, al escuchar un cumplido diferente para cada platillo que le preparaba, o al salir en su convertible, y sonreír al sentir el viento despeinarlos a los dos.

Estaba a gusto con él. Demasiado. No lo iba a seguir negando. La compañía de Todoroki era de las más agradables que había tenido. ¿Mejor que Kacchan?

Se odiaba por eso. Cuando estaba con el semi albino, sintiéndose regocijado como en ese mismo momento, la imagen de Kacchan venía a su encuentro como un reproche, y él se arrepentía para sus adentros por traicionar el recuerdo.

Kacchan, el departamento adornado con figuritas de acción, los bailes con Ochako, las escapadas con Tsuyu, los paseos con su rubio, los restaurantes y fiestas, todo cuanto él había creído el mundo real que lo ponía a gusto con la vida, se cimentaban en un error. Él no vivía realmente en ese mundo, sino en el de Kacchan.

No era su vida, sino otra donde había ido a instalarse cómodo y feliz hasta verse expulsado de pronto por una llamada telefónica, por el ciego terror de la huida, por la sonrisa afilada de Tomura Shigaraki y los estampidos de la Beretta en sus manos. Aquello lo obligaba a analizarse con más intensidad.

No fue sino hasta la llamada telefónica que Izuku se dio cuenta de lo efímera que estaba destinada a ser su relación con Kacchan. Por más advertencias y preparaciones que este le haya dado, con Kacchan todo era reír y tontear. Midoriya nunca se permitió dar paso a la inquietud puesto que Bakugo se imponía ante la duda. Pero como novio de un traficante de armas, debió de darse cuenta.

La mano de Todoroki rozó la suya, sacándolo de su trance.

- Lo siento. – respondió con rapidez, retractándose. Pero Midoriya no quería seguir así. No sabía cómo estar en paz consigo mismo cuando estaba con Shoto sin pensar en que traicionaba a Kacchan. - Ya es tarde. Al menos para mí. Es el cansancio del viaje. – dijo tras ver su reloj de mano. Se levantó, despidiéndose de Midoriya. - ¿Te puedo recoger mañana después de tu trabajo?

Izuku agarró el brazo de Todoroki, con la mirada abajo. No sabía cómo avanzar, pero trataría al menos esa noche de estar con Shoto y nadie más que Shoto.

- ¿Puedes…quedarte esta noche?

Alzó la mirada, suplicante. La ausencia de Todoroki (cuando viajaba, la mayoría de veces más larga que corta) se había vuelto insoportable.

El heterocromático asintió, sintiéndose dichoso por dentro.

Midoriya le prestó un cambio de ropa con el que le fuera más cómodo dormir. Shoto tardó un rato en acostarse a su lado, temiendo ser muy intrusivo. Izuku se dio cuenta entonces que su cama no era muy espaciosa. Se acostó de lado, mirando los cabellos bicolores del contrario moverse inquietos mientras el heterocromático se acomodaba.

- Descansa – le entonó al peliverde.

Shoto alzó el brazo con intención de abrazarlo a Midoriya, lo detuvo a medio camino. Izuku se dejó acunar por los brazos de Todoroki, que lo estrechaban con gentileza. Se pegó a su cuerpo, posicionando la cabeza junto a su pecho.

Todoroki rogaba que Midoriya no escuchara los latidos acelerados de su corazón. Agradecía que no podía ver su rostro.

- Duerme bien.

Shoto se sintió dichoso. Acercarse al pecoso había sido tan difícil como cuando Momo había tratado de acercarse a él. Él era un ente solitario hasta que conoció la satisfacción del cariño. Quería que Izuku lo volviera a sentir. Porque Shoto sabía que se estaba enamorando de él. ¿Acaso Izuku también?

Izuku terminó sincronizando su respiración con la de Shoto, sintiendo el calor de su cuerpo escudarlo del frío. ¿De dónde había venido el impulso de quererlo ahí con él? Seguramente se debía a que estaba harto de la soledad por más qué hubiera creído que podía asentarse en ella. Él no estaba hecho para eso.

Allí, en los brazos gentiles de Shoto, Izuku se sintió por primera vez protegido del mundo impasible y cruel que continuaba su rumbo. Se sentía capaz de quedarse acurrucado junto al semi albino sin ningún problema más que el latido fervoroso de su corazón.

Por primera vez, Shoto olvidó todo el dolor que cargaba para sus adentros. Y por primera vez, Izuku se sintió en paz consigo mismo al reconocer lo mucho que adoraba sentir al semi albino a su lado.