En busca de algo más
6. En busca de algo más
Tan tierno.
Midoriya había despertado antes que Todoroki, y no había podido evitar contemplarlo. Era como ver a un bebé dormir. Sintió las ganas de abrazarlo con todas sus fuerzas. No había inquietud ni rastros de dolor en su rostro, solo Shoto.
Para desgracia del pecoso, Todoroki había decidido despertarse mientras lo miraba. Al ver sus perlas coloridas, cayó al suelo debido al susto.
Se sobó la cabeza.
- ¿¡Estás bien!?
- Perfectamente.
Soltó una risita y besó con ternura el lado izquierdo de Todoroki antes de ir al baño. Shoto se recostó, observando el techo mientras recordaba todas sus citas con Izuku. Meditó sobre las reacciones del peliverde en varias ocasiones; como habían aprendido a reír nuevamente, como sabían que temas tocar y cuáles no, así como cuando preguntar y no hablar de más. Como se habían ganado la confianza del otro.
Sin embargo, Shoto se dio cuenta de que no lo conocía del todo a su peliverde. Era prácticamente un misterio, y aquello lo exasperaba, solo un poco. Y es que Shoto no podía evitarlo, ¿Cómo no querer conocer el contexto de alguien tan maravilloso? Sin embargo, lo comprendía. Sabía con certeza que algo difícil se hallaba escondido en ese pasado que tanto ocultaba. Deseaba compartir el peso que lo atolondraba a Izuku, consolarlo en su desasosiego, pero no tenía como auxiliarlo si desconocía sus anécdotas pasadas.
No importaba si tardaba años, cuando Izuku decidiera compartir sus penas con él, estaría allí. Por el momento, seguiría dándole a entender cuanto lo quería. Lo vería sonreír y atesorar nuevos momentos a su lado.
Cuanto quería dejar de pillarlo con la misma mirada extraña que lo llenaba de pena y le causaba un cosquilleo doloroso en el estómago. Una mirada que mostraba como si el pecoso no se creyera lo que estaba viviendo en ese momento. Como si pensara que aquello no podría durar.
Se levantó para buscar sus cosas, y mientras lo hacia su mirada se dirigió a una fotografía que estaba sobre la mesita de noche de Midoriya, medio oculta bajo un libro. Movió un poco el libro para ver la foto completa. Era Izuku, junto a un chico rubio quien pasaba un brazo alrededor del peliverde apegándolo a su lado.
Sintió como si el pecho se le comprimiera. Ambos sonreían, y se veían cómodos el uno con el otro. Izuku parecía estar aun en sus años de adolescencia. Pero se veía feliz. Genuinamente feliz.
La puerta del baño se abrió, y Shoto se enderezó, como si estuviera esperando a entrar.
- Todo tuyo. – sonrió Midoriya, invitándolo al baño. Shoto asintió sin decir nada.
Izuku tendió la cama, y cuando salió Todoroki, fueron a la cocina. El semi albino quería ayudarlo a preparar el desayuno, e Izuku se dejó. Estuvo pendiente de que Shoto no se quemara, o quemara la cocina.
- Creo que ya soy un experto. – dijo cuando le dio una vuelta perfecta a su panqueque con la espátula. Midoriya esbozó una sonrisa socarrona, agarró la sartén y le dio una vuelta. Shoto se quedó en silencio.
- ¿Cómo decías?
- Disculpa, chef.
La risa de Midoriya valía la pequeña humillación.
- Es fácil de dominar.
- Pero entonces no tendrás como humillarme.
- Yo no te humillo.
Lo había dicho más serio de lo que Todoroki esperaba. Lo arrinconó frente al grifo. Midoriya se giró, sus esmeraldas abiertas, evitando sonrojarse al ver la musculatura del semi albino.
- Solo era una broma. Eres demasiado dulce para hacerlo en serio.
No era el primer cumplido, pero siempre se sentía como si lo fuera. El corazón le daba un vuelco con todo lo relacionado a Shoto. Este se agachó, posando su mano en su mejilla. Midoriya cerró los ojos y juntó sus labios.
De no ser por el celular de Shoto, habrían olvidado que era la hora del desayuno. Además, Midoriya tenía trabajo. Ambos maldijeron por lo bajo. Shoto atendió la llamada y Midoriya sirvió la comida. Lo esperó antes de comenzar a comer.
- Me voy el viernes.
Izuku lo observó por un momento antes de asentir. Para sus adentros, se sentía derrotado.
Apenas volvió hoy.
No podía evitarlo, por más egoísta que fuera. No lo diría en voz alta, pero como odiaba esas noticias. Ahora más que nunca, cuando lo deseaba a Shoto a su lado.
Shoto se sentía aún peor. Estiró su mano para tomar cuidadosamente la del pecoso. Sobó las cicatrices que asomaban y lo miró con los ojos brillosos de determinación.
- Tengo una casa en la playa. ¿Quisieras acompañarme cuando regrese?
Pedir vacaciones no había sido complicado. Manami, siendo la más atenta de la pareja, era la que se había fijado en el ligero cambio del pecoso desde que había conocido a Todoroki. Los canturreos en voz baja, las sonrisas cómplices, y los rubores ocasionales.
Dos semanas después, Midoriya batallaba por mantener su emoción bajo control. Ya tenía hecha la maleta cuando lo vio cruzar el umbral de su departamento. Y pronto ahí se encontró, con la puerta de madera alta marcando el inicio de la propiedad junto a la playa. La casa era ostentosa, bonita; había plantas decorando las paredes.
Al ingresar, se quedó mirando el techo que debía de tener más de 3 metros de altura. Arriba estaban las habitaciones, cinco en total, dos con balcón con vista al mar. Al salir por la puerta corrediza se halló parado en un porche bastante espacioso de madera oscura, con asientos de exteriores, un jacuzzi, y toda la playa vacía por delante, pasando la valla limpia de madera.
- Es hermoso. – dijo por fin, al sentir el brazo de Todoroki rodeándolo cariñosamente por detrás de los hombros.
- Me alegro que te guste. – dijo tras darle un beso en la mejilla.
Dejaron las maletas en el dormitorio principal. Izuku había extrañado dormir con Shoto; sentir la cálida sensación de protección al estar envuelto en sus brazos. Bajó a la cocina, a preparar el almuerzo, mientras Todoroki descansaba en la sala. No había dejado de manejar desde que arribó nuevamente a Delaware.
Al terminar, Izuku salió para llamarlo, pero al verlo, se sentó frente a él. Lo conmovía verlo tan tranquilo. Si no era por algún percance en el trabajo, Shoto pasaba mucho tiempo extenuado por su familia, más que nada, su padre. Estaba al tanto de que hacía mucho que su padre había dejado de ser una agonía física, pero el resentimiento y la culpa no se disipaban con disculpas; y Shoto (junto a su hermano Natsuo) eran los que estaban en los peores términos con su padre, quien parecía tener dificultades para redimirse.
Por lo que verlo, aunque sea un momento, privado de inquietudes, lo enterneció. Resistió de darle un pequeño beso en la frente. Y cuando Shoto abrió los ojos, lo sorprendió Izuku con la mesa servida, y la mano a punto de tocarle el brazo para despertarlo.
- Siempre que cocinas huele maravilloso.
- Creo que te estoy malacostumbrando.
- Para nada. – Shoto seguía sentado, y agarró con suavidad el brazo del pecoso, sentándolo entre sus piernas, abrazándolo por detrás, pegando la cabeza sobre su cuello. – Solo quédate así por un momento.
- No es como si tuviera otra opción. – bromeó, poniendo sus manos sobre los brazos de Todoroki que aprisionaban amorosamente su cuerpo. – Pero si se enfría la comida, no te quejes.
Sentía el cabello del heterocromático rozarle el cuello, causándole cosquillas.
- A ver si un día te equivocas y dices que me quieres.
Izuku se giró sorprendido a verlo tras escucharlo. Shoto no estaba molesto, ni enojado, ni siquiera lo había dicho como un reproche.
- Te quiero, tonto.
- Claro.
Así se burlaba Shoto de él, a su manera, incitándolo a hablar con pequeñas provocaciones.
- Lo dices como si te costara dinero. Tan soso. Me tienes hecho un desastre.
Izuku se giró para abrazarlo y besarlo en el rostro, y repetirle con cariño te quiero una y otra vez. Shoto trató de actuar como si no le importara, expresando tanta indiferencia como fuera posible, lo cual no logró cuando se miraron el uno al otro; sus ojos resignados ante los de Izuku, quien percibió como las perlitas del semi albino lloraban silenciosamente. Una pena seca, callada.
Y entonces Izuku pensó que a lo mejor sí lo quería de veras. Y acarició el rostro de Shoto, sintiéndose culpable, como si le debiese algo y no pudiera pagárselo jamás. ¿Podría llegar a amarlo? Posiblemente, de no haber pasado todo en el lugar equivocado, en la porción de vida equivocada. Las cosas siempre ocurrían demasiado pronto o demasiado tarde.
- Se nos va a enfriar la comida. – susurró como si no quisiera que nadie más los oyera a pesar de que eran los únicos allí.
Todoroki asintió, queriendo prolongar el momento como si su existencia dependiera de ello.
Aquel primer día había consistido en descansar. Se habían dormido temprano, acostándose juntos tan naturalmente que, al apagar las luces, no hubo más que unos bostezos antes de sucumbir al sueño. Aun dormidos, buscaban el tacto ajeno. Despertaban envueltos en la fragancia del otro.
Midoriya había adquirido un nuevo pasatiempo; acariciar y peinar los mechones de Shoto. Sabía que a él le agradaba, y con tal de otorgarle unos momentos de paz, estaba dispuesto a hacerlo por horas. Izuku jamás se había sentido tan estimado y con afán de estimar como en todo ese lapso junto a Shoto. Lo consentía bastante con la comida, y empezó a engreírlo con caricias y mimos en demasía. También se intercambiaban cumplidos y sinceras declaraciones afectuosas.
Y con la atención de Shoto totalmente en él (a excepción de las inevitables llamadas que no podía ignorar), Izuku no podía evitar compararlo con Kacchan. Que iguales y que distintos eran. Ambos eran listos, inteligentes, y fuertes. Callados, con escasos amigos, y desconfiando del resto. Ahí terminaban las semejanzas.
Shoto era más frío en el trabajo, tranquilo y controlado aun cuando las circunstancias no eran favorables. Menos divertido, talvez, pero más dulce y tierno que el otro. Más calmado, y amable. Quebrantado por su familia, pero sin dejarse dominar, manteniéndose firme hasta donde su espíritu le permitía. Era de los que comprendían que estar vulnerable no era una debilidad, sino una prueba de humanidad.
Midoriya siempre había sido una persona sensible. Y al contrario que Katsuki, Shoto no le recriminaba ese rasgo. Más bien, era delicado y sumamente amoroso con él.
Estaban sentados en la playa, sobre una toalla. Más bien, Midoriya estaba sentado, con la cabeza de Todoroki sobre su regazo. Este tenía los ojos cerrados, pero no estaba dormido. Descansaba mientras Midoriya le acariciaba su cabello.
Con todo lo que meditaba en ese momento, Midoriya sintió el impulso de besarlo, y lo hizo, con ternura. Todoroki lo tomó con suavidad del cuello, y lo soltó al terminar el beso.
- ¿Vas? – le preguntó el semi albino apuntando al mar tras enderezarse.
- En un momento. Ve, ya te alcanzo.
Shoto dio un rápido asentimiento antes de trotar y meterse hasta donde el agua le daba poco más arriba de la cintura. Izuku rio al ver como se estremecía su cuerpo por el contacto con el agua fría. Eran los únicos, puesto que la propiedad más cercana se encontraba a un par de kilómetros. Justo cuando se levantaba, sonó el celular del semi albino.
Era el noveno día desde que estaban allí, y no pasaba ni uno sin que lo llamaran. Izuku se preguntaba como Shoto no se fastidiaba con tantas interrupciones. Podía entender que sus empleados tuvieran ciertas dudas, pero no podía entender la dependencia en su jefe. Shoto pasaba semanas, a veces hasta meses, planeando estrategias y evaluando todas sus repercusiones, pensando a su vez soluciones sobre cómo abordar cada una de ellas. Sus empleados solo debían hacer su trabajo, que no era más que seguir las instrucciones. ¿No se suponía que estaban capacitados para ello?
Dejó que diera al buzón, ya le diría cuando volvieran adentro. Se levantó y se quitó la camiseta para adentrarse adonde lo esperaba su semi albino. Pasó sus manos detrás de su cuello para besarlo, titiritando levemente.
- ¿Ahora no hay risas?
Oh rayos, me vio.
- Pareces un acosador, observándome siempre. – respondió con una sonrisa.
- No me puedes culpar, eres lo más hermoso que mis ojos han visto.
- ¿Te has visto en un espejo?
- Prefiero verte a ti.
- Gran error. – Shoto sobó con su nariz la mejilla del pecoso.
- Claro que no. - dejó un rastro de besos que iban desde su cuello hasta su rostro. – Eres hermoso. Hermoso, hermoso Izuku. Ni las arrugas podrían contigo.
- Contigo peor.
- Pero esto sí. ¿A quién le gustaría verlo? – no tuvo que señalarse para que Izuku supiera que se refería a su quemadura.
Calló por unos segundos. Desde su primera salida pudo notar que aquella quemadura era su más grande inseguridad. Y cuando empezaron a volverse más cercanos, Izuku le demostraba a Todoroki que para él, eso jamás había sido un problema, ni lo consideraba como parte de sus defectos. Porque no lo era.
Besó con ternura la cicatriz, tal como lo había hecho tantas veces anteriores.
- No te fuerces.
- No lo hago.
- Es asquerosa. – Izuku acarició con su pulgar la zona roja, mirando con compasión.
- Me duele pensar en lo mucho que sufriste al recibirla. Pero ni esto ni nada define tu belleza. No cubre a la persona tan paciente y hermosa con la que estoy.
Midoriya lo abrazó, pegando la cabeza de Shoto a su pecho mientras le sobaba sus cabellos. Sintió como se relajaba con su tacto.
- Sigue siendo desagradable. Odio que tengas que lidiar con eso.
Izuku volvió a repartir besos por toda la quemadura en su ojo sin dejar de sostener el rostro de Shoto entre sus manos.
- Con lo único que tengo que lidiar es conmigo mismo. Y con estas. – alzó su brazo para enseñar todas las cicatrices en su brazo derecho que partían de su hombro. – Pero esto, - pasó su pulgar por la quemadura. – Jamás me hará quererte menos.
No sintió cuando Shoto había subido su mano hasta detrás de su cuello. Lo notó cuando Shoto lo atrajo hacia él para besarlo con vehemencia. Las manos de Midoriya quedaron sobre el pecho del bicolor mientras él lo rodeaba de la cintura.
Terminó el beso para dirigirse lentamente al hombro del peliverde, y besar con ternura toda esa área. Midoriya se estremeció, cerrando los ojos y disfrutando de la muestra de cariño del semi albino.
Solo espero que la vida nos dé el tiempo que queremos. Para sanar nuestras heridas y vivir con las que no cicatrizan. Ojalá este mundo no fuera tan cruel.
No notaba lo rápido que pasaba el tiempo hasta que Shoto debía irse. Sin embargo, ahora ya no le preocupaba a Izuku. Se sentía dichoso porque sabia que cuando regresara, iría con él. A pesar de los desacuerdos, los silencios, los malos recuerdos, Shoto seguía a su lado, y a su vez, Izuku lo recibía con los brazos abiertos no solamente a su lado más cálido, sino también a su tímida, marcada, e insegura mitad.
Esa confianza los había ayudado a ambos a fortalecer su relación.
Te noto diferente, Izuku, le había dicho Manami Aiba cuando él estaba arreglando las cajas de té de los estantes más altos. Se había volteado para verla con auténtica curiosidad. ¿Diferente? Ella asintió. Es la primera vez que te veo así. Él alzó una ceja. ¿Así como? Midiendo sus palabras, Manami le sonrió con cordialidad. Feliz. Aquello lo tomó desprevenido, y tras un momento, le sonrió de la misma manera que ella, simpático. Supongo que lo estoy.
Por primera vez era consciente de casi serlo. Y era, en parte, gracias a Shoto, quien había permanecido a su lado a pesar de lo cerrado que había sido Izuku al inicio. Pensar en él, ahora, le sacaba una sonrisa.
Lo meditó nuevamente en su trayecto a la empresa Ingenium, donde trabajaba Iida. Si mal no recordaba, a esa hora tenía su descanso para el almuerzo. Después de un par de minutos viendo a desconocidos entrar y salir en el lobby, deslumbró la cabeza peliazul. Iida no lo vio a él; salía con paso decidido y ceño fruncido.
- Tenya – lo sorprendió por detrás, a media cuadra del edificio. Iida dio un leve salto, y su semblante se tranquilizó.
- ¡Izuku! Me alegra verte, ¿Cómo así por aquí?
- ¿No puedo visitar a mi amigo?
Se sentaron en una mesa exterior de un pequeño restaurante.
- ¿Ha pasado algo nuevo? – preguntó el de lentes tras haber ordenado lo que comería. – Te ves diferente.
- Podría decirse que sí. – se encogió de hombros.
- El misterio se te da bien. Pero no olvides que estoy haciendo una pasantía en la AIII. A pesar de que no hago lo mismo que mi hermano, aprendo bastante con solo observar.
Cierto.
La Agencia Internacional de Investigación e Inteligencia (AIII), era la agencia criminalística más importante a nivel mundial; se encargaba de la búsqueda y captura de los grupos delictivos más buscados y peligrosos. El hermano de Tenya, además de tener su propia empresa, también formaba parte de la AIII, colaborando con la recopilación de información en operaciones encubiertas.
Iida era otro prodigio. Terminando la escuela y la universidad años con años de antelación, no solo se iba por la ingeniería electrónica, sino por la inteligencia criminal. A Izuku le asombraba la organización de Iida por poder asistir en ambos trabajos.
Sin embargo, Midoriya no veía con buenos ojos a la AIII. Iida, desde luego, desconocía ese dato.
- Disculpa detective.
Ambos rieron. La comida justamente arribó, e iniciaron su almuerzo.
- Incluso, me atrevería a decir que no fue algo, sino más bien alguien el causante de eso.
Midoriya no pudo ocultar su sorpresa, provocando que la sonrisa de Iida se ensanche.
- ¿Cómo lo supiste?
- Ya te dije, aprendes mucho con solo observar.
- Claro.
- Por cierto, Izuku, ¿no quisieras reunirte mañana en mi departamento? Necesito ganarte al menos una vez en ese juego que me enseñaste.
- Serás un verdadero prodigio, pero el shogi no es lo tuyo. – respondió conteniendo la risa. – Lo siento Tenya, mañana ya, um, tengo planes.
El cambio repentino, de confianza a timidez, del peliverde lo hizo reír nuevamente al peliazul.
- No te preocupes. Tendré mi victoria en otro momento.
En su camino de vuelta se topó con el señor Shimano, quien llevaba a sus hijos y al amigo más cercano de ellos, Kota, a una fiesta de un compañero de clase. Izuku los saludó sin parar su camino. Al llegar a su pequeño edificio subió los escalones de dos en dos, pero al llegar a su piso se llevó una mano a su pecho, conteniendo el grito de sorpresa. Shoto estaba parado frente a su puerta, alzando la mano para tocar el timbre hasta que lo escuchó.
- Izuku– sonrió, pronunciando su nombre como siempre con dulzura. Midoriya sentía sus piernas temblar ante las sonrisas tan agraciadas del bicolor.
- ¿Qué haces aquí? – Todoroki lo rodeó por la cintura mientras el peliverde le correspondía el abrazo, arrimándose al cuerpo ajeno. – Creí que estabas con tus hermanos y tu madre.
- Lo estaba. La pasamos de maravilla. – el brillo en las perlas de Todoroki reforzaban sus palabras.
Midoriya observó con ternura el rostro del semi albino mientras hablaba, tan relajado y feliz. Lo llenaba de paz el saber que había disfrutado bastante con su familia. Se lo merecía. Además de que Midoriya sentía cada vez más y más curiosidad por la familia de Shoto. ¿Estaban bien? ¿Su madre estaba mejor? ¿Se llevaba mejor con Natsuo y Fuyumi?
Sería una mentira decir que no le gustaría conocerlos, pero no pensaba decírselo a Shoto. Suficiente tenía él con fortalecer su relación con ellos; Izuku no pensaba complicarle las cosas.
- ¿Qué pasa? – inquirió Shoto con suavidad, acariciando las pecas del peliverde.
- No es nada. – rio Izuku. – Solo me alegra que hayan tenido una semana agradable.
Shoto se inclinó levemente para juntar sus labios con los de Izuku en un casto beso. Al separarse, Midoriya volvió a preguntar.
- Pero creí que vendrías mañana.
- Quería verte. Te extrañaba. Y pensaba en sí era posible… ¿pasar la noche aquí?
Izuku volvió a reír. Sin soltar la mano de Shoto, abrió la puerta.
- Eres bienvenido cuando quieras. Solo no me hagas arrepentirme de decir eso.
Shoto volvió a besarlo.
- No lo haré. – murmuró a unos centímetros de su rostro.
- Prepararé la cena.
- Izuku, ¿puedo ducharme? Será rápido.
- No te preocupes. – dijo con un gesto de la mano. – Puedes usar el baño para lo que necesites. Solo, por favor, no dejes el váter tapado de nuevo.
Ante el sonrojo de vergüenza de Shoto, Midoriya lanzó una carcajada.
- Eso fue tu culpa Izuku. No es que no haya disfrutado la comida, pero ese restaurante al que me llevaste, pues… nada bueno le hizo a mi estómago.
Izuku tuvo que arrimarse al mesón de la cocina debido a la risa.
- ¡Solo fue una vez Izuku! Además, eso es una necesidad básica.
- Es una broma Shoto.
El semi albino no dijo nada más, y fue a encerrarse al baño con la intención de lavarse la vergüenza y dejar atrás el incidente.
Al terminar, salió con una pantaloneta para dormir y una camiseta sin mangas. Izuku devolvió la mirada al sartén. No importaba cuantas veces viera los músculos marcados del bicolor, siempre se sentía desfallecer cuando lo rodeaba con sus brazos desnudos. Shoto, en cambio, nunca parecía percibirlo.
- Acabo de darme cuenta de algo. – habló Izuku cuando estaba lavando los platos mientras Shoto los secaba.
- ¿De que si me quieres?
Izuku rodó los ojos y lo golpeó juguetonamente en el brazo.
- Hoy cumplo un año desde que llegué aquí.
Un año desde que había visto a Ochako por última vez. Un año desde haber escuchado el disparo de la Beretta y sentir la sangre escurrirse por sus brazos marcados por las ramas del árbol en el que cayó al saltar por la ventana.
- El tiempo pasa demasiado rápido. Excepto cuando vas a Nueva York. Se siente como una eternidad hasta que regresas.
- También se siente como una eternidad para mí. – respondió Shoto abrazándolo por detrás. - ¿No extrañas Japón? ¿No te gustaría regresar alguna vez?
Midoriya detuvo lo que hacía. ¿Extrañar? Pero claro que extrañaba su país. Sus amigas. Su...
Era toda una vida a la que estuvo obligado abandonar. Todo por culpa de Kacchan. Y sus trabajos ilícitos. Todo por culpa de sus estúpidos compañeros.
- Estoy bien aquí.
Se secó las manos y se giró para abrazarlo a Shoto con fuerza. Shoto devolvió el gesto.
- ¿Estás bien? - preguntó dándole un beso en la cabeza.
- Sí. - fingió un bostezo, desviando el tema. - Tengo sueño. ¿Vamos a dormir?
Shoto asintió.
Sin embargo, sí se dio cuenta.
