7. Caer y volar (y volver a caer)
- Katsuki está muerto. – mencionó Tomura con su sonrisa afilada.
El rostro pecoso de Midoriya estaba húmedo debido a las lágrimas que resbalaban por sus mejillas. Dio un paso atrás, antes de pegar un grito cuando Shigaraki se abalanzó sobre él, golpeándolo para que dejara de resistir mientras lo desvestía.
- ¡Déjame! ¡No me toques!
Izuku conocía el motivo por el que Tomura Shigaraki le comunicaba la tragedia. No era para informárselo, sino para burlarse. Estás solo, no hay quien te proteja. Estaba a merced de Shigaraki.
Alguien, por favor… deténganlo.
Pensó que talvez, si cerraba los ojos, el dolor se iría. Pero lo único que deseaba era gritar. Y así lo hizo.
¡Izuku!
Se levantó de un golpe, alejándose con violencia del cuerpo a su lado.
- ¡No me toques! – gritó, atorándose de pronto con su propia saliva. Empezó a toser, pero sentía que el aire no llegaba a sus pulmones.
- Respira. Tranquilo.
Miró entonces al semi albino, con las manos en el aire. Le indicaba cuando inhalar y exhalar, tratando de controlar su respiración. Era la quinta vez esa semana.
Había pasado los primeros 5 meses del nuevo año lejos del peliverde, por lo que, al volver, este le insistió que se quedara con él todo el tiempo que estuviese en Delaware, y Shoto aceptó más que encantado. Sin embargo, no se imaginó que el pecoso había estado teniendo inconvenientes para dormir. Shoto tenía el sueño ligero, incluso los más bajos quejidos lograban despertarlo.
A veces era solo eso, quejidos, por lo que le susurraba al odio la melodía que su madre le cantaba cuando las cosas se complicaban en casa, y lo apegaba a su cuerpo con dulzura, sobándole los rizos peliverdes, esperando a que volviera a soñar en paz. Mas, cuando eran gritos… la historia cambiaba. La primera vez que trató de despertarlo, recibió una fuerte patada que lo mando directo al suelo.
Estaba muy preocupado. Izuku estaba empeorando. Y verlo de esa forma era devastador. Se sentía inútil.
- ¿Shoto?
Se giró, y lo vio al borde del llanto.
- Aquí estoy, Izuku.
Se acercó, solo un poco, con los brazos abiertos. Lo último que quería era provocarle otro ataque de pánico. No tenía por qué dudar; Izuku se lanzó a sus brazos, agarrándolo con tanta fuerza que empezaba a doler, pero no se quejaba. Sabía que Midoriya lo hacía para no llorar.
¿Quieres venir a la playa conmigo? Le había preguntado Shoto una noche viendo una película. Más bien, Izuku veía la película, y Shoto lo veía a él. Ya llevaban casi dos semanas en la hermosa morada aislada del resto del mundo. Y la serenidad con la que pasaban allí había sido un buen cambio para ambos.
Las pesadillas aminoraban. Shoto se había desconectado por completo; incluso de las llamadas. Las ojeras de Izuku desaparecían poco a poco, su semblante era distinto; sosegado, tranquilo, en lugar de agobiado. Seguía sin hablar mucho, pero las caricias y cariños se mantenían afectuosas.
Una noche, Izuku lo había sorprendido a Shoto con una encantadora cena japonesa. Era distinta a las demás. El peliverde había adornado la mesa con velas aromáticas, unas flores en el centro y varios platillos que provocaban que el estómago del semi albino gruñera con fuerza.
- Wow.
Las perlitas heterocromáticas de Shoto brillaban con fascinación. Izuku soltó la primera risa del día ante la expresión de su pareja. Se veía sumamente adorable, tal como un niño que probaba un helado por primera vez. Tras quedarse observando la mesa, miró con intriga al peliverde. Este lo guio a su puesto en uno de los extremos, y se sentó a su lado.
- Quería hacer algo especial…por nuestro primer año juntos.
Shoto se quedó estático, incapaz de verlo al pecoso a los ojos. Había estado tan pendiente del pecoso, su padre, su madre, sus hermanos, su trabajo… que aquello no se le había siquiera pasado por la mente.
- Yo sé que no es mucho lo que yo pueda darte, y que últimamente yo, pues, yo he estado… han pasado algunas cosas que… bueno, todo-
Y la manera en la que Izuku trataba de no afligirse y hacer algo por él, para él, y aun así sentirse frustrado consigo mismo, pensando que aquel detalle era insuficiente para complacerlo… le provocaba un dolor en el pecho.
- Solo quería…
- Izuku. – Shoto lo tomó con amor de la mano, y finalmente se dignó a verlo a los ojos. – Esto es fantástico. Y tú…
Pausó un momento, para besar con delicadeza el dorso de su mano, sobándola con etéreo cuidado. Midoriya se ruborizó, recordando que Shoto era precisamente así: atento, delicado, y tierno.
- Tú eres maravilloso. ¿Acaso no te das cuenta? No tienes que ser perfecto, ni tu ni yo lo somos, y no es lo que quiero. Te quiero a ti. Simplemente a ti.
Se inclinó lentamente, observando la reacción de Midoriya, atento por si tenía que retroceder, pero él solo cerró los ojos, inclinándose también, hasta que sus labios se encontraron.
- Te pido perdón. – pronunció avergonzado, - yo ni siquiera había pensado en que había pasado un año…
- No te preocupes Shoto. – acarició con una sonrisa el rostro del semi albino. – Quererme como lo haces es más que suficiente.
Horas más tardes, Shoto dormía completamente sosegado, rodeando con un brazo el cuerpo de Midoriya, quien reposaba a su lado, aun despierto, mirando por la ventana el reflejo de la luna en el océano. Se apegó a la calidez del cuerpo del heterocromático, estudiándolo por unos segundos. Depositó un beso sobre su quemadura antes de acomodarse y dormir.
Cuando despertó, no tuvo que ver el reloj para saber que aún estaba muy lejos de la mañana. Su estómago dolía, el sudor le humedecía la ropa mientras que los escalofríos provocaban el temblor de su cuerpo. Se levantó mareado, corrió al baño, y se arrodilló frente al váter para devolver toda la cena.
No percibió a Todoroki hasta que sintió como le sobaba la espalda mientras bostezaba. Cuando su estómago quedó vacío, se limpió en el lavabo.
- Lo siento.
Lo dijo tan bajo que Todoroki se tomó unos minutos para reflexionar si lo había dicho o había sido una alucinación causada por la somnolencia.
- ¿Por qué te disculpas?
Por arruinar los mejores momentos junto a ti.
- Por haberte despertado.
- No te preocupes. – pasó un brazo alrededor de él mientras caminaban devuelta a la cama. - ¿Quieres agua? ¿Té? ¿Te duele algo?
- Tu vuelve a dormir, yo iré a prepararme un té.
- Permíteme. Tú espera aquí.
- Te lo agradezco Shoto, pero, ¿acaso sabes…?
El semi albino trató de verse indignado, logrando sacarle una pequeña sonrisa al pecoso.
- Momo me enseñó. Ya verás. Te sorprenderé.
Midoriya no insistió, viendo al heterocromático desaparecer por la puerta. Se sentó en la cama, arropándose con las sábanas. No recordaba lo que había soñado, sin embargo, la sensación de asco y miedo habían perdurado. Las náuseas llegaron de improviso.
Respira. Contrólate.
Estaba a salvo. Estaba con Shoto. Estaba al otro lado del mundo. Se giró hacia la ventana cuando creyó ver con el rabillo del ojo una figura moverse entre las sombras.
Tranquilo. No hay por qué correr.
A lo lejos, las olas reventaban en la orilla, humedeciendo la arena. No había nadie más. Los sonidos que se escuchaban escaleras abajo eran por Shoto. Estaba a salvo.
- Mira a quien tenemos aquí, Shinso.
Giró con tanta prisa el cuello que sintió un pequeño dolor. Tenía los ojos abiertos con horror. Pero no había nadie en la puerta. Nadie más que la oscuridad. Ya no estaba seguro si era mejor prender la luz. De pronto, las sombras empezaban a tomar forma. E Izuku temía que algo, o alguien, saltara sobre él en cualquier momento. El pánico le impedía respirar.
- ¡Shoto!
Midoriya apenas escuchó su voz, pero intuía que había soltado un grito de ultratumba al ver a Todoroki entrar corriendo por la puerta, tratando de evitar que el líquido dentro de la taza cayera al suelo.
- ¡Aquí estoy! – respondió alarmado antes de llegar al dormitorio. - ¿Qué ocurre? – preguntó casi asustado.
Dejó la taza a un lado, sentándose frente a Midoriya, quien había empezado a sollozar. Este se lanzó a sus brazos, finalmente llorando. Lo único que podía hacer para evitar que Shoto lo viera era hundir su rostro.
Todoroki no lo soltó. Apoyó su cabeza junto a los rizos verdes del pecoso. Murmuraba de vez en cuando "estoy aquí" mientras sobaba su espalda. Tras el grito de Izuku, que por poco le detuvo el corazón, se le había quitado el sueño. Debió de pasar al menos 40 minutos hasta que finalmente habló el peliverde.
- ¿Shoto? – habló tembloroso, tan débil que hizo que Shoto lo abrazara aún más.
- ¿Sí?
- ¿Quién más está aquí?
Aquello lo tomó desprevenido. Midoriya seguía con el rostro pegado a su pecho, por lo que no podía ver la confusión en sus ojos. Tras meditarlo, Shoto respondió.
- Solo tú y yo, Izuku.
- ¿Estamos solos?
- Sí.
Tras eso, no hubo más llanto. Solo Izuku volviendo a respirar con normalidad.
- ¿Shoto?
- ¿Sí? – su voz era apenas un susurro. Cuando Izuku levantó la mirada, sus ojos verdes, enrojecidos por las lágrimas, brillaron con el resplandor de la luna.
- ¿Puedo tomar el té?
Su tono le causó demasiado aflicción. Preguntaba como si Shoto fuera a gritarle por no habérselo tomado antes.
- Claro.
Le daría la luna si se lo pidiera. Todo con tal de hacer desaparecer al dolor.
Todoroki temía que los días se pusieran peores. Él había tenido la intención de darle un respiro al peliverde, no causarle más problemas. Izuku, desde luego, no había pasado por alto la fija atención del semi albino en él. Y mientras que a veces lo confortaba, no podía evitar incomodarse en ciertas ocasiones. No quería que Shoto pensara que era incapaz de valerse por sí mismo. Había sufrido ataques peores cuando estaba solo.
Sin embargo, Midoriya sabía que con un "estoy bien" no iba a bastar. Tampoco quería pelear. Así que una mañana, tras un desayuno simple, lo tomó de la mano y lo llevó a una caminata por la playa.
- ¿Vienes aquí seguido? – empezó a preguntar el peliverde, entrelazando manos con el semi albino.
- Antes no mucho. Mis hermanos solían usar la casa más que yo. Pero ahora tengo motivos para venir.
Todoroki lo miró sonriente, dándole un rápido beso en la frente. Iban descalzos, los pies sobre la arena húmeda, donde el mar les llegaba hasta los tobillos.
- ¿Por qué siempre tardas tanto en regresar de Nueva York?
- El trabajo es complicado.
- ¿Aun con Inasa ayudándote?
- ¿Inasa? – lo miró genuinamente confundido. Ante el desconcierto de Izuku, se recompuso con rapidez. – Ah, disculpa. Es que él es un verdadero inútil.
Ambos rieron. Izuku le dio un pequeño golpe en el brazo.
- Estoy seguro que hace lo mejor para ayudarte.
- ¿Me extrañas cuando me voy?
- Sabes que sí. Bastante. Especialmente ahora. Nunca te habías ido por tanto tiempo, fue casi medio año.
Shoto carraspeó.
- ¿Estás bien?
- Sí. Es solo que desearía que pudieras venir conmigo. Nos veríamos todos los días.
- No sé si quiero verte todos los días.
Aquello lo hizo detenerse con violencia. Izuku apretó los labios.
- En serio que eres extraño. Pero extraño de veras. ¿Es en serio?
Sin poderse contener, Midoriya estalló en carcajadas.
- Oh Shoto. Claro que no.
- Mmmm.
Siguió caminando, atrayéndolo con su brazo. Cuando Midoriya cesó la risa, volvió a inquirir.
- ¿Y por qué desearías que fuera? ¿No se puede?
- Bueno, si fueras yo estaría en la empresa todo el día. Y me verías cansado y desanimado. Es mejor así.
Estaba cortante. Se notaba. Parecía que el trabajo era estresante para él, así que no insistió. Entonces, Izuku paró de golpe.
- Oh por Dios.
- ¿Qué? – por poco gritó Shoto, preocupado.
Me olvidé de agradecerte por el té. Estuvo muy bueno. – cuando intercambió miradas con el semi albino, no pudo evitar reír.
- Oh.
- No soy un manojo de nervios andante. Sé que soy un poco molesto, pero créeme que ahora estoy bien.
- Basta. – Shoto se posicionó delante de él, tomándolo de los brazos. Izuku se ruborizó cuando vio sus músculos. – No eres molesto ni complicado. Eres humano. Cada uno procesa el dolor de manera distinta. Y si sigues temiendo que voy a dejarte solo por como tú lo manejas, ya deberías saber que no lo haré. Te quiero demasiado para hacerlo.
Izuku sintió sus mejillas arder mientras le burbujeaba el estómago.
Este hombre y mi pobre corazón.
- Había olvidado lo guapo que te ves cuando te pones serio. – dijo en un intento de calmar la tensión y frenar los latidos que llegaban hasta sus oídos. – Déjame decirte que es la mejor declaración que he escuchado hasta ahora.
El bochorno pasó de Izuku a Shoto, quien se dio la vuelta y siguió caminando. Izuku volvió a reír, corriendo tras de él hasta alcanzarlo.
- Gracias Shoto.
Este asintió.
Entonces se le ocurrió una idea a Midoriya. Corrió lo más rápido que pudo al agua y lo salpicó al semi albino. Este dio un pequeño brinco debido al contacto repentino con el agua fría. Midoriya sintió un escalofrío al ver la mirada intensa que este le dedicó. Y cuando pensó en correr, Shoto ya lo había salpicado a él.
Tras varios chapuzones, Midoriya alzó las manos.
- ¡Me rindo!
Shoto lo salpicó una vez más, bromeando. Cuando salió, Midoriya lo tomó de las mejillas para besarlo, sintiéndose rastros del agua salada en sus labios.
- Tú lo iniciaste.
- Ya sabes, cuando inicio algo me gusta terminarlo.
No sonó tan inteligente o gracioso como esperaba, pero igual les sacó una sonrisa a ambos.
- ¿Entonces, Momo te enseñó a hacer té?
- Yo sé que es algo básico, pero, como he dicho antes, mi experiencia culinaria no es nada como la tuya.
- Lo poco que sabes, lo haces muy bien.
- Me alegra que te haya gustado.
- Me preguntó qué más te habrá enseñado.
Apenas terminó la frase, sintió a Todoroki detenerse. Entonces cayó en la cuenta de lo mal que había sonado.
- ¡No me refería a eso! ¡No era nada malo! ¡Hablaba de comida!
- Izuku.
Shoto no estaba molesto. Pero Midoriya temía que lo haya malinterpretado.
- No lo había dicho con esas intenciones Shoto.
- Lo sé.
Juntó su frente con la del pecoso, rozándola suavemente. Tomó asiento sobre la arena seca, Izuku copiándolo.
- Sabes, cuando Inasa mencionó que yo era un "rompecorazones"- Izuku dibujó una sonrisa debido a la mueca que hizo el semi albino ante el término, - lo decía por bromear. Él es un idiota. Pero es un buen amigo.
Suspiró, tomando una pausa. Izuku no presionó, manteniéndose en silencio, atento a la narración.
- En la escuela media pasé la mayor parte del tiempo solo. Momo y yo estuvimos en distintas clases por 2 años, por lo que solo podíamos reunirnos en los descansos. Ya la conoces, ella es muy amable y simpática, no tuvo problema para entablar amistades. Yo no solamente era tímido, en ese tiempo era bastante…arisco.
Estabas lidiando con los problemas de tu familia, pensó Midoriya, pero no lo interrumpió.
- Sin embargo, Momo me contaba que a muchas chicas les gustaba mi apariencia, motivo por el que se interesaban en mí, y que tuviera cuidado. Varias de mis compañeras en la escuela media terminaron en la misma secundaria conmigo. Algunas se me confesaron. Yo no entendía mucho eso de "salir". Me enteré que las primeras chicas que rechacé lloraban en el baño como si les hubiera hecho algo peor. ¿Talvez era por mi mala actitud? No lo sé, pero aquello me hizo sentir como mi padre.
Apretó los puños, frunciendo el ceño ante el mal recuerdo. Izuku colocó su mano sobre la de él.
- Es demasiado estúpido, lo sé, pero hacer sentir mal a mis compañeras me recordaba como él solía hacerla sentir a mi madre cuando yo era pequeño. Entonces empecé a decir que sí. Ellas se sentían felices al decir que salían conmigo, causar celos, no lo sé, pero yo desconocía sobre lo que había que hacer. A veces veía a las parejas en la calle tomadas de la mano, o besarse, pero para mí era imposible hacerlo con alguien por quien no sentía nada. Supongo que mi falta de afecto las enfurecía o decepcionaba, por lo que nunca duraban mucho.
Entonces, yo empecé a sentirme raro. Era mi culpa, lo sé, por aceptar salir con alguien por quien no conservaba sentimientos genuinos, sin embargo, me sentía un poco, triste. No triste, no sé cómo decirlo, ¿frustrado? ¿vacío? No lo sé. Talvez fallido, como si hubiera un problema conmigo. Momo se había dado cuenta, y me dijo que yo no tenía la obligación de estar con nadie si yo no lo deseo, primero debía preocuparme por mis sentimientos. La última chica con la que acepté salir quería que yo la besara. Me había llevado al gimnasio de la escuela poco antes de que acabara la hora del almuerzo. Me empujó contra una pared y me besó. Fue extraño. Momo nos había seguido puesto que había notado mi incomodidad desde el momento en que ella me agarró para llevarme allí. Fue la primera vez que se metió en problemas. Le había dado una fuerte cachetada y la chica la delató.
Con mi versión de la historia, el asunto no escaló a mayores, pero entonces decidimos hacerle creer al resto que estábamos saliendo. Evitar problemas. Eso fue al final de la secundaria, e Inasa cree lo mismo. Confiamos en él, pero a veces se le salen las cosas por accidente. Nunca lo desmentimos porque es asunto del pasado y no nos importa. Bueno, me preocupé un poco cuando te lo dijo.
Todoroki finalmente lo miró, con una sonrisa avergonzada. Midoriya no aflojó el agarre en su mano.
- Que chica más desagradable. – opinó después de un rato. Shoto soltó una risita.
- Momo le dio su merecido, no te preocupes.
- Desearía haberlo visto. Ella es verdaderamente increíble.
- Mientras no la pongas de mal humor.
Izuku pasó su mano por la espalda del semi albino, atrayéndolo a un abrazo.
- Oh Shoto. Lamento que te hayas sentido obligado a hacer eso.
- Ahora que han pasado los años me doy cuenta que no es para tanto. Es una estupidez.
- Nada de eso es una estupidez. Tus sentimientos no lo son.
Izuku rodeó el rostro de Shoto con sus manos mientras hablaba con firmeza. A Todoroki le parecía un poco cómica la expresión del peliverde, mientras que también lo conmovía.
- Desearía que hubieras ido a la secundaria conmigo
- Me habrías odiado. Era un idiota. – dijo desalentado. Midoriya negó.
- No lo creo. Hubiéramos sido buenos amigos, estoy seguro. Arisco y todo, habría encontrado la manera, al igual que Ochako-chan. Incluso Kacchan se habría puesto celoso. Y-
- ¿Ochako-chan?
Midoriya se detuvo de repente. Todo su cuerpo se congeló, con la mirada en las perlitas curiosas del heterocromático. Estuvo a punto de preguntar por Kacchan, pero la reacción del peliverde lo frenó. La sonrisa que portaba en su rostro se desvaneció por completo.
- ¿Izuku?
- ¿Sí?
- Lo siento. Apenas la nombraste no pude evitar preguntar. – se pasó la mano por detrás del cuello. - ¿Es tu amiga?
Mi mejor amiga. A la que abandoné cuando mi mundo se derrumbó. De quien no volví a saber debido a que tuve que desaparecer. Y ella, siendo el ángel que es, ha de seguir esperando por mí.
- Lo era. – dijo con pesar. No solo su amiga, su familia, ella quien lo recibió con amor cuando perdió a su querida mamá. Ella, quien, en su último segundo a su lado, lo consoló. Y con quien no volvió a comunicarse por miedo a que la mataran también. Su amada Ochako.
Se levantó de inmediato, forzando una sonrisa.
- Vaya, hemos caminado bastante. Creo que es mejor que regresemos, debo ir preparando el almuerzo.
Empezó a caminar devuelta. Shoto corrió tras de él.
- ¡Espera! Izuku…
Una sola mirada de sus ojos verdes fue suficiente.
Shoto fue incapaz de sacarse a Kacchan de la cabeza. Claro que lo había oído, sin embargo, tras la mención de su amiga, le fue imposible siquiera rozar el tema de nuevo. Kacchan. Sabía que era un apodo, uno bastante cariñoso. Su mente instantáneamente divagaba a la foto que había encontrado en la mesa de noche de Izuku, el rubio de sonrisa ladina rodeando a un Izuku adolescente. ¿Acaso él era Kacchan? ¿Y que era para el pecoso?
Te pareces un poco a alguien que conocí.
Agotado, salió de la ducha. Tras vestirse, lo encontró al peliverde en el balcón, dándole la espalda. Se acercó en silencio, sigiloso, el otro parecía no haberse dado cuenta de su presencia. Cuando Izuku se ponía de esa manera, con los ojos desgastados, solía ser casi imposible sacarlo de su trance a menos que lo llamara con fuerza.
Pero en lugar de eso, bajó a la sala. Él también tenía mucho que pensar.
Procura desaparecer por completo para que jamás te encuentren.
Y lo había hecho. ¿Había sido egoísta de su parte no haber vuelto hablar con Ochako? No podía permitir que la asesinaran a ella también. Nada de lo que hiciera ahora traería a Tsuyu devuelta, pero, recordando cada día las palabras de Ochako, no era su culpa. Sin embargo, seguía lamentando su pérdida. En especial, con Ochako sola en Japón.
Tú también estabas solo, y si sigues apartando a Shoto, lo estarás.
No podía evitarlo. La culpa, la pena y el dolor lo consumían. Todo lo que dejó atrás era demasiado. No poder dormir debido al miedo, recordar el lodo en los pies y la sangre derramándose como sudor por el cuerpo adolorido. Era demasiado. No era su obligación desahogarse con nadie. ¿Para qué? ¿Hacerse ver más miserable?
Y no era culpa de Shoto. Era lo normal querer conocer, curiosear. Izuku simplemente no podía otorgarle aquello. Por más que lo necesitara. Y Shoto había sido de lo más paciente, y aun lo era, y eso no hacía sino atormentarlo aún más. Porque lo quería mucho al semi albino, y sabía que no era justo, por lo que había decidido mostrarle cuanto lo apreciaba.
Y, aun así, aunque no pensara ni en Kacchan, Ochako ni Japón por semanas enteras, bastaba una mala noche, o un mal día, para dejarlo en un estado de reflexión exánime.
A veces se preguntaba qué pensaría Ochako si lo viera ahora. Seguramente estaría igual de feliz por él, aunque un poco extrañada de no ver al rubio a su lado. Era comprensible. Incluso él creyó que toda su vida permanecería con Katsuki, actividades ilícitas y todo. Tantos años junto a él no se podían borrar.
Pero Bakugo estaba muerto. Debido a las circunstancias en las que estaba Izuku cuando se enteró, no tuvo de otra más que asimilarlo, no obstante, debía dejarlo ir por completo. No era justo para él ni para Shoto. No podía confiarse, claro, así como la muerte le quitó a su madre y a Katsuki en un instante, también podía quitarle a Shoto. Pero ahora estaba con él. Y debía, quería, dedicarse a él. No era arrancar la página, sino iniciar una nueva, por más tachones que tomara.
Recordó, al cerrar los ojos, la foto escondida en su libro sobre la mesa de noche en su departamento. Iba a ser imposible olvidarse de los buenos momentos, las risas y bromas. No pretendía hacerlo, permanecerían por siempre en su memoria, por más que lo hiciera padecer. Sin embargo, el joven peliverde de la foto, con su sonrisa inocente y los ojos frágiles, había muerto en Japón.
Debía dejar de aferrarse a su vida anterior para centrarse en la nueva que tenía por delante.
Bajó las escaleras despacio, sin prisa. Salió, encontrándose con el semi albino.
- Shoto. – llamó, teniendo la atención del heterocromático en él. Nuevamente encontró en sus perlitas esa pena seca y callada, un llanto interno, que le partía el alma y lo llenaba de culpa.
Todoroki no dijo nada. Alzó su mano para sobar con su pulgar la mejilla de Izuku, como si lo estudiara y pensara si realmente merecía estar con él.
- Te quiero. – volvió a hablar el peliverde. Sintió a Shoto detenerse, su mirada aclararse. Izuku colocó su mano sobre la de él, apoyando el rostro en su tacto. - Te quiero mucho más de lo que crees. Lamento si te he hecho dudar. No quiero que pienses que porque yo soy un completo caos no aprecio todo lo que has hecho por mí.
Tomó ambos manos, sujetándolas con firmeza junto a su pecho. Inhaló y exhaló.
- Habrá veces donde yo no esté a mi cien por ciento. Me aíslo en mi silencio, pienso demasiado. Talvez eso te haga creer que te estoy alejando, pero eso es lo último que quiero, porque cuando estás conmigo, así como ahora, mi corazón salta de emoción, lleno de dicha, porque te quiero demasiado y no puedo sino sentirme afortunado de tenerte a mi lado.
El brillo en los ojos de Shoto ampliaron su sonrisa. Shoto rodeó su rostro con sus manos mientras Midoriya rodeaba su cuello, y se besaron con fervor. Con el sol empezando a esconderse, el reventar de las olas a pocos metros, se mantuvieron allí hasta que decidieron volver a entrar.
- No sabía que podías ponerte romántico. Me gusta.
- Ya sabes, soy todo un soñador. – sonrió ante la risa melodiosa de Shoto.
- Tú-
Paró de golpe al escuchar su celular sonar desde la habitación. Frunció el ceño, y corrió escaleras arriba como si la vida dependiera de ello. Izuku sintió un escalofrío recorrerle toda la espalda. Algo andaba mal.
Porque Shoto se había asegurado de silenciar todos los números relacionados a su trabajo, lo que significa que quien llamaba…
- ¿Qué ocurre? – preguntó tras alcanzarlo en el dormitorio, jugando nervioso con sus manos.
Shoto asintió rápidamente antes de colgar. Respondió a un mensaje de texto y levantó la mirada, mostrando la inquietud escrita en sus ojos.
- Era Fuyumi. Hubo una pelea.
