Hola a todos y a todas mis queridas mariquitas y gatitos negros!
Ha pasado mucho tiempo desde que me puse a publicar y a subir historias. Las cosas en la vida real y fuera de la red pueden presentarse complicadas y surgen imprevistos. En estos momentos, relajada, descansada, y después de haber acabado varios proyectos pendientes, quiero volver a retomar mi amor por la lectura y devolveros todas las historias que tenía pendientes en el tintero.
Mientras voy actualizando historias pasadas, espero que os guste esta linda historia que hasta a mí me ha tocado el corazón a medida que la iba escribiendo. Con eso y un bizcocho, espero que os guste!
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Prólogo
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Aún no podía creer lo que estaba ocurriendo.
Todo había sucedido tan rápido que ni siquiera tuve tiempo de asimilarlo.
O más bien era que ni siquiera era consciente de lo que acontecía alrededor.
Solo podía pensar en que la chica de mis sueños me estaba besando, apresando con sus manos mi rostro y chocando su pecho contra el mío. El frío de la pared rocosa contra mi espalda pasaba a segundo plano junto con el sonido de las aguas chocando embravecido contra los acantilados que nos ocultaban. Podía sentir mi cuerpo temblar de los pies a la cabeza fruto de la emoción, y una vez pasado el primer segundo de shock, mis ojos se cerraron y mis manos se posaron en su cintura por sí solas.
Su tacto era suave y cálido, y pese a la premura con la que acaeció todo, era capaz de reconocer cierto sentimiento por parte de ella que me llenaba por dentro al acariciar con sus dedos mi mejilla.
En algún momento creí escuchar el latido de su corazón contra mí, pero quizás fue producto de mi subconsciente ilusionado o de escuchar mis propios latidos retumbando en mis oídos, ¿no?
Aquello resultaba demasiado mágico e irreal como para que fuera cierto.
Ni en mis mejores sueños jamás hubiera imaginado que acabaríamos de esta manera cuando la conocí.
-My lady… -Logré exhalar suspirando al separarnos.
Apoyé mi frente contra la suya mientras ella colocaba una de sus manos contra mi pecho, y para ser más preciso, contra mi corazón desbocado. Estaba que me llevaba el diablo porque odiaba no ser capaz de racionalizar todas las emociones que me abrumaban en aquel momento, pero ante todo, deseaba que jamás se alejara de mí. Se me metió en la cabeza la absurda idea de que si bien ahora me costaba respirar con normalidad, si ella se alejaba de mí dejaría de hacerlo por completo y me moriría.
Sus ojos…
Al alzar su mentón para contemplar sus profundas cuencas azules como el mar las sentí como un bálsamo para mis descarriadas emociones. Eran tan cristalinas y puras como un mar en calma a la lejanía.
Mi dulce sirena… ¿qué me has hecho?
Sin necesidad de cantos o embrujos como cuentan las leyendas, esa pequeña criatura me había atrapado como su presa sin yo oponer resistencia alguna. Con su mirada, con su sonrisa y con su actitud dulce y risueña… me había enamorado perdidamente de ella.
