Capitulo 1
LA ESCLAVA DEL HEREDERO
El Chantaje
Londres 1975
– ¿Así que no puede pegarme, Aldo? Aldo miró al mago que estaba sentado al otro lado de la enorme mesa de roble y se pasó la lengua por los labios, nervioso. Tenía la boca seca debido al miedo, y las manos estaban empezando a temblar. Las cerró en puños, apretándolas para que no diera cuenta de su estado.
Tom Riddle no era una persona compasiva, daba órdenes a sus hombres y estos cumplían sin rechistar, mientras ayudado por Malfoy le ayudaba en los negocios con mano firme y dura, como si fuera un aristócrata en la alta sociedad Londinense.
–No– susurró, no atreviéndose a mirar a esos ojos fríos como el hielo.
Riddle suspiró como si aquella declaración supusiera una gran decepción para él, aunque la estaba esperando. Había hecho todo lo posible para fomentar la adicción de Aldo en el juego de cartas mágicas para llevarlo precisamente a este punto.
Y su padre, ¿no puede pedirle ayuda? – Sabía cuál iba a ser la respuesta, pero así y todo se obligó a formularla.
No – Afianzo la negativa con un gesto desesperado de la cabeza–No va a ayudarme esta vez.
Su padre se había cansado de pagar sus deudas. Cuando le había dado el ultimátum seis meses, se lo había dejado bien claro.
Entonces voy a tener que enviarles a unos colegas.
Aldo se estremeció. ¡Tenía que pagar esta deuda y tampoco podía ir a Azkaban! Solo pensar en las condiciones inhumanas, en el ambiente putrefacto, en la oscuridad y Dementores revoloteando por ahí, mientras los presos gritan con desesperación.
Hay de haber otra solución, mi señor– dijo con un hilo de voz–. Puede que… ¿no habrá nada que yo tenga, que usted pueda querer?
Riddle sonrió, satisfecho. Por fin estaba llegando a dónde él quería. Se miró las uñas, distraído, como si estuviese pensando en una contestación a esa pregunta cuando la conocía muy bien. Desde hacía cuatro años.
Sí… tú, tu hermana– dejó ir al fin. Aldo lo miró parpadeando con extrañeza.
¿Mi… hermana?
Si– afirmo Riddle con contundencia, fijando la mirada en los ojos temblorosos de su interlocutor–. Su hermana a cambio de sus pagarés. Quedará libre de deudas, pero su hermana será mía. Mía en todos los aspectos.
La había conseguido. Riddle se permitió sonreír con satisfacción en cuanto
Aldo abandonó el despacho. Cuatro años, desde el sete de febrero de 1953; ese era el tiempo que hacía que se había jurado que chica le pertenecería.
Las palabras que esa chica le había dirigido aquel día, se habían clavado como un puñal en su pecho.
" No se acerque a mí, Riddle. Sé quién es, y cuáles son sus negocios. Me repugna su sola presencia. ¿Por qué vuelve al arroyo del que ha venido?"
Si la hubiera pronunciado un hombre, lo habría matado. Siendo una mujer, hubiera podido pasarlas por alto si no hubiese habido testigos, y no soportaba que lo avergonzara delante de la gente y más de sus lacayos. Recordó que él solo quería un baile, nada más. El evidente desprecio de esa niñata hija de un despreciable comerciante, le enervó la sangre y un odio feroz se enrosco en su corazón como si fuera una serpiente.
En aquella época, recién cumplido los treinta y tantos, se había hecho la estúpida ilusión de encontrar la diadema de Rowena Revenclaw y poder seguir con sus planes de los Horrocrux. Riddle no era de pensar con el tema del matrimonio y tener una familia, como tantos ex compañeros del colegio lo hacían. Él miraba otros objetivos. Pero, pensándolo bien un hombre también tenía sus necesidades. Tuvo que tirar de algunos hilos para ser invitado a la casa de algunos clientes habituales, magos respetables que de noche acudían a su negocio. También había pensado en retira algunos de los negocios y seguir reclutando a mas magos en otros países. Pero otra vez le vino la frase de esa mujer, y supo que ninguna mujer como ella, aceptaría de buena gana lo que tenía pensado de hacer en el futuro, No sin recurrir al chantaje y la extorsión. Se juró que encontraría la manera de hacerla sentir en sus propias carnes qué era humillación. Se vengaría sin lugar a dudas.
La había llevado cuatro años tenerla en sus manos, porque estaba seguro que ya la tenía. Cuatro años planeando las espaldas del hermano y bastante atolondrado de Nagini Cuatros años camelándolo poco a poco, introduciéndole en la mente el poder, sus ideas…Cuatro largos años haciéndose pasar por su amigo, riéndole las gracias, perdonándole alguno que otro fallo. Fue benevolente, invitándolo a subir a las habitaciones de las chicas a divertirse, llenando el vaso con el mejor whisky de fuego… hasta que lo tuvo en sus manos.
Entonces Riddle empezó a reclamar las deudas.
"Somos amigos, pero hiciste un trato, Aldo. ¿Ya sabes que las cosas del trabajo, no se pueden mezclar con cosas de amistad, verdad…?.
"Mi… padre, mi señor…podrá pagar todo, no se preocupe"
"Si, y pago. Una vez… y otra. ¿Pero, a la tercera es demasiado no crees? Aldo, al final tu padre pago el castigo por ti. Y sabes perfectamente como yo, que la amistad está sobrevalorada; tu padre, pagó cuando lo devolvimos a su casa con unos crucio y una pierna rota. Pero Aldo ya tenía con la soga al cuello.
Riddle savia que Nagini adoraba a su hermano, pero, al contrario que él, no se le conocían vicios ni debilidades. Era una chica decente y orgullosa, que ayudaba a los menos favorecidos, a los nacidos de Muggle, cosa que Tom despreciaba. Sería todo un reto corromper su alma, convertirla en su juguete, aplastar su orgullo altanería hasta transformarla en su sumisa esclava, siempre dispuesta a satisfacer sus deseos.
Ya se ña imaginaba, arrodillada a sus pies, con la vista baja y completamente desnuda, ruborizándose en guijarros. Oírla sollozar cada vez que la poseyera, y escuchara su voz suplicándole piedad.
No la tendría.
Me encerraran, Nag
¡No digas tonterías, Aldo!– exclamo Nagini mirando ceñuda a su hermano– habla con padre.
Aldo negó con la cabeza, apesadumbrado. Se arrepentía de la situación en la que había puesto a su hermana, pero sabía que no tenía otra opción.
Padre no me ayudara, ya lo he intentado. ¡Eres mi única esperanza! ¿Qué más te da a ti? – añadió, amargado como un niño al que le niegan un caramelo. – Tienes veintinueve años y ninguna prospectiva de casarte. Además, tú y yo sabemos que con esa maldición no podrás llegar a mucho, es una oportunidad la que se te presenta.
¿Tú, te estas escuchando, me lanzas como un cerdo al matadero, quieres que me vaya con ese miserable y perverso mago para salvar tu patética vida? ¿Es que no piensas, hermano? – Se levantó y empezó a caminar por la silla. Prefería quedarse como está el resto de su vida, que unirse a aquel asesino. No, nunca jamás cedería. – Yo misma hablaré con padre.
Eso no cambiará nada Nagini, padre no me ayudará y a ti no querrá venderte por que sabiendo la maldición que tienes eres un peligro. Yo o terminare en Azkaban o muerto, y padre no moverá ni un músculo para ayudarme. – Se dejó caer en el sillón, abatido– Estoy perdido, hermana.
Nagini se quedó quieta delante de la chimenea y alzó la vista hasta el retrato de su madre. Cuando esta había muerto, ella se había jurado que cuidaría de Aldo y que lo mantendría a salvo. Pero esto… esto estaba mucho más allá de sus responsabilidades.
¿Cuánto le debes? Tengo las joyas de mama; quizá si las vendiera podría…
Hermana que no te das cuenta, no es el dinero… lo que él quiere. Fracase como su amigo aliado…
¡Que narices me estás diciendo, Aldo! – grito Nagini– ¿Cómo has podido unirte a él? – le recrimino.
Él me perdonaba por mis fallos, no siempre fallaba, me prometió que podría ganar poder si me unía a él. Pero le falle y…
Por Merlín, Aldo, como has podido hacer algo así… unirte a ese miserable, que busca poder y destruir este mundo, destruir a magos que no son puros, matar muggles…por el hecho de que los consideran inferiores a nosotros. Te das cuenta en donde te metiste. ¿No te acuerdas de Grindelwald?
Pero no te das cuenta, hermana… él llegara lejos más lejos que el gran Grindelwald. Con el podrás estar tranquila vivir en un mundo donde nadie te mira por lo que eres, si no por quien eres. un mundo donde los magos podremos ser libres y no escondernos de los muggles.
¿Sabes quién eres, Aldo? Mientras lo sepas, no tienes absolutamente nada que de mostrarle a los demás. Pero si no es así siempre caerás en lo mismo, hermano. Siempre buscaras a alguien que te diga lo que tienes hacer en esta vida o en que creer. Y serás otro borrego más.
No estoy de acurdo en eso, hermana…
Pues no me dejas otra opción– le dijo mirándolo fríamente– Iré yo misma hablar con Riddle. Y buscare la manera para sacarte de ahí.
