¡Hola, hola! Esperando estén de maravilla y con ánimos de leer. Aquí traigo una pequeña aportación para la pareja de Luffy y Nami que en lo personal ¡me gustan muchísimo! :3
Bueno sólo para aclarar rápidamente:
-Es AU siglo XIX, ambientada en época victoriana. Por su puesto con algunos cambios míos, pero necesarios para la trama.
-Luffy será un poco Ooc, pero podrían imaginárselo como si siempre estuviera en su modo serio-furioso como cuando pelea.
En fin, no demoro más. Abajo seguiré comentando. ¡Disfruten la lectura!
Disclaimer: los personajes no me pertenecen.
Caballero Pirata
Capítulo 1
Mar mediterráneo. 1818.
-Miladi, ¿está segura de esto?
La aludida se volvió hacia la chica morena quien le hablaba y la miraba preocupada tras unas gafas rojas.
¿Que si estaba segura de hacer esto?
Su vida dependía de lo que estaba a punto de hacer. Pero, se recordó, se habia decidido desde antes a realizar sus planes. Aunque eso significara tener que poner su propia vida en peligro.
-Tashigi no hables, nos escucharan. – le habló por lo bajo mientras hacia un ademan de silencio con su dedo índice. Se asomó lentamente por la puerta de su camarote visualizando que el pasillo estuviera vacío. Al ver como el último hombre que hacía de guardia desapareció tras una puerta, salió rápidamente de lo que habia sido su habitación esos últimos tres días a bordo de ese barco, y corrió sigilosamente por los pasillos seguida desde atrás por su compañera.
Se detuvieron tras unas enormes cajas al escuchar como otra persona se acercaba y, al ver como se alejaba de su vista, volvieron a su objetivo: salir de ese barco.
-Miladi, reconsidérelo por favor. Podía ser muy peligroso, si el capitán Jimbei nos encuentra…
-Tashigi – le interrumpió ésta antes de que pudieran continuar con su escape. – Te he dicho que no me llames así. – frunció levemente el ceño. – Nami, dime Nami. Aunque trabajes para mi familia, eres mi amiga no mi sirviente.
-Pero señorita…
Nami calló a su compañera una vez más con un ademan de su mano mientras veía como el pasillo de camarotes se encontraba despejado y listo para que ellas pudieran salir corriendo hasta donde se encontraban los pequeños botes de emergencia y poder huir en uno. Tenía todo lo que necesitaba en la bolsa de tela que colgaba de su hombro para poder llegar a su destino. Brújulas de diferentes tamaños, mapas trazados pulcramente por ella del lugar a donde iban e islas alrededor. Y por supuesto, comida y agua para dos días que es lo que tardarían hasta llegar a Tártaros. La isla en donde estaba segura que él se encontraría.
Iba muy bien preparada, y todo iba saliendo de acuerdo a su plan.
Desde hace tres días, que se encontraba a bordo de ese barco de pasajeros con rumbo a Italia, Nami habia estado repasando el plan en su cabeza una y otra vez. Desde que habia salido de Inglaterra despidiéndose de su tía Stella y su odioso esposo. Desde que este último habia platicado con uno de sus socios y Nami los habia escuchado a escondidas; desde entonces habia estado planeando todo esto. Y ahora tenía que huir antes de que el barco llegara a su destino.
Con la investigación que habia hecho esos últimos días paseándose por la cabina del capitán a escondidas, Nami sabía que estaban navegando por el mar mediterráneo, y la isla de Tártaros colindaba con Francia. Tenían que salir de ahí esa noche si querían llegar a tiempo a la isla, pues pasando ese día estarían aún más cerca de llegar a Italia y más lejos de su objetivo.
Siguieron caminando sigilosamente por el pasillo de camarotes mientras Nami seguía concentra en sus pensamientos.
Ahora nada podía fallar en sus planes, no por nada habia pasado gran parte de su infancia a bordo de los buques que su padre solía navegar gracias a la gran compañía exportadora de la que era dueña. Gracias a él, Nami habia aprendido todo lo que ahora sabía de navegación y de barcos. Y aunque su padre habia tenido un título nobiliario y su primogénito habia sido una niña, eso no le impidió el pasarle todo su conocimiento y pasión que tenía por el mar y la navegación a su única hija. Y Nami siempre le agradecería por eso. En una sociedad donde la mujer solamente se limitaba a aprender lo básico de viejas institutrices convirtiéndose en una refinada dama para así poder casarse con un buen partido y engendrar hijos que heredarían títulos, el saber un conocimiento tan importante como la navegación la hacía sentirse más segura de sí misma y preparada para lo que pudiera depararle el futuro.
Sin embargo el destino tenía previsto algo más para Namira. Y sin darse cuenta, e incluso antes de que ella naciera, el futuro le habia llegado con nombre y apellido: Monkey D Garp, marqués de Milford. O al menos ese destino habia llegado generoso para su padre, pues para ella habia sido como un mar embravecido.
Su padre, Shane Klaus Somerset vizconde de Brighton, mejor conocido como Shanks, conoció a uno de los más importantes marqueses de la sociedad de Londres al darse cuenta un día que sus tierras colindaban con las de lord Garp. Y después de eso, la amistad entre ellos se hizo presente rápidamente. El viejo marqués era un hombre estricto, pero ante todo, era leal y confiable. Y al ver la pasión con la que el joven Shanks manejaba su negocio de exportaciones, le interesó de inmediato su empresa. Las excelentes mercancías que llegaban desde medio oriente y desde otros peculiares países habían estado volviendo loca a la sociedad de Londres en ese tiempo y lord Garp no dudó en asociarse con su amigo vizconde.
Al pasar los años el negocio prosperó y la compañía naviera creció. Shanks estaba llegando a una edad madura y, convencido por lord Garp de que debería de tener otra pasión además del mar y su negocio, se decidió a contraer matrimonio. Fue entonces cuando en las temporadas que pasaba en Londres asistiendo a las fiestas de sociedad, conoció a Bellemere Nefertari, una hermosa francesa de quien se enamoró y al poco tiempo contrajeron nupcias. Al pasar los años la felicidad de la pareja creció al nacer su primer hijo, o en este caso una hermosa niña pelirroja. Y fue entonces como Namira Somerset Nefertari comenzó a crecer en una casa llena de amor, mar, barcos… y lord Garp.
Con siete años, Nami ya sabía cómo dibujar mapas de las islas que visitaba con su padre mientras éste se encargaba de enseñarle todo lo que sabía sobre su profesión. Su felicidad era tan palpable que Nami quería que durara para siempre. Pero entonces el destino la tomó por sorpresa el día en el que los nietos de lord Garp llegaron a vivir con él.
Monkey D Ace y Monkey D Luffy habían sido los niños con los cuales Nami habia pasado muchos momentos y aventuras durante su infancia. Habían pasado tanto tiempo juntos en variadas situaciones alegres o tristes, que Nami los consideraba ya parte de su familia. O al menos eso habían sido durante años, hasta que el menor de ellos desapareció.
El nieto menor de lord Garp quien en ese tiempo habia cambiado el tranquilo y apacible mar de la vida por el que navegaba la pequeña Nami en uno tempestuoso, se habia marchado de Inglaterra hace cinco años. Y ahora, después de ese tiempo sin saber de él, Nami se encontraba yendo tras él. Tras ese bribón malcriado. A pesar de no saber el porqué de su partida, Nami aun podía recordarlo como un joven inmaduro de veinte años quien aún intentaba gastarle bromas a la Nami de dieciséis años de entonces.
Pero ahora todo era diferente.
Una persona muy importante para ellos habia muerto hace casi un año, y lo que habia sucedido durante ese tiempo aún seguía muy presente en su cabeza provocando que un sentimiento de tristeza la invadiera por momentos. Era por eso que iba en su búsqueda pues Nami necesitaba de su ayuda ya que no tenía a quien más acudir. La alegría de antaño se habia desvanecido y ese idiota tenía que saberlo. Tenía que enterarse de lo que en verdad habia pasado.
Esa verdad que habia descubierto apenas hace unas semanas.
Nami habia estado en Londres con su tía Stella y su odioso esposo Tesoro para la temporada. Y antes de partir a Italia, Nami habia escuchado a escondidas una charla proveniente de Tesoro junto a su abominable socio un tal lord Arlong. Y tras haber escuchado esa charla, fue cuando la pelinaranja comenzó a idear su plan.
Ahora más que nunca tenía que encontrarlo a él y decirle la verdad acerca de lo que habia sucedido un año atrás. De lo que estaba sucediendo ahora. Y de todo lo que habia descubierto en esa conversación.
-Por aquí Tashigi.
Habían llegado al exterior del barco, caminando tan silenciosamente como podían, y la pelirroja susurraba a su compañera mientras seguían escondidas entre las sombras que hacían los mástiles de la cubierta. Se movieron rápidamente ocultas por esas sombras hasta la orilla del barco en donde divisaron un bote flotando en el agua arrastrado por una cuerda sujetada a éste.
Después de ver el bote en la orilla, se escondieron nuevamente tras el barandal tomando un poco de aire para lo que harían a continuación. Con tanto movimiento Nami dio gracias por haberse deshecho de su pesado vestido. En cambio, ahora traía puesta ropa de hombre. Un viejo pantalón café, una camisa blanca de lino y una enorme capa que cubría sus curvas le hacían más fácil el moverse. Mientras su largo cabello naranja lo habia escondido tras una desgastada boina.
-Muy bien Tashigi, esto es lo que haremos. – comenzó a susurrar la pelirroja. – Bajaremos por la cubierta hasta ese bote y nos iremos de aquí antes de que descubran que no estamos en el camarote. La siguiente guardia del capitán es hasta dentro de media hora, tiempo suficiente para estar ya lejos de la vista del barco. Y si el viento sigue como hasta ahora, nos favorecerá toda la noche y talvez podríamos llegar a Tártaros mañana al atardecer.
-¿Señorita, está segura de esto? - su compañera la miraba con un semblante sumamente preocupado tras sus gafas rojas y Nami resopló.
Tashigi no era la indicada en estos momentos para preocuparse. Era una excelente guerrera y era la única mujer que conocía que podía manejar la técnica de la espada tan bien, o incluso igualarse, a la técnica de un hombre. Y siempre apreció a Tashigi por lo fuerte que podía llegar a ser.
Hace años su padre la habia rescatado en uno de sus viajes al medio oriente cuando unos piratas querían venderla como esclava. Y al llevarla a su hogar en Inglaterra, Nami se habia encariñado rápidamente con ella. Le habia enseñado su idioma, la invitaba a comer a la mesa y le hablaba sin formalidades puesto que Tashigi habia sido la primera amiga que Nami habia hecho, además de los molestos nietos de lord Garp. Sin embargo, al comienzo Tashigi la rechazaba regularmente. Contradecía la amistad de la pelirroja afirmando que ella se encontraba ahí para servirle y protegerla y no para jugar puesto que el estar trabajando para su familia era la única manera de poder pagar todo lo que habían hecho por ella al salvarle la vida. La guerrera espadachín tenía un buen sentido de la justicia y Nami sabía que la morena siempre seguiría lo que era moralmente correcto, como en esta ocasión en donde intentaban escapar mientras ella seguía insistiéndole en que lo recapacitara.
-Muy bien, primero iré yo Tashigi. Vigila entonces mientras yo bajo.
La de gafas asintió resignada viendo a su ama dispuesta a bajar, pero entonces algo la detuvo de pronto. O mejor dicho alguien.
-Miladi ¿puede explicarme, por favor, a dónde va? – una profunda voz se hizo presente y una robusta silueta apareció en la cubierta desde las sombras.
- Ca-capitán. – Tashigi se volvió hacia él precipitada, y la pelirroja se limitó a fruncir el ceño con una mirada adusta.
Habia llegado hasta aquí y ahora no se detendría.
-Corríjame si estoy equivocado, pero ¿acaso la oí mencionar la isla de Tártaros?
Nami le sostuvo su inquisidora mirada con un ceño fruncido, y entonces el capitán suspiró pesadamente al ver la terquedad de la muchacha frente a él.
-¡Por Dios chiquilla! – soltó de pronto exasperado. - Nunca he dudado de sus habilidades, incluso estoy seguro de que podría manejar este barco usted sola. Y sobre todo, estoy impresionado por lo sigilosa que es. ¿Cómo es que no me di cuenta antes de que ha estado leyendo mis diarios y bitácoras? Es como un gato andando tan sigilosamente. Puede que algún día llegue a ser una excelente ladrona. –sonrió relajando su semblante mientras Nami lo veía expectante. – Pero ir a Tártaros, niña – le espetó no creyéndose lo que decía. – ¿Qué se ha vuelto loca?
-Tengo que ir Jimbei. - habló Nami con impaciencia. – Necesito ver a alguien ahí.
-Definitivamente no, miladi. Mis órdenes fueron llevarla con sus tíos a Italia. Si lord Franky y lady Robin se enteran de que la he perdido en mitad del camino, estoy seguro de que me colgaran del mástil más alto de mi barco. Aún nos queda una semana de viaje, use ese tiempo para reflexionar la tontería que ha estado a punto de hacer. – el capitán continuó bufando para sus adentros mientras hablaba irritado: – ¿Tártaros? ¿Qué niña de su clase se le ocurre ir a Tártaros?
La pelirroja cerró sus puños a sus costados frustrada por las palabras del mayor. Y con una mirada de seriedad en su rostro, se volvió hacia él una vez más a encararlo.
-Jimbei tu deberías de entender más que nadie. Eres amigo de la familia, trabajaste con mi padre incluso antes de que yo naciera. Y después de su muerte, aun quisiste seguir en el negocio naviero ayudando a mis tíos. Por favor – casi suplicó. – Tú más que nadie debería de entender lo que sucedió hace un año. Necesito ir a Tártaros. Él tiene que saber lo que pasó.
-Entonces vas en busca de ese muchacho. – afirmó el mayor al escuchar sus palabras, y ahora parecía un poco molesto. – ¿Y que planea hacer al llegar allá miladi? Ese chico se fue de Inglaterra hace cinco años por su propia voluntad y si usted se está dirigiendo a esa isla me imagino que sabe en lo que ese niño se ha convertido.
Nami lo miró seriamente. ¿Que si sabía en lo que se habia convertido? ¡Por supuesto que lo sabía! Si ese idiota desde que eran apenas unos niños siempre decía que navegaría por todo el mundo, pero nunca creyó que un día se iría así sin más. Que desaparecería sin despedirse, sin saber nada más de él. Hasta que, después de un tiempo, los periódicos comenzaron a traer noticias de otros países y el sobrenombre de él aparecía en casi todos los encabezados. A lo mejor muchas de las refinadas personas de la sociedad no lo reconocieron como el segundo nieto de lord Garp, pero ella sí. Tanto ella como su familia sabían en lo que se habia convertido.
- ¡Es un pirata! – continuó exaltado el mayor. - E incluso lord Garp no supo nada más de él después de su partida. Si a ese chico no le importó el marcharse hace años ¿qué te hace pensar que ahora estará dispuesto a recibirte?
-Porque estoy segura de ello. – habló firme. Y el capitán resopló desesperado.
-¡¿Pero que intenta hacer miladi?! Es un pirata, él no…
-¡Sí! – lo cortó tajante la pelirroja. – Lo sé, pero también fue un caballero. Y cinco años de piratería dudo mucho que logren borrar toda una vida de enseñanzas nobles.
-Cinco años es mucho tiempo miladi, - el semblante de Jimbei se ensombreció. - y las personas cambian. No espere ver al mismo niño con el que jugaba antaño.
-Lo sé Jimbei, estoy consciente de eso. – Nami suspiró cansada de esa pelea absurda. Sabía lo que iba a hacer y nadie podía cambiarla de parecer ahora. Entonces con la cabeza un poco más fría se dirigió firme al mayor. - Hagamos algo, Jimbei. Dame dos semanas, será el tiempo suficiente para hacer lo que tengo que hacer. En una semana llegarán a Italia y cuando mi tío Franky vea que no he llegado en el barco con usted, necesitara otra semana para mover toda una flota de naves en mi búsqueda por el mediterráneo. Para entonces ya habré cumplido mis planes y él estará de regreso a casa conmigo.
Jimbei le dirigió una consternada mirada.
-¿Sabe lo que eso significa miladi? Usted estaría…
Pero el mayor no terminó su oración pues veía la sonrisa engreída que habia crecido en los labios de la pelinaranja.
-¿Arruinada? – se jactó. – Correré el riesgo Jimbei. Ahora lo que menos me preocupa es mi reputación. También hago esto por lord Garp y le llevaré a su nieto de regreso. Ahora más que nunca lo necesita. – los ojos oscuros de la chica lo miraban decididos. - Y si él sigue siendo un caballero, que estoy segura que así es, no dejara que regrese sola a casa. O en el peor de los escenarios, mi tío me encontrará antes de que pueda cumplir mi objetivo y me obligará a hacer lo que dicta el decoro en estos casos.
Jimbei suspiró rendido, relajando su consternado semblante.
-Eres muy ambiciosa mi niña, y terca como ninguna. Sé que nadie podría detenerte cuando se te mete algo en la cabeza, - sonrió sereno. - Pero recuerda, no siempre se obtiene lo que se quiere. – se acercó a ella lentamente. – Te he visto crecer, tanto a ti como a ese mocoso. – le acarició su cabeza naranja en un gesto paternal y Nami sonrió tranquila. – Trae de regreso a ese idiota, estoy seguro de que lord Garp le dará una buena paliza por todos estos años en los que no ha sabido nada de él. – su mirada se dirigió ahora hacia Tashigi. – Señorita Mori la dejo a cargo de la protección de esta niña desobediente. - le sonrió cómplice. - Tratándose de usted sé que estará en buenas manos.
La morena se sonrojó reaccionando rápidamente a sus palabras con un ademan militar poniendo su mano sobre su frente.
-S-Sí capitán, puede confiar en mí.
Después de esa despedida, las dos mujeres descendieron por la cuerda hasta el bote que se arrastraba con la marea.
-¡Dos semanas! – Gritó el mayor antes de que el pequeño bote se desprendiera del navío. –Tiene dos semanas, miladi, hasta que vayamos a su encuentro.
La pelirroja rio y despidiéndose con su mano gritó:
-¡Eso no será necesario Jimbei!
Y tras eso el bote se perdió entre la oscuridad de la noche y el movimiento tranquilo del mar.
o-o-o-o-o
Llevaba más de ocho meses en esa infernal isla. O tal vez ya habia cumplido el año, ni siquiera podía recordarlo puesto que los primeros meses habia estado inconsciente luchando por su vida. La última batalla lo habia dejado al borde de la muerte, y la enorme cicatriz en su pecho era prueba de la guerra que habia ganado contra Barba Negra. Sonrió de lado mientras se llevaba el barril lleno de cerveza a sus labios. Aunque habia tomado demasiado tiempo el recuperarse, como también el que su tripulación sanara sus heridas y sus barcos se reconstruyeran, habia valido toda la jodida pena. Ahora el mar mediterráneo le pertenecía al igual que las islas olvidadas por la mano de dios alrededor de éste. Sus territorios habían aumentado, al igual que su fama y poder, aunque eso solo le traería más enemigos. Pero, se dijo, eso era lo divertido de ser pirata.
Tomó otro gran trago de su barril y se incorporó estirándose un poco. Ya estaba harto de esa isla, ahora que habia sanado por completo necesitaba volver al mar. No podía negar que Tártaros era una excelente zona de descanso en donde poder gastar tu enorme botín, saciar tus necesidades carnales y llenar tú estomago de excelentes y extravagantes comidas y bebidas. Pero el mar lo llamaba de vuelta. Necesitaba pelear, gastar sus energías, y enfrentarse a otros bastardos que quisieran desafiarlo por su título de rey pirata como lo habia hecho Barba Negra. Tendría que hablarle ahora a su primer oficial para que se encargara de los preparativos de su barco. Y sonriendo de lado en una mueca, pensó que tan sólo sería cuestión de momentos para volver a surcar el enorme azul del océano.
Sin embargo, el capitán pirata nunca se imaginó que las noticias que llegarían desde el mar cambiarían sus planes. Y tal vez el modo de vida que habia vivido durante esos últimos cinco años.
o-o-o-o-o
-¡Zoro!
Al escuchar su nombre, el primer oficial de cabello verde desvió su vista de las construcciones que estaba supervisando, topándose de lleno con su amigo de nariz larga.
-Ussop ¿qué demonios quieres? –gruñó al verse interrumpido de su labor. El barco principal casi se habia restaurado por completo y ahora que su capitán se encontraba en perfectas condiciones sabía que éste no tardaría en darle la orden de zarpar de nuevo.
El moreno de nariz larga llegó corriendo hacia él, y respirando agitadamente le extendió un pergamino enrollado y desgastado.
-Zoro… tienes que… leer esto…
El aludido tomó el papel y comenzó a leerlo.
Entonces su ceño se frunció.
-Acabo de recibirlo. Tenía que dártelo. – siguió el moreno. – No me atrevo a dárselo al capitán. Somos pocos los que sabemos su origen y verdadero nombre.
El peliverde chasqueó la lengua.
-Maldición, ¿por qué me muestras esto hasta ahora? – espetó mientras se ponía en marcha hacia la taberna en donde sabia se encontraría su problemático capitán. Ussop lo seguía detrás. – La fecha es casi de hace un año.
-Estamos en Tártaros Zoro. – le soltó como si fuera lo más obvio. - Una isla sin leyes, protegida por piratas. Es más que claro que las noticias políticas y sociales nunca llegaran a tiempo hasta este peligroso rincón del mar.
El primer oficial de cabello verde fruncía cada vez más su frente mientras se acercaban a la entrada de la taberna pensando que esto no le gustaría para nada a su capitán.
-¿Entonces sí es él? – preguntó dudoso el moreno señalando el pergamino viejo. – De la persona de la que hablan se trata del hermano de…
-¡Oi Luffy! – pero Zoro lo ignoró. Había entrado al bar abriendo las puertas estrepitosamente y la imagen de un azabache con un enorme trozo de carne en la boca mientras golpeaba a un extraño, les dio la bienvenido.
El aludido parecía molesto mientras masticaba su carne y arrojaba al suelo, junto a los demás, al último hombre que se había metido con él. Esa isla era famosa por albergar piratas de diferentes partes del mundo, y las disputas entre ellos era algo de todos los días.
Zoro suspiró, preparado para lo que vendría a continuación. Sabía que su amigo y capitán se encontraba furioso y violento después de tanto tiempo en reposo y sin poder hacer nada. Y ahora con la noticia que acababa de llegar desde Inglaterra temía el cómo pudiera reaccionar.
Al ver como el último hombre caía inconsciente al suelo y las demás personas volvían a sus asuntos sin darle importancia, Zoro se acercó entonces al azabache extendiéndole el papel doblado.
-Tienes que leer esto. – habló con un semblante serio. Y el capitán al ver el rostro de su primer oficial, frunció el ceño. Al parecer algo intuía.
Y entonces el rostro del azabache cambio al terminar de leer la noticia, y en sus ojos negros se pudo reflejar una rabia pura. Después de eso las cosas pasaron muy rápido. El conocido rey pirata se arrojó de lleno a la frustración y furia que lo invadían en ese momento. Mesas de madera, sillas y objetos volaron por los cielos estrellándose en los techos y paredes. Las personas salieron entonces apresuradamente espantadas al escuchar el furioso alarido del pirata. El lugar se habia convertido en un caos provocado por él, y después de un rato se calmó.
Una vez apaciguada su ira, y volviendo en sí, el pelinegro salió del ahora destrozado lugar. Su hombre más valioso y primer oficial, junto al mejor francotirador que tenía en su tripulación, lo habían estado esperando fuera mientras terminaba su rabieta. Y ahora esos dos tan sólo estaban atentos a las siguientes palabras que su capitán diría.
El capitán pirata mejor conocido como Mugiwara, se detuvo frente a ellos dándoles la espalda. Su sombrero ensombrecía su inmutable rostro mientras el viento movía la larga capa carmesí que caía sobre sus hombros y pecho desnudos.
-Preparen el barco para zarpar.
La orden salió seca de sus labios. Directa y sin titubeos.
-¿A dónde iremos? – preguntó el peliverde. Aunque éste sabía la respuesta, no podía dejar de sentirse ansioso por las palabras de su capitán. Y sonrió a sus adentros sabiendo de antemano lo que diría. Después de todo lo conocía, y no por nada habia estado navegando junto a él fielmente durante cinco años.
-A Inglaterra. – respondió bruscamente el pirata más temido del mediterráneo. – A cortarle la cabeza al hijo de perra que se atrevió a matar a mí hermano.
La noticia descrita en ese desgastado periódico sobre el posible asesinato de Monkey D. Ace habia llegado tarde para el pirata Mugiwara. Y la chica pelirroja que ahora atravesaba el mar hasta esa isla para poder avisarle de esa muerte, también.
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¿Qué les pareció? Espero les haya gustado :D
Muy bien, como sabrán por la ambientación de la historia, me encantan las novelas rosas. Soy una gran fan y lectora de esas novelas que leería tu tía la soltera entrada en años jajaja (bueno a mis veinteytantos creo soy esa tía) en fin me encanta escribir sobre esto así que esperen también escenas un poco más subiditas de tono más adelante.
Respecto a la historia, intento poner los honoríficos y demás que se usaban en la época como lady, lord, etc. Pero como vieron, dejé el sobrenombre de Luffy de Mugiwara (en japonés) en vez de ponerlo en ingles porque la verdad el decir 'Mugiwara' tiene más sentimiento en japonés jejej. De igual forma intentare seguir lo más apegado a lo que era en ese tiempo y época. Me he leído varias novelas rosas de heroínas con héroes piratas que me nació la inspiración para esta historia y ya moría por compartírselas.
¡Espero la hayan disfrutado y gracias por leer! :D
¡Nos leemos pronto!
Byebye ;*
