Muy buenas tardes, estimadas y estimados integrantes de Fanfiction.

Les traigo una historia que se me ocurrió hace un tiempo después de... no me acuerdo.

Quiero que tengan en cuenta que es una historia que hablara de temas de gente adulta (o arriba de 17 años) que involucrará sangre, muerte, abuso, problemas mentales, alcohol y otro. No habrán detalles pero el tema saldrá en algún momento e iré avisando obviamente, por si les incomoda o prefieren evitar menciones a esos temas.

Por mi parte, me gusta esta idea. Hay acción y baile, amor y desamor. Y por supuesto, mucha adrenalina.

Espero que les guste :D

(Ninguno de los personajes aquí mencionados fueron creados por mi, yo solo los tomé prestado de Disney y Pixar)


El frío era insufrible. El viento helado calaba hasta los huesos y hacía imposible caminar por las calles de la gigantesca ciudad de Arendelle sin temblar. Anna estornudó por quinta vez en menos de diez minutos, sintiendo su nariz como un cubo de hielo. Si recién estaban en la mitad del otoño, no quería ni pensar cómo sería en pleno invierno.

-Ni modo… no tengo otra opción- murmuró con exasperación tratando de hundirse aún más en su bufanda color verde- aunque pudo haber estado en… no sé… Corona. Si se conoce como la Ciudad Sol, supongo que este frío infernal solo es un mito ahí.

Siguió caminando con la mirada baja. Esperaba no llamar la atención aunque, quizás siendo la única persona usando un gorro de lana, una bufanda tapando la mitad de su rostro y un abrigo negro que parecía ser dos tallas más grande que ella, no era la mejor forma de pasar desapercibida.

-Estúpido frío…- murmuró con fastidio.

Llegó a la esquina de un callejón. Miró el nombre y sonrió de lado. Sacó el papel que le habían dado unos días atrás, sintiendo como su mano se volvía a congelar al no llevar guantes, y confirmando rápidamente la dirección lo volvió a meter a su bolsillo. Es ahí, ese es el callejón P. Sherman. Se asomó y lo observó desde la calle principal. Cualquiera que pasara por ahí seguiría de largo ya que, es un callejón. ¿Cuántas historias y películas hemos visto para saber que NO hay que entrar a un callejón en una ciudad grade, a media noche?

Anna tragó saliva.

No era un callejón profundo y para nada estrecho. Un auto y una moto estaban estacionados al fondo, y una luz brillante iluminaba todo. El nombre The Cruellas se leía sobre una escalera que daba a una puerta doble, parecida a la de un galpón. Había cinco personas haciendo una fila en la escalera apoyados en la pared. Anna agudizó la vista y vio a una sexta persona en la puerta, vestida de negro con un chaquetón largo y rostro serio. Su pelo rizado y largo era impresionante y brillaba con la luz roja del letrero.

Anna se apoyó en la pared de la calle principal, abrazando la correa de su bolso con fuerza, olvidándose del frío un momento. Su corazón saltaba sin parar y, a pesar del frío, comenzó a sudar. Estaba a metros de su destino, y de estar "a salvo"… Tragó saliva nuevamente y se armó de valor, poniendo sus manos en su cintura y haciendo una pose a lo Superman.

-No dejes que el miedo te controle- dijo mirando hacia el cielo. A pesar de las luces de la ciudad, se podía ver una que otra estrella- Controla el miedo, úsalo.

Adrenalina, adrenalina.

Se golpeó las mejillas con sus manos, y tomando aire camino hacia el callejón con decisión… o aparentando tener decisión. Mantuvo la vista fija en la chica de la puerta, evitando hacer contacto visual con las personas que esperaban en la escalera quienes la miraron al verla entrar al callejón. Pasó al lado de ellas sintiendo sus filosos ojos en su nuca, y se paró frente a la chica. Esta, quién masticaba un chicle, la miró.

Si las miradas mataran, Anna habría muerto tres veces.

-Em…- Anna carraspeó y enderezó su espalda lo más que pudo para crecer unos centímetros. La chica era más alta que ella- vengo por, em… De Vil.

La chica que, al parecer era pelirroja, no movió ni un musculo más que su boca al masticar. Su mirada intensa no le dijo nada, y solo hizo que Anna se sintiera mucho más pequeña de lo que era. Volvió a carraspear evitando subir el tono de su voz.

-T-tengo este mensaje- perfecto, tartamudee. Señal de debilidad- De parte de… Olivia Flaversham.

La chica movió sus ojos levemente. Probablemente no era mucho mayor que Anna. Después de varios segundos sin moverse, sacó su celular de su bolsillo e hizo una llamada. Anna esperó con paciencia, aun sintiendo las miradas de las personas de la escalera.

-Ven- dijo la pelirroja sin dejar de mirar a Anna.

Solo dijo eso. Anna comenzó a sentir sus mejillas arder. Su corazón no dejaba de latir con fuerza, casi doliéndole el pecho. Al ver no movimiento ni otro comentario, la chica se atrevió a mirar a las personas que estaban en la escalera. Cuatro hombres de edad avanzada, quizás cincuenta años. Uno tenía un gran bigote y otro un diente de oro. Anna sintió un escalofrío en la espalda al verlo sonreír. Miró a la última persona. Una mujer con el cabello largo y negro, con ojos verdes intensos y un rostro levemente cadavérico, pero extrañamente hermoso. Vestía de negro y llevaba un bastón.

En eso se abre la puerta de golpe. Un chico con el cabello rubio y cuerpo robusto salió por la puerta junto con el sonido de música y murmullos. Usaba una camisa blanca con suspensores negros y pantalón de vestir. Miró a Anna unos segundos con el rostro estoico y luego a su alrededor, contó a las personas que estaban en la escalera y abrió de par en par la puerta, haciéndoles un ademán a los hombres y a la mujer para que ingresaran.

Anna se hizo a un lado, mirando al suelo mientras las personas entraban con tranquilidad mostrando sus pases. La chica comenzó a temblar, y no sabía si era por el frío o los nervios. Sus dedos le dolían de tanto apretar la correa de su mochila.

-Entonces, ¿qué pasó?- preguntó el rubio apoyándose en la puerta, mirando a Anna sin cambiar la expresión de su rostro.

-Quiere ver a De Vil- dijo la pelirroja- dice que viene de parte de Olivia Flaversham.

Ahí fue donde el chico abrió los ojos sorprendido. Miró a su compañera y de vuelta a Anna, y frunció el ceño.

-¿Conoces a Minnie?-

-La… em, digamos que hablé con ella-

Su corazón dio un brusco salto al recordar a la pequeña chica. Miró al suelo y sacó el papel donde tenía la dirección y otro mensaje. Se lo mostró a los dos chicos sin mirarlos. Hubo un silencio y Anna, nuevamente, espero lo más paciente que pudo. El chico tomó el papel para leerlo con más detalle. Miró a la pelirroja, quién se encogió de hombros y se apoyó en el barandal sin dejar de masticar su chicle.

-Sígueme- dijo el rubio y entró al lugar.

Anna levantó la mirada, e intercambiando varias veces entre la puerta y la chica pelirroja, entró corriendo tropezándose al entrar.

Se encontró en un hall oscuro. Había una luz al fondo en donde se veía la silueta del rubio y de donde venía la música y los murmullos, ahora risas. La puerta detrás de ella se cerró y se encontró en la oscuridad. Estaba muchísimo más cálido y la chica sintió como el hielo en su cuerpo comenzaba a derretirse con rapidez. Suspiró aliviada.

-¿Vienes?- preguntó el chico desde la luz.

La pelirroja se sobresaltó y corrió hacia donde estaba, hasta la verdadera entrada del local dejándola con la boca abierta.

A un lado había un estante con una lucecita alumbrando unos papeles, y una chica sentada detrás de él revisándolos. Tenía el pelo largo y de un rojo furioso, y al estar tan concentrada en los papeles apenas hizo un además al chico para que siguiera avanzando. Anna levantó la mano para saludarla, pero como la chica ni se inmutó en su presencia, siguió al rubio.

El lugar era muchísimo más grande de lo que aparentaba. Era un salón en donde había entre treinta o cuarenta mesas para cuatro personas cada una, todas casi llenas. Había un bar a un costado también con sillas para sentarse, y al fondo, un escenario iluminado con luz tenue donde se vía a un costado una batería, un bajo y un teclado. Había un leve olor dulzón en el aire. El lugar en sí no estaba completamente iluminado, solo habían luces tenues en las paredes, en las mesas y en el bar a contraluz del bar tender. En total había muchas sombras a contraluz, dando esa sensación de misterio. Anna se quedó contemplando el lugar con una extraña sensación. Una mezcla entre emoción y miedo. Más miedo que emoción.

-Oye, por aquí-

Él la esperaba a un costado del local con una sonrisa divertida. Anna lo siguió a paso rápido, sintiendo sus mejillas arder por la vergüenza. Quizás que cara puso al ver el lugar. Entraron a un pasillo y el volumen de la música disminuyó radicalmente. En las paredes habían lámparas antiguas y cuadros de perros, muchos perros dálmatas. Anna comenzó a sudar, obligándola a querer sacarse el gorro y la bufanda. El aura del chico era tranquila, pero no lograba tranquilizar a la pelirroja.

Bueno, toda la situación era extraordinaria. ¿Quién estaría tranquila?

-Espera aquí- dijo el chico levantando una mano para que Anna se detuviera y dio tres golpes a la puerta- Permiso, Miss De vil.

El corazón de Anna dio un salto como por quinta vez en ese rato. Iba a hablar con esa mujer, ahora. Después de tantos días con el corazón en la mano corriendo por su vida, al fin tenía una posibilidad de salir de ese infierno… si es que Olivia le había dicho la verdad. La pelirroja sacudió la cabeza, sacándose la idea de que la pequeña chica le había mentido. Era imposible que hubiera mentido la última vez que la vio.

-Adelante-

Anna salió de sus pensamientos y miró al chico, quién aún le sonreía con gracia. La puerta estaba abierta y la invitaba a entrar. La chica tragó saliva, se sacó el gorro y la bufanda, se peinó el cabello como pudo y manteniendo la calma caminó hacia adentro. Un olor a tabaco y menta azotó su nariz.

Era una oficina, pero si hubiera tenido una cama perfectamente hubiera pasado por una cómoda habitación. Las paredes eran blancas iluminando bastante el lugar también gracias a la chimenea eléctrica que había. Un escritorio de color negro estaba en el centro sobre una peluda alfombra y había un cuadro gigante colgado justo detrás de él con la misma imagen de la mujer sentada en él.

La mujer, que quizás tenía cerca de cincuenta, o cuarenta, o sesenta años, la miró con una mirada intensa. Sus ojos negros eran tan profundos que Anna pensó en dos agujeros negros. Su cabello mitad blanco y mitad negro estaba perfectamente cortado hasta sus orejas y sus uñas rojas y largas llamaron la atención de la pelirroja. ¿Cómo tomaba un vaso con ellas?

La puerta se cerró detrás de ella, sobresaltándola. El chico se quedó al lado de ella con las manos en los bolsillos, mirando a Anna.

-¿Qué necesitas?-

La voz ronca de la mujer dejaba en claro que fumaba mucho. Su mirada intensa escaneo a Anna de pies a cabeza, poniéndola aún más nerviosa. Estrujó sus manos y miró al suelo, pero rápidamente recordó que la postura lo es todo en la primera impresión, así que se enderezó y miró a la mujer al rostro… no a los ojos, al rostro.

-Necesito protección-

Silencio.

La mujer golpeó su escritorio con una de sus uñas sin dejar de mirar a Anna. La chica trataba de mantener su postura erguida pero le era muy, muy, muy difícil en frente de esa mujer. A pesar de no hacer nada, imponía tanto temor y respeto que Anna cada vez se sentía más y más pequeña frente a ella. Además, sentía como si leyera sus pensamientos, de alguna forma sus ojos succionaban todo lo que tenía en la cabeza.

¿Qué clase de persona era ella?

-¿Y por qué yo debería darte protección?- preguntó la mujer, golpeando de nuevo la mesa con sus uñas- Hasta donde yo sé, este no es un hogar de acogida. Es un cabaret.

-¡Lo sé!- exclamó Anna. Rápidamente se llevó una mano a la boca, retractándose del volumen de su voz- lo sé… pero no tengo otro lugar a dónde ir.

-¿Y eso por qué?-

-Por…-

Se mordió un labio. ¿Debía contarle todo? Olivia le dijo que sí, pero… No es sencillo. El miedo que la envolvía la llevaba a desconfiar de todos, sobretodo de la mujer frente a ella, a la cual no conocía ni sabía absolutamente nada de ella. Es más, había escuchado de su existencia solo hace tres días atrás.

Desgraciadamente, no tenía otra opción.

Ella confiaba en Olivia.

Olivia confiaba en la mujer.

Anna debía confiar en miss De Vil.

-Olivia Flaversham me dijo que podía acudir a usted y que me ayudaría… me lo dijo justo antes de morir-

Silencio nuevamente.

Anna sintió movimiento detrás de ella. El chico se puso a su lado y la miró con sorpresa.

-¿Minnie murió?-

-La mataron- dijo De Vil, con un tono sombrío- sino, tú no estarías aquí.

Anna asintió lentamente.

-Por eso…-

-¿Viste quién la mató?-

-… sí…-

-¿Ellos te vieron?-

-De lejos…-

-¿Cuándo pasó esto?-

-Hace tres días-

Golpeó con sus uñas su escritorio de nuevo. Por primera vez desde que Anna entró a esa habitación, De Vil desvió su mirada de la chica y miró hacia sus manos. Se rascó una mejilla con una de sus uñas sin decir nada por algunos minutos. El chico a su lado se guardó las manos en sus bolsillos nuevamente, poniendo cara triste y mirando hacia un lado. Anna se estrujó las manos.

-No es fácil conseguir mi protección- dijo De Vil sin levantar la mirada- Mis servicios no son gratis. ¿Olivia te lo dijo?

-Algo…-

Para ser franca, se lo menciono vagamente unas horas antes del… incidente, cuando ella ya sabía que las seguían. Anna tragó saliva de nuevo.

-Se bailar. Fue donde la conocí, en una academia de baile- murmuró la pelirroja sintiendo melancolía al recordar el primer día que vio a la chica. Sonrió- no soy tan buena como ella pero… Puedo desenvolverme bastante bien.

-Esto es un cabaret. Necesitas más que saber bailar para estar aquí-

De Vil la miró de nuevo. Golpeó el escritorio con sus uñas y se levantó rápidamente del escritorio. Caminó hacia la chica y se detuvo justo frente a ella. Anna comenzó a sudar. Era mucho más alta que ella, casi la pasaba por dos cabezas.

Y sonrió.

Anna tuvo un escalofrío que descendió desde su nuca hasta sus tobillos. Esa sonrisa estaba al borde de ser maníaca y… algo sádica. La mujer posó su mano en la mejilla de la chica, pasando a llevar sus orejas con sus uñas. Anna parpadeó varias veces, tratando de sacarse la mala sensación que eso le daba.

-Mañana a las 5 de la tarde aquí mismo. Veremos si puedes ser digna de estar en mi escenario y bajo mi protección-

-¿Ma… mañana?- Anna palideció.

-Las chicas están trabajando en este momento, el escenario no está disponible para audiciones-

-Pe-pero…-

-Si no tienes donde quedarte… no es mi problema-

Su sonrisa se ensanchó y le dio unas leves palmaditas en su mejilla. Se alejó de ella y fue hacia la puerta dándole la espalda a la chica.

-Puedo regalarte un trago por tu valor al atreverte a venir aquí. Kristoff puede llevarte a la barra- dijo abriendo la puerta y dirigiéndose al rubio- No digas nada todavía, hablaré con todos después del show de hoy.

-¡Es-espere!- exclamó Anna con desesperación dándose vuelta y agarrándola del brazo.

Instantáneamente, el chico la agarró del cuello con una fuerza y rapidez casi sobrehumana. Sus ojos azules estaban brillando con un dejo maníaco, parecidos a los que vio cuando mataron a Olivia. Iguales a un asesino. La levantó unos centímetros haciendo que Anna soltara a la mujer y la lanzó al suelo con brusquedad. El cerebro de la chica se movió dentro de su cráneo y un dolor agudo apareció en su espalda al azotarse contra el suelo. El chico dio unos pasos hacia ella, poniéndose entre las dos mujeres. De Vil la miró por sobre su hombro, ahora con una sonrisa divertida.

-Debes saber que este no es un cabaret común, con gente común. Si estás dispuesta a cambiar de infierno, te aseguro que serás bienvenida… Si no, no aparezcas mañana.

Y salió dejando una estela de olor a tabaco.

Anna quedó viéndola con la boca abierta, paralizada por la fiereza del chico.

Kristoff no había dudado ni medio segundo en atacarla con una horrible frialdad, sin demostrar ninguna emoción, y con una rapidez y fuerza que Anna nunca había visto antes. Se quedó en el suelo, mirando al rubio con los ojos grandes, muerta de miedo.

¿Era un guarda espalda? ¿De qué más era capaz? Acaso si no convencía a De Vil en la audición sabiendo lo que sabía… ¿Iban a hacerle algo?

¿Serían capaz de matarla?

Nuevamente, Anna había sido muy inocente.

-Perdón por haberte hecho daño-

La chica dio un grito ahogado. Kristoff la miraba y le ofrecía su mano, sonriendo un poco arrepentido. La pelirroja parpadeó un par de veces seguidas. Definitivamente no esperaba que el rubio le dijera eso y le ofreciera la mano para ayudarla a levantarse, después de haberla lanzado sin piedad al suelo. Acercó su mano lentamente a la del chico y este la levantó sin problemas. Sintió sus piernas como gelatina y su espalda sonó por el golpe contra el suelo. Soltó rápidamente su mano y miro al suelo. El chico se rascó el cuello un poco incómodo.

-Mira… De Vil parece ser una perra, pero no es tan mala cuando la llegas a conocer-

-Quizás ya estás acostumbrado- murmuró la chica con la mirada gacha. Se secó rápidamente una lágrima que logró escapar.

-Mmm, ese es un punto… Pero aun así- posó su mano en la puerta- un trago te ayudará.

-Gracias… pero mejor me voy-dijo Anna con pesar y… bueno, miedo.

-¿A dónde?-

Anna se encogió de hombros sin mirarlo, y apretando la correa de su bolso decidió a salir de ahí… pero le daba miedo pasar al lado de Kristoff. ¿Qué pasa si lo estaba ofendiendo y le hacia daño de nuevo? Anna tembló.

-Mira… si me acompañas puedo conseguirte la dirección de un albergue. No queda muy lejos de aquí, solo a unas seis o siete cuadras.

Silencio.

La chica lo pensó, y desgraciadamente esa era una mejor opción que salir de ahí sin saber a dónde ir y, quizás, morir congelada en la calle. Levantó lentamente la mirada y guardando sus manos en los bolsillos de su abrigo, asintió. Kristoff sonrió con alegría y se hizo a un lado, ofreciéndole a Anna salir primero como todo un caballero. La chica se sorprendió. ¿Era el mismo chico que la había mirado con ojos asesinos y la había lanzado al suelo?

Salió de la habitación seguida por el chico y caminaron hacia el salón. La música había subido de nivel y las luces de las mesas se habían apagado. El escenario en cambio, brillaba con luces violetas y blancas. Anna abrió la boca de par en par al ver el show que se estaba presentando.

Habían llegado los integrantes de la banda. Tres personas, dos hombres y una mujer, quienes tocaban y cantaban el tema que las bailarinas bailaban. Una mujer esbelta, rubia y vestida con un topless negro y un gorro de media copa bailaba con sensualidad y furia al centro del escenario. Su piel blanca brillaba con la luz y sus labios pintados de un intenso color carmín se movían al ritmo de la música. Anna se quedó congelada viendo a la mujer bailar. Su mirada era magnética, y se movía tan bien…

-Ven, puedes ver el show mejor desde acá-

Anna salió de su estupor al escuchar a Kristoff. Sacudiendo su cabeza y esperando que el rubio no viera lo roja que estaba, lo siguió hasta la barra. La música era pegajosa, y varias personas movían sus cabezas siguiendo el ritmo. Anna volvió a ver a la chica y sonrió de emoción. El baile que estaba haciendo era maravilloso y hasta hizo que el miedo que le tenía al chico se esfumara. Además, la música en vivo ayudaba mucho a la atmósfera. Siempre era mejor la música en vivo. Dio una rápida mirada a los clientes sentados en sus mesas. Todos miraban hacia el escenario sin mover un músculo.

-¡Hey, Elsa! ¿Podrías servirle un trago? Ojalá para el frío-

Anna peleó con las ganas de seguir viendo el show y miró hacia el bar. Una chica de cabello rubio platinado apareció frente a ella, vestida igual a Kristoff. Su cabello peinado en una trenza caía por su hombro. Limpiaba un vaso con agilidad mientras la observaba con aburrimiento, aunque no la miraba directamente a los ojos. La pelirroja parpadeó.

-Explícate, Kristoff- dijo la rubia con voz de amargada. Sus ojos sobresalían en la tenue luz que venía de la pared detrás de ella.

-De Vil me dijo que la trajera. Hará una audición mañana- dijo el chico con su sonrisa apoyando sus manos en los hombros de Anna.

-¿Audición?- la rubia mostró algo de sorpresa debajo de su ceño fruncido- ¿Cómo pasó a hablar directamente con De Vil?

-Ella lo explicará después del show-

La rubia miró a la pelirroja, ahora directo a los ojos. Anna se puso aún más nerviosa que al estar en la presencia de De Vil y sintió una comezón justo en su nuca. Tratando de no pensar en eso miró hacia abajo, estrujándose las manos. El color morado del escenario había cambiado a uno azul intenso.

-¿Qué te gustaría tomar?-

Anna titubeó. No conocía nada más que la cerveza y probablemente, en un lugar así no iba a encontrar una cerveza que conociera. La verdad es que no tenía mucha cultura etílica. Se mordió un labio y la miró nuevamente al mismo tiempo que la rubia desviaba la mirada y se agachaba a buscar algo debajo de la barra.

-No… no estoy segura…- murmuró mirando al nuca de la chica.

-Lo supuse. Tu cara de pánico habló por ti misma- dijo levantándose de nuevo con una copa- ¿Te gustan las cosas dulces?

-Sí… Me gusta el chocolate…- agregó tratando darle más información a la rubia. Elsa levantó una ceja y se dio vuelta para buscar otros ingredientes.

Anna parpadeó y se mordió el labio. Al parecer, Elsa no quería hablar. Sintió una mano gigante en su hombro, y mirando a Kristoff este le dio una sonrisa de ánimo. A pesar de que aún le daba un poco de miedo, la calidez de su sonrisa la tranquilizó un poco y no la hizo sentir tan perdedora.

-Iré a buscar la dirección y vuelvo-

Y la dejó ahí sola, en la barra.

Los nervios se apoderaron de ella con crueldad y no supo que hacer. Apoyó las manos en la barra y tomó una pajita que estaba en una caja a su lado. Escuchó el sonido de la batidora al mismo tiempo que los clientes aplaudieron. Anna miró al escenario.

Las chicas saludaron con unas sonrisas radiantes a pesar del cansancio y del sudor en sus rostros, y la rubia de al medio dio unos pasos hacia adelante, levantando sus manos y haciendo una reverencia. Los aplausos se incrementaron e incluso hubo gritos de ánimo. Los músicos agradecieron a las bailarinas, y ellas a los músicos. Anna sonrió. La bailarina principal y todas las chicas del escenario tenían un alto nivel y buena técnica. La emoción la envolvió de nuevo.

-Dos Martini para la Diosa Negra, por favor-

Anna se sobresaltó y miró a su lado. Un chico probablemente de la misma edad de Kristoff y Elsa estaba de pie con una bandeja en mano con dos copas. Vestía igual que ellos, y solo sus patillas colorinas sobresalían del uniforma. Él la miró de reojo con intereses mientras sostenía un papel en su mano.

-Pensé que ya le habías servido- dijo Elsa dándose vuelta con dos copas iguales a las que el chico tenía.

-Sí, pero quiere más. No se ve muy feliz- dijo con una sonrisa divertida- Y si el cliente no está feliz…

-Más alcohol para servir- terminó la rubia sirviendo el líquido trasparente en las dos copas con rapidez- ¿Le dijiste que el solo de Aurora vendrá al final del show?

-Fue lo primero que preguntó, y sí- dijo dejando las copas vacías a un lado y tomando las que ya estaban servidas- ¿Será por eso?

-Le diré a Rapunzel que hable con Aurora después del show- dijo Elsa poniendo las aceitunas dentro de los tragos.

-OK… ¿Quién es ella?- preguntó el chico tomando la bandeja y señalando a Anna, quién había tratado de ocultar su presencia lo mejor que pudo. Pero no lo logró.

-Termina tu trabajo, Hans-

La voz de Elsa fue tan dura y fría que hizo que Anna tuviera escalofríos. Hans le mostró sus dientes con una sonrisa molesta y se fue rápidamente. Anna lo siguió con la mirada, viéndolo llegar a la mesa donde estaba la misma mujer que había visto afuera.

-Toma-

Anna se dio vuelta y vio una copa servida con un líquido blanco. Olía bien y se veía aún mejor. Levantó la mirada y vio a Elsa echando las dos copas a un lavaplatos y dándose vuelta para buscar quizás que cosa. Anna parpadeó y tomó la copa. Tenía una línea café sobre ella. Mirando para todos lados esperando que nadie la viera, metió la punta del dedo y saboreó su contenido. Lo café era chocolate amargo. Temerosa, tomó un sorbo. Estaba muy fuerte, pero el sabor a leche condensada, coco y chocolate hacían que el licor fuera bastante digerible. Se limpió los labios y sonrió. Estaba delicioso.

-Gracias-

Elsa, quién aún le daba la espalda asintió levemente, pero no dijo nada más.

Sintiendo calor que quizás no es necesariamente del alcohol, Anna siguió tomando su trago mientras olía el chocolate y la leche condensada, hasta que una mano gigante se posó en su hombro nuevamente. Kristoff.

-Ya tengo la dirección- dijo con su ahora típica sonrisa agradable- Se supone que queda a unos diez minutos de acá caminando rápido.

-Perfecto- dijo Anna aparentando emoción y dándole una sonrisa quebrada. No funcionó, así que Kristoff se rio de ella y le dijo que la siguiera.

Anna se levantó tomando un último trago largo, estremeciéndose al sentir como el alcohol bajaba por su garganta. Evitando toser miró a Elsa. La chica aún estaba de espalda lavando unas cosas y sin prestarle atención al parecer. La pelirroja murmuró un gracias y siguió al rubio.

Nuevamente pasó al lado de la pelirroja detrás del estante. Como antes, ni se fijó en ellos mientras mantenía su nariz revisando los papeles. La música se fue alejando al caminar por el pasillo oscuro, y al abrir la puerta hacia el exterior, Anna se estremeció ahora por el frío infernal. El alcohol había ayudado, sí, pero era cosa de tiempo para que perdiera el efecto.

-Relevo- dijo Kristoff al salir.

La pelirroja estaba apoyada en la pared, y unas siete personas estaban esperando en la escalera en silencio. El local ya estaba bastante lleno y aun así, seguía llegando gente. Era obvio que aunque era exclusivo, era muy famoso. La chica se enderezó, abrió la puerta de par en par y dijo: Pasen. Uno a uno las personas que esperaban fueron entrando en silencio mientras mostraban sus pases. Después del último cliente, la chica le dio unas palmadas a Kristoff en la espalda y entró, cerrando la puerta detrás de ella.

Silencio y frío.

-Toma- dijo el rubio pasándole un papel- si sigues por esta avenida principal hacia la izquierda, después de unas seis cuadras encontrarás el albergue. Está abierto toda la noche, así que no deberías tener problemas… eso sí, cuida tus cosas.

-Em… sí. Muchas gracias-

Anna tomó el papelito sintiendo como su corazón saltaba por los nervios de ir a un albergue, y de caminar sola… de noche… en una ciudad que no conocía. Se mordió el labio y se volvió a poner su bufanda y el gorro. Miró a Kristoff al estar lista y trató de sonreír. El chico también sonrió y posó su mano sobre su hombro.

-Espero verte mañana, de verdad- dijo, y sonó muy sincero- Además… me gustaría preguntarte algunas cosas sobre Olivia… como le fue antes que, bueno, se fuera…

-Ella no se fue- murmuró Anna frunciendo el ceño y bajando la mirada, sintiendo pesar al recordar a la chica- La obligaron a irse…

-Sí, lo sé…- dijo el chico, y su tono sonó apagado- por lo mismo, hay cosas que quiero hablar contigo. Da todo lo que tengas para pasar la audición.

-Literalmente mi vida depende de eso- dijo Anna con un nudo en la garganta- Nos veremos mañana. Le prometí a Olivia que lo haría.

Y dándole una sonrisa a Kristoff, bajó las escaleras rápidamente hacia la calle principal. Sin mirar atrás siguió caminando y caminando a paso rápido y respirando entrecortadamente sintiendo el alcohol desvanecerse, esperando no encontrarse con nadie en el camino. Con la vista fija hacia adelante, sintiéndose más decidida que antes, sintiéndose con más miedo que antes… y sintiendo más emoción que antes.

-Anna Green, ya no tienes vuelta atrás-


Hasta ahora, todo relax... entre comilla.

Muchas gracias por haber llegado hasta aquí, así que espero sus comentarios y o demases.

Nos leemos ^^