UN PEDAZO DE MÍ
Hoooooolllaaaaa, bueno, personitas del mundo, aquí estamos de nuevo, y si ustedes están aquí leyendo en porque les gustó el capítulo anterior; bueno, pues espero que les siga gustando, pero les sigo recordando que no prometo finales felices ni que el fic vaya a ser más alegre.
DISCLAIMER: Obvio nada de esto me pertenece, más que las ideas que no pertenecen en sí al mundo de Harry Potter y los personajes originales que yo me he inventado.
ADVERTENCIA: En este capítulo se incluirán temas de non-con y violencia quizá puede que sea algo fuerte, lean bajo su propia responsabilidad.
Habiendo dejado esto claro, disfruten de este capítulo.
CAPITULO 4: NIDO DE SERPIENTES.
Puedes luchar todo lo que quieras, puedes resistirte pero, ¿por cuánto tiempo? Al final sabes que estas atrapada, no hay salida y no te queda más que rendirte y aceptar el hecho que de que perdiste.
Hermione lo entendía muy bien, después de tres meses encerrada en esa celda, empezaba a creer que no podría salir de ahí. Ya no tenía ideas ni fuerza ni voluntad para intentar hacer magia sin varita. Parecería que a ella siendo una Gryffindor le sobraría voluntad, pero después de pasar por lo que ella había pasado ya no podía seguir: su orgullo y su valentía empezaban a flaquear.
Pero qué se puede esperar cuando estas desnuda, figurada y literalmente, cuando te sabes atrapada y débil. Hermione podía escuchar a Luna en el otro, el mortífago que con ella se encontraba claramente había encontrado algo que le gustaba mucho más que torturar con golpes o hechizos casi mortales como los que recibía Hermione a diario. La mayoría del tiempo Hermione no escuchaba gritos; hacía un mes que había dejado de oírlos, ahora solo podía escuchar quejidos, gemidos y llanto.
¿ qué era peor que el que te hubieran convertido en su esclava sexual personal? Hermione sabía: lo peor era que te convirtieran en una esclava sexual compartida. Eran incontables las noches que se habían quedado ella y la pobre Lunita mirándose la una a la otra a través de un hueco en la parte baja de la pared de piedra mientras se recostaban en el suelo, llorando noche tras noche hasta que un día Luna dejó de llorar, de gemir, de quejarse, de sentir.
Después de algunos meses más dejó de recostarse frente a ella al otro lado de la pared; solo lograba verla en la esquina, después de que el maldito la dejaba ahí luego de haberla usado como a un trapo viejo. Luna solo se quedaba inmóvil en esa esquina, su mirada perdida en el vacío, su largo cabello rubio cubriendo sus lastimado pecho.
—¿Lu...na?— preguntó Hermione, a lo que no recibió respuesta alguna. En ese momento comprendió que algo se había roto dentro de ella y lloró, lloró como nunca antes lo había hecho; gritó, gritó más que lo que había gritado hace unas horas después de ser torturada.
Porque ser lastimada dolía, pero ver a aquellos que amas lastimados, heridos, destruidos, dolía más, dolía más que mil crucios, dolía más que cualquier Sectumsempra, eso es lo que estaba sintiendo ella ahora, dolor.
...
—Creo que ambos necesitan hablar —dijo Harry, el momento sería incómodo pero era necesario que ellos hablaran. Después quizá él podría hablar con ella y traerle algo de desayunar, sin decir más se levantó y caminó y hacia la entrada mientras Hermione y Draco seguían mirándose el uno al otro.
— ¿Por qué? —preguntó ella cuando Harry se hubo ido— ¿Por qué?— preguntó nuevamente Hermione, dejando notar cierta tristeza y resentimiento en el tono de su voz, Draco procedió a tomar asiento, inclinándose hacia el frente, juntando sus manos, mientras apoyaba sus brazos sobre las rodillas. Se tomó un instante para pensar sus palabras mientras sus dedos pulgares masajeaban su frente.
—Todo es muy difícil de explicar —dijo Draco, no sabiendo por dónde podía comenzar.
—Dejaste que tu padre me torturara a diario —se podía escuchar en dejo de tristeza y algo de decepción; Draco lo notó cuando levanto la mirada, entonces él se enderezó.
—Si yo hubiera hecho algún movimiento en falso, no solo yo estaría muerto, si no que tú no habrías salidos de ahí y quizá ahora estarías muerta también, no tuve opción. Contrario a lo que piensas, no me encanta torturar. —La miraba directamente a los ojos, hasta que ella desvió la mirada hacia el lado contrario.
—Se que esto sonará raro, pero incluso para mí hay muchas cosas borrosas. —Hermione volteó a verlo, entrecerrando los ojos intentaba ver que es lo que eso quería decir.
—Hay espacios en mi mente que intento llenar aunque están vacíos, siento como si alguien hubiera cortado pedazos de mi memoria y ni siquiera se hubiera molestado en rellenar los huecos.
Hermione tenía la misma sensación, sentía como si un velo se posara sobre sus ojos, nublando su mente, pero de repente un pensamiento llego a su mente.
—Quizá ambos vimos algo que alguien quiere olvidemos. —Draco había pensado exactamente lo mismo, tenía la sensación de ser el testigo de algo, pero no sabía de qué.
—Debemos intentar recordar —agregó Draco. Hermione estaba de acuerdo.
—No conozco ninguna otra manera de hacerlo, más que buscando, si hay algo que alguien quiere que olvidemos, debería ser Lucius. —La muchacha se estremeció solo con decir ese nombre maldito
—¿ Como estas tan segura? —preguntó Draco.
—Desde que me llevaron a la mansión a las únicas personas que he visto son a ti, a Lucius y a Luna y dado que una de esas personas no tiene varita y la otra también tiene lagunas mentales, creo que la opción es más que obvia. —Hermione miro a Draco a los ojos, fríos y grises, tan parecidos a los de Lucius tal como sus facciones, se giró cerrando los ojos.
Draco sabía que era muy parecido a su padre y lo odiaba.
—Justo hoy me voy hacia la mansión para… —Fue interrumpido antes de que pudiera terminar de hablar.
—¿Irás adónde? —preguntó nuevamente, como no creyéndose lo que había oído.
Draco notó cómo ella se había incomodado con eso, pero no había forma sutil de decir las cosas. Él debía ir a la mansión, pues es así como había logrado pasar desapercibido siendo doble agente, además de que era el trato que había hecho para poder ganar la protección para él y para su madre.
—Debo ir a la mansión. —Sus miradas se clavaron en la de la otra persona y él la retaba a acusarlo de traidor.
—Asegúrate de buscar entre las cosas de tu padre, hazlo a profundidad, si hay algo que esconder dudo mucho que este a simple vista. —Desvió su vista mientras caminaba hacia otro lado, hablando mientras en su mente se preguntaba si acaso Draco aún estaba de lado de los mortífagos. Terminó sentándose al lado de la cama, dándole la espalda al rubio.
Draco por su parte no dijo nada, pues sabía que el solo recordar la afectaba de sobremanera.
Decidió que era momento de irse; dio un último vistazo a su espalda y se fue, Hermione escuchó los pasos de Draco hasta que salió de la sala médica dando un suave portazo.
Todo era muy confuso aún para Hermione; decidió que se recostaría un rato, pues tanto intento de recordar le había traído un dolor de cabeza.
...
—¿Hermione? —dijo Harry a lo cual Hermione volteó a verlo. Llevaba tres días en la enfermería, sus heridas ya habían acabado de cicatrizar—. Te he traído algo de comer —dijo nuevamente Harry, a lo que Hermione giró su vista hacia la charola con pan tostado, mermelada y jugo de naranja.
Hacía tiempo que Hermione no comía algo así y estaba muy hambrienta, pero el simple hecho de recordar a todos aquellos que aún estaban en la mansión muriendo de hambre le hacía perderla.
—No tengo hambre —respondió Hermione y se giró hacia el lado contrario—. El simple hecho de recordar a todos aquellos que no pueden comer algo me hace querer vomitar.
Harry lo que sentía y sabiendo lo compasiva que era Hermione no la haría cambiar de opinión, pero aun así debía buscar una manera de hacer que tomara alimento.
—Anda, Hermione, come algo, no podemos mantenerte viva a base de pociones, llevamos 3 días haciendo eso, es mejor que comas algo, así podremos guardar estas pociones para las personas que traeremos en dos días.
Hermione se giró hacia el al escuchar esas palabras.
— ¿Quiénes? — preguntó sintiendo su corazón latir aceleradamente.
Si necesitaban las pociones era porque traerían gente herida o desnutrida, lo que podría significar que tal vez irían a la mansión Malfoy a rescatarlos, aunque estaba consciente que había más personas distribuidas entre los seguidores del señor oscuro.
—Tenemos personas atrapadas en varias de las casas de los mortífagos— Hermione escuchó atentamente —pero esta vez debemos ir a la mansión Malfoy, ahí tenemos a la mayoría de la gente que debemos rescatar.
—Yo iré con ustedes —se apresuró a decir Hermione, a lo que Harry contestó, con toda la seriedad posible, dejando ver que en realidad no le estaba gustando la idea.
—No.— no dijo nada más.
—¿No?— preguntó Hermione en un tono desafiante. Sabía que tal vez no era una buena idea pero el que Harry le dijera que no, simplemente, la hacía sentir de esa manera.
—No estás en condiciones de ir: acabas de salir de ahí y a duras penas has sobrevivido, aunque lleves aquí días y ya estés un poco mejor, aún estás débil.
Hermione hizo un gesto de desagrado y planeaba empezar a quejarse de no poder ayudar, pero Harry la detuvo en seco.
—Hermione, te amo, eres mi hermana y es justo porque te quiero, que no te pondré en peligro, te ataré a la cama si debo hacerlo, pero tú te quedarás aquí segura y terminando de recuperarte. Entonces y solo entonces, podrás ayudarnos.
Harry la miraba con una expresión suplicante, intentando hacerla entender.
—Por favor, Hermione, no me obligues a poner guardias afuera de la puerta. —Hermione entristeció su mirada, al final la bajó y asintió, Harry la abrazó y Hermione le regresó el abrazo.
— Ya te perdí una vez y no lo volveré a hacer, te lo prometí y te lo cumpliré —le dijo Harry apretándola aún más fuerte.
...
Draco se había preguntado todo el camino a la mansión si es que encontraría algo en el estudio de su padre, pero ¿ cómo podía el estar seguro que alguien había buscado en su mente y quitado algún recuerdo? El dolor de cabeza que sentía al intentar recordar algo que no estaba ahí, pero este también podía indicar que habían utilizado un Obliviate en él. En ese caso, no estaba seguro de poder recordar.
— Oh oh oh, wen sehen wir hier? Das groesste Arschloch auf dieser Welt —dijo de modo sarcástico, aunque diciendo algo de verdad en sus palabras.
Un joven muchacho, de cabello blanco, este no era así por su edad, pues el muchacho se veía de unos diecinueve años, más bien era como si fuera causado por algún defecto en su ADN.
Era hermoso, como un ángel, sus ojos eran azules, tan brillantes como la iridiscencia de las algas marinas intentando protegerse del depredador, aunque en este caso él parecía ser el depredador, uno el cual utilizaba esa bioluminiscencia en sus ojos para cazar y los demás eran su presa.
—Aquí el único idiota es el que está frente a mí.— Draco puso cara de enfado mientras contraatacaba verbalmente a su oponente/compañero, el cual ni se inmutó y con el mismo rostro de seriedad imperturbable respondió.
—Calla, que me sonrojas. —No podía ser más sarcástico.
El muchacho era unos diez centímetros más alto que Draco, intimidaba a cualquiera, menos a él. La perfección con la que hacía pociones no le pedía nada a la de Draco y su inteligencia era equiparable a la de Granger, lo cual era impresionante, sin duda una gran adquisición por parte del Señor Tenebroso.
— Bereit?— preguntó Draco, sin decir más, pues el chico ya sabía a qué se refería.
—Nací listo — respondió de igual manera el otro chico.
Ambos estaban en el estudio de Draco, poniéndose nerviosos ambos. En cualquier momento podían ser descubiertos y no terminaría bien.
—¿Has hecho lo que te he pedido?— soltó Draco, sin decir más.
El joven asintió y mirando hacia los lados y hacia atrás como si alguien los estuviera viendo, abrió el lado izquierdo de su capa revelando unos collares de oro, dentro de los cuales se encontraba una piedra de amatista, que en el centro tenía una runa del alfabeto germánico llamada Yr.
Eran hermosos, aunque Draco se preguntaba mentalmente porque el chico habría elegido estos materiales en especial.
—Todos estos elementos son esenciales para lo que tenemos planeado, tú sabes cómo trabajo yo y créeme cuando te digo que todo funcionará — agregó el chico como leyendo sus pensamientos.
—¿Hay algo más que debas agregar? —inquirió Draco, sospechando que habría una respuesta afirmativa.
—Sí, una última cosa — aseveró el joven sin parpadear—: cuando creas que es el momento justo, debes decir Doth y entonces la magia pasará; es muy importante que recuerdes estas dos palabras, dado que si no la dices bien o dices alguna otra que no es, no sé qué es lo que pueda pasar —dijo el chico sin un ápice de sonrisa en sus labios.
— Sí, sí, claro —aseguró Draco rodando los ojos—. ¿Cuál es la otra palabra?
— Libbian. Es de vital importancia que digas esta otra en cuando estés seguro de que no haya peligro pues los efectos no serán ligeros, ¿comprendes? —preguntó.
—Claro como el agua —dijo Draco sonriendo.
—Por cierto, Ada... —se vio interrumpido el muchacho pues la puerta del estudio de Draco se abrió sin previo aviso y en el umbral de la puerta apareció alguien con la apariencia de Draco, aunque con unos años de más, un cabello más largo y unas facciones aún más afiladas.
—Padre—soltó Draco sin más.
—Draco —respondió Lucius ceñudo antes de voltear hacia el otro chico y saludar—: Rosenthal —para luego mirarlo de arriba a abajo y fruncir aún más el ceño como si el chico no fuera más que un vil squib que no valiera la pena notar.
—Tenemos que hablar — anunció con seriedad el patriarca de los Malfoy.
Draco asintió hacia donde se encontraba el joven muchacho que justo hace unos instantes habla con el.
—Dile a Adalia que hablaré con ella cuando termine aquí. —El chico asintió y se encontraba a punto de salir cuando Draco le dijo—: Adler— esperó a que volteara y le agradecío, a lo que Adler solo respondió con un ligero asentimiento antes de marcharse.
—¿Dónde demonios te has metido todo este tiempo? —manifestó Lucius con desagrado y enfado cerrando los puños.
—He estado en las misiones del Señor Tenebroso —replicó, su hijo sin soltarle la mirada. Con personas como el jamás debía mostrarse débil.
—Granger escapó— anunció Lucius, mirando fijamente a Draco como si le estuviera pidiendo una explicación, mientras se acercaba a él.
—¿A qué idiota pusiste a cuidarla? —inquirió.
—A ti —declaró el hombre con rabia contenida en esas dos palabras.
—No, Lucius, tú esperabas que yo pasara mi valioso tiempo cuidando de una sangresucia, cuando es bien sabido que mi prioridad, antes que tú y tus torturas es con el Señor Tenebroso. Culparme a mí es como decir que esperas que yo me haga cargo de tus juguetes cuando eres tú quien los usa. —Draco se giró hacia su escritorio cuando sintió un Crucio que lo al suelo de boca.
Todo le dolía, la cabeza parecía explotarle y sus intestinos se revolvían como cubriendo un afilado cuchillo, mientras le daban toques eléctricos en todo el cuerpo y aun así juntó la fuerza suficiente para reír entre dientes.
—Tus Crucios son como los de un aprendiz, apenas y dan cosquillas —aseguró sin dejar de verlo fijamente a los ojos.
Lucius parecía no poder penetrar ese duro caparazón que se había formado en Draco, si alguien se había acostumbrado a torturas era precisamente él.
—Ma...dre, tenia razón —afirmó Draco, a lo cual Lucius respondió soltando el hechizo.
Draco se recompuso lo más rápido posible y sin pensarlo dos veces, hizo lo que debía hacer.
— Expeliarmus —atacó Draco atrapando en el aire la varita de su padre para luego volver a atacar—. Incarcerous Mortale. —Una delgada soga metálica se enredó alrededor del cuello de Lucius al mismo tiempo que otra ataba sus manos tras su espalda, cortando su vía respiratoria y su circulación.
Draco se repuso completamente y camino lento hacia su ahora sometido padre.
—Madre tenía razón: eres escoria, ni siquiera a quien amabas pudiste salvar, todo porque no pudiste ver nada de lo que tu ego y tu estupidez destruía. Yo no soy paciente como lo fue Narcissa, ni seré tan benevolente como ella. —Las palabras de Draco no dejaban lugar a duda y mientras su padre se quedaba sin aire le reafirmó—: Vuelve a lanzarme un Crucio y te aseguro, padre... —advirtió con enojo en sus palabras y en su semblante— que será la última vez que tus ojos vean la luz del sol.
Sin nada más que decir, Draco soltó el Hechizo y Lucius cayó al suelo respirando agresivamente y gritando como un desquiciado mientras el salía de su estudio, dejando tras de el a un hombre que era más locura que hombre y el cual se dejaba llevar por su falta de cordura para sobrellevar su pobre excusa de vida.
...
A pesar de los días eternamente grises, los jardines Malfoy seguían siendo hermosos. Claro, la magia lo podía hacer casi todo, incluso egoístamente mantener cautiva la belleza que debía morir.
Para Draco salir a estos jardines solo le recordaban a su madre, pues Narcissa Black era la única que cuidaba de estas flores, ya que ni siquiera los elfos ponían tanto esmero en mantener las rosas con sus intensos colores.
Jardín en el cual Draco podía ver a lo lejos a una chica, de cabellos negros y ondulados, meciéndose en un columpio mientras se inclinaba hacia a tras dejando que su cabellera danzara en el viento y con sus manos se sostenía de las sogas para no caer.
Desde la distancia esta parecía estar rodeada de una halo de luz azul que la hacia brillar.
Draco se acercó, admirando el bello vestido negro con falda de chiffon que se movía también con el movimiento del columpio, en la parte superior desde la cintura hasta el cuello era de encaje hasta las muñecas. Draco se encontraba justo fuera del alcance de los pies de la chica pero tan cerca como podía estarlo.
La chica se enderezó y sus largos y ondulados cabellos negros se mecieron hasta el frente de su cara enmarcando unos suaves rasgos, ojos negros almendrados cubiertos por un velo, unos suaves arcos en sus cejas y unos labios gruesos acompañados de una nariz redondeada y pequeña.
—Creo que lloverá hoy —comenzó la conversación ella, aun con sus ojos velados.
Draco sonrió de lado.
—No lo creo, solamente lo parece porque siempre está gris, recuerda que a la pálida serpiente le disgusta el sol, incluso aunque no se encuentre aquí.
Los ojos de la chica parecieron volver a la normalidad y se entristecieron.
—¿Recuerdas como era tu vida antes de llegar aquí? —indagó Draco, aunque ya sabía la respuesta a esta pregunta tan repetitiva.
—No —fue la simple respuesta de la chica.
Lo siguiente que Draco hizo fue caminar hacia el columpio y sentarse a su lado.
—Sabes que solo puedo ver hacia adelante, pero no hacia atrás —al terminar de decir esto, ella volteó a verlo—. A pesar de que puedo ver el futuro, solo puedo ver el futuro cercano; tengo un don, pero este es muy limitado.
—¿Alguna vez has intentado recordar cosas del pasado? —seguía con la duda.
La mirada de la chica viajo hasta lo más lejano del horizonte y como si estuviera en un trance, con la mirada perdida en las grises nubes sobre ellos, respondió lo que Draco ya sabía, pues no era la primera vez que Draco le preguntaba esto.
— Sí, lo he intentado, pero todo es muy confuso y borroso: recuerdo solo pequeños detalles, pero nada muy relevante— bajó su mirada hacia el suelo mientras fruncía el ceño y posaba sus manos en sus rodillas, apretando fuerte.
Draco había desarrollado cierto cariño por esta chica, no en el sentido romántico, porque el ya tenía interés por alguien, era como si hablara con una amiga, o una hermana, alguien que desde que llegó, se supo meter en su mente, pero aun así no se aprovechó de quien Draco realmente era, ella había aprendido a ganarse su confianza y siempre había sido paciente, tranquila y reservada.
Vio que la chica se ponía mal con cada instante que seguía encerrada dentro de su mente, así que decidió que era momento de cambiar la conversación.
—Adalia, Adler me ha dicho que querías hablar conmigo. —Esto pareció funcionar pues la chica volteó a verlo y recordó porque es que quería hablar con él.
Ella se levantó y con ese movimiento instó a Draco a hacer lo mismo y entonces empezaron su recorrido por el laberinto de arbustos en el jardín. Adalia caminaba rozando con la yema de sus dedos la parte superior de los bajos arbustos, su hermoso cabello negro y la suave tela de su vestido ondulando con el viento, revelando sus pies descalzos. Esto la hacía ver pequeña y frágil, pero quizá al igual que los perfumes caros, los pequeños son los mejores.
—En dos días… será… ummm… el día y me siento aún muy nerviosa— juntó sus manos y las entrelazó frente a ella—. Me quedaré para cumplir con mi misión, pero... —su voz estaba dudosa y algo ansiosa— qué tal si las cosas no salen como planeamos y no logramos hacerlo, sabes mi problema y… y, no se pasara, yo ... —Draco la detuvo pues su nerviosismo la estaba haciendo ir en círculos, cuando lo que ahora Draco necesitaba era que ella permaneciera calmada.
Intentó tranquilizar sus preocupaciones.
—Ada, todo saldrá bien— La tomó de los hombros y le aseguró que nada malo pasaría mientras la miraba directamente a los ojos.
Adalia lo miró de regreso y asintió cerrando los ojos. —Entonces sugiero que repasemos nuevamente todos los pasos a seguir, solo por seguridad, ¿está bien?— preguntó ella.
—Sí —respondió Draco.
...
Hermione Granger, la leona de Gryffindor, la chica que siempre tenía las respuestas todos los problemas, la que le ponía solución a lo que no lo tenía, la mejor de su generación, esa misma Hermione Granger, estaba en la esquina del calabozo como fue traída a este mundo.
Hermione se encontraba inmersa en su propio lamento mental, cubriendo lo que podía con sus brazos y pegando sus delgadas piernas a su huesudo torso. Llevaba días ya sin ver a nadie, días sin ver a Draco o a su maldito, torturador padre.
La puerta de la celda se abrió sola, Hermione volteó a verla, con curiosidad, no había nadie ahí más que ella. Dos minutos después de observar con un poco de duda, decidió levantarse; lo hizo poco a poco pues le dolían los huesos.
Entre caminando y cojeando llegó hasta la entrada, temerosa de que fuera una trampa tomo la puerta. Cuidadosamente la jaló, sorprendiéndose al ver que en realidad no había nadie. Sin dudarlo más pero aún débil salió de la celda y miró hacia ambos lados del pasillo, se acerco a la celda de Luna, pero ella no estaba ahí, esto la entristeció pero debía continuar.
Al ver que nadie se encontraba ahí, caminó hacia el lado izquierdo del pasillo. Cojeaba lo más rápido posible; al llegar al final de ese pasillo, notó que había algo de tela en el suelo al lado derecho de este, ella la tomó y se la colocó , no era más que una gabardina larga, rota y que se veía como si perteneciera más a la basura que en esa casa, pero poco le importó pues estaba vestida.
Al ponérsela notó que en el suelo, justo donde la gabardina había estado, había algo y con esto su mirada se agrandó y sin pensarlo dos veces la tomó. Era una varita y junto con ella un collar con un colgante; era muy simple, una cuerda de color negro con lo que al centro parecía tener una perla negra. No notó nada en especial, más que el que fuera un bonito collar, aun así lo tomó y escondida entre sombras, con un Alohomora salió de la Mansión Malfoy.
Estaba estupefacta, porque no pensaba que en realidad funcionara, pues casas tan antiguas como esta tenían hechizos que las hacían impenetrables para quien no perteneciera a ella.
Con mucho cuidado, asegurándose de que nadie la podía ver, entre los arbustos, llegó hasta las puertas de entrada a la propiedad. Empezó a acercar su mano a esta, temiendo que nada pasaría, pero su mano empezó a desintegrarse y a reintegrarse fuera de esta, procedió a salir completamente, entonces sonrió y dejó salir el suspiro de alivio y con este las lágrimas que tenía guardadas.
Poco le duró la felicidad antes de que el collar que había traído con ella empezara a vibrar y en dos segundos sintió el jalón del traslador activándose y después nada.
Apareció a las afueras de Hogsmeade.
Había escuchado a Lucius demasiado y por eso sabía que los mortífagos estaban en todos lados, nada era seguro y nadie era confiable. Decidió no entrar al pequeño pueblo, lo pasó de largo y se dirigió al camino que llevaba a Hogwarts, caminando tan rápido como podía, sentía el dolor en su cuerpo, sentía que la piel le quemaba y su cabeza explotaría, pero siguió caminando por horas hasta que llegó a las puertas del castillo, las vio y se sintió bien.
Se sintió en casa.
...
—Señorita Hermione Granger.
Hermione volteó para ver a Madame Pomfrey, quien la miró con una cálida sonrisa en sus labios, la cual Hermione recibió gustosa.
—¿Cómo te sientes, pequeña? — indagó la señora mientras acariciaba suavemente la mejilla de la muchacha.
—Bien —respondió simplemente Hermione.
Madame Pomfrey pudo ver la verdadera respuesta en sus ojos: no, no estaba bien, pero decidió que no era una buena idea decir lo contrario, así que prosiguió con lo que le quería decir:
—De acuerdo, no planeo molestarte.
—No es una molestia —contradijo Hermione tranquilamente.
—Muy bien —sonrió—. Quería darte esto. —Entonces sacó de un bolsillo el collar. Hermione se sorprendió, pues creyó que lo habría perdido en el camino, ahora sabía quién le pertenecía.
—Muchas gracias, Madame Pomfrey —sonrió y se levantó para tomarlo de manos de la medimaga.
Esta la abrazó suavemente y le dijo al oído:
—Bienvenida de regreso, me alegro mucho de que estés mejor. —Luego se le retiró un poco y le anuncio—: En cuanto te sientas lista puedes entrar en la pequeña bodega en la esquina y tomar prendas, cuando las tengas las podrás ajustar a como las quieras.
—Pero no tengo var... —empezó a decir Hermione cuando la medimaga sacó la varita de su bolsillo, ella la tomó y le agradeció. Pomfrey se fue habiendo hecho lo que debía y Hermione procedió a buscar cosas.
Entonces se desvistió, tomó lo primero que encontró y sin siquiera verse en el espejo pues no tenía el valor de ver en lo que la habían convertido se vistío con una camisa con cuello alto y mangas largas, esta era color gris, también tomó unos pantalones de mezclilla y rápidamente se los puso, encontró zapatos aunque ninguno de su talla y con un simple Adapto ajustó todo a su cuerpo y decidió salir del ala para dirigirse hacia el gran comedor.
Recorrió cada pasillo, sin pensar en que camino debía seguir; había pasado tanto tiempo entre estos corredores que estaba segura podría recorrerlos a ciegas.
Siguiendo un camino un poco más largo, se desvió hacia el jardín, en el que podía ver todo muy hermoso, sonrió mientras recordaba todos esos momentos con sus amigos, tirados en el pasto, riendo, estudiando desesperadamente para esos exámenes. Entró de nuevo en el castillo.
Procedió hasta la entrada del comedor y levantó dudosamente su mano. Podía sentir su corazón palpitar en su garganta, como si este quisiera escapar de su cuerpo. Podía sentir la ansiedad escalar desde su estómago y por todo su cuerpo. No sabía qué hacer, no sabía si entrar o regresar pero pensó en que ya estaba ahí, ya había caminado desde el ala médica hasta ahí, no podía irse pues aún tenía hambre.
Tomó el coraje necesario y abrió las puertas. En cuanto lo hizo pudo ver las miradas de todas las personas que ahí se encontraban: estaba Ginny, Neville, Seamus, Dean, estaba la profesora McGonagall, Hagrid, Snape y muchos otros compañeros, se sintió incomoda con tal escrutinio. Tomó valor y siguió adelante mientras sonreía a su paso, en realidad quería irse de ahí. Las personas le sonreían también y así siguió hasta llegar a su mesa, fue ahí cuando Ginny gritó.
—¡Suficiente de tantas miradas, sigan con lo suyo! —Mientras con sus ojos amenazaba que esto era serio.
Todos hicieron caso y voltearon hacia sus mesas, haciendo que Hermione se tranquilizara un poco.
Estando ahí sentada con sus amigos, empezaba a sentirse mejor, sabía que era un lugar al que pertenecía, donde nadie la dañaría, estaba en casa y por un momento su cuerpo se relajó y, por primera vez en un largo tiempo, sonrió sintiendo ese cálido amor que solo la familia te podía dar.
...
Nota de autora
Hola, chicas, sé que siempre tardo muchísimo para publicar mis capítulos, pero a veces me cuesta pensar y mas más con estas cosas que están pasando con el corona, he tenido otras cosas en las que concentrar mi atención, espero que todas estén bien.
En este capítulo he agregado muchas cosas e incluso en otro idioma que tal vez no todas entiendan, así que iré punto por punto explicando:
· Incarcerous Mortale: es simplemente una versión un poco más violenta (o mortal si así lo quieren ver) del incarcerous normal.
· Adapto: un pequeño hechizo para adaptar cosas, tal como lo usa Hermione para adaptar la ropa y zapatos a su cuerpo.
· Yr: runa germánica que representa la protección.
· Amatista: es la piedra de la transformación el cambio y el poder interior, propicia la aceptación del cambio y la transmutación.
· Oro: entre sus múltiples significados he decidido tomar el de la victoria, por obvias razones.
También he agregado 2 personajes nuevos, de los que aprenderemos más adelante ;).
Y lo que él le dice a Draco es " A quien tenemos aquí, al idiota más grande del mundo" y lo que Draco más adelante dijo fue "¿listo?". Por el momento vivo en Alemania y decidí que seria buena idea agregar un poco de estos aspectos de mi vida en este momento en mi fic.
Creo que eso es todo y sin más que decirles, me despido, chicas, saluditos y amor y paz.
Les recomiendo mucho que escuchen la canción de Danna Paola: "Dos extraños", es hermosa.
Y también la canción de Harry Styles: "Falling".
CIAO.
