―Si el libro no está en la biblioteca es seguro que está contigo. De no ser así, Stanley, significa que lo perdiste. –Habla Donald Uris, sentado en la silla de su escritorio y cerrando su propio libro para ver a su hijo.

Stan está ahí, parado en el marco de la puerta con la luz de la ventana pegándole en la cara casi como una bofetada por haber perdido algo tan importante. En este momento siente que quiere salir de ahí, incluso piensa que no debió preguntar nada pues la mirada de su padre es insistente debajo de sus delgados lentes de lectura. Cierra los ojos ante el probable regaño de su padre, sin embargo, es un suspiro lo único que escucha antes de que el adulto hable de nuevo.

―Sé que tú libro es importante para ti, respeto eso y no quiero que pienses que voy a regañarte siempre que pasa algo así, Stanley. –El muchacho es ahora quién suspira, sosteniéndole la vista a su padre está vez y relajando los hombros. ―Ve a la biblioteca pública a sacar el libro, el día es perfecto para ir al bañadero y no creo que quieras perdértelo para buscar el tuyo por toda la casa ¿O sí? –El hombre esboza ahora una sonrisa y su hijo le mira asombrado.

No es que el señor Donald Uris fuera de una mala persona o un padre bastante estricto, de hecho, era lo que la mayoría llamaría "un padre normal" pero Stan sabía, como su hijo, que a veces lidiar con él era algo frustrante. Pero ese día no estaba being frustrante, para nada.

- ¿Lo dices en serio? –Pregunta, aún escéptico.

―Está bien por hoy, pero cuando regreses buscarás ese libro. Tienes que ser más responsable con tus cosas.

―Está bien, papá. Gracias. –Dice, hace una pequeña reverencia como agradecimiento y sale del despacho del rabino antes de que este se arrepienta y lo ponga a estudiar o, efectivamente, a buscar su propio libro. Pero Stanley Uris no escucha ningún llamado de vuelta así que corre a su habitación, buscando su mochila junto a su tarjeta de la biblioteca y sale disparado hacía su bicicleta.

El día está soleado, pero no es tan caluroso como para no soportar los rayos del sol en la piel, hace apenas una brisa suave y, conforme va recorriendo las calles de Derry, nota como las hojas de los árboles se mecen suavemente. La primavera está por terminar y el verano ya está a la vuelta de la esquina. No sabe que es lo que le depara el verano, aunque quizás solo la pasé con sus amigos en el árcade, en los Barrens o probablemente en el cine viendo películas que solo a Richie le gusta ver; o tal vez pase la mayoría de días solo, hojeando su libro para identificar aves en el bañadero como otras veces.

Va pensando en eso cuando, antes de cruzar la calle de Neibolt una bicicleta enorme y plateada se acerca casi chocando con él.

La reconoce inmediatamente ¿Cómo podría no hacerlo?

—Lo siento, Stan. –Habla, jadeando un poco por la velocidad a la que iba. - ¿Estás bb-bien?

-Cuenta. –El muchacho mira a su amigo, su cabello se mece con el viento y le dejan ver su preocupada mirada. ―Estoy bien ¿Tú lo estás?

―Sí, s-solo iba rápido para, y-ya sabes, sentir la b- br-brisa. –Bill se encoge de hombros y sonríe, contagiándole ahora la sonrisa.

Stan no entiende bien lo mucho que a Bill le encanta subir a Silver e ir a toda velocidad por la calle. Aún recordaba cuando en una ocasión estuvo a punto de atropellar a una mujer mientras gritaba "¡Hai-oh, Silver!" . Su padre lo había regañado y castigado por una semana, no lo dejaba salir para nada y le advirtió que, si quería ir a esa velocidad en el enorme monstruo que tenía por bicicleta, que se asegurará de ir por calles poco transitadas. Y Uris se dio cuenta que Bill había hecho caso a la orden de su padre, pues la calle Neibolt estaba bastante desolada a esa hora del día. Bueno, igual que a cualquiera hora a no ser que transitaran unos cuantos vagabundos por ahí.

- ¿A dónde vas?

—Ah, yo ... Iba a la biblioteca.

―Wow, eso s-suena más a algo que B-Ben haría. –Dice Bill, bajando de su bicicleta y llevándola consigo mientras camina al lado de Stan. Este se encoge de hombros, soltando una risa pequeña por el comentario de Bill.

Y es que era bien sabido por todos que el lugar preferido de Ben era justamente la biblioteca. O al menos antes de empezar a juntarse con ellos luego de que lo ayudarán a esconderse de Henry Bowers y construyeran aquel dique con su ayuda el verano pasado.

―En realidad solo necesito sacar un libro, no iré a quedarme.

―Entonces ¿Puedo acompañarte? N-no tengo mucho que ha-hacer. GG-Georgie salió con mamá, Richie está castigado y Eddie fue a v-visitar a sus tías.

―¿Qué hay de los demás?

—Mike está ocupado los v-viernes y Ben pp-parece que haría los de-deberes.

—¿Y ... Beverly?

―Seguro haciendo los quehaceres con su m-madre. –Dados, encogiéndose de hombros.

-Oh.

Stan asiente y aleja la mirada de Bill. Sabe lo que es pasar un fin de semana aburrido y sin nadie con quien salir. Estar con Bill siempre es divertido, el chico siempre encuentra una forma con el cual divertir a los demás y hacer del día algo entretenido, pero Stan no está muy seguro de cómo podría hacer algo divertido para Bill, después de todo, él solo planeaba ver aves el día de hoy.

- ¿N-no te incomoda si te acompaño, cierto? –Dice, parando un momento su andar para ver a Stan a los ojos. Nunca pensó si realmente Stan quería compañía así que mejor preguntar.

―No, es solo que ... Iré a ver aves en el bañadero, no sé si sea algo que quieras hacer en tu fin de semana, podría ser aburrido para ti.

―E-Estaremos juntos, no le veo lo aburrido.

Bill comienza a caminar nuevamente y Stan se queda atrás por un momento, procesando las palabras del otro.

―Bien. –Es lo único que dice antes de alcanzarle junto a su bicicleta.

Llegaron a la biblioteca de forma rápida luego de montarse en sus bicicletas y echar una carrera. La vieja bibliotecaria se les quedó viendo un momento antes de hacer cara de fastidio y regresar a acomodar cosas en un estante, permitiéndoles a ambos chicos entrar sin ningún inconveniente.

—Creo que está por acá. –Informa Stan, haciendo que el otro le siga al pasillo con el letrero de "Enciclopedias".

Enciclopedia ilustrada de animales marinos, enciclopedia de animales, enciclopedia de aves de Norteamérica, enciclopedia de aves del mundo. ¡Listo!

—Lo encontré. –Susurra el judío, haciendo que Bill dejara una enciclopedia temática nuevamente en el estante del que la tomó antes de oír el llamado. Se acerca a él y de forma silenciosa le pide el libro para verlo.

Es un libro de pasta gruesa y de color azul rey, el título reza en letras enormes y en la portada se distingue una imagen de pájaros azules que Bill no supo distinguir ni mucho menos nombrar. Abrió el libro encontrándose con mucha información con algunas fotos adjuntas, estaba por empezar a leer un párrafo cuando Stan se le adelantó.

—Eso ya lo tengo, lo que necesito es esto. –Toma el libro de las manos ajenas y adelanta hasta más allá de la mitad, poniendo una página en la que solo se dejan ver imágenes de aves, nada de texto u otra cosa. —Tengo este mismo libro en casa, papá me lo compro hace tiempo, pero no sé dónde está y por eso vine a la biblioteca.

—N-no sabía que te gustaban tt-tanto las aves.

—Es algo nerd, lo sé, pero es un pasatiempo que tenía con mi padre y que poco a poco se hizo mío por completo.

—¿Entonces, n-necesitas el libro pp-para identificar a cada a-ave que ves o ...?

—Es como ... Como la colección de estampillas de Ben. –Dice, tratando de dar un ejemplo sencillo. —Voy al baño de aves y cada ave que observo y viene en el libro voy tachándola, como si fuera una colección. Además, gracias al libro sé sus nombres y un poco de cada una.

Bill asiente, entendiendo un poco a lo que Stan se refiere, e incluso, llamándole la atención de alguna manera. Sonaba bien para él.

Los dos muchachos toman rumbo hacía el mostrador donde la anciana les tomo el libro junto a la credencial de la biblioteca de Stanley y anotaba la salida del libro. Lo metió a su mochila cuando iban saliendo del silencioso lugar y luego caminaron hasta sus bicicletas.

—¿En d-dónde está el baño de aves?

—Cerca de la torre-deposito, donde está el Memorial Park. –Cuando Stan dice aquello, siente que revela una información personal.

Ese lugar era su lugar favorito, le gustaba estar ahí y pasar tiempo a solas. Recuerda cuando su padre le dijo que querían quitar el bañadero para poner una estatua en su lugar y se sintió pésimo, a final de cuentas no lo hicieron por ciertos problemas con los altos mando que él ni siquiera quiso entender; estaba feliz de que no tocaran su lugar especial.

Denbrough y él pedalean un par de kilómetros que ni siquiera sienten debido a la plática que llevan, divertidos y sin preocupaciones. Cuando están por pasar por la casa de Bill, este suspira. Es un suspiro de agobio.

Bill frena su bicicleta y Stan, un poco más adelante, hace lo mismo.

—¿Qué ocurre?

—Papá está c-cortando el césped. –Stan no entiende que hay de malo con ello, pero a juzgar por la cara del tartaja, está casi seguro de que él debería estar haciendo el trabajo y no Zack Denbrough. —Me t-tocaba a mí esta semana.

El chico está a punto de dar la vuelta con Silver, pero Stan lo frena antes de que pueda empezar a pedalear.

—¡Bill, espera! –Este se detiene y se gira a verlo. —Si vas a tener problemas con tu padre no pasa nada si no me acompañas. Recuerda que el martes tenemos reunión con los demás en la casa club y si estás castigado ...

—Es p-probable que ya lo esté, Stan. Pero g-gracias por considerarlo de t-todos mo-modos. –Dice Bill, dándole una sonrisa mientras se encoge de hombros. —Podríamos dar la v-vuelta par-

—¡William Denbrough!

Oh no...

Ambos muchachos se giran para ver al padre de Bill yendo hacia ellos con la cara molesta llena de sudor por el esfuerzo que hacía antes con el trabajo que su hijo debía hacer esa tarde.

Un día antes, mientras estaba cenando con su familia, Bill había prometido que antes de que su padre llegará el césped estaba cortado. Estaba ya lo bastante largo y su padre quería el patio en perfecto estado por dos cosas. La primera era porque le llegaría una carga de herramientas y no quería tener el lugar más sucio de lo que podría llegar a verso con las cajas fuera. La segunda era porque su hijo le había dicho desde hace dos semanas que lo haría y hasta ese día no había cumplido por salir con sus amigos.

-Papá...

—¡Nada de papá! Prometiste cortar el césped para hoy, William y llego a casa, cansado de trabajar y ver esas ramas creciendo por más de una semana y te encuentro aquí afuera ya punto de irte de nuevo. Porque es lo que ibas a hacer ¿O me equivoco?

Y era cierto. Bill estaba por decirle a Stanley que dieran la vuelta para irse por otra calle para llegar a la torre-deposito. Quería acompañarlo, de verdad quería, pero nunca recordó los deberes que tenía en casa.

—No, papá. –Dados, agachando la cabeza. —Pero te juro qu-

—Disculpe, ¿señor Denbrough? –Ahora es Stan quien habla, interrumpiendo a su amigo y poniéndose a un lado de este con su bicicleta. El hombre voltea a verlo, como si apenas reparara en su presencia. —Yo le pedí a Bill que me acompañará, teníamos un trabajo que entregar para el lunes y lo teníamos planeado para mañana, pero tengo que hacer algunas cosas para preparar una ceremonia con mi padre y tuve que venir por Bill para hacerlo de una vez. Si nos estábamos regresando es porque teníamos que comprar un material que habíamos olvidado, no fue mi intención meterlo en problemas.

Bill observa a su padre, quien ahora estaba de brazos cruzados mirando al rizado, analizando sus palabras con una ceja arqueada. Mira a Stanley por el rabillo del ojo, está serio y no hay una pizca de flaqueo o nerviosismo ante su gran mentira, siempre le ha sorprendido lo adulto que Stan puede llegar a sonar a veces. Richie siempre hacia bromas de que era como un anciano hasta en su forma de vestir, pero por Dios que Bill lo agradecía enormemente en ese momento, pues ve con alivio como su padre suspira, relajando el entrecejo y bajando los brazos a sus costados.

—Te creo, Stan. Pero eso no quita el hecho de que mi hijo no avisó ni siquiera a su madre. –Stanley le lanzó una mirada cómplice que Bill interpretó como un "Ya estás salvado, amigo." —Ahora vamos para que termines lo que falta. Lo siento, Stan, pero tendrás que ir solo a comprar lo que les faltaba.

—No hay problema, señor Denbrough. Y lamento el malentendido. –Dice, despidiéndose de Zack antes de girarse a Bill y sonreírle cuando el otro se da la vuelta para regresar al patio de la casa Denbrough.

—S-Stan, muchas gracias y siento n-no poder acom-acompañarte a ver a las aves. En serio q-quería ir contigo.

—Está bien, no pasa nada. –Sonríe, viendo la preocupada cara de su amigo. Seguro que hubiera sido genial ir con él, pero no quería que lo castigarán por una tontería. —Suerte con el césped que queda, Bill.

Toma su bicicleta y se va hacia el Memorial Park. No voltea hacia atrás, pero si lo hubiera hecho seguro hubiera visto la sonrisa en la cara sonrojada de Denbrough.

Cuando llega al parque, observa a su alrededor; no hay nadie cerca. Toma lugar en la banca que habitualmente usa y saca el libro que fue a buscar hace un rato en compañía de Bill. Lo abre justo en la página donde aparece un lindo cardenal y, luego de ajustar sus binoculares y ver la imagen del ave para tratar de grabarse su imagen, se concentra en el bañadero donde un solitario carpintero juega con el agua de este.

Ya vería a Bill otro día.