EVEN ANGELS HAVE RULES


RULE Nª 4


Sora vio como todas sus carpetas resbalaban de sus manos, el viento acompañó varias de las hojas sueltas en una danza que no parecía tener fin.

Ya iba un poco atrasada a exponer su colección final para presentarla como tesis para obtener su Titulo de Diseño, pero como todo no podía ser perfecto, ya desde la mañana se vaticinaba un día complicado cuando derramó café en su vaporosa blusa blanca, luego perdió el bus y el taxi tomó una ruta con un tráfico que la tenia con los nervios de punta.

¿Cómo termino todo? Un balón de football fue a dar directamente en sus manos tirando todo al suelo, y al viento, era un día ventoso… ella siempre recordaría esa característica.

Se acuclilló intentando alcanzar sus diseños que revoloteaban a su alrededor, el cabello le molestaba de los mil demonios y no lograba sacárselo de la boca y de los ojos.

Pero de un momento a otro el viento dio un girón y todo se detuvo. Las hojas, su cabello, los pliegues de su vestido verde. Fue en un segundo, quizás más pero él estaba frente a ella tomando todo lo que hallaba en el piso, hasta atajando uno que otro que quiso escaparse volando.

Taichi estaba frente a ella y todo lo que Sora pudo oír fueron los latidos de su corazón y la vena en su cuello pulsando alocada.

Fue amor a primera vista.

-¿Recuerdas cuando nos conocimos? – preguntó el moreno antes de beber algo parecido a un té verdoso.

Ambos se sonrieron mientras caminaban tomados de la mano por las calles de Odaiba.

-No sé como aprobé mi examen, estaba tan nerviosa… y tú, te escabulliste en el salón – rio como si no pudiera creerlo aún - ¡Lo hiciste y las palabras tiritaban en mi boca!

-No podía perderme uno de los momentos más importantes de mi novia.

-¿Novia? – Sora expulsó una carcajada sin importarle que algunas personas la miraran. En otra circunstancias ella habría enrojecido por completo, era muy compuesta, pero Taichi la hacía olvidar hasta los modales.

-Desde el segundo que te vi supe que ibas a ser mi novia – reclamó él poniéndose muy serio. Cosa muy rara en él.

-Yo me enamoré de ti en el segundo en que te vi – dijo muy despacio mientras apoyaba su cabeza en su hombro con delicadeza.

Siguieron caminando muy relajados, a pesar de que tenían un tren que tomar a Kyoto, la madre de Sora haría una exposición de Ikebana y la relación de las dos había mejorado tanto con el correr de los años, ayudado por el moreno, que no quería perdérsela.

Llegaron hasta el andén, donde los grandes letreros indicaban que en cuatro minutos más arribaría su transporte.

Taichi estaba pendiente de su celular, la hermana de éste, le consultaba si se quedaría en Kyoto todo el fin de semana o no.

De repente un fuerte viento se hizo presente y Sora tuvo que sujetarse fuerte del brazo de su novio.

Cerca suyo una pareja conformada de un chico rubio de ojos azules y otra trigueña de cabello largo comenzó a toser ya que se levantó bastante polvo.

Y Sora comenzó a sentirse inquieta sin razón. Miraba a todos lados.

Una angustia inexplicable atrapó su corazón y para cuando el tren llegó a la estación no quería subirse en él.

Miró a Taichi que, tomándola, de la mano la llevó al interior.

-No me siento bien, Tai – dijo llevándose la mano al pecho.

-¿Quieres ir al baño? – ella asintió – Te esperaré en nuestros asientos.

Se separó de ella besándola en la frente y eso acrecentó la angustia de la pelirroja que con mucho esfuerzo encontró el baño.

No supo cuanto tiempo estuvo allí, pero unos golpes en la puerta la hicieron reaccionar. Se mojó la mollera por ultima vez y al salir se encontró de frente con la trigueña.

-Muchas gracias - dijo apresurada – esto de estar embarazada me provoca ir al baño a cada segundo.

-Lamento mucho haberte hecho esperar.

Luego de caminar dos vagones encontró a Taichi leyendo una revista de deportes, éste giró para sonreírle, pero no alcanzó a ver su rostro. El tren se sacudió violentamente tirándola por el pasillo hacia adelante, se escucho algo explotar y todo se fue a negro.

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Abrió sus ojos y su mano atrapó lo primero que estuvo a su alcance. Los pantalones sucios del chico rubio.

-Por favor… Taichi… - pidió llorando - Es moreno… es… es mi novio - tosió sangre y comenzó a tiritar de un frío que solo ella sentía porque el ambiente estaba sofocante - estaba junto a mí.

-Lo siento, yo también busco a alguien – le respondió él antes de continuar su camino.

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El ángel Takenouchi volvió a la realidad luego que el angel Tachikawa la sacudiera sin mucho cuidado.

-Sora… estaba con Ishida, estábamos … - no sabía como explicar la situación y eso era muy extraño porque Mimi siempre tenía algo que decir – Ahora lo siento aquí a cada instante – pareciese que fuese a ponerse a llorar de un segundo a otro – siento algo que… algo que me quema, cuando lo toqué… me sentí viva. Tengo que ir a hablar de esto…

¿Qué? ¿Estaba loca?

Sora la atajo del brazo de inmediato.

-No puedes hablar con nadie de eso. Esta prohibido – sentenció seria.

-Sora, ¡Ishida y yo estábamos enamorados! – exclamó cerca de su rostro a ver si de esa forma le creía – tuvimos una vida juntos… en una vida anterior. Y no sé de él hace ya 8 días…

-Debe haber sido alguna broma de Ishida, ya sabes como es él.

-¿Por qué no me crees? ¿Acaso no somos amigas? ¿Nunca te mentiría? … - Mimi suspiró molesta – Quizás tu nunca has sentido amor, nunca te has enamorado.

La mano de la pelirroja reaccionó antes que cualquier pensamiento o lógica existente. Y fue a dar directamente contra la mejilla de su amiga ángel que se quedó con el rostro mirando a su derecha.

-So..Sora – murmuró tocando el lugar donde la había golpeado, quizás su mano fría haría bajar el ardor.

-No tienes idea de nada.

Fue lo único que dijo que se fue lejos, voló lejos allá donde los vientos huracanados hacían estragos, donde le recordaban lo bueno y lo malo y desde allí, Taichi aún dormía, la pelinegra ya que no estaba con él, había salido muy temprano (quiso averiguarlo, pero eso le correspondía al ángel guardián de esa chica y entrometerse en el trabajo de otros estaba sancionado).

Cerró los ojos que se iban llenando de lágrimas con una rapidez que le asustaba.

E hizo lo que no se debería hacer:

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Regla Nº 4 : Esta prohibido materializarse en el mundo de los humanos, no importa la situación en la que se encuentre el ser que se esta protegiendo. Cualquier falta será sancionada.


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Las grandes alas de Sora molestaban en la pequeña habitación de Taichi. Lo observó desde una distancia prudente y estaba tan guapo como el primer día. La luz de la mañana comenzaba lentamente a caer sobre su rostro.

Ella se acercó lentamente y se arrodilló frente a él.

Se tuvo que morder el labio inferior para darse fuerzas y estirar su mano para tocar su cabello, ese cabello desordenado que ella amaba. Luego con su dedo índice bajó por su mejilla hasta acabar en su boca.

Y cuando ya creyó que era suficiente fue a sus ojos, que para su sorpresa y miedo, la estaban mirando profundamente.

-¿Sora? – habló Taichi mirándola y ella tuvo de desvanecerse de inmediato.

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Las grilletas dolían alrededor de sus muñecas. Había sido despojado de sus alas, era el castigo. Debía caminar descalzo de un lugar a otro, sintiendo frío, hambre, cansancio… sintiendo como humano sin ser humano.

Todo había cambiado desde que tocó a Mimi, todo se sabía allí, y no demoraron más de dos días en ir a su hogar a sacarlo a rastras.

Lo primero que hacen, es quitarle sus alas y sus "poderes celestiales", le dan un cita con el ángel Gabriel que, obviamente, nadie sabe la fecha sino que es cuando "sea ha de ser". Segundo, les asignan un hada, la cual les trae comida y les entrega noticias acerca de su caso, las cuales habían sido nulas durante varios días.

Y tercero, te colocaban en una blanca celda.

A esperar… días, meses, años, decenas de años, miles de años…

-¿Me las puedes aflojar un poco por favor? En verdad duelen mucho.

Yamato conocía esa voz. No era posible que ella hubiera cometido una falta, era la más correcta de todas.

Pero ahí estaba Sora, pasando frente a sus ojos, pidiendo que le soltaran un poco los grilletes ya que estaban lastimando sus muñecas

-Yamato… - lo nombró asombrada. Era normal que él desapareciera porque quería estar solo en su miseria y tristeza, pero jamás pensó que él también rompería las reglas – Yamato, me reconoció, dijo mi nombre – dijo tratando de acercársele, sus ojos brillaban tanto que no sabia si iba a llorar – me reconoció - repitió antes de desaparecer.

-Mimi… - fue lo único en lo que pudo pensar.

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Vamos por la mitad…

Abrazos