Escribir el capítulo final no fue difícil, sino lo que le sigue. Fue tedioso. Hubo varios momentos en los que ya no tenía energía para ordenarlo todo, para pensar en los personajes, pero aún así no podía quitarme el sentimiento de responsabilidad para con ellos, y para los lectores (si es que aún los hay xD). Y bueno, fue un mucho de releerme e irme recortando, como esas escenas eliminadas de las películas que a veces nos ponen al final. Tuve que quitarlas, por muy "divertidas" o "conmovedoras" que me parecieran, tuve que aceptar que o eran paja, o tenía que trabajarlas más. Y la verdad es que me di cuenta que no aportaban gran cosa a la historia, así que ahora viven solo en mi memoria. Y bueno, ésta es la mejor edición de la que fui capaz con las pocas ganas que tenía de hacerlo. Perdonen pero los finales no son mi fuerte (originalmente el fanfic acababa en el anterior capítulo, ¡es más, originalmente era un one-shot!). Sin más, atásquense que hay lodo.
惚れ直す horenaosu
Verbo intransitivo. Enamorarse nuevamente de la misma persona.
Lo amo hasta la pared de enfrente y que conste que estoy a la orilla del mar.
Rosario Castellanos
Bueno, realmente nunca había escrito una carta tan larga, ni que me doliera tanto. Me quedé con la sensación de que vomitaba, ¿y ya ves que después te cuesta trabajo jalar aire, te duelen las costillas, y la boca te sabe a ácido…? Pues así me sentí después de escribir el borrador de esta carta. De verdad quería detenerme, dejar la pluma y no escribir nada, pero necesito decirte todas estas cosas, Itachi. ¿Crees que no me daba cuenta que tú siempre me preguntabas, de una forma u otra, por qué estaba contigo? ¿Qué quería de ti?
La verdad es que no puedo decir desinteresadamente que no quería nada, o que no me dabas nada… te quería a ti, todo tú. De una forma tan extraña, y con tanta hambre como con la que tú devorabas la fruta. Nunca me había sucedido antes, Itachi, así que no sé explicar bien qué sucedió. Y me asustaba, pero era mejor seguir que parar. Así que no te engañes, Itachi. Sabía lo que hacía. Yo decidí estar ahí, incluso sabiendo que me lastimarías y me romperías el corazón, sino es que también los huesos…
Antes de ti te juro que tenía muchas más cosas claras, pero luego llegaste y fue como si me revolvieras todo lo que traía adentro; a veces se sentía bien, a veces no, era un mareo constante... No soy muy bueno con metáforas, pero es como si de pronto te pusieran los lentes de la gradación correcta, y distingues hasta los bordes de cada hoja de un árbol… Al inicio te asustas y como que te marea todo, ¿no? pero después te preguntas cómo es que vivías viendo todo a medias, borroso… Bueno, fuiste algo así.
Fue una especie de revelación saber que había gente como tú, para las que cada día se sentía como una semana, y cada minuto de cada hora sentían como estática en la piel. Me sorprendías, me aterrabas de la mejor manera, porque hasta entonces yo había dado por sentadas muchas cosas, cosas tan simples como el sol y el agua. ¿Conoces esa canción que dice "y a veces me pregunto qué pasaría si yo encontrara un alma como la mía"? Eso de querer encontrar un alma como la de uno mismo me parece absurdo ahora. Porque seguramente te decepcionarás con el tiempo, a fin de cuentas el otro siempre es otro, ¿no? Pero yo no me decepcioné nunca de ti, porque desde un inicio supe que no eras mi alma gemela ni mi media naranja ni nada de esas cosas que cantan. Tú eras carne, sangre, sudor, temblores, cabello, uñas, piel, eras real. Y sentías todo muy diferente a mí.
No creo que estuvieras vacío, como decías tú, sino que estabas muy lleno, te desbordabas… Y encima de eso, te dolían tantas cosas... Tenías aquella herida original que todo el mundo carga y suprime, la olvidan o pretenden que jamás existió. Pero tú la tenías en carne viva, y te desangrabas un poco cada día, y creías que tenías que "arreglarte", ¿no? Me sentía tan mal cuando te avergonzabas de ti, ni siquiera después de lo que intentaste hacer (y afortunadamente, no salió bien), ni siquiera entonces deberías sentir vergüenza de ti, Itachi… Todos nos apuramos a limar los bordes agudos de nosotros, por así decirlo, para poder llevarnos mejor con los demás. Todos lo hacemos, pero es una lástima. Yo no cambiaría ni lo que consideras malo en ti, Itachi. No quisiera arriesgarme a intentar hacerte perfecto.
Cuando comenzamos a salir me di cuenta que no tenías mucha experiencia con gente, en primer lugar porque tú me lo habías dicho, y en segundo lugar porque se notaba que carecías de esa malicia y esa energía para jugar con el otro, como usualmente se hace en las primeras citas. No, tú ponías las cartas sobre la mesa y me decías sin titubear "me gustas", "veámonos el fin de semana", "ven a mi casa". Así como no te daba vergüenza decir eso, tampoco te sentías culpable cuando me decías "No puedo verte esta semana, estaré ocupado" o "Hoy no te quedes a dormir aquí, mañana tengo que salir temprano", no te temblaba el pulso para decir esas cosas, y yo, que la verdad ya estaba cansado de los juegos de estira y afloja, pensé: ¿entonces… siempre ha sido tan sencillo?, ¿dos personas que quieren verse y se lo dicen el uno al otro sin tapujos?
Contigo no había segundas intenciones. Y aunque me hacías sentir un poco como a un adolescente con su primer amor, queriendo que todos lo vean, que todos sepan que le pertenece, nunca hubo esa estupidez ciega del primer amor. El cariño no variaba con los días como si fuera el clima; si nos veíamos o no, si nos acostábamos o no, el cariño era el mismo… Sí sabes querer, Itachi, aunque digas lo contrario. Lo que no sabías hacer era dejar que te quisieran.
Quizá por eso te permití cosas que no habría aceptado de nadie más… Quería darte todo lo que no me pedías; "te lo mereces, te lo mereces sin pedirlo… sólo tómalo, por favor." Despertabas en mí la necesidad de cumplirte todos y cada uno de los caprichos que tuvieras... Quería que supieras que aunque no hicieras nada, te seguía queriendo. Aunque me trataras mal a veces, te seguía queriendo, aunque lloraras, te seguiría queriendo…
Y además... bueno, la verdad no lo sé, Itachi, te digo que no me había sucedido antes. Yo te quería, te quiero, así como eres... así como resultaste ser, incluso después del intento de suicidio. Te quiero tanto. Cuando me pasa algo interesante es a ti a quien se lo quiero contar, quiero que me hables de lo que lees, quiero que te quedes dormido a media película y tenga que llevarte a la cama, quiero verte cuando te peinas frente al espejo, con tanta calma y meticulosidad, y si se te queda algún mechón despeinado, vuelvas a empezar sin perder la calma. Incluso quiero verte cuando te cansabas de todo y te quedabas recostado, mirando al techo sin decirme nada.
Te quería (te quiero) a ti de pies a cabeza… Quería ver cómo serías en un futuro, cómo amarías, qué casas diseñarías, qué pasteles de cumpleaños elegirías... pero supongo que eso es algo que ya no sabré, o al menos no de la forma que imaginé… Ahora, ya me conformo con que respires.
No sabes lo que sentí (ni siquiera yo lo sé, a decir verdad) cuando llegué a casa y te encontré tirado en el suelo, con la muñeca ensangrentada... No sirve de nada señalar culpables, pero imagino que tú sentías vergüenza, y no querías tocar el tema, y yo con la culpa de no haberlo podido evitar, tampoco quería saber nada de eso. Ambos pensábamos estúpidamente que no habíamos hecho las cosas bien… Y de pronto yo ya no quise apartar la vista de ti ni un momento, Itachi. Sé que no fue lo mejor para ninguno de los dos, pero entiéndeme, me moría de miedo…
Por eso te digo que ahora ya me basta y sobra con saber que respiras, incluso si estamos mejor separados, sólo quiero saber que sigues aquí… Porque me enseñaste tantas cosas solo por el hecho de estar vivo.
- ¡Itachi, apúrate! Si no salimos pronto se va a hacer de noche-escuchó la voz de Madara llamarlo desde afuera de la casa. Eran cerca de las seis, y ambos tenían trabajo mañana, pero no se perdían nunca la ocasión para volver al mar...
- ¡Voy!-respondió, y dobló con cuidado el papel. El día anterior, haciendo la limpieza de su escritorio, se había sorprendido de hallar ahí la carta, tan bien guardada que no la habría encontrado a simple vista. Y ahora que había pasado tanto tiempo, las palabras que le había escrito Madara aún le quemaban la piel. Eran ácido puro, hacía que le ardieran los ojos, y se le erizaran los vellos de los brazos, como si lo dejaran todo cargado de electricidad.
- Y así me quedé hasta que volviste un año después…-murmuró Itachi para sí, revisando por última vez si las ventanas estaban bien cerradas.
Madara abrió los ojos en la oscuridad, no supo qué hora era ni dónde estaba, y por un momento pensó en Bianca, y que pronto tendría que levantarse, tomar una ducha y salir a trabajar, pero entonces reconoció el tacto, el olor, y la respiración de Itachi a su lado; tenía un brazo aún rodeándolo, e Itachi se había acercado más a él hasta casi hundir su rostro en su pecho. No recordaba ya cómo había llegado a la cama, pero sintió que no había problema, con Itachi ahí, todo estaba bien…
Cuando volvió a abrir los ojos, la habitación ya estaba iluminada por la luz y el otro lado del futón estaba vacío. Se apartó el cabello de la cara, bostezando, y comenzó a reconocer la pulcra habitación donde antes había pasado tanto tiempo con Itachi…
Se levantó y fue a la cocina. Itachi estaba sentado en la mesa, subrayando un libro y haciendo anotaciones en los márgenes; levantó la vista al escucharlo entrar.
- Buenos días-dijo Itachi, viendo cómo se frotaba los ojos con las manos. Recordó los domingos compartidos; Madara siempre despertaba después que él los fines de semana, pero cuando se trataba de ir a trabajar, era Itachi quien no quería abrir los ojos.
- Dejé tu desayuno en la cocina, puedes calentarlo si quieres-le dijo.
Madara asintió, entre bostezos y parpadeos, pensando lo raro que era de pronto una mañana amanecer en Japón. Casi quería pedirle a Itachi "vuelve a decir eso" para comprobar que efectivamente era japonés lo que salía de su boca. ¿Cómo era posible que lo que había añorado durante todo un año de pronto ya estaba al alcance de su mano? El simple hecho de que las envolturas de los dulces no estuvieran en inglés casi lo hacía llorar.
Y encima poder ver a Itachi, y hablar y estar con él como si de verdad nunca se hubiera ido, era perfectamente… extraño, en el buen sentido. Pero aunque todo parecía igual, no se dejaba engañar; notaba algo diferente en Itachi, aunque no sabría decir qué aún... ¿o era él quien había cambiado? Se sentó frente a Itachi en la mesa y entonces él pareció recordar algo de pronto, y fue a la cocina. Volvió con dos tazas y le dio una a Madara.
- Me acordaba que te gustaba tomarlo así…-dijo Itachi al ver que Madara miraba la taza entre sus manos pero no la bebía-. Perdón, te hubiera preguntado…
- No, está bien…-dijo lentamente Madara, aún mirando el café entre sus manos, sin poder comprender por qué de pronto sentía un temblor en su interior. Mientras, Itachi se había vuelto a sentar frente a él y tomaba su café, totalmente negro, sin azúcar ni leche.
- Te ves diferente-dijo entonces Itachi-. Más joven, más asustado.
Madara no supo qué decir, y finalmente le dio un trago al café, sintiendo la espuma de la leche disolverse con suavidad, y la amargura del café inundarle la boca. Sintió que el pecho se le calentaba con lentitud...
- Es paradójico, ¿no? Cuanto más creces, más cobarde te haces-dijo con voz queda.
- Yo no lo pondría así. Más bien, te importan más las cosas, y por eso te da miedo todo. Y aún así, sigues queriendo a la gente, ¿verdad? Apuesto a que alguien se enamoró de ti estando allá…
- ¿Por qué lo dices?
- Porque a ti se te da natural eso… Querer, digo-sonrió Itachi-. Así como mi hermano es bueno para dar órdenes, tú eres bueno en eso de querer a la gente. Creo que en algún libro leí que si te agrada la gente, naturalmente a ellos también les gustas…-Itachi volvió a poner su mirada en Madara-. Me gusta eso de ti. Me gusta mucho… Por eso sé que te has de haber enamorado de alguien, y que alguien te quiso allá… así como yo te quiero aquí-sonrió finalmente.
Madara se sintió desarmado ante Itachi, que decía todo eso con voz calmada y en plena mañana, aunque no parecían pensamientos aleatorios salidos de la nada. Itachi lo seguía mirando, preguntándole con los ojos: "¿y bien?" Y Madara se sorprendió de que esos ojos siempre podían atravesarlo aún más, hasta hacerlo querer desviar la mirada, hasta hacerlo tartamudear. Sintiendo que el rostro se le calentaba, Madara le contó todo lo que recordó, poco a poco, sobre Bianca, sobre la soledad que sintió, sobre el mar, sobre el clima…
Itachi lo miraba y asentía, preguntando de vez en cuando: ¿en serio?, ¿y qué hiciste?, ¿y después? Había electricidad en el aire cada vez que miraba esos ojos negros, que casi no se apartaban de su rostro. Incluso cuando la cadencia de sus palabras se volvía más lenta, y él se quedaba callado, no sentía prisa. Era un estado parecido a la duermevela, quizás a causa de la diferencia horaria, quizá porque hacía mucho tiempo que no se sentía tan a gusto y en casa.
- Debes estar cansado…-murmuró Itachi al verlo así. Madara asintió… ¿De verdad ya estoy de vuelta…? Miró alrededor, miró a Itachi, y fue como si él entendiera lo que pasaba por su mente.
- Puedes descansar aquí todo el tiempo que quieras-ofreció Itachi, y Madara asintió, sintiendo otra vez ese pequeño sismo en su interior.
"Desde que volví no he hecho más que derrumbarme" pensó avergonzado, y aún así no hizo nada por ocultar aquel mareo, aquellas ganas de comprobar que todo era real y consistente. Se quedó en la mesa, contemplando todo con cuidado, dándose cuenta de que una delgada línea de sol se colaba por la cortina detrás de Itachi, y que afuera se escuchaban a veces los carros pasar, y los pájaros trinar… Era casi mediodía y el aire se sentía caliente y húmedo, "sí, estoy de vuelta" se dijo a sí mismo. Posó sus ojos de vuelta en Itachi, que había retomado su trabajo; siempre le habían gustado mucho sus manos, con las uñas muy limpias, los dedos largos y delgados, que ahora pasaban páginas y sujetaban la pluma… esos dedos también lo habían tocado, recorrido tantas veces…
- ¿Cuándo tienes que presentarte a trabajar?-preguntó Itachi sacándolo de sus cavilaciones. Madara tuvo que ver el calendario pegado en la pared para comprobar el día que era.
- En una semana.
Itachi asintió, y siguió haciendo anotaciones por un rato.
- ¿Qué es lo primero que quieres hacer? ¿Volver a tu departamento?-se atrevió a preguntar finalmente en voz baja.
- No… aún no.
Al escuchar eso Itachi sonrió, aliviado, sin intentar siquiera disimular lo feliz que eso lo ponía. La verdad es que sentía un hambre diferente ahora… Pensó que querría lanzarse encima de Madara, besarlo, tocarlo, que estuviera dentro de él, que lo llenara de saliva y semen, pero… no era así. Sólo quería contemplarlo justo como ahora lo hacía, ver cómo se rascaba la cabeza y bostezaba, cómo se movía lentamente, como si sintiera que nada era real. Quería preguntarle si le dolía algo, si ya estaba lleno, si tenía sed, o frío, o ganas de ir al mar. Era un apetito constante y delicado que se parecía a los días de verano cuando era estudiante, sin prisas, sin saber cuándo iban a acabar, ni cuándo habían empezado, algo eterno…
- Tengo que ver a un cliente a las 2, y después pasaré por el centro a comprar algunas cosas… Creo que comeré fuera, perdón. Volveré alrededor de las 6, y…-suspiró-, y después saldré con Yoko, porque hace unos días hizo su examen para entrar a la especialidad, y le prometí que celebraríamos. Perdón, quería tener todo el día libre, quedarme en casa…-dijo Itachi, mirándolo apenado.
Madara no pudo evitar sonreír al oír a Itachi hablar así; tal como había pensado, la promesa que se habían hecho al separarse había sido imposible de mantener,el mundo había seguido girando sin él; pero aún así, de alguna forma, todo parecía haberlo esperado en su sitio. Pensó también que antes Itachi sólo le hubiera dicho "estaré ocupado", sin dar tantos detalles, y ahora todo parecía mezclarse, su trabajo, sus amigos, sus compromisos…
- No te preocupes, la verdad es que creo que sólo dormiré todo el día…-comenzó a decir Madara-... ¿Dije algo gracioso?-preguntó desconcertado, porque una sonrisa había aparecido sin aviso en el rostro de Itachi. Y es que no podía contener el impulso de sonreír cuando miraba a Madara. ¡De verdad estás aquí! Quería tocar sus manos y apretarlas, sólo para comprobar que no se desvanecía.
- No, nada, me acordé de algo chistoso…-dijo Itachi.
Les gustaba ese bar porque podían llegar caminando, tenía buena música y las bebidas eran baratas. Usualmente cuando salían a tomar, dependiendo del ánimo que tuvieran, continuaban la fiesta y se iban a bailar o al karaoke, o volvían a casa ligeramente ebrios y hablando de un sinfín de cosas. Otras veces, Itachi tenía apetito para otras cosas y Yoko volvía temprano a casa, dejándole dicho que se cuidara.
Esa noche Itachi dejó que Yoko hablara largo y tendido de su trabajo y del examen, de cómo había médicos que tenían colapsos nerviosos durante el examen, o iban y venían del baño por la diarrea que los nervios les causaban. "Pero todos estamos acostumbrados" repuso finalmente Yoko y brindó. Itachi la escuchaba entre horrorizado y fascinado, a la vez que sin poder controlarlo su pensamiento volvía a Madara y en lo apacible que se veía su rostro esa mañana mientras dormía. Yoko no pudo evitar notar que Itachi se quedaba callado y con la mirada perdida de vez en cuando...
- Así que ya volvió…-dijo ella sonriendo, mientras le pasaba una cerveza a Itachi.
- ¿De qué habla ahora, doctora?-le preguntó Itachi, riéndose, y le dio un trago a su cerveza.
- De la persona en la que seguramente estás pensando mientras platicamos, y por la que tienes esa sonrisa boba en la cara...
- No sé de qué hablas-repuso Itachi, pero ante la mirada de Yoko, finalmente admitió-: sí, ya volvió. Está quedándose en mi casa.
Yoko negó con la cabeza enérgicamente.
- Increíble, Itachi, que estemos aquí perdiendo el tiempo-dijo ella levantándose-. ¿Puedo conocerlo? Así ya podría ponerle un rostro a ese ex que no superas.
- No es mi ex-cortó Itachi, cruzándose de brazos.
- ¿No?
- No, bueno, pero…-comenzó Itachi, levantándose también, y finalmente se sonrió-: algo somos, pero no es mi ex.
- Si llegó a tu casa en lugar de la suya, claro que son algo-repuso Yoko risueña, y dejó su parte de dinero en la mesa.
Itachi le mandó un mensaje a Madara para preguntarle si estaba despierto.
- Si no contesta, no vamos a ir, debe estar cansado-le aclaró Itachi. Yoko asintió, sonriendo.
- Está bien, si no contesta, nos vamos a mi casa.
Pero Madara contestó que estaba despierto, y bastante aburrido de sólo dormir, así que volvieron a casa. Pasaron por un konbini a comprar más alcohol, e Itachi recordó que no necesitaban botanas porque había comprado un montón de cosas hacía unos días para recibir a Madara, con eso bastaría. Sosteniendo cada uno una bolsa de plástico con latas, caminaron de regreso.
- Yoko, recuerda…
- ¿No contar sobre las noches que no volvías conmigo a casa?-completó Yoko.
- Por favor-murmuró Itachi.
- Esto es nuevo, pensé que no te importaba.
- No es eso… a final de cuentas él ya me conoce, sabe cómo soy y me ha visto borracho, y le he contado algunas cosas, pero… no sé, sólo… No quiero que piense que este año entero no hice más que acostarme con desconocidos… porque en parte fue así, pero… pero no es porque no me acordara de él, no sé, sólo…
- ¿Quieres que sepa que estás enamorado de él, aún y a pesar de todo?-volvió a terminar la frase Yoko, sintiéndose conmovida de ver a su amigo tan nervioso. Itachi asintió, sin poder sostenerle la mirada. Quería hallar el momento adecuado para decírselo, pero no quería abrumar a Madara a tan poco tiempo de haber vuelto… y lo cierto es que le gustaba estar en este limbo con él. "No hay prisas, a final de cuentas, algo somos…" pensó y se rió para sí.
Yoko mantuvo su promesa, pero aún así no desperdició la ocasión para contarle a Madara un sinfín de anécdotas vergonzosas de cuando eran niños. Itachi la contradecía siempre, argumentando que era ella la que lo metía en problemas. Entre amistosas discusiones, las latas vacías se fueron acumulando y pronto Yoko dijo que quería bailar. Itachi le dijo que estaba muy ebrio para coordinar, así que Madara se levantó y bailó con ella. Itachi no se sorprendió, como Yoko, de lo bien que bailaba Madara, porque de la misma forma en que hacía ahora con ella, lo había sujetado a él, y le había pasado el brazo alrededor de la cintura, y como jugando, le había enseñado a bailar valses, tangos, boleros; no… "Más bien me enseñó a dejarme guiar" pensó Itachi, dándose cuenta de que en los brazos de alguien más seguramente se hubiera tropezado con sus propios pies.
- Ayúdanos a decidir-comenzó a decir Itachi una vez que se sentaron-. ¿Quién de los dos tendrá un posgrado primero?
- Es obvio que yo, ¿no ves que acabo de hacer mi examen…?-contradijo ella.
- Pero a los doctores les lleva añoooos, añooos, hacer algo. Cuando tú salgas yo ya tendré un doctorado.
- No, claro que no. Madara, háznos una pregunta, la que sea, y veremos quién está mejor preparado.
Madara se quedó en blanco un momento, pensando que lucían como dos niños peleando, dos niños muy ebrios. Yoko se reía, igual que Itachi, sin razón aparente, y Madara se dio cuenta por qué se llevaban tan bien.- Bueno… ¿cuál es el porcentaje general del IVA en Japón?-preguntó Madara, porque fue en lo primero que pensó. Vio cómo las caras de ambos se quedaban en blanco, mirándolo.
- Se supone que es algo que debería saber cualquier ciudadano…-Ambos seguían mirándolo.
- ¿15%?-propuso Itachi.
- ¿7%?-aventuró Yoko.
- Bueno, creo que sabremos quién tendrá su posgrado cuando sea el momento-declaró Madara-. Y el porcentaje correcto es el 10%, subió dos puntos el año pasado.
Itachi y Yoko se miraron mutuamente, como si estuvieran complacidos con la respuesta, y dieron por hecho que olvidarían a la mañana siguiente dicho porcentaje.
- Bueno, tengo que dormir ya o mañana no llego al trabajo-dijo Yoko al ver el reloj, eran casi las 3. Entre risas y con un vaso de agua en la mano, Itachi la llevó al cuarto de invitados.
- Ahora entiendo muchas cosas-susurró Yoko recargada en el umbral de la puerta, tomándose el agua-. Si ése fuera mi ex, también habría tenido que tirarme a todo el bar para olvidarlo.
- No fue todo el bar...-se rió Itachi.
- Pero no creo que vayas a tener que olvidarlo-agregó Yoko-. Te quiere, se le nota. Y más importante, ¡a ti se te nota! El desbalance químico del amor es delicioso y adictivo, las pupilas se dilatan, no te da hambre, no te da sueño, vives en una burbuja de felicidad… es un coctel de feniletilamina y dopamina. Disfrútalo, y me cuentas qué pasa.
Y sin más, un prodigio le deseó al otro las buenas noches.
Cuando Itachi volvió a la sala, Madara tuvo sin querer un deja-vu de la primera vez que lo había conocido, pues también se caía de borracho y miraba su cara con intensidad, como si quisiera ver cada poro en la piel.
- ¿Nos… nos tomamos otra?-propuso Itachi-. ¿O bailamos…?
Madara se levantó del sofá y le tendió una mano, e Itachi sintió cómo tiraba con suavidad de él, y lo hacía girar con lentitud, pero Itachi estaba tan mareado que se sujetó a él para no caer, y Madara, sorprendido de pronto por el peso de Itachi, apenas alcanzó a sujetarlo por el talle para que no se cayera.
- Hora de dormir, Itachi-le dijo Madara sonriéndole.
- ¿No hemos hecho esto antes…?-preguntó Itachi, sonriendo, pasándole los brazos alrededor del cuello y cerrando los ojos, riéndose sin motivo. Como no hacía el mínimo esfuerzo por pararse, Madara terminó dejándose caer con él en el sofá. Itachi seguía rodeándolo con los brazos, y abrió las piernas para tenerlo entre ellas, sus caderas juntas.
- Qué nostalgia…-murmuró, aún con los ojos cerrados. Madara lo miró y se le encogió el estómago, el aroma de Itachi, que no era ningún perfume en específico, sino el olor de él, de un ser humano, la calidez de la piel, de la sangre bombeando en las venas, la sangre que se tenía que quedar dentro del cuerpo, no ser derramada, no ser derramada… Itachi se reía, como entre sueños, y Madara sintió cómo lo apretaba contra él, entre sus muslos, y cómo pasaba y repasaba las manos por la espalda. "No seas así de injusto…" pensó y besó sus labios, que estaban húmedos y sabían a alcohol, dulces.
- No-lo apartó Itachi, abriendo los ojos-. No me beses… no puedo…
Madara se quedó inmóvil, porque por un lado Itachi ladeaba el rostro para evitarlo, pero aún así lo apretaba entre sus piernas.
- ¿Qué quieres que haga, entonces?-le preguntó Madara, contrariado.
- Quiero que no te vayas, eso quiero…-murmuró Itachi-. ¿Recuerdas cuando me dijiste que había veces que preferías nunca haberme conocido…?
- Itachi, eso fue hace más de un año… y teníamos muchos problemas, perdón… no debí haberlo dicho así…
Itachi negó con fuerza, el cabello cayéndole sobre la cara.
- No… la verdad yo tampoco quisiera haberme conocido en esos momentos… ¿Te confieso algo?-murmuró Itachi, risueño de nuevo. Madara asintió, e Itachi se irguió en sus codos, para poder acercar más su rostro al de él-: No eres el único que se acuerda de cómo nos conocimos... Sí, ya sé que esa vez estaba ebrio y que después de vomitar me quedé dormido...- su voz tenía esos sube y baja de cuando uno está tan borracho que ya no sabe si quiere hablar alto o bajo, y termina no haciendo ni una ni otra-. Pero aunque no recordé al día siguiente ni tu nombre, ni de qué color tenías los ojos, recordaba que me habías tocado de una forma distinta a la de la mayoría de las personas… ¿cómo decirlo?-Itachi sonreía, no apartaba los ojos de él, pasaba sus dedos entre el cabello de Madara-. Dejabas que recargara todo mi peso en ti sin problemas, y mientras pedías el taxi sentía que lo único que me mantenía en pie era el brazo con el que me sujetabas por la cintura… se sentía cálido... Y en el taxi dejaste que reclinara mi cabeza en tu hombro, y me ponías una mano en la frente, porque ni siquiera tenía la fuerza de mantenerla erguida, como los bebés…-Itachi se rió y dejó caer la cabeza hacia atrás; sintió el aliento de Madara en su garganta-. Así eres tú… No muerdes aunque podrías hacerlo. No me hiciste daño aunque pudiste hacerlo… No sabes cuántas veces me he topado con hombres que harían lo contrario… Pero tú no eras así… Me di cuenta por cómo me tocabas, porque si yo acercaba mi rostro al tuyo, tú te apartabas y decías "cuidado" o "¿te sientes mareado?" Y tu cara-Itachi puso ambas manos en las mejillas de Madara- Qué preocupado te veías esa noche… "Qué desconocido tan atento" pensaba yo, sin ningún miedo. Porque no podías ser malo, no podías ser malo si tocabas así a un completo desconocido…-Lo abrazó contra sí, y Madara lo sintió temblar pero no supo si era llanto o risa-. Eres tan dulce… y yo fui tan malo contigo, es que no podía creer que fueras real… Quiero… quiero hacer bien las cosas, no como antes. No quiero lastimarte, no quiero…-De pronto Itachi rió levemente, como cayendo en la cuenta-. Y pensaba decirte todo esto sobrio… pero… pues ya no aguantaba decírtelo… soy estúpido-finalizó, encogiéndose de hombros, y en seguida se llevó un dedo a los labios-. Pero sshhhh… no le vayas a decir eso a Yoko…
Madara sonrió y negó con la cabeza, apartándole el cabello del rostro. Cuando Itachi bebía era fácil de abrazar y de cuidar, se dejaba hacer, se abandonaba y decía las cosas como salieran. Itachi ahora lo contaba entre risas, pero aquella noche en que se conocieron, Madara se había sentido realmente preocupado y le había repetido un montón de veces: "Te llevaré a tu casa, sólo te llevaré a tu casa". E Itachi como que ni siquiera había escuchado mucho, sólo se dejó abrazar y a veces lo miraba a la cara y le sonreía. "¿Por qué estás tan serio…? Tienes las manos tibias" le decía en el taxi, a media voz, mareado. Y cuando habían llegado a casa, Itachi le había preguntado directamente: "¿Vamos a hacerlo?" y Madara había negado, asustado… asustado de que se lo pudiera haber dicho a cualquier otro desconocido. Lo había ayudado a vomitar, le lavó la cara con agua fría, le dio a beber suero, y lo recostó en su cama.
- Me gustas…-escuchó que decía Itachi a media voz, adormilado, sacándolo de sus recuerdos-. Me gustas. ¿Te gusto?
Madara no pudo evitar sonreír ante lo transparente que se volvía Itachi a veces.
- Sí, me gustas-le dijo, desarmado por la ternura. Con esas palabras Itachi pareció tranquilizarse, cerró los ojos, y Madara sólo pudo escuchar su respiración pausada: se había quedado profundamente dormido.
Después de aquella extraña confesión, dieron inicio los días en los que Itachi sentía que el corazón se le aceleraba al sentir cerca de él a Madara, con el simple roce de sus manos al pasarle los cubiertos, o con su mirada sobre él mientras trabajaba o leía. Y a pesar de eso, podían dormir juntos. Literalmente, sólo dormían. Madara dejaba que Itachi lo abrazara por detrás, que enterrara su nariz en su nuca, y así se quedaban dormidos…
"Ojalá nunca regresaras a trabajar" pensaba Itachi entonces, extasiado de esos días desordenados, sin rutina, en los que se reían como amigos, amigos que se besaban en la boca, amigos que resistían las ganas de besarse más allá de la boca… Yoko tenía razón, aquello era como una droga, e Itachi sentía que de verdad se paraba el tiempo cuando ponía su boca sobre la de Madara; no sentía su cara ni sus dedos, sólo sus labios unidos a los de él. Al inicio lo aterraba, pero entonces Madara lo miraba y le sonreía y él decidía que seguir así, desordenado y lleno de luz como esos días, no estaba tan mal.
Era también un hambre deliciosa la que sentían, porque sus cuerpos recordaban perfectamente al otro, y lo querían devorar, pero, en el nombre de "hacerlo bien", ambos trataban de resistir aquella urgencia. "Ya no puedo más…" pensaba Itachi de vez en cuando al ver a Madara masticar, los labios húmedos de saliva, las manos fuertes y grandes sujetando los cubiertos… A Madara también se le cortaba el aliento por momentos, cuando Itachi se sujetaba de pronto el cabello, y veía su nuca, suave, o cuando lo veía usando pantalones de mezclilla, dejándole intuir las curvas de los muslos y pantorrillas, y paseándose por la casa. "Ya no puedo más…"
Y entre fiebres y temblores como los de la tierra en primavera, los días pasaron hasta que de pronto se dieron cuenta que faltaba un día más para que Madara regresara a trabajar.
-¿Por qué será...?
A media luz, de pie en la sala, miraba el rostro de Madara, buscando una respuesta en las cejas, en las pestañas, en la curva de los labios. Madara le rodeaba el talle con ambas manos, y se mecían con suavidad, el calor de ambos abdómenes juntos, sus cuerpos aún encajaban tan bien...
-¿Qué?
-Que la última vez, cuando nos separamos, lo acepté con calma... Pero ahora que tienes que volver al trabajo, que podré verte quizá sólo los fines de semana… me gana la impaciencia, las ganas de tenerte aquí... Te extraño y aún no te has ido.
Madara se quedó callado; no tenía palabras para decirle lo bien que se sentía volver a tenerlo cerca, escucharlo hablar, poder tocarlo, olerlo... Y entonces se sorprendió al oír a Itachi:
-Múdate.
Itachi vio el rostro de Madara demudar, los ojos se agrandaron, y la boca se quedó ligeramente abierta. Itachi sonrió y le pasó sus manos por las mejillas, con sus dedos delineó las cejas, el puente de la nariz, tocó una pequeña cicatriz en la mandíbula, casi imperceptible, y finalmente delineó los labios con sus dedos.
-Múdate conmigo-repitió.
-Itachi…
Itachi sabía que estaba siendo impulsivo, que en el mundo en el que vivían los adultos como ellos no podías simplemente decirle a un ex que viviera contigo después de no verse durante casi un año. Pero la verdad era que algo en el estómago le decía que funcionaría, que no quería arriesgarse a que Madara desapareciera de su vida de nuevo…
- Entonces... ¿no somos una mala combinación?
Itachi se quedó pensando un rato, y después negó con la cabeza. Levantó la mano izquierda y dejó que el interior de la muñeca apuntara hacia el techo. Ahí estaba la cicatriz, aún bastante visible, de un color entre marrón y rosado.
- Yo creo que las circunstancias no fueron las correctas…-dijo. Madara tomó su mano con suavidad y posó los labios sobre la marca que tanto caos había traído a sus vidas… Itachi sintió un escalofrío al sentir su aliento rozándole la piel… Tomó aire y continuó:
-Hay muy pocas cosas sobre las que esté tan seguro como de esto. Tú sabes cómo soy, sabes que le doy vueltas a todo, pero estos días que pasamos juntos, quiero que cada vez que salgamos volvamos a casa juntos, no sólo hoy, sino siempre. Y que cenemos, y platiquemos, y al día siguiente nos veamos despeinados, y... y todas esas cosas de las que está hecha la vida con alguien...
Madara parecía no poder decir nada… solo lo apretaba contra sí con fuerza.
- O tal vez solo soy yo el que se siente así…-dijo Itachi finalmente, con la tristeza pintada en el rostro.
-No es eso, Itachi… es que…tú mismo lo dijiste: cuanto más te importa algo, más miedo tienes… No parece real, poder verte y tocarte diario es demasiado…-No pudo articular más y se inclinó a besarlo. Sí… su cuerpo recordaba todo sobre la persona frente a él: su aroma, su forma de respirar, su saliva, la piel, las pestañas sobre las mejillas, sintió hambre. Un hambre que parecía que iba a durarle toda la vida...
-Espera….-jadeó Itachi, al que lo había tomado desprevenido el beso-. No quiero quedarme callado, necesito decirte esto… y aprovecharé que no estoy borracho. Tú y yo no podemos ser desconocidos, no después de todo, y tampoco quiero que seamos como antes… Eso lo tengo claro, y también tengo claro lo que quiero de ti: quiero ver cómo te enfadas cuando no encuentras las llaves antes de salir, quiero ver cómo dices que ya no usarás el celular antes de dormir y aún así terminas desvelándote, quiero poder tenerte para mí todas las tardes de domingo, en las que ni Dios quiso hacer nada. Quiero todas esas cosas que perdí cuando nos separamos, todas esas cosas que no veía porque estaba ocupado odiándome a mí mismo…-paró para recuperar el aliento.
- Veo que aún hablas como si tuvieras miedo de que se te acabe la voz...-rió Madara, acariciándole la mejilla.
- Y no he terminado-dijo Itachi, decidido-: Ésta es mi propuesta: vive aquí, conmigo, un mes entero. O incluso un día más, si pasado mañana quieres irte, no intentaré detenerte.
Madara sonrió ante la determinación de Itachi. No había cambiado en absoluto esa forma de decir las cosas a la cara, sin titubear.
- Me encantaría-respondió.
Madara desempacó finalmente todas sus cosas esa noche, y tuvo una sensación extraña al dormir junto a Itachi esa noche… Ya había vivido junto con él, pero antes se habían sentido como vacaciones, como un escape de la realidad, y ahora… Itachi le daba calor y significado a lo que de otra forma sólo habría sido una casa y un montón de muebles. El aroma de Itachi en las habitaciones, la cocina siempre llena de comida, las plantas de Itachi que a final de cuentas siempre se encargaba de regar Madara, el cesto de ropa sucia que se vaciaba los domingos, la ropa de ambos que ya olían al otro, usar el mismo shampoo… todo eso era un hogar, y Madara se asombró de no haberse sentido así antes.
Y el tiempo pasó sin hacer ruido, sin tocarlos... Semanas después celebraron el cumpleaños de Sasuke. En agosto fueron seguido a la montaña, tratando de escapar del calor; septiembre los ocupó a ambos en trabajo, y tuvieron ojeras durante semanas, después los meses parecieron ir de dos en dos, y adornaron la casa para navidad e Itachi compró dos regalos para Madara, uno de cumpleaños y otro de navidad, después pospusieron hasta febrero quitar los adornos... Hasta que de pronto el año había dado la vuelta. En junio, un año después, Itachi le dijo a Madara con sorna: Y sólo iba a ser un mes...
- Oye… ya llegamos-le dijo Madara a Itachi, sacándolo de sus cavilaciones. Había tenido la mirada fija en su mano, apoyada en la ventana del auto. Contemplaba el anillo de plata pensando en que ya se había acostumbrado a verlo diario en su dedo anular. Cerró los ojos y trató de recordar: ¿cuántos años…? ¿Tres? ¿Cuatro? No atinaba a contar con precisión, porque sentía que su existencia se había mezclado indisolublemente con la de Madara, y pensar en un antes de él le parecía raro, le daba pereza.
- ¿Tienes sueño?-le preguntó Madara. Itachi asintió, el mar siempre lo dejaba exhausto, un cansancio exquisito, y la cabeza como que le daba vueltas; sólo quería comer algo dulce y dormir. El ronroneo del auto se detuvo, e Itachi entreabrió los ojos para reconocer la puerta de su casa… Sonrió, feliz de llegar, de pensar en su futón, blando, tibio... Madara comenzó a sacar las cosas de la cajuela y acarrearlas adentro. Mientras, Itachi no podía reunir las fuerzas para levantarse del asiento. Aún sentía la arena en la piel y el sabor de la sal en la boca... Iba a dormir de maravilla.
- ¿Te cargo?-escuchó de pronto la voz de Madara, casi en su oído. Negó sin abrir los ojos.
- La última vez me pegaste en la cabeza con el marco de la puerta… -murmuró adormilado.
- Te pedí perdón…-respondió entre risas Madara.
- No, no... ya voy… yo puedo…-siguió diciendo Itachi, pero Madara sabía que no se levantaría. Se apoyó en el carro, esperando, y mientras tanto recordó enviarle un mensaje a Sasuke de que ya habían llegado. Se preguntó cuántas veces ya se había repetido esta rutina de fin de semana.
Iban a la playa dos veces al mes, Itachi no perdonaba que no fueran, era como un niño recordándole a sus padres la promesa que hicieron. Se levantarían temprano el sábado, empacarían comida y ropa, y saldrían. Itachi siempre conducía de ida, quizá porque estaba impaciente por llegar, pero también porque Madara odiaba estar despierto a esa hora… A veces Sasuke y Naruto iban con ellos, pero usualmente ellos llegaban allá por su cuenta, porque a Sasuke tampoco le gustaba levantarse temprano.
Con el tiempo, Madara se dio cuenta cada vez más de cómo esos dos se necesitaban. Cuando llegaban y se veían y se abrazaban, naturalmente Madara y Naruto se quedaban hablando entre ellos, porque sabían que en ese momento ellos dos no existían ni para Itachi ni para Sasuke. Los hermanos hablarían sin parar durante horas sobre cosas que ellos no entendían o no veían la relevancia, y se reirían de cosas del pasado. Pero estaba bien, ¿qué era la familia, sino esas personas con las que tienes un mundo desde que naces?
Al principio había sido difícil la convivencia con Sasuke, porque él tenía la costumbre de decirle a todos lo que deberían hacer, y Naruto e Itachi sólo sonreían y acataban, le daban por su lado sin pensárselo mucho. Pero Madara no era así, y tanto Naruto como Itachi no podían evitar reírse cuando los veían peleando sobre qué hacer, qué comer, qué jugar...
- Bueno, Sasuke, ¿no es divertido? Ya era hora de que alguien llevara la contraria-le decía Itachi, recargándose suavemente contra Madara. Los juegos de mesa se habían vuelto sin duda más divertidos; Itachi y Naruto terminaban ganando casi sin esfuerzo, porque Sasuke y Madara estaban tan enfocados en no dejar ganar al otro que perdían de vista la partida completa.
"Está bien, a final de cuentas somos familia…." pensó Madara y se estiró para desentumirse del viaje, él también quería dormir. Se asomó al asiento del carro y Madara se dio cuenta de que Itachi, en efecto, ya se había quedado dormido. Lo tomó entre los brazos, y lo escuchó mascullar algo ininteligible. Esta vez tendría cuidado con la cabeza.
Fin.
¡Y esto se acabó!
¡Y se casaron sin mi permiso, no puedo creerlo! Estoy muy feliz por ellos :') Me preocupaba mucho que este final quedara de lo más meloso... y pues sí, así salió. Pero ya merecían algo así de lindo, ¿no creen?
No sé qué decirles a ustedes, más que muchas gracias por leer. Si los cambios de temporalidad los sacaron mucho de onda y no saben ni qué pasó, no los culpo, les digo que lo edité y uní lo mejor que pude. Coméntenme qué les pareció c:
Espero que nos leamos pronto.
