Vínculo

Disclaimer: Naruto y Naruto Shippuden pertenecen a Masashi Kishimoto.

Resumen: Naruto y Sasuke sabían que estaban destinados a ser compañeros desde niños y, cuando tuvieron su primer celo, no pudieron controlar sus instintos y terminaron enlazándose, teniendo ambos apenas 12 años.

Cuando Sasuke se marchó de la aldea con la intención de hacerse más fuerte para destruir a la persona que había asesinado a su familia, Naruto dio todo de sí por ir tras él y salvarle de su sed de odio y venganza.

— ¿Cómo podría yo convertirme en Hokage si no puedo salvar a mi propio compañero?

—Tú y yo ya no somos compañeros, Naruto. Me desharé de esta marca y del vínculo que nos une.

Aclaraciones:

-Este fic es un omegaverse con Alfa!Naruto y Omega!Sasuke, por lo que es un Narusasu yaoi.

-Es un fic de rating M, contendrá escenas de sexo explícito y Mpreg en futuros capítulos.

-Tendrá aproximadamente 4 capítulos sin contar el prólogo. Estos se enfocarán luego del final de Shippuden, específicamente después de que Sasuke se va de la aldea en su viaje de redención.

-El prólogo es básicamente un mega resumen de algunas cosas que pasan en la serie, con ciertos cambios para que los futuros capítulos sean más claros y entendibles para el lector. Hay diálogos que fueron cambiados y puede que el orden de algunos eventos no coincida con la serie.

-Se menciona actividad sexual entre menores, pero nada explícito.

Nota: El prólogo está bastante apresurado porque solo quise mencionar lo suficiente para que la historia se entienda en los siguientes capítulos.

Tal vez escriba otro fic más adelante con one-shots ubicados durante la infancia y adolescencia de Naruto y Sasuke, para que puedan observar su modo de interactuar antes de esta historia.

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Prólogo

En el instante en que Naruto y Sasuke se vieron por primera vez, sintieron una increíble curiosidad el uno por el otro.

Era el primer día de clases en la Academia Ninja y, luego del discurso del Tercer Hokage, todos los de nuevo ingreso fueron dirigidos a sus salones. El pequeño Naruto no pudo evitar que su nariz captara un aroma sumamente agradable y, cuando quiso buscar el origen de este, sus ojos se encontraron con una mirada oscura y profunda. Era un niño de su edad y estaba en el mismo salón que él. Su cabello era del color de sus ojos, negro como la noche, y le observaba con un brillo de curiosidad latente desde el otro lado del aula.

No pudo concentrarse durante toda la clase. Por suerte, como era el primer día la mayoría de los temas que su maestro, Iruka, había tratado esa mañana eran principalmente indicaciones generales, así como lo que se esperaba de ellos durante el año escolar y el tipo de materias que cubrirían. Cuando los llamaron al descanso, se quedó unos minutos más dentro del salón. El chico de ojos negros había hecho lo mismo, pero a él lo rodeaban otros niños que no dejaban que se fuera.

Al final, decidió salir del salón. Intentó ir al patio para hacer amigos, pero los niños se apartaban de él como si tuviera la peste. Otros se reían cuando lo miraban. Pero no importaba, él conseguiría hacer amigos sin importar el tiempo que le costara. Justo cuando iba a acercarse a otro grupo de niños volvió a sentir el aroma que lo había distraído durante toda la clase. Al voltearse, él estaba ahí, en la puerta de entrada al patio.

Se acercaron despacio, olfateándose sin disimulo, hasta que quedaron frente a frente, sus narices rozándose. Su comportamiento atrajo la mirada de quienes se encontraban a su alrededor, pero ninguno de los dos les prestó atención.

—Hueles raro. —su nariz se movía graciosamente mientras se inclinaba hacia arriba para olfatearlo, ya que el otro chico era un poco más alto que él.

El pelinegro no le respondió, solo se limitó a cerrar los ojos con una expresión de concentración, acercando su rostro al cuello del rubio. Este, por lo inesperado del acto, dio un paso hacia atrás por acto reflejo, pero su nuevo compañero lo sujetó por los hombros para olfatearlo a gusto.

— ¡Hey! —se quejó intentando soltarse, pero fue ignorado.

Al final, dejó de intentar apartarse y permitió que le oliera. También aprovechó el momento y la cercanía del otro para respirar un poco más de su aroma. Olía muy bien, incluso mejor que el ramen al que el dueño de Ichiraku le había invitado un par de días atrás.

Entonces, el ojinegro se separó de sopetón, dejando al ojiazul algo aturdido.

—Eres mío. —declaró con convicción, como si lo que acababa de decir fuera lo más natural del mundo.

— ¿Eh? —el rubio parpadeó sin comprender.

—Tu olor me lo dice. —aseguró el pequeño Uchiha. —Me perteneces.

Sus padres se lo habían explicado algunas veces, que tal vez algún día conocería a su compañero destinado. No todo el mundo tenía uno y, de los que tenían, no todos lo encontraban. Pero, en el caso de hacerlo, lo reconocerían por el olor.

Para Sasuke, de apenas seis años en ese momento, no hubo duda alguna. Ese rubio de ojos azules que acababa de entrar con él a la Academia Ninja era su compañero. El chico olía extraño, diferente. Además del hecho de que probablemente no se había bañado en un par de días y del hedor a ramen instantáneo que se cargaba encima, podía sentir el olor propio de él. Olía a campo, un campo acariciado por el sol de la mañana. También sentía un aroma fresco como a naranjas y limones, tal vez mandarinas, a tierra húmeda y a madera recién cortada. Era un olor que le hacía sentir seguro, que le decía a gritos hogar, seguridad y pertenencia.

Pero también olía a soledad. Supo que ese olor era el olor de sus sentimientos, que el chico se sentía solo. Entonces, se decidió a cuidar de su compañero desde ese mismo instante. Todos sus instintos le gritaban que debía de hacerlo, que era su deber asegurarse de que el rubio se alimentara como debería (estaba muy flaco y era muy pequeño para su edad, incluso él podía notarlo), que estuviera limpio (¿qué no tenía agua en su casa?) y que supiera que no volvería a estar solo de nuevo.

— ¿Mi olor? —la voz del rubio lo distrajo de sus pensamientos. — ¿Cómo podrías saber eso por mi olor? —preguntó, completamente confundido. —Tú hueles raro.

El pelinegro frunció el ceño, ignorando los cuchicheos no disimulados que revoloteaban alrededor de ambos.

— ¿Raro cómo?

—No lo sé. —admitió en lo que volvía a aspirar un poco del aroma del otro chico, pensativo. —Pero me hace sentir… bien. Como quisiera sentirme al llegar a casa.

Naruto, habiendo vivido toda su vida sin padres, primero en un orfanato y luego en un apartamento él solo, no podía identificar que lo que el olor de Sasuke le decía era hogar, seguridad y pertenencia. Él no sabía lo que era tener un hogar o tener un ser querido, alguien que le quisiera y le cuidara, entonces no podía identificarlo. Aun así, el aroma de niño de cabello azabache le resultaba extraño. Olía a lluvia, a fruta fresca, a pan recién horneado… Olía como un cálido abrazo, como el que el viejo Teuchi le había dado una vez. Entonces, deseó tener el aroma de Sasuke siempre cerca de él para sentir cómo lo abrazaba, y que fuera solo a él, que solo él tuviera ese privilegio.

—Me llamo Sasuke. Uchiha Sasuke.

— ¡Yo soy Uzumaki Naruto, de veras!


Desde ese entonces, Sasuke y Naruto siempre estuvieron juntos.

Fueron mejores amigos, se sentaron lado a lado todos los años de la academia.

Enfrentaron juntos a todos los que se quejaron de su repentino acercamiento, muchos argumentando que un Uchiha no debería relacionarse con la oveja negra del salón, el niño al que todos los adultos rechazaban. Pero ni Naruto ni Sasuke hicieron caso a comentarios mal intencionados.

Sasuke había comenzado a llevar dos almuerzos a la escuela, gracias a su madre que estaba muy feliz de que hubiera hecho un amigo tan pronto. También había comenzado a ir de vez en cuando al apartamento del rubio, que era un completo desastre, y le ayudó a limpiarlo de pies a cabeza porque no podía permitir que su compañero viviera en tan malas condiciones.

También le invitaba a comer ramen a Ichiraku, porque por alguna razón a Naruto le encantaba esa comida, aunque él no podía entenderlo. No es que el ramen supiera mal, pero no era de su gusto. Él prefería las cosas preparadas por su madre, de preferencia con muchos tomates.

Naruto y él pasaban tanto tiempo juntos que incluso su hermano había notado su cercanía y les acompañaba a pasear o a entrenar de vez en cuando, cuando no estaba ocupado con sus misiones y tenía algo de tiempo libre.

Y los días pasaron así felices hasta que, un año más tarde, ocurrió algo que nadie se hubiera imaginado jamás.

Cuando el clan Uchiha fue aniquilado por Uchiha Itachi, el hermano mayor de Sasuke, este último había quedado completamente destrozado. Naruto se encargó de que el último Uchiha nunca estuviera solo, de siempre estar con él haciéndole compañía. Así como Sasuke había cuidado de él cuando se conocieron, ahora a Naruto le tocaba cuidarlo.

Sin embargo, Sasuke no volvió nunca a ser el mismo niño feliz que Naruto originalmente había conocido. Se enfocó en su entrenamiento ninja con un solo objetivo: vengar a su familia y a su clan. Destruir a aquel que le había arrebatado a su madre y a su padre, a todos los Uchiha que había conocido. Mataría a su hermano con sus propias manos, esa era su meta.

A pesar de esto, Naruto y él siguieron juntos, siguieron siendo amigos. La única persona que el Uchiha parecía tolerar era el rubio, pero ya no le dejaba ver sus sentimientos tan fácilmente como antes. Sin embargo, había algo que en la mente de Sasuke jamás cambió: Naruto y él se pertenecían, eran compañeros destinados. Renunciar a lo que tenía con Naruto no estaba dentro de sus planes, a pesar de que sabía que querer a alguien era un riesgo, porque quererlo significaba arriesgarse a salir herido una vez más, que podría perderlo.

Así que tuvieron que acomodarse a lo que las nuevas circunstancias les ofrecían. Siguieron estudiando en la Academia hasta que cumplieron doce años y pudieron graduarse. Sasuke tuvo que aprender a vivir solo, aunque Naruto se quedaba a dormir lo suficientemente seguido como para que esto no fuera una realidad absoluta.

Su primer beso ocurrió por accidente, luego de que se graduaran de la academia como genin. Uno de sus compañeros empujó a Naruto sin querer y este terminó dándose de cara contra el pelinegro, juntando sus labios en un choque que, en realidad, no podría llamarse beso.

El Uzumaki se había sonrojado hasta las orejas y se había tapado la boca, avergonzado. El Uchiha solo evitó su mirada, para que no viera que sus mejillas también se habían sonrosado. Los gritos y quejas de varias niñas hacia el rubio por haber robado el primer beso de Sasuke-kun le taladraron el tímpano y provocaron que pasara con dolor de cabeza el resto de la mañana.

Ese mismo día, luego de haber quedado asignados en el mismo equipo con Haruno Sakura, y Hatake Kakashi como sensei, Naruto se le declaró a Sasuke diciéndole que le gustaba y que quería que salieran.

El Uchiha solo había girado los ojos, sin comprender cómo era posible el rubio fuera tan despistado.

—Dobe, te lo dije cuando nos conocimos. Eres mío. Somos compañeros. Mi olor debería decírtelo.

Desde entonces estaban saliendo oficialmente, aunque en realidad su dinámica no cambió prácticamente nada, a excepción de que se tomaban de la mano más seguido y Naruto sentía más libertad para abrazarle o pegarse a él como una garrapata. No es que a Sasuke le molestara.

Al poco tiempo de haber formado el equipo 7 y comenzar a hacer misiones de rango D como genin —que el rubio detestaba, por cierto, porque era como hacer los quehaceres de la gente—, ambos tuvieron su primer celo, presentándose oficialmente Naruto como alfa y Sasuke como omega.

Al ser compañeros destinados y haber estado ya tantos años juntos, el celo de ambos se sincronizó de un modo que solo podría catalogarse como inconveniente.

Nadie lo notó. El celo comenzó cuando ambos se encontraban solos en la casa del Uchiha y, como el distrito del clan se mantenía vacío a excepción de ellos dos, no hubo ni una sola persona que se diera cuenta de lo que ocurría adentro antes de que las consecuencias fueran irreversibles.

Naruto y Sasuke, debido a la calentura, no podían siquiera recordar bien qué era lo que había ocurrido. Ambos eran muy jóvenes, apenas iban a cumplir 13 años en algunos meses. Eran niños. No pudieron refrenar sus instintos y, al estar ambos en celo, terminaron haciendo un completo desastre en la habitación del pelinegro.

Tres días después, cuando despertaron al ir aminorando las feromonas, sus conciencias volvieron a hacer acto de presencia y se encontraron ambos desnudos, pegajosos, llenos de raspones, moretones, apestando a celo y a sexo y a ellos mismos pero, sobre todo, ambos con una marca de mordida en la base de sus cuellos.

Se habían marcado como compañeros, estaban enlazados.

La respuesta de Sasuke a la situación fue agarrar una almohada y tirársela a su compañero tan fuerte en el rostro que logró hacer que cayera de bruces al suelo, al mismo tiempo que le gritaba que era un idiota.

Sabía que técnicamente no era culpa de Naruto, que ambos habían sido presas de sus instintos, pero le dolía lo suficiente el trasero como para maldecirlo por el resto de la eternidad.

Luego de bañarse y salir al fin del distrito del Clan Uchiha, fueron encontrados por Kakashi, que notó inmediatamente el olor de ambos y no perdió tiempo en llevarlos al hospital para que fueran examinados. Especialmente Sasuke, que era el que tenía más probabilidades de estar herido. La razón era simple: cuando ese tipo de situación ocurría, los omegas tendían a sufrir de heridas internas o desgarres debido a la brusquedad del acto. Además, corrían el riesgo de quedar embarazados desde su primer celo.

Los médicos se mostraron sorprendidos al darse cuenta de que ambos chicos se habían marcado durante el coito. Normalmente el celo les llenaba con la necesidad de copular, pero no de marcar a su pareja de vida. Puede que, al ser ambos destinados, esto hubiera sido diferente para ellos. No es como si pudieran recordar lo que pasó como para tener una respuesta concreta.

Después de asegurarse de que ambos estuvieran en buenas condiciones, y de dar a Sasuke medicamentos para asegurarse de que no existiera un embarazo, ambos fueron recetados con supresores, que era lo que normalmente se le daba a alfas y omegas luego de pasar el primer celo. Estos ayudarían a regular sus hormonas y a evitar futuros accidentes.

Naruto y Sasuke no volvieron a tocarse íntimamente desde entonces. Ambos estaban conscientes de que eran demasiado jóvenes como para tener una vida sexual activa y se sentían incómodos con la idea del sexo, ya que ni siquiera podían recordar su primera vez. Incluso se rehuyeron un poco al principio, especialmente el rubio, que se moría de la vergüenza solo de ver el rostro del Uchiha. Incluso Sakura, su compañera de equipo, se había desmayado al enterarse de la noticia.

A pesar de esto, el ser compañeros y estar acoplados hizo que su lazo creciera cada vez más. Pronto se adaptaron al vínculo que les unía y comenzaron a estar más sincronizados que nunca, especialmente en su entrenamiento ninja. El rubio alfa solía decir que ambos serían el dúo más poderoso que jamás hubiera existido en las cinco naciones.

Lamentablemente, los buenos tiempo no duraron demasiado.

Cuando Orochimaru encontró a Sasuke durante los exámenes chuunin, este le mordió para entregarle la marca maldita. La mordida fue justo encima de su marca de acoplamiento, de modo que el vínculo que le enlazaba a Naruto se viera estropeado, pero no destruido.

Orochimaru planeaba utilizar el cuerpo del Uchiha para sí mismo, para poder obtener el sharingan. Tenía la intención de encontrar el modo de deshacerse de la marca que le ataba al alfa, ya que el cuerpo de Sasuke no le serviría si estaba enlazado a un compañero. Debía deshacerse de su vínculo y, de ser posible, también de Naruto.

La marca de Orochimaru envenenó no solo el vínculo con su compañero, sino también su mente. Comenzó a ver a Naruto como un estorbo hacia su verdadero objetivo: volverse lo suficientemente poderoso para derrotar a Itachi. Esta manera de pensar se vio reforzada cuando su hermano, ahora miembro de la organización terrorista de los Akatsuki, regresó a la aldea en busca de Naruto con el objetivo de apoderarse del Zorro de las Nueve Colas.

Intentó enfrentarlo, pero su fuerza no fue suficiente ni para proteger a Naruto ni para protegerse a sí mismo. Entonces, sintiéndose débil y con Orochimaru susurrándole al oído a través de la marca maldita, tomó una determinación.

Abandonó la aldea en busca de aquel que le prometía volverlo más fuerte.

Su compañero fue tras él, intentó hacerlo entrar en razón, convencerlo que de regresaran juntos a Konoha, que podrían resolverlo, que no se fuera con Orochimaru, quien tan solo quería un cuerpo nuevo que poseyera los famosos ojos del Clan Uchiha.

Entonces se encontraron en el Valle del Fin.

— ¡¿Cómo podrías comprenderme?! ¡Tú siempre has estado solo, no puedes comprender el dolor de perder todo lo que amas!

Esas habían sido las palabras de Sasuke al enfrentarse.

— ¡Tú siempre has estado conmigo! Puede que no conozca el dolor de perder a quienes amo, porque nunca he tenido un padre o una madre que cuiden de mí, ¡pero tú siempre has estado ahí! ¡Tú fuiste mi primer lazo con alguien y eres mi compañero! ¡Por eso debo detenerte!

Esa fue su pelea más difícil hasta entonces, no solo físicamente, sino emocionalmente, pero Sasuke fue quien salió victorioso, dejando el cuerpo de Naruto sobre un charco de su propia sangre.

Antes de irse, se arrodilló frente a su compañero, quedando sus rostros a centímetros de distancia. Durante un breve instante, no quiso abandonarle. Quiso quedarse con él, a su lado, y crecer juntos. Por una milésima de segundo, pensó en lo que estaba dejando atrás, aquello que le había hecho feliz a pesar de todo el dolor. Pero luego ese instante terminó, y su mente volvió a enfocarse en lo que debía hacer.

Cerró los ojos y besó la frente del rubio, como despedida. Si tenía suerte, no volverían a encontrarse nunca más.

Y partió, dejando atrás la familia que aún conservaba.

Para cuando Naruto despertó en el hospital, lo único que le quedaba de Sasuke era su banda de genin, la cual había dejado abandonada durante su enfrentamiento. La llevó hasta su rostro, aspirando el leve aroma de su compañero que aún quedaba impregnado en ella, y tomó una decisión. Se prometió a sí mismo que, costara lo que costase, traería a Sasuke de vuelta.


No volvió a verle hasta tres años después.

Durante ese tiempo ambos habían crecido en cuerpo y en fuerza. Naruto gracias a sus viajes con Jiraiya, y Sasuke por ser discípulo de Orochimaru.

Le había encontrado junto con Sakura, Sai y el capitán Yamato en una de las guaridas del Sannin. Cuando le vio, fue como vislumbrar un espejismo.

Sasuke estaba diferente. Estaba claro que ya no era el mismo. La mirada fría con que lo observaba no se parecía en nada a los ojos que solían observarlo antes, a veces con burla, a veces con molestia, a veces con enojo, pero siempre con afecto. Los ojos que encontraba ahora no tenían el más mínimo resquicio de todas aquellas emociones de antaño, estaban vacíos, como si les hubieran quitado la vida.

Su reunión pasó como en un suspiro para Naruto, y todo lo recordaba borroso. Puede que fuera por la impresión que le dio reencontrarse con su compañero en esas condiciones, o puede que el ver la bella figura de Sasuke después de tantos años le dejara lo suficientemente mareado como para que su memoria no captara los hechos que ocurrían a su alrededor con claridad.

Lo que sí estaba claro como el agua para el rubio alfa fueron las palabras que logró cruzar con el omega antes de separarse de nuevo.

— ¡Si lo que dices es cierto entonces ¿por qué?! ¡¿Por qué no acabaste conmigo aquella vez?! —le gritó, desesperado por su respuesta.

—Perdoné tu vida por capricho, y ahora por mi capricho te la arrebataré.

En un segundo, Sasuke ya no se encontraba a metros de distancia, sino frente a él, con un brazo sobre su hombro.

Escuchó el grito ahogado de Sakura al no prever los movimientos del Uchiha, pero Naruto se perdió tanto en su aroma que no le importó que su vida corriera peligro en ese momento. Teniendo al pelinegro tan cerca todo su ser se estremeció. Sintió como sus manos le temblaban y cómo el dulce olor de su compañero estaba cubierto por un matiz ácido que sabía que no le pertenecía.

—Quieres ser Hokage, ¿cierto? —su voz era monótona, vacía. —En vez de perseguirme debiste haberte dedicado a entrenar.

— ¿Cómo podría yo convertirme en Hokage si no puedo salvar a mi propio compañero?

—Tú y yo ya no somos compañeros, Naruto. Me desharé de esta marca y del vínculo que nos une.

El Uchiha había desenfundado su espada dispuesto a matarle. De no ser por sus compañeros no hubiera reaccionado a tiempo y hubiera muerto en las manos de quien más amaba, por haber dejado a sus emociones tomar el control, por no haber tenido la suficiente fuerza de voluntad.

Y cuando volvió a darse cuenta Sasuke se había marchado de nuevo. Se le había vuelto a escurrir entre los dedos.


Naruto vio pasar los siguientes meses como si sus ojos se hubieran topado con un vidrio empañado. Todo estaba borroso, todo fue muy rápido. El torbellino emocional al que tuvo que enfrentarse no le permitió fijarse a fondo en todo lo que ocurría a su alrededor.

Su maestro Jiraiya, con quien compartió varios años de su vida, había muerto a manos de uno de sus antiguos discípulos.

Era la primera vez que alguien tan cercano a él fallecía, y de un modo tan violento. Recordó las palabras de Sasuke cuando este se había marchado, gritándole con odio que él no sabía lo que era perder a aquellos a quien amaba. Creía que lo iba entendiendo un poco mejor ahora, y dolía. Dolía como los mil demonios.

Luego Konoha fue destruida.

Casi se pierde a sí mismo en el odio del Nueve Colas al creer que una de sus amigas más preciadas había muerto intentando protegerle de la mayor amenaza con que se habían topado hasta el momento. Incluso, perdido en ese mar de desconsuelo, llegó a conocer a su padre por unos breves y todavía increíbles instantes.

El Cuarto Hokage, Namikaze Minato, había sido su padre todo ese tiempo. Había muerto protegiéndole a él y a la aldea, con la esperanza de que fuera reconocido como un héroe por ser el recipiente del Kyuubi. Además, confiaba en él para poder resolver los problemas que ahora estaban afrontando. Confiaba en su hijo, porque "ese es el deber de un padre".

Y se sintió perdido. Y se sintió solo. Pero salió adelante, aferrándose a esas palabras de aliento y a la fuerza que todos sus amigos le brindaban.

Cuando todo hubo acabado, recordó a Sasuke y se preguntó dónde estaría, qué estaría haciendo, si pensaría en él así como el alfa pasaba cada minuto recordándole. Deseaba poder sentirle a través del vínculo para asegurarse que estaba a salvo. Deseaba poder transmitirle sus sentimientos sin palabras, a la distancia.

Y de pronto se enteró que Sasuke lo había conseguido, que había asesinado a su hermano. Se preguntó si, ahora que había cumplido su propósito, volvería. Pero no fue así.

Luego se enteró de la verdad sobre la masacre del Clan Uchiha y lo que Sasuke estaba haciendo en respuesta. Y cuando supo que todos lo consideraban un criminal que debía ser exterminado inmediatamente, sufrió un colapso.

Su mente se llenó de pánico, de desesperación. Sus amigos le dijeron que ya no había manera de recuperar a Sasuke, que ya no tenía redención. Le dijeron que se olvidara de él y del vínculo marchito que aún compartían, y Naruto se sintió defraudado, sintió que ya solo quedaba él contra el mundo… Pero no retrocedió en su palabra. Salvaría a Sasuke sin ninguna duda. Tan desesperado estaba que incluso llegó a rogar de rodillas porque a Sasuke le fuera perdonada su vida, que no se siguiera con esa cadena de venganza.

Apenas recordaba su siguiente encuentro con su compañero. Sakura había ido a buscarle para acabar con todo con sus propias manos. Pensaba derrotarle ella misma, para terminar de una vez por todas con la agonía que llevaban sufriendo hace años. Y fracasó. Cuando Naruto llegó, el Uchiha había estado a punto de matar a su amiga, y le había declarado que destruiría Konoha sin pensarlo ni un momento.

Entonces le dijo que, si eso era lo que en verdad quería, lo detendría y morirían juntos. Que no podía permitirle hacer eso, pero que no lo dejaría solo ni en la muerte, porque era su compañero.

Hacía mucho que no sentía nada a través del vínculo que compartía con el pelinegro, pero en esa ocasión sintió la marca arderle como nunca, siendo un reflejo del dolor y el sufrimiento que ambos llevaban sobre sus hombros y dentro de sus corazones.

Esa noche durmió acariciando la cicatriz en su cuello, de nuevo fría contra su tacto. Y soñó con lluvia, flores, frutos silvestres y una cálida mano entrelazada con la suya, acompañándole en silencio…

Cuando despertó estaba en medio de una guerra. Había perdido amigos, colegas, compañeros… Todos luchaban para poder salvarse, no separados como naciones, sino unidos como parte de un solo mundo.

Pudo reunirse con su padre, a pesar de las terribles circunstancias. También con Sasuke, que junto con Sakura y él ayudó a combatir la amenaza que todos afrontaban. Él se mantenía distante, y era tan confuso y al mismo tiempo desesperante. Estaba ahí, tan cerca, y seguía sin alcanzarle.

Consiguieron nuevas habilidades para enfrentarse a nuevos enemigos, y lo que parecieron ser eternidades fueron en realidad solo un par de días.

Para cuando volvió a darse cuenta, estaba llorando y despidiéndose por última vez de su padre. Le pidió que contara a su madre, a quien había logrado conocer al intentar domar el poder de Kurama, que ahora era incluso su amigo, que no se preocupara por él, que estaría bien. Incluso le habló de Sasuke y de cómo ambos enfrentarían el mundo juntos.

—Mamá quería que encontrara a un buen omega, ¡como ella! —habían sido sus palabras, lágrimas empapando su rostro y la cálida sonrisa de Minato dedicada solo a él por última vez. —Y, pues, encontré a alguien. O, bueno, él me encontró. —ojos disparejos se clavaron en su espalda. —Y aunque Sasuke no se parezca mucho a mamá, es mi compañero. Es algo amargado, pero no lo cambiaría por nadie. ¡Así que dile que no se preocupe! Dile que estaré bien, ¡de veras!

El pelinegro solo lo observó, permitiéndole al rubio despedirse sin mencionar ni una sola palabra.

Ese día cumplió diecisiete años y lo celebró en el Valle del Fin, enfrentándose a aquel a quien más amaba en una última batalla. Aquella que decidiría de una vez por todas lo que sucedería entre ellos, entre el lazo que les unía.

Antes de que comenzaran, Naruto recordó las palabras de Itachi, cuando se encontró con su cuerpo reanimado no mucho tiempo atrás.

Dejo a Sasuke en tus manos.

Eso le había dicho. Y Naruto no pensaba defraudarlo.

La batalla también se le pasó en un suspiro. Recordaba golpes, ataques, destrucción, tierra, polvo, sangre… Y cuando su chakra casi había llegado a su límite, escuchó la voz de Sasuke en un grito desesperado, descontrolado.

— ¡Una y otra y otra y otra vez! ¡¿Por qué no te rindes y cortas nuestro lazo?!

Y, como respuesta, le sonrió.

— ¡Porque soy tu compañero!

De lo siguiente que fue consciente fue de su mano estrellarse con la del último Uchiha, Chidori vs. Rasengan. Una luz cegadora envolviéndoles, y su consciencia abandonándole antes de que pudiera siquiera registrar el dolor.


— ¿Por qué fuiste tan lejos por mí? —le preguntó una vez más, apenas moviendo un poco la cabeza para encararlo.

—Porque eres mi compañero.

Ambos yacían en el suelo. El aroma metálico de la sangre les rodeaba, y estaban tan malheridos que no podían mover sus cuerpos. Si lo hacían, morirían desangrados.

—Intenté tanto cortar el vínculo que nos une. Cualquier otro lo hubiera hecho, al ver que yo ya no tenía redención. Pero tú no. Tú nunca te rendiste ni dejaste de insistir. ¿Por qué? Pudiste dejarme cortar esta unión y luego vincularte con alguien más, ¿por qué seguir empeñado en mantener tu lazo conmigo a pesar de todo lo que he hecho?

Hubo un silencio antes de que Naruto respondiera. Sus palabras fueron suaves y tan honestas, como una sábana de seda cubriéndoles a ambos.

—Porque te amo. —respondió con simpleza. —Porque tú siempre serás el único para mí. —continuó. —Porque verte sufrir del modo en que estabas sufriendo… me dolía.

Eso pareció tocar algo dentro del corazón de Sasuke, porque lo siguiente de lo que fue consciente fueron las lágrimas que resbalaban por sus mejillas, desapareciendo junto con la tierra y la sangre que les rodeaban.

El Uchiha había girado el rostro para no encarar a Naruto, pero este igual observó la humedad en sus mejillas. Y supo que había conseguido alcanzarlo, luego de tanto tiempo luchando. Que Sasuke comprendía lo que había en su corazón y que no cargaban solos con el dolor que la vida les había destinado a sufrir, que estaban juntos en esto.

Deseó tener su brazo de vuelta solo para poder cogerle la mano y estrujarla, transmitiéndole comprensión y enfatizando su presencia. Pero tuvo que conformarse con observarle, dejando que la luz del día fuera secando sus lágrimas.

No supo cuánto tiempo estuvieron así, pero Sakura y Kakashi los encontraron sobre un charco de sangre y la ninja médico se apresuró a ayudarles.

—Gracias, Sakura-chan. —la sonrisa en el rostro de Naruto irradiaba una tranquilidad impropia de la situación en la que encontraban.

—Sakura…—el pelinegro la llamó.

—Silencio. Necesito concentrarme. —lo cortó.

—Lo lamento.

— ¿Qué cosa? —preguntó la ojiverde con voz neutra.

—Todo lo que he hecho hasta ahora.

Y Sakura lloró y lo llamó idiota. Y Naruto sonrió. Y Kakashi observó la escena desde la distancia, alivio asentándose en su corazón.

Cuando tuvieron la fuerza suficiente para sentarse, Sasuke se acercó a Naruto, enterrando su rostro en el cuello del rubio y llevando su única mano hacia su nuca, sujetándolo contra sí y aspirando su aroma. El brazo izquierdo del ojiazul le rodeó la cintura, enterrando su nariz en el cuello del pelinegro, rozando la marca que les unía como compañeros y sintiendo su vínculo más latente que nunca.

Y sonrió una vez más.

Lo había conseguido. Había recuperado a su compañero y esta vez sabía que nada lograría separarlos.

Sakura se unió a su abrazo, pasando un brazo por el cuello de cada uno, y Kakashi los sorprendió por detrás, sonriendo alegremente debajo de su máscara, feliz de haber recuperado a su equipo.


Luego de que todo hubiera terminado, los bijuu fueran liberados y el Tsukuyomi Infinito deshecho, volvieron a la aldea.

Sasuke fue inmediatamente detenido, pese a los reclamos de Naruto, que sabía que lo que estaban haciendo era lo que debían, pero aun así no quería apartarse de su compañero.

Durante todo lo que duró el juicio, Sasuke fue puesto en una prisión de alta seguridad, sus ojos sellados al igual que su chakra. Nadie podía verlo ni hablar con él, ni siquiera el rubio alfa que pasó horas reclamando su derecho de ver a su compañero.

Al final tuvo que resignarse, pero eso no le impidió estar presente en cada momento del juicio.

Cuando el Uchiha fue liberado, siendo completamente perdonado por sus antiguas acciones, este solo agradeció y dirigió sus disparejos ojos al mar de azul que lo observaba desde entre los presentes.

Y sonrió.


—Seré claro, Sasuke. La única razón por la que no pasarás la vida en prisión es porque tu ayuda en la guerra fue fundamental para que estemos aquí ahora. Eso, y que Naruto y yo intercedimos por ti para tu liberación.

Kakashi, ahora el Sexto Hokage, fue claro y conciso con sus palabras mientras observaba a su antiguo alumno. Sakura estaba a su lado, ambos estando en la entrada de la aldea para despedir al joven que pronto partiría una vez más. Pero esta vez, con un buen propósito y un buen corazón.

—Lo sé y lo agradezco.

Kakashi asintió con la cabeza, aceptando su respuesta. Entonces, Sakura se llevó las manos al pecho y dio un paso hacia adelante, buscando los ojos del Uchiha con una mirada suplicante.

— ¿No te quedarás? Tsunade-sama pronto tendrá listos los brazos prostéticos.

—No. Quiero ver cómo está el mundo ahora…

Con su respuesta, la ojiverde comprendió que Sasuke no creía merecer el brazo que le estaban fabricando para sustituir el original. El pelinegro aprendería a vivir sin una extremidad como autocastigo por sus acciones.

—Naruto te echará mucho de menos. —soltó al final, intentando disuadirle.

Sasuke se limitó a bajar levemente la mirada y apretar los labios de modo casi imperceptible, pero aún así la chica frente a él pudo notar la expresión de su rostro. Luego, volvió a alzar la vista y le dirigió a su antigua compañera de equipo una pequeña y sincera sonrisa.

—Hasta la próxima vez. —se despidió.

Sakura y Kakashi se quedaron de pie frente a las grandes puertas de Konoha observando la figura de Sasuke Uchiha desaparecer entre los árboles.


Encontró a Naruto no muy lejos de la entrada de la aldea, apoyado en el tronco de un árbol, la manga de su brazo faltante meciéndose con el viento.

—Creí que no vendrías a despedirte.

—Vine a devolverte esto. —extendiendo su mano, le mostró la bandana de Konoha a la que había renunciado años atrás, cuando el odio y la sed de venganza eran su único motor y creyó que debía dejar atrás todo lo que conocía para poder hacerse más fuerte.

— ¿Aún la conservas? ¿Después de todo este tiempo?

Como respuesta, el rubio solo le sonrió y su cabello fue mecido grácilmente por la fresca corriente de aire que les envolvía.

Entonces la mano del omega se alzó para tomar lo que su compañero le ofrecía.

—La guardaré hasta nuestro próximo encuentro.

El alfa asintió y su mano soltó su agarre, terminando de entregársela. Sintió el dolor de tener que verlo partir una vez más, pero en esta ocasión un sentimiento de paz le acompañó, puesto que la situación era muy diferente y sabía que esta vez Sasuke se marchaba buscando hacer las paces consigo mismo.

Ya no habría más odio, más oscuridad, más noches en vela pensando en lo que podría ser de su compañero si no llegaba a alcanzarlo a tiempo. Ya no más.

—Debo irme ya.

—Lo sé.

Sasuke observó a su alfa durante unos segundos más, buscando con la mirada algún indicio de que intentaría evitar que se fuera o que quisiera seguirlo.

—Te estaré esperando.

Naruto comprendía que Sasuke debía hacer esto solo, y estaría esperándolo hasta que él estuviera listo para regresar o para invitarle en su viaje.

Observó su silueta alejarse hasta desaparecer entre el follaje, y se quedó ahí, observando el sitio por donde se había ido por momentos que parecieron horas. Y tal vez sí habían sido horas, ya que pronto se dio cuenta de que el sol comenzaba a ocultarse y la luz del día se iba desvaneciendo en su presencia. Sintió la brisa acariciar su frente e inhaló profundo, su nariz detectando el ligero rastro del aroma del Uchiha que aún se mantenía en el aire. Un aroma a lluvia fresca, a fruta silvestre, a una cálida manta que le envolvía.

—Siempre te estaré esperando.

Sus palabras se las llevó el viento, pero Sasuke debió sentirlas, puesto que el calor que se instaló en la base de su cuello era familiar, como un reconocimiento.

Entonces se dio media vuelta y comenzó a caminar de regreso a la aldea, una brillante sonrisa dibujada en sus labios y otra plasmada en su corazón.

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