La primera vez que Yuri Plisetsky vio a Otabek Altin fue el día doce de noviembre. Llovía a cántaros y las calles estaban listas para dormir.
Había salido de los últimos de su lugar de trabajo, una biblioteca ubicada en el barrio universitario de la ciudad de Almatý. Cruzó la calle con la esperanza de encontrarse con el perro callejero que vivía en esa parte del mercado -ya cerrado-. Había dejado un poco de su comida y quería dársela.
Una señora repleta de bolsas corría con su paraguas en dirección contraria a él. La luz de la tercera planta de uno de los edificios se encendió. Un automóvil pasó por la calle a velocidad y dobló por la esquina.
Allí lo vio por primera vez. Inmóvil, solo y empapado; no el perro, sino Otabek. Desaceleró sus pasos, algo receloso por las horas y la oscuridad de la calle.
El chico estaba bajo el techo del negocio que vendía útiles de papelería, camuflándose en vano de la lluvia. Volteó a mirarlo despacio.
Plisetsky apretó el paraguas en su mano y se detuvo a unos metros. Sutilmente, sus latidos se aceleraron.
Llevaba una gorra y una mascarilla, vestía de negro. Por sus ojos rasgados, claramente era kazajo... y había estado llorando. Caló a Yuri sin miedo ni duda, pero muy estático en su lugar, su espalda algo encorvada como si estuviera cansado, y manos a los bolsillos.
Limerencia inmediata. Así lo apodaría Yuri más adelante, cuando cabría en cuenta de que ese momento fue el primer momento.
Tuvo que tragar duro ante la mirada ajena, sintiendo una nueva ráfaga de nervios, pero unos muy alejados de la primera inseguridad que había sentido.
Yuri tuvo la temeraria necesidad de preguntarle qué hacía allí, algo que nacía desde su pecho casi tan imprudentemente como las preguntas que quería hacerle a ese extraño; como por qué había estado llorando. Solo lo detuvo el sonido de unas cajas moverse, de donde salía el perro callejero meneando su cola.
Yuri desvió la vista otra vez hacia el muchacho, pero este había vuelto a ignorarlo, observando hacia la calle.
Se limitó a vaciar las sobras en un rincón seco para que el animal comiera y, cuando se disponía a marcharse por el aguacero, pero echando el último vistazo al desconocido, este le habló.
— Va a morirse.
Una voz parsimoniosa, ronca, algo quebrada, pero segura.
— El frío lo va a matar.
Yuri se lo quedó mirando, sin entender, sin querer hacerlo, pero agradecido que el encuentro no terminase en simples miradas no correspondidas.
— ¿Disculpa?
Tuvo que bajar de esa nube en la que había estado volando para atender a las palabras ajenas.
— Mañana por la noche va a nevar, se va a morir congelado.
Oh, a eso se refería.
Las cejas del rubio se arquearon. No era muy amante de los perros, pero tenía en cuenta que el destino que le esperaba a ese animal no era para nada grato y eso lo entristecía en cierto modo. No podía adoptar a un perro tan grande como ese, no tenía espacio en su pequeño piso y era probable que tampoco pudiera darse una pacífica convivencia por Potya, la gruñona gata que había adoptado hace un par de años.
— No me lo puedo llevar — respondió sin saber qué más decir.
El chico kazajo lo observaba fijamente y eso lo ponía nervioso. Deseaba que al menos se quitara la mascarilla para poder leer su expresión. Pero no, Otabek Altin no hizo eso.
Luego Yuri habría de enterarse que con ese chico las cosas siempre eran así: tiernas y complicadas, muy difíciles de descifrar, Otabek siempre parecía estar a un palmo de romperse.
Se acercó con un profundo suspiro resignado y Yuri sintió su cuerpo tensarse.
— Déjalo, yo me lo llevo. — terminó musitando.
El perro terminaba de comer lo que se le había dado, se saboreó con la lengua mientras miraba a Yuri en busca de más, pero este no le prestaba atención. En ese momento solo tenía ojos para los movimientos de ese -todavía- extraño que se acercó al animal y le acarició el lomo húmedo y sucio sin temor a ensuciarse.
¿Quién era ese chico?
Las palabras parecían correr por su mente, pero no lograba armar una frase coherente, ¿siquiera debía decir algo en ese momento? quizá no necesariamente.
Pero en serio quiero decir algo.
— Las calles se ponen peligrosas a esta hora, es mejor que te vayas a tu casa — para su suerte, la voz ajena había acotado, pero no para abrir conversación, sino para hacerlo marchar.
Yuri lo miró por unos segundos más mientras acariciaba al perro y este miraba esperanzado al desconocido. Terminó por dar un asentimiento quedo.
El dobladillo de su jeans comenzaba a humedecerse, el paraguas comenzaba a ser inútil, la lluvia estaba volviéndose más pesada. Y el chico kazajo seguía ahí bajo el aguacero, con las manos desnudas, ¿siquiera sentía el frío?
Más tarde procesó que quizá debió haberle cedido su paraguas, haber preguntado su nombre o siquiera haber dicho adiós. Pero no, Yuri no hizo nada de eso. Él solo tomó su gran corazón y su curiosidad, dio media vuelta y se fue mirando hacia el frente, preguntándose por qué se sentía tan agitado.
No volvería a ver a Otabek sino hasta meses después. Y no lo reconocería por ese encuentro hasta mucho tiempo más.
Hola
Last dance (by Scratch massive)
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* Sobre la historia: se desarrollará en Kazajstán porque escribir siempre sobre Rusia ya empieza a ser aburrido, así que hay que variar un poquito / los capítulos irán variando de largo, pero como es mi costumbre, siempre entre las 1800 y 3000 palabras; no más ni menos a menos que sean MUY importantes para la trama y necesiten ser largos / Los títulos de cada capítulo tendrán su número correspondiente de capítulo (valga la redundancia) pero también habrán algunos con títulos de canciones (como este) así que sería ideal que leyeran mientras escuchan la musiquita que les recomendará el título uwu al final de cada "hola" les dejaré nuevamente el título y el autor / Las actualizaciones (en lo posible) serán semanales (sábados) no me maten si no les cumplo, de seguro lloraré xd / Quizá se toquen temas sensibles como crisis emocionales, ansiedad y acoso, por lo que -como siempre les digo- todo tema delicado lo hago y escribo con el mayor respeto posible nunca con el fin de querer dañar a nadie.
Por cierto, esta es una historia con un inicio lento. Yuri y Otabek deben conocerse primero antes de meterse la lengua hasta la garganta (?) pero después tengan por seguro que es más fluff, cariñitos y todo rosita entre los bebés;)
*ALGO MUY IMPORTANTE: Limerencia significa lo que dice la portada, y mucha gente lo toma por la parte romántica, pero no es así completamente. Limerencia también es un tipo de enfermedad del amor; algo así como una obsesión al amar y también por el querer ser correspondido de la misma forma (se caracteriza por pensamientos intrusivos, sentimientos extremos, obsesión compulsiva que puede durar hasta años por un objeto de interés amoroso, etc). Así que sí, es un tipo de trastorno obsesivo-compulsivo. Ahora: esta historia no abarcará eso, de hecho, en algún punto se usará la palabra entre los personajes, pero se le dará otra interpretación más pasiva que una obsesión loca y ya. Lo dejo en claro desde ya para que en un futuro no hayan confusiones con la parte más "oscura" de su significado ;)
PD: amen a Otabek :( ámenlo mucho.
¡Gracias por leer!
