Cronopios del autor: Gracias por leerme.

ADVERTENCIA: Yaoi.

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Dramaturgy

Por St. Yukiona.

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Lo que raro empieza, raro acaba

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Les toca enfrentarse a saber qué selección, otra que habla un idioma raro y a Atsumu no le interesa, está totalmente desanimado, si no es el primer lugar, no quiere nada. "Pero es una medalla de plata", le había dicho Hinata en un intento por mejorar el humor de Atsumu pero éste solo respondió: "El segundo lugar es el primer lugar de nada", y aunque al resto de la selección le recordaba mucho a las pataletas de Boruto, les parecía adorable que uno de sus dos armadores estuviera haciendo una rabieta, porque cada uno tenía una forma diferente de lidiar con la derrota, y para Atsumu era hacer enojo y desquitarse con cualquiera que se le apareciera por el frente de la cancha.

—Atsumu-san —llama Tobio a Atsumu haciéndole señas con la mano al teñido, a lo que éste solo pone los ojos en blanco porque sigue sin estar de humor, y es que parecía mucho más enfadado que el día en que habían perdido, al menos Aran pensó que después de perderse la noche anterior iba a estar bien, sin embargo cuando llegó por la mañana al hotel de la concentración Atsumu parecía rabioso, aún más enfurecido, y cuando le preguntaron donde había pasado la noche, su actitud cambio a la del berrinche que estaba montando.

—¿Qué, Tobio? ¿Qué? —pregunta el rubio mientras se seca el sudor producto del calentamiento previo al partido. Sus ojos castaños se fijan en las hojas que lleva el moreno—. ¿El rol de juego?

Tobio asintió suavemente.

—El entrenador me pidió que lo compartiera con usted... me dijo que nos pusiéramos de acuerdo para deliberar qué es lo que mejor conviene, no es la primera vez que vamos contra la misma escuadra de Brasil... sólo hay un jugador nuevo de los que al parecer van iniciar, y por lo que vimos anoche que no estaba tiene un buen saque —explica Tobio, dice lo último sin intenciones de provocar a Atsumu, y es que en cualquier otro momento hubiera resultado combustible para una riña, pues ha sonado como si Kageyama recriminara a Atsumu, pero Miya está concentrado en repasar la lista de jugadas preparadas para el juego, o quizás sólo está desgastado emocionalmente como para desperdiciar su preciosa concentración en una estupidez como esa, porque sí, lo sabe, el 80% de las broncas que arma son por estupideces, pero así es feliz él.

Atsumu se queda pensativo, el malhumor se esfuma, o se queda en pausa. Para los que conocen bien-bien al teñido saben que es alguien confiable que se toma muy seriamente todo lo que tiene que ver con el volley, de hecho, cualquiera de las personas que se encuentran ahí se toman muy en serio su trabajo, de lo contrario no estarían ahí, sin embargo, dada la exótica y extravagante personalidad de Atsumu sería difícil visualizarlo tan contemplativo como está en ese instante.

—Será mejor que entre yo —ni siquiera se molesta Atsumu en explicar a Tobio que prefiere ser usado como carnada para que Tobio ponga los puntos sobre las "i"s con los feroces ataques aéreos y rápidos laterales que sólo Shoyo puede hacer Kageyama, es increíble que aunque pasen largas temporadas jugando lejos uno del otro se puedan complementar tan bien.

—¿Está seguro? —pregunta Tobio algo curioso, porque Atsumu rara vez suele ponerse como carnada, siempre ponen al otro armador para después entrar Tobio o Atsumu, sin embargo el teñido niega.

—Hoy... no me siento del todo bien —murmura Miya contra la toalla con la que se ha secado el sudor.

—¿Está enfermo? —Tobio parece inquieto y sinceramente preocupado, incluso aprieta la tabla contra su pecho.

—¿Todo en orden? —cuestiona Shoyo, que aparece como si fuera una respuesta automática a la tensión de Kageyama. Atsumu odia, DETESTA, esa forma que ambos tienen de interactuar el uno con el otro, como si compartieran la misma vena emocional que solo reacciona a los estímulos relacionados a todo lo que tenga que ver con el volley.

—Atsumu-san dijo que se siente mal —explica de inmediato Kageyama.

El aludido suspira pues Shoyo gime cubriéndose los labios.

—¿Ocurre algo anormal? —es ahora Ushijima.

—Atsumu-san se siente muy mal —dice Shoyo y Atsumu ve a un punto incierto en la nada del techo iluminado de la sub-arena del estadio olímpico. Cuenta, uno, dos, tres... cuatro minutos y pronto el resto de la selección está a su alrededor, alguien ya está corriendo por la ambulancia y sólo le queda suspirar concentrando toda la paciencia que le queda porque no puede con ese equipo.

—¿Falta de inspiración, Tsumucchan? —y como si no se pudiera poner peor, media escuadra japonesa se gira porque reconocen esa voz, algunos han tenido pesadillas con ella. Pero es el rostro de Miya el que refleja el sentimiento general.

—Tooru-san... —ladea el rostro el armador japonés—. ¿Qué lo trae por aquí?

—Olvidaste esto —responde aquella persona.

Es Oikawa, Oikawa Tooru, el naturalizado argentino y todo lo que está mal en un japonés, según los tabloides japoneses que se han encargado en desprestigiar mediante todas las formas posibles la repudiable práctica de renunciar a la nacionalidad japonesa, es un intento desesperado por desalentar a cualquiera que tenga el mínimo pensamiento de salirse del cuadro para seguir adelante, y es que no hay nada de malo en pensar irse a otro país y lograr grandes cosas, como Kageyama Tobio, que ahora juega en Italia y le va muy bien, o el astro del Asas Sao Paulo en Brasil, Hinata Shoyo, o qué decir, del Demonio japonés en la liga Rusa, Morisuke Yaku, pero otra historia contaba lo que Oikawa había hecho al renunciar a todo para seguir su propio orgullo, su tonto orgullo.

Atsumu reacciona a la voz, y a él no le importa lo que dicen los tabloides nacionalistas, él lo único que sabe es que Oikawa Tooru es su nueva meta, y tiene como intensión barrer con él el piso, no sólo en la cancha. Aran adivina las ganas asesinas de Atsumu que se acerca al armador de Argentina, empujando a todos a su paso.

—No sé de qué me hablas —y aunque el rostro de Atsumu es el de una bestia, furia total, su voz suena... extrañamente nerviosa, y eso confunde un poco a algunos del equipo.

—Sí, olvidaste esto... —Oikawa mete la mano al bolsillo de la sudadera que lleva, la del equipo oficial de Argentina. Atsumu traga saliva, ¿si lo taclea en ese momento lo descalificaran? No, las tacleadas no es una agresión como tal, es hasta una jugada dentro del fútbol americano, y si alguien cuestiona es capaz de decir que solo estaba probando un nuevo estilo de calentamiento, y suda frío cuando el puño de Oikawa sale de la sudadera. Dios, ¿es su ropa interior? Pero la llevaba puesta cuando huyó de aquel cuarto, ¿Verdad? ¿Verdad? Su memoria devana sus sesos sin poder recordar si había llegado o no con sus boxers a la concentración—. Esto —repite Oikawa y Atsumu gime aterrado, pero sólo es un corazón que Oikawa forma con su dedo pulgar e índice—. Mi corazón, Tsumucchan.

El resto de los japoneses no sabe si reírse, o enfadarse tanto como Miya, que ahora empieza a mostrar diferentes tonalidades de rojo en su piel.

—Oikawa —se ríe Shoyo mientras se acerca abrazar al argentino, el cuál le regresa el abrazo.

—Acho que seu amigo não gostou da piadinha —señala Oikawa con la mirada a Miya que estaba siendo sostenido por Aran, Atsumu ya preparó sus puños para partirle la cara a Oikawa.

—Nah, não seja mau, Oikawa —Shoyo mira a uno de sus armadores, y nota lo tenso (y colérico que está).

—Eu só estava jogando, desculpe, desculpe —hace pequeñas reverencias Tooru hacia Miya—, eu realmente gosto —confiesa mirando directamente a los ojos a Miya, para después ver a Shoyo que ha ladeado la cabeza—. Gosto mais dele do que de Tobio... —Oikawa se sonríe.

—¿Por qué hablan en brasileño si los dos son japoneses? —murmura Ushijima a Tobio, éste niega.

—No sé... ya conoces a Oikawa-san —responde Tobio muy serio regresando a su entrenamiento.

—Es Português, no brasileño... —infiera Yaku que va pasando por ahí.

Oikawa y Shoyo se ríen, espían a Tobio, y vuelven a reír, el armador ni siquiera se inmutan porque siempre hacen lo mismo, aunque pasado los segundos, no lo resiste.

—¡Hinata, idiota! ¡Date prisa! —ordena señalando los balones y Shoyo se vuelve a reír junto con Oikawa.

—Non preoccuparti, Tobio —y ahora Oikawa hace gala de su excelente italiano, y Miya sabe que es mejor armador que él, pero aún así le fastidia lo presuntuoso y arrogante, ni siquiera lo mira está concentrado en revisar sus uñas, por lo cual no lo siente cuando lo tiene detrás de él, sobre su hombro—, non avevo intenzione di derubare Ninja Shoyo, almeno non lui... —Oikawa sonríe sobre sobre el hombro, y se mueve rápido porque Miya ha cerrado el puño listo para reventarle esa sonrisa estúpida, pero Tooru ha entrenado gran parte de su vida con un Hajime que le enseñó a predecir los movimientos, y aunque Miya tiene experiencia partiendo caras, Oikawa tiene más experiencia al menos, en teoría, porque no previene el balón que se acerca violento y rebota contra su espalda haciéndolo retorcerse.

—Largo de aquí, Shittykawa —ordena en un rugido el preparador físico que no había estado presente, pero que apareció después de que le informaran que Miya estaba enfermo.

—Iwacchan... —lloriquea Oikawa en el suelo, hincado de dolor.

—Largo —repite Iwaizumi apretando los puños—. Estás distrayendo al equipo.

—Sólo venía a darles mi bendición... porque mi ayuda aunque quisiera no se las pudiera dar —dice sonriendo aún en suelo, incorporándose lentamente, Iwaizumi le acaba de acomodar el disco de la espalda que traía chueco, de eso está seguro.

—Oikawa, no nos puedes dar tu ayuda porque ahora eres argentino —Ushijima no desaprovecha la oportunidad para introducirse en la conversación y Oikawa alza la mano cubriendo el rostro del as del equipo.

—Lo siento, no fui a Shiratorizawa, así que no hablo en Shiratoriwanense... —advierte sonriendo una vez más y antes de que Hajime le reviente otro balón alza sus manos—. De verdad, no lo entiendo... ya, está bien, está bien... sólo venía a decirles que el partido que tuvieron contra nosotros de verdad fue muy bueno —dice a los que tiene cerca y con quien ha sido más cercano, los monstruos de su generación, los tipos que lo convirtieron en la bestia que es ahora—. Espero enfrentarlos pronto, esperaré su revancha —sonríe sincero y Hajime está sorprendido, quizás no ha sido al 100% pero ese tipo ha madurado, como un 0,1%, pero lo ha hecho y sonríe irremediablemente—. Traduzcan para Ushiwaka —suplica antes de reír y caminar hacia la salida agitando la mano.

—Pero le he entendido... ha hablado en japonés —señala Ushijima serio y bastante seguro de que ha comprendido el mensaje obvio del armador argentino. Hajime se sonríe, porque no se puede reír. Ve la espalda de Oikawa Tooru alejarse mientras saluda a un par de fotógrafos de la prensa, y se detiene ha hablar con ellos. Iwaizumi sabe lo difícil que debe de ser para su amigo la situación, aunque no es la primera vez que es atacado de forma cruel por la prensa, si que es la primera que son tan directos, pues hay un montón de intereses políticos involucrados en el caso de Oikawa, y resultaría problemático que de pronto se convirtiera en modelo a seguir. No obstante su mirada se fija en su equipo, parecen divertidos por la intervención de Oikawa, sobre todo por el modo que tiene para molestar a Ushijima, Oikawa nunca ha sido irrespetuoso con sus adversarios, quizás con Tobio, y con Wakatoshi, pero de ahí en fuera siempre ha respetado la fuerza con que cada uno lucha porque es bastante consciente que la genialidad no es el límite del todo, y con esfuerzo se es posible ir más allá de esa barrera, sin embargo, sus ojos se enfocan en el rubio, en Miya Atsumu que ve con fijeza y atención cada movimiento de Oikawa. Hajime estudia la expresión concentrada del menor.

—¿Todo en orden? —susurra Hajime, Atsumu es la octava o novena vez que escucha esa pregunta, y niega.

—Lo quiero matar —dice sincero.

Y Hajime se ríe, no puede evitarlo.

—Yo también... pero después te acostumbras —señala el moreno antes de sonreír levemente, es hora de revisar que todos estén bien.

...

Oikawa se sienta en los primeros asientos, aquellos que son reservados para personalidades distinguidas, no le cuesta nada de trabajo hacerse de un espacio y acomodarse ahí para ver el partido, sabe que en más de una ocasión le van a enfocar con la cámara porque causa curiosidad su presencia en aquel encuentro, no lo hace con mofa, sino porque le gusta el deporte, no sólo jugarlo, sino también verlo, su primer lugar está asegurado, y después de ese partido van a poner las medallas correspondientes, Japón se juega el segundo lugar contra Brasil, y aunque ha decidido darle la espalda —como según los medios dicen que hizo— a su país, ese sigue siendo su patria, y desea con toda el alma que gane, que esos monstruos que lo convirtieron a él en una bestia, logren aplastar al contrincante, que los chicos de Hajime demuestren lo bien que su amigo ha hecho su trabajo. Pero no sólo es eso, hay algo más, y ese algo más entra a la cancha, concentrado, con la mirada fija en un objetivo y Oikawa sonríe de medio lado.

—¡Si vas a pegar, pega fuerte, Tsumucchan! —grita Oikawa al mismo tiempo que el aludido iba caminando hacia la cancha. No sabe de donde vino el grito porque toda la afición grita como respuesta a la aparición de la escuadra roja.

Y es que la fijación que Oikawa siente por Atsumu Miya no fue algo repentino, algo que se diera de la noche a la mañana, es algo que fue creciendo como una bola de nieve y que tuvo su cúspide en el instante en que un borracho Atsumu se acercó a Oikawa, haciendo el recorrido desde la barra de aquel bar en Roppongi hasta la mesa VIP donde la selección argentina celebraba su victoria.

—¿Crees que tu estúpida y ridícula y... —una pausa dramática para controlar las ganas de vomitar—, y... sensual —¿dijo sensual? Oikawa no escuchó bien por lo alto de la música pero pone más atención a lo que balbuceaba el borracho frente a él mientras le apuntaba con el dedo—... sonrisa puede salvarte siiiiiieeeeempre? Porque... ¡NO-ES-ASÍ! —escupió con furia Atsumu empujando a Oikawa con el dedo sobre el pecho del argentino.

—No, de hecho... ¿dijiste sensual de casualidad? —preguntó en japonés Oikawa y el resto del equipo argentino está a la expectativa porque no entienden ni media palabra de lo que está vociferando al que reconocen como el armador del equipo japonés, ni mucho menos comprenden porque Oikawa se estaba riendo en lugar de estar enojado—. ¿Dijo sensual? —preguntó en español a los argentos.

¿Dijo sensual? —interrogó uno de ellos aún más confundido. ¿Por qué un hombre le diría "sensual" a otro hombre? ¿o solo estaría celoso?

¿Está bien? ¿Quieres que llamemos a seguridad? —ahora intervino el capitán del equipo azulceleste.

Qué va... está bien —respondió Oikawa mientras sostenía a Atsumu de los codos porque se va de lado, y si no lo sostenía seguro iba a dar de lleno contra la periquera donde hay cubetas de cerveza y alcohol extranjero con el que celebran la victoria—. Siempre hace esto... está feliz de que hayamos ganado —los rostros de los americanos se relajan un poco—. Somos grandes amigos —miente Oikawa, en su vida han hablado apenas unas cinco o seis veces, de las cuales todas han sido insultos dichos entretienes.

—¡¿Qué les dices?! —exigió saber Atsumu tomando de la cara a Oikawa, y éste le miró con ojos enormes—. ¡¿Te estás burlando?!

—Salvo tu estúpida heterosexualidad inexistente, homosexual no asumido, patético perdedor —responde en japonés Tooru en un tono bajo para que nadie más escuche—. Che, es que hace mucho tiempo no nos vemos el pibe y yo —comentó al resto del equipo en español.

Atsumu hace un puchero que acaba con un manotazo, en su imaginación ha sido un potente puñetazo que no logró derribar a Oikawa, en cambio el argentino solo suspiró, odiaba lidiar con borrachos. ¿Y si llamaba a Iwaizumi para que fuera por él? Meditó esa opción sosteniendo aún a Atsumu por los brazos.

—Te daré tu merecido —recitó con enojo el teñido.

—Sí, sí... me lo darás —respondió Oikawa buscando su teléfono. Sin embargo, todo se quedó en intenciones en el momento en que alzó la mirada y notó como se acercaban un par de paparazzis que reconocía perfectamente, bien pudo haber soltado a Atsumu, dejarlo a su suerte y que fuera su problema dar el escándalo de las Olimpiadas para todo Japón, pero suspiró porque conocía ese sentimiento de frustración y enojo que había llevado a Atsumu a beber más de la cuenta, de forma irresponsable, y dios sabía que era lo que quería hacer, sin embargo, más tarde que temprano suspiró pesadamente para cargar al bulto que era Atsumu que a ese momento había empezado a babear, balbucear y maldecir que alguien se había llevado su trago.

Creo que lo llevaré a su casa...

¿Qué? Che, ¿ya te vas? Ni a pedo te puedes ir... —replicó uno y después otro y Oikawa se reía levemente.

Que vuelvo en un pedo... no se preocupen... sigan, sigan... diviértanse, ya vuelvo... solo lo sacó aquí para que lo recojan... necesito hablar con él —se excusaba mientras caminaba cargando a Atsumu al tanto empujaba a una y a otra persona.

Hizo oído sordos a los reclamos de sus compañeros que se quedaron rezagados en el momento en que comenzaron las fotografías y ellos posaban emocionados, alentados por el fulgor de la victoria, y aunque Oikawa, de verdad, quería tomarse esas fotografías, sabía que habría tiempo para más sesiones. Jamás estaba de más que alguien le debiera un favor, pues nunca sabía cuándo iba a estar en el lugar de la otra persona.

Y pensaba justamente en ello cuando sus miradas se cruzaron, en la cancha Atsumu mostraba el número de su camisa y en las gradas Oikawa no había notado lo pendiente que estaba del rubio. Ambos se sostuvieron la mirada hasta que Shoyo golpeó suavemente la espalda de Miya para hacerle saber que ya podía colocarse en su lugar, o en cualquier caso, prepararse para sacar. Sería complicado concentrarse con el idiota de Oikawa Tooru viéndolo, necesitaba silencio, no la intensa y ruidosa mirada del armador argentino pendiente de sus saques.

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St. Yukiona.

Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.