Sin ser una de las ciudades con mayor densidad poblacional ciertamente Musutafu podría considerarse una ciudad ajetreada, repleta de edificios y un comercio en auge, pero por sobre todo una destacada tasa de criminalidad muy por debajo del promedio, esto gracias a tener dentro de su territorio la academia de héroes U.A. y por lo tanto a un considerable número de héroes profesionales. Sin duda era una ciudad a la que tener respeto.
– ¡Aaah~! ¡Nuevamente me perdí!
En un tranquilo barrio de estrechas calles rodeadas de los muros de las residencias del lugar que solo dejaban ver las copas de los árboles caminaba una chica de largo cabello castaño, nuevamente desorientada como muchas veces anteriores. El sol en lo alto no ayudaba a mejorar su humor.
– No quiero que Mitsu me regañe de nuevo –susurraba cabizbaja.
Mientras continuaba con su paso se percató que, en el siguiente cruce a solo un par de metros, un peludo felino atravesaba el camino para desaparecer tras un muro. Con un nuevo aire de alegría se dirigió tras el gato mientras lo llamaba chasqueando la lengua. Al doblar en el cruce se topó con varios michis maullando en torno a un chico de cabello blanco y carmesí que parecía estar dándoles algunos bocadillos gatunos. Al cruzar miradas la chica sonrió avergonzada y colocando las palmas en alto dijo:
– Pe-perdón, no quería interrumpir.
El joven inclinó la cabeza y continuó repartiendo los bocadillos. La chica comenzó a acercarse lentamente hasta estar al alcance de uno de los gatos para acariciarlo, el cual recibió con afecto sus caricias, luego se acerco un segundo y hasta un tercero demandando cariño. Observaba de reojo al chico que parecía satisfecho con el recibimiento de los michis a los que parecía muy unido.
– Disculpa ¿son tuyos? -preguntó la chica nerviosa.
– No, solo les doy un poco de comida de vez en cuando.
Irguiéndose el chico sacudió sus pantalones, hizo una breve reverencia con la cabeza hacia la chica y comenzó a caminar.
– ¡Es-espera! ¿Cuál es tu nombre?
– Oh –dio media vuelta pensativo antes de responder– Todoroki Shouto.
– Un gusto Todoroki-san, yo me llamo Aliza Pheles.
El chico asintió con la cabeza y dando media vuelta continuó su trayecto. Pheles continuaba con el rostro ruborizado mientras la manada de gatos se subía en sus piernas exigiendo cariño y comida. En su mente un vago recuerdo le susurraba que lo conocía de alguna situación. Luego de dos minutos recordó su propia situación: perdida en la ciudad.
– ¡Aaah~! ¿Por qué no le pregunté direcciones? –se reprochaba mientras frotaba su cabeza.
