Tres meses habían pasado desde aquel encuentro de exhibición con Dianthéa Carnet, la campeona de Kalos, en la Plaza de Tauros de Las Ventas.
Tras un duro enfrentamiento de tres contra tres, tanto Mega Gardevoir como Mega Lucario cayeron, sellando así no solo el empate entre ambos, sino también la última aparición pública del aclamado campeón mundial de la Master Class del Pokémon World Championships. De la noche a la mañana dejó de contestar llamadas y mensajes y dejó de presentarse a nuevos eventos. Ni siquiera sus más allegados tenían idea de dónde se había metido, pues ellos mismos ya habían perdido el contacto con él desde mucho antes.
Las semanas pasaban... los patrocinadores comenzaban a desesperarse por las pérdidas económicas que suponía cancelar eventos y campañas o hallar reemplazos de menor calidad, y tanto en los programas de chismes como en los telediarios nocturnos de Kalos y de Galar se discutían las teorías sobre lo que habría pasado con uno de los personajes más admirados del planeta. ¿Algún accidente del que no se tuvo constancia? ¿Alguna venganza de las mafias que enfrentó en el pasado? ¿Alguno de sus amigos Pokémon legendarios o ultradimensionales que lo abdujo sin explicaciones? Eso sí, todos coincidían en que intentar hallar una pista de su paradero se había convertido en una Sobble para Tom Cruise.
Su madre subió a verlo a su habitación. Él estaba junto a la ventana.
—Vengo de hablar con la mamá de Koharu, hijo. Acaba de partir a Lumiose, donde la aceptaron como pasante en el laboratorio del doctor Platane.
Él simplemente guardó silencio mientras veía caer las hojas caducas de los árboles y recordaba momentos gloriosos con sabor a vin primeur y huile de coton.
La señora Hanako Toyoshima entró a su casa para cobijarse de las ráfagas de nieve que azotaban el pueblo aquella noche.
Su hijo estaba concentrado en su SmartRotom; apenas sí la saludó mientras ella se dirigía a la cocina para calentar la cena.
—Hikari llamó hoy al laboratorio —comentó alegre la madre—. Vendrá a Tamamushi unas semanas para participar en un taller de perfumería y aromaterapia. Te manda muchos saludos y dice que espera que todavía te acuerdes de los amigos, que está dispuesta a recibirte si vas a visitarla pero que la llames primero para coordinar.
Ella volteó para ver su reacción.
Él ni siquiera se había inmutado, continuaba atendiendo su pantalla.
—No te preocupes... ella no sabe que estás aquí —su voz perdía entusiasmo—. Le he dicho que no sé dónde estás ahora... como me pediste que dijera a cualquiera que preguntara por ti...
Él simplemente asintió, como asiente quien escucha por puro compromiso, y continuó con lo que sea que estuviera viendo en el móvil.
La madre se alistaba para ir al festival del yozakura con sus compañeros del laboratorio Okido. Aunque era la jefe del área de limpieza y mantenimiento, se desenvolvía como una empleada más, siempre servicial y considerada con los suyos.
—Oh, ¡casi lo olvido! Takeshi llamó esta mañana para avisarnos que ya se graduó de su residentado de medicina intensiva. La ceremonia fue ayer, pero volverá a Nibi por unos días para festejar con su familia y sus amigos.
—Mmm.
—Dice que tiene la corazonada de que le darás una grata sorpresa, que no cree en ninguna de esas teorías raras sobre ti que circulan por las redes. ¿Que otra vez te secuestró el Team Rocket para hacer ensayos nucleares con tu cuerpo? ¡Ja, ja! Ya no saben qué inventar, ¿no crees?
—Mmm.
—Dice que no cree en esos rumores de farándula y que, aunque reconoce que ambos perdieron el contacto por tus responsabilidades y por sus estudios, realmente le gustaría que estuvieras con él para festejar que logró uno de sus grandes sueños.
Hanako apareció en el campo de visión de su hijo. Vestía un kimono lavanda con motivos florales.
Era la primera vez en más de quince años que lo usaba... y era como si, por el hecho de mimar su cuerpo y su imagen, Dialga le hubiera concedido el placer de retroceder algunos abriles mientras durase aquella salida.
—Ya pasó mucho tiempo desde la última vez que lo invitamos a la casa... ¿Por qué no me acompañas a visitarlo el próximo sábado? Kenji, Shigeru y Kasumi también van a estar allí, ¿qué tal si...?
Él no respondió, bajó un poco la cabeza y se retiró a su habitación.
Ella, aunque visiblemente resignada, se despidió con su voz cálida.
—Te he dejado la cena lista para que la calientes. Voy a venir un poco tarde. —No recibió respuesta—. Hasta luego.
Sabía que estaba escuchando.
Sabía que no estaba escuchando.
Sabía también que no bajaría para cenar... que, cuando regresase, encontraría la comida en el mismo lugar donde la dejó.
Suspiró, y se marchó para disfrutar de las flores.
La estación calurosa entraba con fuerza por las ventanas de la sala.
Él estaba sentado en el sofá. Veía alguno de esos programas de variedades de mediodía, de esos que ponen diez idols en bikini como maniquíes de fondo.
—La doctora Juniper volvió a llamar desesperada para preguntarme si sabía algo de ti.
—Mmm.
—Dijo que hoy era la última vez que lo hacía. Se le veía ansiosa, quería que sí o sí vayas a su laboratorio en Unova mañana a más tardar.
—Mmm.
La policía estaba allanando la vivienda de una conocida coordinadora de Sekichiku. Esa mañana la habían detenido en el aeropuerto internacional de Kuchiba; en los estudios de imagen se halló que portaba al menos 25 cápsulas de contenido sospechoso.
—¿Y si se trata de algo muy importante? Todo el mes estuvo llamando al laboratorio para intentar ubicarte. Incluso contactó con Sakuragi y con los profesores de las otras regiones, por si resultaba que estabas trabajando con alguno de ellos.
—Mmm.
—Como era de esperarse —dijo uno de los panelistas—, la noticia no fue del agrado de sus patrocinadores, por lo que inmediatamente borraron todas las publicaciones en redes donde aparecía ella.
—Ah, pobre mujer, dijo que si hubiera tenido más tiempo, habría repartido avisos de «Se busca» y «Recompensa» con tu foto en todas las viviendas de América... ¿No crees que al menos ella merece una explicación, por todo lo que está insistiendo? Mira que te está ofreciendo pagarte el pasaje y un mes de estadía en Nuvema. ¿Qué crees que sea esa sorpresa tan especial que tanto quiere que veas? ¿Y quién crees que sea esa persona que también quiere saludarte?
—Mmm.
—Y pensar que también estaba colaborando en esa ONG de rehabilitación —continuó el otro panelista—, vaya ironía... y vaya lío al que los está arrastrando, porque el fiscal de Sekichiku también anunció que les abriría una investigación.
—La señorita coordinadora, que a partir de ahora llamaremos CM, podría afrontar una condena mínima de diez años en prisión por esta travesura. ¡Y apenas la semana pasada celebraba sus diecisiete años! Por cierto, la semana pasada también fue sentenciado el joven RM de diecinueve años por los mismos cargos... Arceus santo, ¡¿qué está pasando con nuestra juventud?!
—Ah, la juventud, precisamente de eso nos va a hablar la doctora Tomoyo en su consejo saludable del día, así que adelante con las imágenes, señor productor... —y en la pantalla apareció una mujer de unos veintitantos años con mandil blanco y blusa negra, labios carmín, cabello ondulado, largo y negro, el mismo color de sus ojos y del marco de los anteojos.
—Oye... ¿no vas a responder nada? —la señora de la casa comenzaba a impacientarse.
—... las chiquillas salen de casa a los diez años y pasan muchos meses lejos del calor de su hogar, lejos incluso de su región natal... Cuando alcanzan la pubertad, no reciben la orientación adecuada de los padres, no saben cómo gestionar sus impulsos ni cómo enfrentar el estrés... Y no, con los amigos no es igual, muchas veces andan más perdidos que uno, y ni hablar de los desconocidos...
No, él no diría nada.
—... como no llegan a asistir a la escuela, no saben qué son estas sustancias, no son conscientes del riesgo al que se exponen usándolas y no conocen las leyes regionales e internacionales que penalizan su distribución. Simplemente se las ofrecen para calmar la ansiedad de las competencias. Simplemente aceptan estos trabajos para ganarse ese dinerillo extra que necesitan para seguir viajando...
Él seguía allí, sentado en el sofá, mirando por mirar y oyendo por oír, mirando sin mirar y oyendo sin oír...
—A los papás y a las mamás que están viendo esto, especialmente las mamás —la doctora miró a la cámara con expresión seria—... Por favor, no descuiden la educación de sus hijos. Por favor, diecisiete años es una edad muy corta para arruninarse la vida, ellos necesitan aprender a valorar el esfuerzo que hacemos por ellos. Estén siempre atentos a lo que hacen, interésense por sus amigos, sus aficiones y sus sueños, háblenles de los peligros de tratar con las dro...
Su madre, harta de todo, desconectó la caja boba y le lanzó un sacudidor a la cabeza.
Su hijo se levantó con la intención de retirarse, pero ella lo interceptó...
¡ZAP!
—¡Oye!
—¡OYE TÚ, JOVENCITO! ¡¿HASTA CUÁNDO VAS A SEGUIR EN ESE PLAN?!
—¡¿Eh?!
—¡YA ES UN AÑO QUE ESTÁS ASÍ, SATOSHI! ¡UN JODIDO AÑO!
—¡MAMÁ!
—«MAMÁ», ¡NADA! —acto seguido, le propinó una segunda cachetada—. ¡YA ESTOY HARTA DE TENERTE AQUÍ COMO UN MANTENIDO! ¡YA ESTOY CANSADA DE VERTE ASÍ!
Él se quedó estático.
—Todos tus amigos ya están haciéndose adultos... Takeshi ya decidió sentar cabeza, Kasumi acaba de dar a luz a su primer hijo, Shigeru está en su último año de carrera, ¡¿y qué eres tú?! —le dio varios manotazos— ¡¿QUÉ MIERDA ERES TÚ?! ¡Yo, a tu edad, ya tenía que ir corriendo entre el restaurante y cambiarte los pañales mientras que el hijo de puta de tu padre no mostraba ningún interés por aparecer! ¡Ni él ni tú me han dado un mísero yen para pagar la maldita hipoteca de esta casa, par de malnacidos! ¿Tú sabes que estamos endeudados, ¡endeudados hasta el cuello, Satoshi!? ¡¿Eres consciente de eso?! Claro, qué vas a saber, si todos estos años te tuve que pasar dinero para tus malditos viajes...
Comenzó a bajar la mirada.
—¡Hasta Mimey aporta a la casa más que tú, vago de mierda! —le lanzó un cojín—. Si no fuera porque sigue trabajando con Sakuragi desde que dejaste el laboratorio, ¡hace rato te habría botado de la casa, maldita sea! ¿Por qué tuviste que venir acá? ¿Cuándo piensas ir a ver a tus Pokémon? ¿Cuándo piensas ir a ver a Pikachu? ¡¿Por qué no vuelves allá afuera, donde tu título de campeón aunque sea sirve de algo?!
—Ma... mamá... tú no entiendes...
—¡¿Qué es lo que no entiendo?! ¡Tú eres el que no entiende nada, Satoshi! ¿No sabes todos los rumores que tengo que aguantar en el laboratorio? ¡¿Todo lo que tengo que hacer para que se callen estos hijos de la grandísima?! No hay semana en la que no llame alguno de esos estúpidos periodistas para preguntarme por ti, no hay semana en la que no llame alguno de esos asociados tuyos para cobrarme por las pérdidas que estás causando por tu irresponsabilidad... No sabes todo lo que tengo que hacer para evitar que nos demanden y nos embarguen todo... ¿y tú? Bien, gracias, ¡todo el día encerrado en tu cuarto y pegado a esa maldita pantalla! —incontinenti, tomó la SmartRotom que estaba donde se había sentado Satoshi y la arrojó al suelo. El Rotom que la ocupaba salió despavorido hacia el foco de la sala, el cual fundió antes de huir en dirección desconocida.
La señora se le acercó y lo agarró de la camiseta.
—¿Qué crees que piensan los profesores de tu desaparición?... ¡¿Qué pensarían los Kukui si te vieran en ese estado?! ¡¿CON QUÉ ORGULLO PUEDO DECIRLES A TODOS QUE SOY LA MADRE DE UN CAMPEÓN MUNDIAL?! —en ese momento, Satoshi la empujó con fuerza para librarse de su agarre y se fue apurado a su habitación, la cual cerró de un portazo. Ella, que terminó cayendo sentada, ni siquiera intentó ir a buscarlo.
«¡¿Qué mierda sabes tú?!»
«¡¿Qué mierda saben todos?!»
Se echó.
Se lamentó de la vida de mierda que tenía... de haber escapado de una vida de mierda...
... de haberse condenado a vivir así, encerrado en el único lugar donde acaso hallaba algún atisbo de paz... una paz cada vez más amarga...
Se sobó las mejillas, se echó en la cama e intentó ahogar sus lágrimas... no estaría bien si lloraba... no estaría bien si se arrepentía... ¿acaso lo estaba el aprovecharse de la incondicionalidad de un amor maternal? Y aunque no le gustase la idea, ¿tenía otra opción?
«¿Qué les he hecho yo para que me traten así... para que no me dejen en paz...?»
Se cubrió con la colcha y cerró los ojos para intentar ahogar la rabia del momento... para intentar librarse de cualquier pensamiento... para no enfrentar la realidad...
«¿Cuándo terminará todo esto?»
«¿Qué debo hacer? ¿A dónde debo ir?»
«¿Por qué tuvo que ser así?...»
Mientras tanto, en el suelo de la sala, la señora Hanako comenzó a llorar.
Si vuestra merced hubiera visto los ojos de Satoshi en aquella sala de juntas, habría concluido que estaba agotado.
Salió de su pueblo a las seis de la mañana en un miniván de cuatro horas a Kuchiba, donde abordó el vuelo de más de doce horas que lo llevó a Galar. Para colmo, dado que venía del área de Kanto-Johto, que con veinte casos confirmados y un muerto hasta la fecha era uno de los focos activos de la epidemia de coronavirus, le tocó esperar por más de una hora en el Heathrowlet Airport mientras todos los pasajeros, tanto humanos como Pokémon, pasaban por el chequeo médico que incluia anamnesis, control de signos vitales y auscultación pulmonar. Eran más de las diecisiete cuando se encontró con la lecturer Lauren, la encargada de llevarlo a ese punto de encuentro a cuarenta minutos de vuelo hacia el este.
Era la primera vez en años que realizaba una travesía tan larga y pesada, diecinueve horas entre Masara-mura y el centro de Wyndon.
No había dormido por entretenerse leyendo fanfiques sobre los viajes de Red en la tableta del avión, por lo que una vez en el local central de la Queen's College, el cansancio comenzaba a pasarle factura y, en cualquier caso, no se sentía en condición de corresponder la alegría de aquella compañera a quien no veía desde aquella despedida en el embarcadero de Melemele.
—Será mejor que demos inicio, son las dieciocho en punto —dijo la doctora Magnolia—. Tomen asiento, por favor.
La profesora Sonia condujo al recién llegado a su lugar, al lado de Lillie quien, a su vez, se había colocado a la izquierda de la doctora. Por su parte, la pelinaranja se ubicó a la derecha de su abuela. Otis, Lauren, Lowell y el mayordomo Connor ocuparon los lugares restantes. Una vez acomodados todos, la rectora comenzó a hablar:
—Joven Satoshi Matsumoto, de parte de la Queen's College of Wyndon, déjeme darle nuevamente la bienvenida a Galar. Lamento los inconvenientes que pudo pasar en el aeropuerto, mas supongo que está al tanto de la emergencia sanitaria internacional. Aun así, reconozco el esfuerzo que hizo no solo para llegar aquí a la hora acordada, sino también para emprender el viaje desde Kanto en una fecha tan especial para los jóvenes como hoy.
Magnolia comenzaba a sospechar el motivo por el que su nieta había amañado una reunión presencial entre su patrocinada y su invitado para un 14 de febrero, pero prefirió guardárselo. Ya lo discutirían en privado... eso y lo de su serie lemon.
—Antes de entrar en materia —prosiguió—, déjeme presentarle primero al equipo que hoy nos acompaña. Para empezar, él es Otis Wayne, analista de...
La rectora presentó a cada uno señalando su nombre y su función, información que Satoshi no escuchaba del todo, pero ante la cual asentía. Apenas se había percatado de que había otras personas además de las cuatro mujeres de la sala. Apenas había escuchado que la profesora Sonia llevaba pocos meses en su puesto en la universidad y que Lillie ¿Hymes? estaba ahí porque había ganado algún concurso hace unas semanas.
Pronto, aquella voz que hablaba de la excelencia académica y el prestigio de casi doscientos años de historia se desvanecía de a pocos hasta confundirse con la sangre de Michael Collins, el sudor de Katherine Grainger y las lágrimas de Rosalind Franklin.
A su alrededor, todo se iba cubriendo de una oscuridad pacífica, donde el viento frío era relajante y las canciones de arrullo sonaban como olas marinas en una isla en mitad de la nada...
... donde podía tumbarse boca arriba sobre la arena en mitad de una noche de verano, cerrar los ojos y olvidar todo lo demás...
Olvidar los momentos de terror, olvidar el daño infligido, olvidar las lágrimas derramadas...
Sobre la tierra, en las nubes, bajo la falda de aquella chica, el éxito, la fama, tres hamburguesas de filete de Wooloo con mostaza y kétchup, un trofeo de cinco kilos bañado en oro de dieciocho quilates, el cual asía como sostienen los niños su taza de leche Mu-mu mientras el invencible vencido aplaudía y sonreía para la multitud.
Luego, invitaciones, entrevistas, actividades, batallas batallas batallas día tras día, mes tras mes, una generación de bocas hambrientas que solo saben exigir espectáculo, farra y mamadera... una prensa que dicta qué decir, a quiénes odiar y a quiénes amar... patrocinadores y agentes que dictan qué decir, a quiénes odiar y a quiénes amar... vivir así para contentar a los fans, vivir así para que los débiles de espíritu no utilicen el medio para adelantar la hora de su juicio ante Nuestro Creador.
¿Estaría bien sonreír siempre? ¿Estaría bien mostrarse enérgico siempre? ¿Estaría bien ser amable siempre? ¿Estaría bien ser el instrumento de las megacorporaciones para divertir a la gente? ¿Estaría bien ser el instrumento de las organizaciones internacionales para adoctrinar a la gente? ¿Estaría bien, incluso si en el fondo no se comulgara con los discursos de moda?
¿Estaría bien forzarse a ser invicto?
¿Estaría bien forzarse a mantener la fiesta en paz?
¿Estaría bien forzarse a corresponder el amor...?
—¿Satoshi?... ¡Satoshi! ¿Te sientes bien?
Era Lillie, quien lo había visto ido y estaba moviéndolo del hombro.
—¿Satoshi? —la profesora llamó su atención.
La asistente Lauren puso su mano sobre la frente del invitado.
—Está bien, no parece tener fiebre —confirmó.
—¿Ah? Lo siento, doctora, profesora...
—Connor —habló Magnolia—, ¿podrías preparar una taza de te para el joven Matsumoto, por favor?
—Como usted ordene, doctora.
Se paró, hizo una reverencia y se dirigió a la alacena donde guardaban los implementos necesarios para hacer lo que se le ordenó.
—Mientras Connor viene con el té —dijo la profesora Sonia—, te explicaré de una vez por qué te trajimos aquí. ¿Recuerdas la carta que te enviamos a Kanto?
Él asintió. ¿Cómo olvidarla?
Su madre llegó una noche con el recado, que parecía salido de algún castillo medieval europeo con jardines más grandes que toda el área metropolitana de Kuchiba. Aquel sobre perfumado y decorado con pétalos de azucena contenía, además del billete de avión que usó para acudir a la reunión, un manuscrito de caligrafía muy cuidada sobre un papel finísimo, firmado por la propia profesora Sonia y visado por el rectorado de la Queen's College.
—Entonces, ya tienes una idea de para qué te llamamos —y se detuvo, como esperando una respuesta.
«Although as a research fellow your responsibility will be to assist me with the department's research and activities, you have already been assigned a project to start with. At the suggestion of the researcher in charge, the details will be explained to you in person.»
—Bueno, profesora, sobre eso...
Aunque nunca llegó a entender el significado de las palabras research fellow, le sonaban a que tendría que pasar el día estudiando los artículos de las revistas de PLoS, Cell o Nature cuando lo más científico que había leído en sus viajes era la Bulbapedia, y eso cuando alguno de sus amigos no estaba para darle las explicaciones de rigor.
—Sabemos que fue research fellow del profesor Yuuichi Sakuragi hace unos años —señaló la máxima autoridad—. Aunque refirió que usted tiene una forma un tanto peculiar de trabajar, tanto él como sus antiguos compañeros de trabajo nos han dado muy buenas referencias suyas y no dudaron en firmarle cartas de recomendación y hacerle llegar sus saludos.
Sí, por supuesto, ostentó el título de research fellow cuando vivía en ese laboratorio, pero pronto acabó en letra muerta: su labor se reducía a hablar con la gente y tomar las iniciativas durante las misiones de observación. Sus compañeros sí que pasaban largas horas llevando muestras a los laboratorios, consultando artículos en galarés y tomando notas kilométricas. Más de una vez intentaron enseñarle a usar los programas de análisis estadístico, sin éxito. Todo su lenguaje científico-técnico se reducía a onomatopeyas que definitivamente ningún editor de JAMA aceptaría publicar.
Debido a esa y muchas otras experiencias, Satoshi conocía de primera mano el trabajo de los profesores dedicados a la investigación. Por eso, no terminaba de imaginar qué le habían visto dos de las profesoras más exigentes y respetadas de una de las universidades más prestigiosas de Galar (y de Europa).
—Entonces, déjame volver a formular la invitación —dijo Sonia—: queremos que te unas al equipo del grupo de investigación de Pokéciencias como asistente de investigación.
—Profesora... bueno... ¿usted cree que sea buena idea?... Es decir... bueno... yo... el proyecto...
—Claro, el proyecto —intervino Otis—, esperábamos que lo mencione. Si acepta, usted participará en la investigación de la señorita Lillie Hymes sobre la sinergia afectiva. Consideramos que su experiencia con este fenómeno y con el entrenamiento competitivo lo convierten en el candidato ideal. Además, ustedes ya trabajaron juntos antes, ¿cierto?
—¿Eh? —le dirigió la mirada a su compañera rubia, quien sonreía—... Bueno, fuimos compañeros de clase en Alola y algunas veces nos tocaba hacer pareja para las tareas... pero más allá de eso...
—También hicimos el servicio militar en el escuadrón de los Ultraguardianes, donde tú actuaste como nuestro capitán. Además, estuvimos en el voluntariado del Centro Pokémon de Melemele y organizamos muchas actividades en la escuela —Lillie miró a los demás—... Todo eso cuenta como trabajo... ¿verdad?... A-además, tú mismo hablaste sobre la sinergia afectiva en clase, ¿recuerdas? Lo hiciste tan bien que hasta Kukui tuvo que revisar que Rotom no te estuviera «cubriendo las espaldas», ¡fu, fu, fu!
—Bueno, es verdad... pero si es por Greninja, hace tiempo lo he liberado... probablemente esté en algún bosque de Kalos, y...
—No te preocupes —le dijo su excompañera de ultrabatallas—, esto no es una excursión para buscar a Greninja. La idea es que nos ayudes con la investigación de los lazos de sinergia afectiva en ti y en otras personas, con otros Pokémon además de Greninja. Nuestra teoría es que cualquiera puede crear lazos de sinergia afectiva con cualquier Pokémon si se dan las condiciones adecuadas.
—La señorita Hymes —señaló Lauren— ya presentó el proyecto al comité revisor, al comité de ética y a las autoridades de la universidad, quienes lo aprobaron sin mayor problema, así que usted no tendrá que preocuparse por el marco teórico ni por el diseño experimental; la investigación ya está casi lista para arrancar.
—Lo que sí hará usted como research fellow es participar activamente con sus ideas —secundó Otis—. Confiamos en que sus aportes al proyecto nos llevarán por un buen camino. Usted también será el encargado principal de recolectar los datos que necesitamos para comprobar las teorías de la señorita Lillie.
—Además —continuó la profesora Sonia—, nos ayudarás a preparar un artículo y una presentación para el vigésimo Encuentro de la Asociación Internacional de Pokéciencias que se llevará a cabo en Wyndon dentro de dos años.
—¡¿Eh?! ¡Dos años!
—Consideramos que es más que suficiente para obtener las respuestas que buscamos —dijo Lowell—. Una vez terminado el proyecto, puede optar por seguir en el grupo de Pokéciencias o tomar su propio rumbo. Además, recuerde los otros beneficios que podrá recibir, como obtener un grado de nuestra universidad, y para ello también requiere pasar dos años con nosotros.
Satoshi suspiró.
Connor había llegado con una taza de té verde y un plato de galletas. Tras agradecerle, y con la venia de las organizadoras de la reunión, el joven tomó un sorbo de la bebida caliente.
Realmente se sentía agradecido. Era lo primero que se llevaba a la boca en más de doce horas.
—Entiendo... ¿Y no había otros candidatos? Por ejemplo... Leon sigue siendo amigo suyo, ¿verdad, profesora Sonia?
—¿Eh? —ella jugaba nerviosamente con su pelo—. Bueno... Leon está ocupado en otros proyectos... Sobre llamar a otros candidatos... ¿quien mejor que el sujeto del primer caso publicado de sinergia afectiva? —le alcanzó el susodicho artículo—. En realidad, traerte aquí fue idea de Lillie.
—¿Eh? —recibió el documento, el cual hojeó con cierta inseguridad—... Lillie, ¿es cierto eso?
—¡Sí! —respondió, emocionada—. Sé que tú eres capaz de sacar la verdadera fuerza de los Pokémon.
—¿Tú... tú crees?
—¡Estoy convencida de eso! Tienes a Rockruff y a Litten, por ejemplo. ¿No nos mostraste con orgullo tu entrenamiento especial para hacer que dominaran esos ataques de lanzarrocas y nitrocarga?
—Sí... pero...
Recordarse a sí mismo en cuatro moviendo el bote delante de todo el mundo ya no le hacía tanta gracia.
—Hace tiempo dejé de entrenar Pokémon, y...
—Sobre el entrenamiento —dijo Sonia—, ¿recuerdas a Hop Dande, el hermano de Leon? Con él analizamos los métodos que utilizaste en los últimos años. Aunque son buenos, teniendo en cuenta que has trabajado prácticamente sin coaches, consideramos que podríamos obtener mejores resultados con un programa serio de entrenamiento competitivo.
—Sabemos que el entrenamiento es una forma de estrechar vínculos entre humanos y Pokémon —señaló la asistente Lauren— y que la sinergia afectiva se asocia precisamente a esos vínculos.
—Pretendemos tener un entorno controlado de entrenamiento —continuó Lowell—, pero si considera que debe improvisar en un momento determinado, está bien. La idea es seguirlo de cerca y conocer detalladamente cómo se crean estos lazos con los Pokémon.
—Entiendo...
—Además —añadió Sonia—, hay otra persona que, creemos, también logró crear lazos de sinergia afectiva. Muéstrale, Lillie.
Ella tomó la carpeta que tenía sobre la mesa y extrajo las fotografías que enseñó a los demás durante la hora del té.
Al verlas, Satoshi reconoció las instalaciones del gimnasio de Lumiose... y a su excompañera de viaje...
—¡Clem!... ¡Allí también está Dedenne! —notó que la ratoncilla tenía mechones rubios en la frente— ¿Acaso ellas...?
—Queremos invitarla a Galar para validar los resultados preliminares obtenidos con la colaboración de Lem Meyer, el líder de gimnasio de Lumiose —explicó Lauren—. Al ser menor de edad, necesita una autorización especial de sus padres. Sin embargo, para enviarles la invitación y el formulario de consentimiento informado, necesitamos el protocolo definitivo aprobado por la universidad, donde deben constar los nombres de los investigadores principales.
—Y eso se logrará cuando aceptes participar con nosotros —completó Lillie.
—Ya veo... pero... sobre el artículo... yo... —en silencio, miraba perdido el paper en kalosiano que había dejado al lado de su plato de galletas, ese impreso cuyos gráficos y tablas no sabría interpretar aunque de ello dependiera su vida.
—Ay, Satoshi —la rubia recogió los papeles—, déjame los detalles técnicos a mí. Sabes que soy muy buena para eso —le dedicó una sonrisa cálida con los ojos cerrados—. Además, tienes al resto del equipo, a la profesora Sonia y a la doctora Magnolia de nuestro lado. Nosotros nos encargaremos de poner en palabras y en números lo que tengas para nosotros.
Satoshi suspiró.
—Como ves, todo ya está casi listo —le dijo—. Yo misma te explicaré el resto del trabajo, si quieres, pero primero necesito saber que cuento contigo.
Silencio.
—Satoshi, sé que lo harás bien, igual que cuando nos ayudaste a todos en Alola, ¿lo recuerdas? Te conozco, sé lo que has pasado en tus viajes y sé que eres capaz de lograr todo lo que te propones.
En ese momento, ella recordó aquellas victorias en el Manalo Stadium frente a su hermano y frente a Kukui, a quienes hasta aquel momento veía como definitivamente imbatibles. También recordó cómo saltaba de la emoción cuando vio por televisión su victoria en el Wymbley Stadium, reacción que sorprendió al resto de la familia.
El joven, inseguro, bajó la mirada.
Es verdad que intentaba deshacerse del lastre de su pasado... aunque no estaba seguro de aceptar la invitación a Galar, sentía que era una buena oportunidad para volver a empezar en tantas cosas...
De todos modos, volver a ser research fellow en el papel no terminaba de parecerle justo.
No le gustaba que otros tuvieran que tapar sus deficiencias académicas, como aquella vez en la que Lillie, en contra de su propia ética, le sopló las preguntas del examen de fin de curso en la Hau'oli High Pokémon School... un «privilegio» que ninguno de sus otros amigos había conseguido, por mucho que le insistieran, durante los cuatro años que estudiaron juntos.
—Profesora Sonia... doctora Magnolia... Lillie... les agradezco la confianza, pero... no sé si yo sea el tipo de persona que buscan... me gustaría ayudar... pero...
—Entonces, solo acepta, Satoshi.
—Lillie...
—Solo acepta... por favor... —entonces, lo tomó del brazo y se volteó a su lado.
Satoshi dio un respingo.
—Lillie... ¿Por qué?... ¿Por qué haces esto?
Ella inhaló un poco, y dijo:
—No sé qué te ha pasado estos años ni en qué te has convertido... cada uno de nosotros ha seguido su propio camino estos años, tú entrenando y yo estudiando... pero esto es lo que soy ahora, ¿lo ves?... He logrado dar un paso más para ser una investigadora reconocida... y he sido capaz de traerte aquí para mi proyecto cuando todos aún te dan por desaparecido... No podría hacer una investigación sobre sinergia afectiva sin pensar en ti, no podría pensar en un compañero de proyecto más idóneo que tú...
Calló un momento... no se percató de que todos los presentes los veían atentamente.
—Si quieres más días para pensarlo, dímelo... puedo hacer algunos arreglos... aunque ya no te dejen ser research fellow, puedo hacerte mi estudiante o un colaborador más si quieres... por favor, Satoshi, quiero que seas tú quien me ayude con esto... no tenemos por qué estar juntos estos dos años, puedo llamarte solo cuando sea necesario... Quiero que sepas que todavía te considero como... como... como...
—Yo...
—¡Por favor! —ella lo encaró con sus ojazos; él dio otro respingo—... Por favor...
En ese momento, la miró con detenimiento por primera vez desde que llegó a Galar.
Volvió a apreciar cada centímetro cuadrado de su rostro... y volvió a ver sus ojos...
Esos ojos tan verdes como las colinas de Masara-mura, brillantes como el sol detrás de los árboles del bosque Tokiwa...
Esos ojos que hace años imploraban auxilio y que ahora le miraban con determinación...
Esa determinación que, por alguna razón, le fascinaba ver en los demás.
Esa determinación que tanto echaba de menos en sí mismo...
Satoshi suspiró por última vez... y sonrió.
—Está bien, Lillie... hagámoslo.
—¡Yee! —la profesora Sonia gritó como niña de cinco años y aplaudió efusivamente; la asistente Lauren y el mayordomo Connor sonreían.
—Ya puedes despedirte de ella, Lowell.
—Tú cállate, Otis.
—¡Silencio, por favor! —dijo la rectora dando unas palmadas; la profesora infló los mofletes—. Bueno, jóvenes, si ya terminaron con lo suyo, llegó el momento de hablar de negocios.
La discusión subsiguiente sería larguísima de detallar, pues se extendió hasta pasadas las veintiuna horas.
Lo que vuestra merced debe saber es que Lillie y Sonia le explicaron a Satoshi, no sin toneladas de paciencia y sin el aporte de los demás, los principales pormenores técnicos del proyecto en el que trabajarían, así como los términos y condiciones del Research Grant Agreement, el documento definitivo que regiría sus relaciones con la Queen's College of Wyndon en los siguientes meses. Al menos la rubia ya tenía experiencia haciendo de tutora privada para él, o la reunión habría terminado a las veintitrés como mínimo. Más bien, a las veintiuna y media ya habían firmando el acuerdo, por lo que la doctora Magnolia clausuró el acto.
Luego de ordenar la sala de juntas, todos bajaron al vestíbulo de la entrada que daba a la calle Strand.
—Satoshi, ¡bienvenido al grupo! —Sonia lo abrazó efusivamente—. Mañana será la conferencia de prensa a las nueve de la mañana en el auditorio de anatomía, aquí mismo, en el local central. No, no es necesario que se presenten, chicos, al contrario, disfruten de esta noche especial —les guiñó un ojo—. Lillie estuvo conmigo esta semana. Cuando estés más descansado, pídele que te enseñe las instalaciones del campus de ciencias y medicina, que queda río abajo y es donde vamos a trabajar.
—¡Sonia! —su abuela le llamó la atención. No parecía contenta—. Tu cuñadito acaba de llamar desesperado del laboratorio, es la quinta vez en el día que...
—¿Cuñadito? —Satoshi no entendía la referencia.
—¡Abuela!
—¡Ejem, ejem!... En cuanto a ustedes, recuerden que a partir de ahora serán considerados como becarios de la Queen's College. Espero que ambos hagan un trabajo excelente y dejen en alto el nombre de nuestra universidad. Sin más, paso a retirarme... Sonia, búscame cuando termines —y se marchó a algún ambiente del local central con el mayordomo.
Otis, Lowell y Lauren ya tenían planeada una noche de karaoke, por lo que se despidieron y salieron a la calle. Quedaban, pues, la profesora con sus dos nuevos estudiantes.
—Emm... —la rubia llamó la atención a su amigo—, ¿tienes reservado algún lugar para pasar la noche?
—No... ¿No se supone que la universidad tenía habitaciones? Creo que la carta decía algo de eso.
—Sí —se apresuró a contestar Sonia—, pero la residencia de ustedes estará habilitada en unos días.
—Ah...
—Satoshi... ¿qué te parece si te hospedas conm...?
—Entonces, buscaré un alojamiento por mi cuenta —dijo, al mismo tiempo que su compañera y con un tono más alto.
—¿Eh?
—Hace tiempo quiero visitar un lugar en esta ciudad, y con suerte tienen alguna habitación. Además... creo que, por ahora, lo mejor es que piense un poco en estas cosas por mi cuenta —calló un momento y se inclinó—. Nos vemos, profesora, Lillie —y se dirigió a la salida.
—Oh... bueno —suspiró—. Mañana estaré por aquí todo el día... nos...
Satoshi no parecía estar escuchando.
A las 22:00, en el resumen de noticias de la GBC de Wyndon:
—Hace algunas horas, el primer ministro Rose Silverstein acaba de presentar al nuevo secretario de Estado para la Cultura y el Deporte. Se trata de Leon Dande, el actual presidente de la Federación Internacional de Ligas Pokémon.
» En una breve conferencia de prensa realizada en los estudios de Macro Cosmos Media, el ministro Rose destacó que el excelente trabajo de Leon en la federación, así como su prestigio como campeón invicto de Galar y su popularidad entre los jóvenes, lo convierten en la imagen idónea para el cargo de confianza. Mañana se realizará la juramentación oficial ante el Parlamento.
» Por su parte, el flamante nuevo secretario anunció que está coordinando con la Asociación de Líderes de Gimnasio para que alguno de ellos lo reemplace interinamente mientras la federación convoca a nuevas elecciones. El lunes, a más tardar, se daría a conocer a su sucesor temporal en la IFPL.
» La temperatura en Wyndon: 9 °C; en Hammerlocke...
Tras diez minutos de caminata por la Strand, una calle de cafeterías y bazares de estilo galarés, llegó a Trafalgar Square, una explanada bastante amplia con una gran columna hacia el sur y dos fuentes iluminadas, una por el este y otra por el oeste. Las luces del lugar y las parejas de enamorados con sus rosas y globos rojos le daban un aura que tranquilizaba al entrenador masarense.
Por fortuna, nadie en la plaza lo reconocía... después de todo, era la noche del Valentine Day y era viernes sangriento de farra, así que la gente estaba demasiado ocupada en lo suyo. Se dirigió a las gradas que estaban hacia el norte, en el frontis de la Galería Nacional, y se sentó un momento. Allí, por el frío y la hora, le sobrevino otra vez el cansancio por el viaje tan largo emprendido, y aunque quisiera seguir reflexionando sobre el compromiso que acababa de asumir al firmar ese papel y el hecho de que volvería a tratar con una de sus antiguas compañeras, debía concluir que lo mejor, de momento, era dejarse arrastrar por los designios de Arceus, el Soberano Supremo. Ya habría tiempo para cuestionarse su significado, y eso sería después una buena noche de sueño, un buen baño y un buen desayuno.
Sabía que cerca se hallaba el Gloria's Backpackers Restdom, un lugar que varios le habían recomendado durante sus giras por Galar. Le habían dicho que era un sitio discreto pero cómodo para los entrenadores, y justo eso era lo que necesitaba como base provisional. Se paró, pues, y fue a preguntar a una oficial Jenny por la ubicación del recinto. Ella le señaló una calle al otro lado de la plaza, y hacia allí comenzó a dirigirse cuando percibió un ligero temblor.
No estaba seguro de si era la tierra o su cuerpo debido al frío...
Tampoco se percató de las parejas de enamorados que se hacían a un lado para dar espacio a cierta joven que arrasaba con todo cual Tauros en un encierro ibérico, a la vez que vociferaba sin parar:
—¡Fuera de mi camino! ¡Fuera de mi camino! ¡Fuera de mi camino! ¡Fuera de mi camino! ¡Fuera de mi camino! ¡Fuera de mi camino! ¡Fuera de mi camino! ¡Fuera de mi camino!...
Cuando ese grito alcanzó la corteza cerebral de Satoshi, ya era demasiado tarde... la tacleada que recibió fue tal que terminó dándose un chapuzón en una de las fuentes de Trafalgar Square, a veinte metros de donde estaba parado.
De inmediato se acercó esa joven de abrigo y botas anaranjadas; maletín, pantalón y boina verdes; y muy importante decirlo: de cabello rubio y ojos verdes.
Al reconocerlo, se quedó estupefacta un buen rato... estupefacta, asombrada, contenta y avergonzada...
—Por la verdad de Reshiram, ¡Satoshi, eres tú!
La gente comenzaba a reunirse en torno a la fuente; al darse cuenta, se tapó el rostro con las manos y comenzó a hacer muchas reverencias.
—¡Aaah! ¡Lo lamento mucho! ¡Lo lamento tanto! ¡Lo lamento mucho! ¡Lo lamento tanto! ¡Lo lamento mucho! ¡Lo lamento tanto! ¡Lo lamento mucho! ¡Lo lamento tanto!...
—¿Bi... Bianca? —atinó a decir, sorprendido, para después estornudar sin cubrirse la boca.
Reciban un saludo cordial desde el país de las maravillas... y no lo digo por Machu Picchu y la Amazonía.
Decidí incluir las etiquetas y una portada provisional de una vez, así nomás, porque yolo. No he corregido del todo los capítulos anteriores y he dejado una que otra cosa suelta en este porque tengo previsto hacer algunas modificaciones que quizá ya tenga definidas cuando publique la continuación, que probablemente tarde algunos meses.
Por si no se notó hasta ahora, nos encontramos en un mundo años después del anime, con algunos cambios que señalaré si hace falta. Por ejemplo, aquí no ocurrieron el arco de Eternatus, ni el retorno a Alola (ni un posible regreso de Lillie), ni el reencuentro con Iris (todavía no veo el capítulo, pero me gané con el destripe de que fue similar al de Korrina, el cual me pareció meh). Eso sí, Go todavía tiene a Suicune paseando por ahí, así que sóbense.
En fin... si es la voluntad de los tapus, nos veremos en un nuevo capítulo. Hasta entonces, recuerden emitir un voto consciente (y respetar a la oposición) y ahorren sus quincenas porque Leyendas tiene buena pinta, aunque... ¿me vas a decir que el buharquero hawaiano vivía en la Hokkaido de hace siglos? A no ser que la especie originalmente fuera endémica de allí y solo en época reciente haya cruzado el mar y ocupado los ecosistemas tropicales.
(No, no es la continuación, solo aprovecho para limpiar de una vez algunos errores y ahorrarme así bastante trabajo para después. Aclarado esto, nos vemos pronto. ¡Muchas gracias por el apoyo!)
