En el mundo hay cientos de miles de historias de amor. Unas cuantas se desgastan, otras se terminan y pocas son verdaderas. Pero en un pequeño piso en Madrid, se encontraba una historia de amor que había estado intentando germinar desde hacía siglos.

--Vincent, va-vamos a llegar tarde- Antonio estaba intentando zafarse de las caricias, pero en algún momento dejó de hacerlo.

--¿Qué más da?-preguntó mientras lamía el cuello del castaño-siempre llegas tarde-concluyó con una sonrisa.

El castaño que se molestó un mínimo por la respuesta, sonrió de forma aterradora y miró directamente a Vincent.

--Lo digo enserio-al ver atentamente el rostro del rubio se relajó.

No iban a ir a ninguna reunión, ni siquiera a algún tipo de evento, Antonio era un hombre de palabra y al mismo tiempo su corazón se reprimía. Era un asunto de honor, y aunque parezca estúpido el era así.

Holanda paró, no sin antes besarle de forma rápida. Ya estaban vestidos preparados para lo que se avecinaba. Antonio había estado nervioso, más de lo normal, el otro hombre había tenido que sostener sus manos para que no se mordiera las uñas. El rubio le había repetido que tenía las manos muy bonitas, que no debía destrozarlas.

En ese preciso instante había besado sus nudillos casi con inercia, ni siquiera se había dado cuenta de ello. España sonrió, pero se encontraba en otro mundo. Vincent sabía que era distraído, siempre se preguntó a donde llegarían sus pensamientos. Eran como escaleras, absolutamente nunca se acababan.

Incluso en la noche el mediterráneo le había explicado lo de las escaleras. Le gustaba cuando hablaba de ellas. Era extrañamente reconfortante.

--Me gusta cuando hablas de esas cosas...ya sabes, de escaleras.

Antonio le confesó que solo se lo había contado a él, aunque no lo parecía, para Vincent era una victoria.

¿Hacia quién? ni el mismo lo sabía.

El español se vistió con lo primero que había visto, lo hacía...le preguntaría a Dios porque lo hacía, el amor te vuelve estúpido y era cierto, ahí tenían la prueba.

Salieron de la casa para de esta forma encontrarse a Arthur quien iba a lo lejos.

Holanda acariciaba las manos del español cuidadosamente y con sumo cariño, como si fueran oro en paño.

--Estas nervioso...-besó su mejilla sonrojando levemente a su acompañante y de esta forma tranquilizarlo.

--Siempre se te ha dado bien decir lo evidente...-contesto mientras respiraba hondo.

El inglés llegó justo enfrente de ambos hombres, preguntándose que hacía el rubio en todo esto. Aún así aguardo antes de preguntar y es que era cauteloso y muy calculador, por ello había sido un imperio colonial.

--Spain estoy esperando...tengo prisa y no me gustan tus impuntualidades.

--Pero si seguro que estabas aburridísimo en casa muerto del asco-contesto el castaño indignado.

Los Países Bajos le dieron un codazo para que se controlara. Después de hacer eso, automáticamente le miró como uno de esos perritos apaleados, a Vincent le provocó un sentimiento de culpabilidad tan grande que tuvo que retirar la mirada a Arthur, el cual también le miraba de manera extraña. En tales circunstancias solo pudo pudo rehuir esos dos pares de esmeraldas.

--Da igual, hablad ya-dijo el más alto para que terminase la incomodidad hacia su persona.

El castaño vaciló durante unos segundos hasta que carraspeó y continuo la conversación, esta vez con la mayor educación que le fué posible.

--Me gustaría...reconciliarme...no digo que sea como antaño porque sé que es imposible, pero hemos rozado lo absurdo.

Vió en los ojos ingleses una pizca de culpabilidad pero accedería, porque la vejez hace que te canses y no quieras más batallas. El siglo XX había sido signo de ello.

--Responde a todas y cada una de mis preguntas, solo así cambiara algo.

Accedió asintiendo con la cabeza gracilmente.

--¿Qué hacéis juntos?

El rubio no dejo contestar al mediterráneo, quería hacerlo por el...cuando se está enamorado quieres gritarlo a los cuatro vientos y aunque amaba a Antonio era su privilegio.

--Le quiero-dijo escueto y sin ninguna floritura añadida.

El inglés río ante la respuesta, no lo mencionó pero el moreno sabía que todos los relatos del amor que le procesaba a Vincent habían cruzado su mente. Antonio desvío su mirada y con un susurro asfixiado le dijo que continuase con el interrogatorio.

--La idea de financiar a los rebeldes fué tuya ¿verdad?

--No, peo la pensé más de una vez, lo que si te puedo decir es que fue más idea francesa que española, aunque después accedí.

Inglaterra sin duda creyó que mentía, al igual que todas las veces que había preguntado y le había respondido lo mismo. Pero esta vez vió una pizca de verdad aunque no de arrepentimiento.

--Después de nuestra pelea las decisiones...¿ seguían siendo de tus reyes?

--Me diste vía libre Arthur...aunque hay que decir que en un principio me importaba, luego eras uno más.

Inglaterra sonrió de forma cómica sabiendo que la próxima pregunta le fastidiaría de sobre manera.

--¿Conseguiste lo que necesitabas para dejar de ser una nación?

-- Me dejó de importar al comprender una cosa...que ya soy libre.

El rubio se quedó callado anonadado por la respuesta, antes de poder preguntar más a fondo por ello el español prosiguió.

--No gobierno, ni doy ideas, no lucho, solo soy España. Mi status murió en el XX, ambos lo sabemos bien.

--El veneno era...

--Claro que era para el.

Se quedaron en silencio, uno que nadie quería romper, en un momento dado Arthur río esta vez de forma amarga y se fue.

--Me ha perdonado

--¿Cómo lo sabes?

--Porque lo conozco.


El cambio del estado de ambos países fue visible a las pocas semanas. El holandés se sentaba a su lado, el español llegaba pronto aunque adormilado y siendo arrastrado por el rubio. Había países que se lo habían esperado: Portugal, Francia, Inglaterra...pero países como Prusia y Rusia se sorprendieron al saber la noticia.

Rusia felicitó a ambos, pero por el contrario el prusiano se sintió desplazado aunque no le duró demasiado ese sentimiento ya que Antonio le prometió cerveza gratis.

--Kesesese si es que soy tan awesome que no puedo evitarlo.

--¿Gorronearme cerveza?-preguntó el español divertido.

Ambos italianos fueron a felicitar a la reciente pareja.

--Creía que morirías solo bastardo~- dijo el italiano mayor aunque con una sonrisa divertida.

A continuación el italiano le susurró en el oído algo parecido a: ya era hora de que lo consiguieras.

Ante esto, el español solo sonrió apurado y sonrojado. Asentía con la cabeza aunque no contestaba a nada en general. Al ver el estado de su novio, rodeó sus caderas y beso con cuidado su nuca. El moreno sintió unas ligeras cosquillas, río de esa forma melodiosa que tanto le gustaba. A su alrededor había una atmósfera embriagada de felicidad.

Arthur les miraba y sin saber porque sonreía, tal vez era empatía o algo así...

Lo pensó detenidamente, con algo de nerviosismo se acercó a la pareja emergente, y dió unos toquecitos en la frente del mediterráneo.

--Con esa sonrisa de enamorado pareces más tonto de lo que ya eres.

Antonio se sintió algo confuso pero sin dudarlo sonrió de oreja a oreja.

--Ya verás cuando te toque-respondió.

--En defensa de Antonio siempre parece tonto-dijo divertido Vincent.

El moreno se giró y con un gesto divertido contestó:

--Soy lo suficientemente listo para saber quién se a quedado sin sexo...

Hablaron durante un buen rato hasta que Arthur se excuso con matar a Estados Unidos con no sé qué.

Se miraron a los ojos durante unos segundos, durante las horas de la reunión ninguno de los dos había podido concentrarse. Eran los efectos colaterales del amor, sobretodo si llevaba tan poco tiempo. Florecían cada día que se rozaban y sus corazones palpitaban cada vez que se miraban.

Reían porque sí, porque a veces no eran capaces de decir nada. Era una nube...

--Eres perfecto...tan...

--No digas nada, tendrás sexo.

Rieron ligeramente, como si no hubiera nadie a su alrededor. Solo existían ellos.

--No era por el sexo...

--Lo sé, te amo.

Un poco más lejos, un galo y un luso observaban a la pareja. El rubio ofreció un cigarrillo al castaño. Portugal lo negó, mientras que Francis observaba su moreno cuello, viendo alguna que otra marca que le había dejado...aunque habían pasado algunos días, tal vez sus marcas no eran su causa. Sonrió resignado, se estaba empezando a cuestionar si realmente deberían haber tenido algo.

--Lo de la noche anterior...-Portugal interrumpió ese discurso y comenzó el suyo propio.

--Miralos...son una imagen del amor tan desenfrenado...¿sabes porqué nunca seremos igual que ellos?

Negó con la cabeza, miró el cigarro y decidió guardarlo, porque al igual que el beber, es triste fumar solo.

--Eres el gran país del amor, a mi ese rollo no me va, he sido uno de los grandes exploradores y necesito ser libre-puso los ojos en blanco al ver la expresión del francés-no pongas esa cara, eso no significa que tengamos nuestros momentos.

El rubio se sintió determinado, porque a pesar de ser el país del amor no era de una nación, pero era incapaz de no dar amor una sola vez.


Un año después:

Antonio estaba en el sofá, durmiendo la siesta tranquilamente después de haber estado cuidando su huerto.

Mientras que dormía Vincent decidió darle una sorpresa por su aniversario, tenía la llave ya que a los cinco meses se la dio.

Antonio no quería que viviesen juntos, para el era demasiado pronto. El rubio sabía que tampoco podía presionarle, al fin y al cabo las llaves de sus respectivas casas era un gran paso. Habían decidido tener una velada especial, hace unas semanas Antonio le había dicho que iba a reservar mesa en un gran restaurante. Vincent le había comprado un Rolex, el español no tenía un reloj decente y a los Países Bajos le hacía cierta ilusión.

Al verle dormido se enterneció, vio la expresión relajada del castaño. Sonrió sin darse cuenta mientras que con el dedo acariciaba y pellizcaba la mejilla del castaño.

--Estaba durmiendo-contestó el castaño adormilado.

--No podía esperar, quiero celebrarlo ya.

--¿Qué tal si me arreglo y damos un paseo?

Vincent asintió contento y dió un rápido beso al moreno.

--Ponte esos pantalones-grito mientras el otro hombre se iba directo a su habitación.

--Que si pesado-contestó riendo de forma coqueta.

Vincent sonrió satisfecho, tenía una pareja perfecta, poco trabajo en esta época del año y seguramente su noche estaría llena de carantoñas, risas y besos...

--¿¡Se te había olvidado reservar!?

--Venga Vin~ si yo puedo cocinarte cosas muy ricas y...de todas formas mi regalo estaba en casa.

--Adivino, el regalo eres tú.

--Sabes que voy mal de dinero y...

Holanda suspiró y al final se acabó desipando su enfado. Abrazó y acarició la cabeza de España.

--Venga hacemos juntos la cena y me das el postre-lo último lo dijo mirando por el rabillo del ojo al trasero de su cabeza.

--La hago yo, lo que tú quieras.

Volvió a suspirar esta vez más contento y con su llave abrió la puerta y se adentraron en la casa. Antonio cocinó pulpo a la gallega y puso un plato con jamón.

--Apañado.

Comieron con tranquilidad y de forma pausada, tomaron un buen vino y vivieron una buena conversación.

--Ostias un Rolex, joder como te quiero.

--Creo que es hora de que me des a mi tu regalo.

Antonio se quitó la camisa y beso de forma hambrienta al holandés.

--Pues venga, desenvuelve el regalo...

Ambos les gustaría estar congelados en el tiempo, justi en este beso, no necesitaban mágia, sus recuerdos ya lo eran.


Muchas gracias a quienes hayais leido la historia, sobretodo a 9192810 quien ha estado siguiendo la historia y poniendo un comentario el cual me ha animado a seguir escribiendo.

Como siempre perdón por tardar tanto, pero quería que el final fuera memorable, o al menos que el capítulo fuera largo, que por algo era el último.

Seguramente haré alguna historia más de esta pareja o de otra. Escribí sobre ellos porque hay muy poco sobre esta pareja y es una pena, aunque es una de mis favoritas realmente tengo como cinco favoritas.

Ha sido la primera vez que termino y escribo una historia y me ha gustado bastante la experiencia, estar imaginando cada parte e incluso cada interacción con cada personaje.

En conclusión ha sido muy divertido, por ello me gustaría repetir.

Sin más dilación me despido, y nuevamente muchas gracias a quien me haya acompañado.