Capítulo 1
Las gaviotas revoloteaban y rodeaban el barco en busca de comida. Subían, bajaban, graznaban en busca de atención, esperando un mendrugo de pan o un trozo de pescado seco. A los marineros no les desagradaba tener la compañía de estos animales, excepto por lo mucho que defecaban en la cubierta con todo lo que conllevaba. Pero se podría considerar un mal menor, el avistamiento de gaviotas siempre era una buena señal.
- ¡Tierra a la vista! - Gritó el vigía, encaramado al mástil más alto del barco
Los marineros corrieron a la proa para ver si lo que decía era cierto, exceptuando los imprescindibles que debían estar en sus puestos para que el barco no se desviase de su rumbo. Una vez confirmado, los marineros se abrazaron, gritaron de alegría y vitorearon por el fin de su viaje.
Arya comprobó a través de su catalejo lo que avistaba el vigía y sonrió. Sin duda, aquello era Puerto Blanco, hogar de la casa Manderly.
"Por fin estamos en casa..."
Aun no había acabado su viaje, ya que le quedaba aun un buen camino a caballo hasta Invernalia, pero no pudo evitar sentir como la alegría le embargaba el corazón. Ese corazón que, durante sus oscuros años de rencor y venganza, pensó que no tenía y descubrió que era mentira. Siempre estuvo ahí, agazapado, escondido, sin llamar la atención, esperando pacientemente que estuviera en paz consigo misma para volver a salir y vivir de nuevo.
Se retiró de la cara los mechones sueltos de su cabello, aquellos que su trenza baja medio deshecha no podía recoger y los cuales danzaban al compás de la brisa, para después gritar las órdenes adecuadas al capitán y al contramaestre. Estos se pusieron a ello en seguida, el capitán manejando el timón para arribar al puerto diligentemente y atracarlo, y el contramaestre dando órdenes a los marineros para que estos cargaran las velas y prepararan el barco para cuando atracase.
La Carabela atracó sin problemas en el muelle del puerto exterior, prácticamente al lado de la Guarida del Lobo, una antigua fortaleza que había servido durante muchos años como defensa de aquellas tierras y que actualmente utilizaban los Manderly como prisión. Escuchó de fondo el ruido típico de un muelle, multitud de lenguas, marineros de todas partes y todas las mercancías que uno pudiese imaginar. Aspiró el aire del mar y del salitre, todo aquel barullo le encantaba, era algo de lo que nunca se cansaba. Por fin estaba en el Norte, en su hogar, y encima hacía un día soleado y esplendido ¿Qué más podía pedir?
- ¿Cuáles son sus órdenes, mi señora?- Preguntó el contramaestre tras ella, mientras los marineros entraban y salían de barco para ponerlo a punto y cargar víveres por si tenían que volver a partir.
- De momento quedaos aquí, toda la tripulación sigue reclutada.- Ordenó.- El cargamento que llevamos es muy valioso, así que es vuestra responsabilidad y la de toda la tripulación custodiarlo hasta que yo regrese. Una vez entregado, tendréis unas semanas de permiso hasta nueva orden.
- Así se hará, mi señora.- Saludó el contramaestre para volver a sus quehaceres, pero de pronto volvió a girarse.- Ehm... perdonad que la moleste de nuevo. Quisiera hacerle una solicitud en nombre de la tripulación, si no es molestia.
Arya asintió con la cabeza, dándole permiso para hablar.
- Los marineros están cansados del viaje, y necesitan divertirse. Solicitaría permiso para, al menos, visitar los burdeles del muelle y que se diviertan. Después de tanto tiempo en el mar, si siguen en el barco podrían ponerse nerviosos y organizar un motín.
Se lo pensó un par de segundo. Por una parte, soltar a la tripulación podía ser contraproducente, al menos mientras estuviera en su poder el cargamento, pero por otra parte, lo que le indicaba el contramaestre era cierto. Aquellos hombres curtidos en el mar necesitaban un descanso después de tanto tiempo sin tocar tierra. Si los mantenía en cubierta en contra de su voluntad se podría montar un motín, matar a los oficiales y repartirse el cargamento, justo lo que ella no quería que pasase.
- De acuerdo, tienen permiso para salir del barco, pero con tres condiciones. Uno, tiene que ser por turnos, el cargamento debe estar siempre custodiado. Dos, solo pueden ir al muelle exterior, tienen terminantemente prohibido salir al resto de la ciudad. Y tres, tendrán la obligación de volver al toque de queda que vos indiquéis y, sobre todo, tienen prohibido hablar sobre lo que hay dentro del barco. Si alguien se le escapa y sufrimos un robo o un ataque, me enteraré quien ha sido y lo ejecutaré el primero en cubierta a la vista de todos, después irán todos los demás. Y tenga por seguro que vos correréis la misma suerte por su responsabilidad en lo que suceda.
- No sucederá, mi señora.- Respondió con convicción el contramaestre.- Me aseguraré personalmente y protegeré el cargamento del barco con mi vida, si es necesario.
- No es necesario que de su vida, contramaestre.- Sonrió antes de desembarcar.- Solo quiero que lo que hay dentro del barco llegue íntegro a Invernalia, ese es nuestro objetivo.
Bajó del barco a través de una estrecha e inestable pasarela de madera, que a cualquier otra persona habría hecho perder el equilibrio, y que ella pisó sin problemas debido a la experiencia y a su agilidad. Pisó tierra firme y, por un momento paro de caminar, sintiendo que todo le daba vueltas. Esa era una de las cosas que no se había acabado de acostumbrar aun después de tanto tiempo navegando por el mar, el contraste entre el balanceo del barco y la rigidez de la tierra inamovible. Pero no le dio importancia y siguió caminando, en un par de minutos el efecto pasaría.
Pensó en ir a una taberna a tomar una cerveza, y de paso preguntar a alguien de la zona donde estaban las caballerizas para ir a comprar un caballo. Por suerte, estas estaban cerca, así que decidió alquilar un caballo en vez de comprarlo, teniendo en cuenta que debía volver a navegar tarde o temprano, y un caballo en cubierta nunca era buena idea. Agarró un corcel negro, el más rápido de la caballeriza según su amo, y salió lo más rápidamente posible de puerto Blanco. Luego se acordó que, como una integrante de la casa Stark, debería haber pasado por Nueva Fortaleza a presentar sus saludos a Lord Manderly y toda su corte. Pensó que no habría sido mala idea, podría haber descansado por gentileza del "Lord Lamprea", enviado un cuervo a Invernalia y que viniera Sansa aquí, así a ella le ahorraba el viaje y un montón de quebraderos de cabeza.
Pero ante todo estaba mantener discreción con respecto al cargamento, y también estaba el riesgo de que Sansa rechazara su propuesta. Sabía con certeza absoluta que Sansa iría corriendo a Puerto Blanco en cuanto tuviera constancia de que había regresado, para verla y darle un abrazo. Pero en cuanto lo otro...dependería de lo valiente que fuese y si estaba dispuesta a asumir riesgos, eso significaría que tendría que explicarle todo con calma, y en Nueva Fortaleza sería imposible, ente agasajos, cenas y demás celebraciones. Además, tenía ganas de volver a su casa, y ejercer de miembro de noble cuna para ver a Lord Manderly le daba mucha pereza. Se enfadaría seguro, pero... bah, ya se le pasará. Si acaso que se encargue Sansa de calmarlo, a fin de cuentas es la Reina en el Norte por algo...
Y quién sabe, si al final Sansa consideraba una buena idea la proposición que iba a hacerle, verían a Lord Manderly muchas veces más...
-1-
- Majestad, alguien solicita una entrevista con vos.
Sansa apartó la vista de los papeles, que sujetaba con la mano derecha, para mirar al soldado que la había interrumpido. Llevaba todo el día metida en su despacho, inspeccionando documentos. Estaba cansada de leer, y se alegró de que alguien fuera a verla, así rompía un poco la monotonía que le había deparado aquella jornada. Algunos días era bastante entretenido gobernar el Norte, ver los pueblos aledaños, hablar con sus gobernadores locales para ver cómo iban las cosas, controlar existencias y armas en el castillo, arreglar alguna disputa entre casas nobles... bueno, esos casos eran más bien estresantes, que de ahí a que se declarasen la guerra a veces había un paso y había tenido momentos de mucha tensión. Pero hoy estaba siendo un día soporífero y necesitaba hablar con alguien, aunque fuera solo porque se le había perdido una cabra y necesitaba que se la encontrasen.
- ¿Y quién me reclama, si puede saberse?- Preguntó al joven soldado.
El muchacho, titubeó, demostrando su poca experiencia.
- Pues... no lo sé, majestad. Se me ha olvidado preguntarlo.
En otras circunstancias habría dado una reprimenda al soldado por su poca profesionalidad, pero en vez de eso sonrió ligeramente. Hoy no estaba de humor para ser el ogro de Invernalia, y el chico debería aprender la lección, después de haber quedado en evidencia frente a la reina. Se levantó de la silla, dando por concluida su jornada de inspección de documentos.
-Bien, llevad al invitado al Gran Salón, allí le atenderé personalmente.
El soldado saludó con una reverencia y salió de la habitación. Se levantó de la silla y se acercó al fuego, intentando despejar su mente para lo que pudiera venir. Cuando venía alguien pidiendo por su favor podían ser dos cosas, o una tontería sin importancia, o un gran problema. Aunque los peores eran los que parecían tonterías y luego se torcía todo irremediablemente, de esos estaba ya muy curtida. Le rogó a los antiguos dioses que fuera una tontería rápida de solucionar, tenía ganas de acabar la entrevista, retirarse a sus aposentos, que le prepararan un baño caliente y relajarse. Suspiró con desgana, esperando despachar rápido aquella incidencia e irse pronto a descansar.
Se dirigió al Gran Salón, la sala de reuniones por excelencia de las casas norteñas, y donde se solían solucionar los problemas acaecidos entre estas. Se sentó en su trono, esperando la visita, pero este no venía, algo que la hizo suspirar de exasperación.
- ¿No me habíais dicho que alguien me esperaba aquí?- Preguntó levemente irritada después de carraspear ligeramente, al soldado que la había avisado.
- Así es señora, lo ordené personalmente.- Asintió ligeramente asustado el muchacho, sabiendo que estaba quedando como un incompetente.
- Bien pues ¿A qué esperáis?, Buscad a nuestra visita y encontradlo.- Ordenó con autoridad.
El soldado se dispuso a salir a buscar la visita, cuando de pronto se escuchó una voz femenina en el pasillo, a punto de entrar al Gran Salón. Solo escucharla hizo que Sansa se sorprendiera y se le disipara el cansancio de golpe.
- No es necesario que nadie me vaya a buscar, esta también es mi casa.
Y entonces apareció. Era ella, tres años mayor, pero sin ninguna duda inconfundible. Llevaba el pelo más largo, recogido en una trenza baja medio deshecha que dejaba caer a un lado del hombro izquierdo, y que no lograba recoger algunos mechones sueltos que rozaban su cara. Iba vestida con indumentaria masculina, aunque diferente, más ligera que la indumentaria típica norteña. En vez de portar el faldón de montura llevaba puesta una chaqueta de cuero ajustada, con cuello cerrado, un poco más larga que las que solían gastar, llegando esta hasta media cadera. Pantalones ajustados de cuero y botas, con su "aguja" y la daga de Meñique que Bram le regaló en el cinto.
Sansa se levantó y la observó detenidamente. Después sonrió.
- Bienvenida a casa.
Y las dos se fundieron en un caluroso abrazo.
-2-
- Y dime. ¿Para qué has venido a Invernalia? No creo que sea solo por verme a mí.
Arya dejó de beber de su copa de vino y observó detenidamente a su hermana. Cuando la dejó en Desembarco del Rey ya apuntaba maneras, y ahora que la volvía a ver se confirmaban todas las predicciones. Sansa era una copia en joven de su madre, de Catelyn Tully. Tenía su mismo porte, su misma forma de expresarse, su pelo, sus ojos... por una parte se alegraba por ella, era una gran dama, una reina, digna hija de las casas Stark y Tully. Pero por otra parte, la observaba y sentía una punzada de dolor en su corazón. Siempre añoro a su madre después de muerta, y ver a su hermana en aquella posición la recordaba tanto que tenía sentimientos ambivalentes al respecto, y ahora no sabía cómo sentirse.
- ¿Y si así fuera? Eres mi hermana, tenía ganas de verte.- Sonrió como una máscara.- Pero en realidad tengo varios motivos para venir aquí. Quería volver a casa, necesitaba saber que aun tengo mi hogar.
- Es comprensible.- Respondió Sansa, inconsciente de lo que sentía su hermana en ese momento.- Llevas mucho tiempo fuera, uno necesita a veces saber quién es, y de donde viene.
- Es verdad.- Dijo pensativamente, mientras daba un trago de vino y miraba un punto indeterminado, para después volver a mirarla.- Quiero quedarme unos días en Invernalia, pero este no es el motivo principal por el que estoy aquí.
- Dime pues.- Inquirió Sansa, prestándole atención.
- Verás, aun después de todo este tiempo fuera, aun navegando y conociendo incontables sitios, siempre he sido una Stark. Nací Stark, seré y moriré siendo una Stark, al igual que tú.
Sansa asintió con la cabeza, no estando más de acuerdo con lo que decía. Arya prosiguió.
- En estos años de viaje he pensado mucho, largo y tendido, y he decidido que quiero dejar un legado para nuestra casa, algo que nuestros descendientes puedan utilizar llegado el caso, y de lo que se sientan orgullosos. Así que necesito de tu ayuda y aprobación para poder hacerlo.
Sansa frunció el ceño, mirándola interrogante.
- ¿Y qué quieres hacer? ¿Que... es lo que tenías pensado?
Arya la miró, solemne.
- Quiero rearmar militarmente a la Casa Stark, debe convertirse en la casa más poderosa que haya existido en Poniente.
- Arya, eso es muy loable. Yo también quiero que la casa Stark sea poderosa.- Respondió Sansa.- Pero ahora somos un reino independiente, lo que pase en Desembarco no nos incumbe para nada.
- Con más motivo todavía.- Inquirió Arya, muy convencida de lo que decía.- Ahora todo está bien, estamos tranquilos, Bram es el rey de los seis reinos restantes y no hay amenazas. ¿Pero qué pasará dentro de treinta o cuarenta años? Ahora ya no podemos participar en el consejo para defender nuestros derechos ni elegir nuevo rey. ¿Y qué le ocurrirá a nuestro reino cuando Bram muera y el nuevo consejo elija a otro rey?¿Y si este considera que el norte debe volver a anexionarse al reino, por las buenas o por las malas?
Sansa se recostó en la silla de su despacho, pensativa. Lo que decía su hermana era una verdad incuestionable, punto por punto. Ella misma lo había pensado incontables veces y eso le quitaba el sueño por las noches. Su trabajo como Reina en el norte no solo era cuidar de su pueblo y protegerlo de invasiones externas, sino también de preveer cualquier conflicto futuro para que, quien tomara el trono, encontrara todas las facilidades posibles. Que en un futuro pudiera entrar como rey un nuevo Aegon Targaryen solo podía significar problemas para su casa y su pueblo.
- Yo también lo he pensado muchas veces.- Confesó pensativa.- Ahora mismo tenemos un periodo de paz, pero esto es cíclico. Tarde o temprano volveremos a tener problemas.
-Por eso estoy aquí, porque hay que aprovechar este momento.- Respondió nuevamente Arya.- Mientras Bram esté vivo, el Norte y la casa Stark estarán tranquilos y a salvo, pero ya sabemos cómo funcionan estas cosas.
Sansa se inclinó hacía su hermana como si tuviera un resorte, abriendo los ojos con atención.
- ¿Insinúas acaso que podrían matarlo?- Se alteró Sansa- ¿Que demonios sabes? Por favor, dime que es una broma de las tuyas.
- No lo creo... de momento.- Dijo Arya misteriosamente.- La gente del consejo actual no lo harán, juraron lealtad a Bram y lo respetarán. Pero un rey SIEMPRE tiene enemigos... y a veces de quien no lo esperas.
- Para eso está Brienne.- Sentenció Sansa de forma indiscutible- Es su trabajo, es la Lord Comandante de la Guardia Real. Su misión es proteger al Rey de todos los peligros.
- Y las dos sabemos que Brienne es muy competente.- Afirmó Arya, mientras tomaba otro trago de vino.- Pero debemos tener siempre en cuenta esa posibilidad.
- De todos modos, ahora mismo no debemos preocuparnos de nuestra seguridad, ni la de Bram.- Sansa intentó quitar hierro al asunto.- Las aguas están calmadas, si empezamos a movernos, las otras casas lo sabrán y empezarán a hacer preguntas. A veces no es bueno remover el avispero.
- ¿Y qué te preocupa más de todo esto, la vida de Bram o nuestra situación en Poniente?
Sansa notó como la miraba de una forma que sintió escalofríos.
- ¿Qué piensas tú al respecto?- Continuó Arya.- A fin de cuentas, eres la primera interesada en mantener a Bram en el poder
- No me gusta que juegues al juego de los rostros conmigo.- Susurró Sansa categórica, mientras la miraba desafiante.- No es necesario que me interrogues, yo no soy tu enemiga.
- Tampoco yo soy tu enemiga, Sansa.- Contestó su hermana con total tranquilidad, para después dejar la copa de vino en la mesa, levantarse de su asiento y apoyar sus manos en esta para inclinarse.- Te quiero, eres mi hermana y jamás haría algo que perjudicara a nuestra familia.
- ¿Entonces a que ha venido esto?
- Necesito saber que, llegado el momento, mantendrás a tu familia en primer lugar, por encima de todas las cosas.
Sansa entonces se dio cuenta de las intenciones de su hermana. Quería ver si la Sansa que había dejado en Desembarco del Rey seguía siendo la misma o si se había convertido en un Meñique con tetas, devorada por el juego del poder. No la culpaba por ello, era el pago por todos los errores que hizo en el pasado, y esos errores costaban mucho de resarcir.
- Tienes mi palabra de honor.- Afirmó Sansa con total sinceridad, inclinándose hacia adelante y mirándola fijamente.- Puedes creerme, ya no soy aquella niña caprichosa y voluble de antaño. Cuando llegué a Invernalia para casarme con Ramsay Bolton me juré a mí misma que sería fiel a la casa Stark por encima de todo, y hasta el día de hoy puedo decir, con la mano en el corazón, que he cumplido mi juramento a rajatabla. Y te puedo garantizar que, si le llega a pasar algo a nuestro hermano, me aseguraré personalmente de atrapar a sus responsables, mandar desollarlos vivos y dar de comer a los perros con sus restos.
Arya sonrió ligeramente, complacida con la respuesta de su hermana, ya que sabía que había dicho la verdad. Se incorporó hacia atrás y cruzó los brazos
- No es necesario que te encargases de ello, yo lo haría personalmente, y encantada de hacerlos sufrir. Aunque primero haría picadillo a sus ejecutores y luego se los serviría en bandeja a los inductores, igual que hice con Walder Frey con sus hijos.
Sansa fue entonces quien sonrió, apoyando nuevamente su espalda en el respaldo de la silla.
- Caray, aquello fue...realmente macabro.- Recordó aun sorprendida de que su hermana pequeña, la misma de la que se burlaba cuando eran niñas, fuera capaz de cometer semejante salvajada.
- Poco sufrieron para lo que nos hicieron.- Respondió categórica la pequeña de los Stark.
Sansa carraspeó, para volver a centrarse en lo que estaban hablando. Se levantó de la silla y se dirigió a mirar el crepitar de la chimenea, y, de paso, echar leña, ya que la habitación se estaba enfriando.
- ¿Y cómo piensas volver a rearmar nuestro ejército? ¿Tienes algún plan al respecto.
- Por supuesto, si no, no habría venido.- Respondió.- Quiero que la casa Stark vuelva a dominar el mar. Tenemos que volver a montar una flota naval, una flota de guerra potente, entre doscientos y trescientos barcos de guerra, con personal cualificado, con barcos rápidos y resistentes, y bien equipados. Quiero que la gente tiemble cuando nombren a la flota de los Stark.
Sansa cerró los ojos con fuerza y suspiró, luego se giró para observarla.
- Arya, creo que no hablas con propiedad.- Dijo preocupada.
- ¿Por qué?
- Porque somos una casa... humilde, y eso es un decir. Si, somos una gran casa, con un apellido ilustre, antigua, con prestigio y ahora con verdadero poder... pero no tenemos dinero. Apenas puedo mantenerlo todo, casi no hay dinero para comprar hierro y cuero para hacer armas y escudos a nuestros soldados, el pueblo casi no puede darnos los impuestos correspondientes sin que a cambio desfallezcan de hambre. Nosotros no tenemos ingresos propios ni nada con lo que comerciar, no somos el Dominio o Roca Casterly. ¿Ves esos papeles?- Señaló con la mano abierta todos los papeles que había en el escritorio.- No paro de darle vueltas para que todo cuadre. ¿Cómo vamos a montar una flota naval digna si apenas llegamos a todo? ¿Sabes lo que vale construir los barcos y mantenerlos, lo que costaría el mantenimiento del personal?
Arya la dejó hablar, impertérrita, esperando sin prisas todas las objeciones que Sansa le puso.
- ¿Y si yo te dijera que tengo la solución a todo lo que me objetas?
Sansa hizo una mueca interrogante.
- ¿A qué te refieres, que demonios estas tramando?- Preguntó ligeramente alarmada, presintiendo que no le iba a gustar lo que le tenía que decir.
- Tranquila, no hablo de ningún saqueo, nosotros no somos como los Hijos del Hierro.- Trató de calmar a su hermana.- Solo confía en mí. Ven conmigo a Puerto Blanco y allí te lo enseñaré.
- ¿A Puerto Blanco? ¿Y por qué no me lo dices ahora y nos ahorramos el viaje?- Volvió a preguntar, cada vez más intrigada.
- Porque me gusta ser discreta.- Respondió misteriosamente.- Y nunca sabes quién puede estar escuchando. Mira, solo te pido que confíes por una vez en mí. Si realmente estás de acuerdo con volver a convertir la casa Stark en una casa verdaderamente poderosa y garantizar la seguridad del Norte, ven conmigo.
Sansa se lo pensó detenidamente. Era un riesgo, pero si Arya afirmaba tan segura de que tenía la solución bien podía valer la pena asumirlo. Sí era verdad que le tentaba mucho la idea, y a su difunto padre también. Hace años, Robb le contó que había oído a padre comentárselo a Ser Rodrick Cassel, cuando todo iba bien y eran una familia unida, antes de que lo ejecutaran en Desembarco del Rey. Los Stark hace mucho tiempo tuvieron una flota naviera muy buena, hasta que "Brandon el Navegante" decidió hacer lo mismo que su hermana Arya, solo que este jamás volvió. A causa de ello, su hijo, "Brandon el Incendiario" prendió fuego a toda la flota naval que poseían los Stark, debido al dolor que le produjo perder a su padre. Desde entonces los Stark jamás volvieron a tener una fuerza naval digna de su casa. Si pudieran tener una buena flota, Puerto Blanco estaría protegido, y a día de hoy los aranceles que cobraban los Manderly por operar en su puerto eran una fuente de ingresos importante para el Norte, algo que beneficiaba indirectamente a los Stark. No solo eso, sino que poseer una flota potente ahuyentaría a los piratas y los esclavistas, beneficiando el comercio por ser una ruta segura. Y, ya de paso, aumentaría su prestigio como casa, disuadiendo a otras de una posible invasión. Estaba claro, NECESITABAN esa flota.
Mientras estaba en sus pensamientos, sonrió y afirmó con la cabeza.
- Adelante, hagámoslo. Pero espero sinceramente que lo que me ofreces sea una solución factible, sino, lo único que haremos será perder el tiempo.
Al ver la respuesta afirmativa de su hermana, Arya sonrió.
- Tranquila, te aseguro que no te arrepentirás.
