Bueno, bueno… aquí aparezco después de varios años, creo. X'D
Antes de que me maten, debo decir en mi defensa que pasaron muchas cosas en mi vida, pero una en especial fue la que me alejó de todo. Lo expliqué en el último fic que actualicé, así que prefiero no repetirlo aquí; es un tema todavía delicado en mi familia.
Ahora, respecto a esta historia, es muy, muy cortita, pero no pude sacarla de mi cabeza, así que la escribí y aquí la tienen. X'D
Capítulo 1
De espaldas a la máquina expendedora que acabas de usar y con tres botellas de té en las manos, observas la escena que se desarrolla a pocos pasos delante de ti.
Ella permanece de pie frente a él, viéndolo con aquella sonrisa que tanto habías llegado a apreciar; él, por su parte, se muestra relajado como pocas veces lo has visto. Ambos hablan y ríen ajenos a su entorno, mientras comentan alguna anécdota compartida de tiempo atrás.
Una anécdota de las que tu no formas parte.
Permanecen ahí, de pie, uno frente al otro, ambos completamente ajenos al hecho de que los observas. Intercambian risas y miradas; ella se ruboriza por un comentario suyo y la sonrisa de él se ensancha.
Ninguno parece notar tu demora.
No es su intención y lo sabes; lo comprendes, incluso. Te fuiste por mucho tiempo, después de todo y ellos siguieron adelante.
A Gino lo abandonaste estando herido y con su padre muerto frente a él; a Tsunemori la dejaste atrás, rompiendo tu promesa y rompiéndola a ella en el proceso también.
Curiosamente, ambos te perdonaron y, en el intermedio, se fortalecieron juntos; definitivamente lo hicieron más que tu.
Porque sí, Kougami, tu te has hecho físicamente fuerte, más que cualquiera. Has luchado batallas que Tsunemori y Gino apenas han logrado vislumbrar y tienes heridas de guerra que esperas, ellos no sufran en carne propia jamás. Has madurado emocionalmente, incluso, pero hay algo en ellos que te hace sentir diferente.
Tu has luchado arduas batallas, sí, pero ellos también peleado sus propias guerras. Y eso los ha hecho crecer.
Gino, antes frío y estricto, es ahora más comprensivo y amable; Tsunemori, dentro de todo, no ha perdido su esencia, sin embargo, es también quien más ha cambiado de entre los tres.
Atrás quedó esa chica tímida e insegura que llegó al MWPS buscando su lugar en el mundo; algo en ella es claramente diferente ahora y no precisamente debido al incidente que la envió a prisión. Hay una madurez presente en sus facciones que no estaba allí antes, un cansancio arraigado detrás de su sonrisa, una carga que parece atenuar el brillo de sus ojos y que persiste independientemente de con quien hable.
Un brillo apagado que parece reavivarse solo cuando lo ve a él.
No sabes si ella es consciente de eso, pero tu, Kougami, lo notas; lo viste en el instante en que se encontraron minutos atrás después de comer.
Él la saludo casualmente y ella le respondió de la misma manera, es más, ni siquiera se tocaron, pero hubo algo en ese intercambio de miradas que te hizo sentir incómodo, fuera de lugar, incluso.
Sabes, sin embargo, que no son sus cambios lo que te incomoda. Es algo más, algo que decidiste olvidar hace siete años cuando te marchaste sin mirar atrás, algo que esperabas, hubiese muerto con el paso del tiempo y los kilómetros de distancia existentes. Un sentimiento que elegiste ignorar por el bien de ella y tuyo, y que optaste por enterrar junto al hombre que una vez fuiste.
Y ese es el problema, Kougami, "quisiste" olvidar, pero no te fue posible.
Hubo un momento en que casi lo lograste, es verdad. Con el fantasma de Makishima carcomiendo tu mente mientras te sumergías en guerras sin sentido, luchando por personas que apenas conocías y encontrando consuelo en brazos de alguna compañía ocasional, lograste enterrar poco a poco la imagen de Tsunemori y de toda la vida que dejaste atrás, pero justo en ese momento, cuando lo creías todo superado, ella apareció.
Antes de darte cuenta, estabas de vuelta en Japón, tu país de origen, y como un hombre libre, nada menos.
Cuando tu primer pensamiento al pisar suelo japonés, sin embargo, fue dirigido a ella, supiste que estabas jodido.
Porque sí, Kougami, puede que te hayas esforzado durante años por enterrar aquel sentimiento y que te repitieses cual mantra budista que aquello no funcionaría jamás, que no tenían un futuro juntos y que ella estaba mejor sin ti, porque, una vez que aquello ha nacido, no puede detenerse.
Y muy para pesar tuyo, muchacho, apenas supiste que volverías a Japón, la esperanza comenzó a gestarse dentro de ti.
Ahora, sin embargo, has recibido un golpe de realidad: los años pasan, Kougami, y la gente avanza.
Ellos no están saliendo, lo sabes, pero hay algo ahí, un lenguaje no verbal, algo tácito, una comprensión silenciosa que no sabes describir con palabras.
Algo que, mientras más observas, más claro se hace.
Volviste, Kougami. Contra todo pronóstico, regresaste a tu país, con los tuyos, pero de alguna manera y mientras los observas interactuar entre risas, no puedes evitar la dolorosa opresión en tu pecho y la sensación de que, quizá, habías tardado demasiado en volver.
¿Fin?
Notas de autor:
Y sí, ese es el final, creo… aunque probablemente agregue algo más si se me ocurre. (?)
Por si se lo preguntan, no, no he vuelto a escribir regularmente, sin embargo, intentaré retomar historias pendientes ahora que tengo tiempo libre.
Así que… ¿Alguna petición en especial para comenzar? Tengo tantas historias en hiatus que no sé por cual empezar. X'D
Pd: El mundo pasa por un momento muy difícil, así que cuídense mucho, gente. Y, de ser posible, quédense en casa por favor. :'D
