Sus días juntos pasaron como agua cuesta abajo en un caudal de río, ambos estaban conociendo lo que era de nuevo la felicidad, juntos. Los días eran cotidianos y sus actividades como las de cualquier pareja, aunque no hacían el amor muy seguido, pero cada vez era especial, se entregaban por completo a la pasión, después de todo vivían solos en medio de un hermoso bosque.

Un día…

—Quiero que regresemos a Tokio —propuso Sanosuke

—¿Por qué? ¿no eres feliz aquí? —respondió confundido

—No es eso, prometí a los demás que te traería de vuelta, no me refiero a que te quedes allá, sino a tu personalidad, has vuelto a ser tú —explicó mientras pelaba las verduras de ese día

—Jamás seré el mismo —respondió, un poco sombrío

—Pero ya no eres más un vagabundo sin rumbo, ahora nos tenemos el uno al otro —dejó de hacer lo que hacía y se acercó a él, dándole un beso en los labios

—No puedo volver a Tokio —dijo tras el beso

Himura apartó la mirada de Sano, este no entendía qué estaba pasando

—¿Por qué?

—Me trae amargos recuerdos —contestó con tristeza

A su mente volvieron los horribles recuerdos del día en que su esposa e hijo murieron, atormentado se cubrió los oídos con ambas manos y se dejó caer hincado al suelo, sintiendo que se volvería a desmoronar en cualquier momento

—Kenshin, perdóname —se acercó a él y agachándose lo abrazó fuerte— No estás listo

—En Tokio lo perdí todo, no hay nada allá que me esté esperando

—¿Y tus amigos?

—Por favor no insistas —suplicó, buscando su mirada— No quiero volver a una ciudad que solo me ofrece sombras del pasado

—Te entiendo, mi amor —sujetándole su rostro le dio un beso tierno en los labios

Himura se abrazó a Sanosuke, él se había convertido en su soporte emocional, cada día lo quería más, pero temía enamorarse, sentía ilusión por volver a amar, pero también tenía mucho miedo, las dos mujeres más importantes de su vida murieron ante sus ojos, no quería lo mismo para Sanosuke, quien además de todo siempre fue su querido amigo y compañero de todas las batallas después del Imperialismo

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Pasaron algunos meses desde que estaban en aquella relación sentimental, cada día que pasaba, Sagara se enamoraba más y más de Kenshin, no temía decírselo, sobre todo cuando tenían intimidad, le decía cuánto lo amaba, aunque nunca recibía una respuesta igual

—Iré a pescar algo —dijo Sano un día, agarrando la lanza que usaban para eso

—Te acompaño —respondió Kenshin y los dos fueron hacia el río

Subieron hasta sus rodillas la ropa que traían puesta y se metieron, no fue difícil atrapar un par de peces, los fueron poniendo en un balde de madera. Ya casi para salir, a Sano se le ocurrió agarrar un poco de agua y lanzarla hacia Kenshin

—¿Qué haces? —cuestionó extrañado, parecía un chiquillo

—Defiéndete —incitó, jugando

Aquello funcionó y Himura le respondió, ambos se comenzaron a lanzar agua entre ellos hasta que quedaron completamente mojados

—Mira que desastre —comentó Kenshin, comenzando a desvestirse, dejando sus prendas sobre las rocas en la orilla, para que se secaran

Sanosuke admiró el hermoso y delgado cuerpo de su pareja, ya no estaban tan delgado como cuando lo encontró, poco a poco se estaba recuperando

—¿Qué sucede? —inquirió el ex destajador cuando descubrió al otro observándole

—Miraba lo bello que eres —sonrió al decirlo

La mirada que el otro le regaló, sugirió que también se desnudara, el ex rufián no lo dudó ni un poco y lo imitó. Ambos entraron en el río, en la parte más honda y se abrazaron, dándose un beso

—Alguien podría pasar y vernos —dijo un poco avergonzado Himura

—Estamos solos, tú y yo —besó su mejilla y le acarició el rostro, mirándolo con ternura

—Hazme el amor —susurró Kenshin en el oído de Sanosuke

Caminaron hacia la roca más grande de ahí, de pie, Kenshin se agarró a esta, con la espalda hacia Sanosuke, este lo acarició, admirándolo, esa vista por detrás, era excelente, su miembro ya estaba reaccionando y no lo dudó, separó un poco las piernas de su amado y se introdujo

Kenshin ya se había acostumbrado a la penetración anal, pero siempre dolía al principio, solo para darle la bienvenida al inmenso placer que sentía de tener a Sanosuke dentro

No solo la corriente del río agitaba las aguas, sus cuerpos, unidos y jadeantes también. Entregándose al aire libre, bajo los rayos de sol, nunca lo habían hecho así, siempre cubiertos bajo el manto de su pequeña cabaña

No temieron demostrar su deseo y su pasión, Sanosuke terminó dentro de Kenshin, abrazándolo con fuerza cuando se sintió venir, su pecho pegado a la jadeante espalda del ser amado, Himura volteó la cabeza un poco hacia atrás y se dieron un beso, luego se agarraron con fuerza las manos mientras Sagara salía de él

—Te amo —susurró el ex vagabundo, oyéndose muy apenas

Pero Sanosuke escuchó perfecto, volteó a Kenshin hacia él y lo miró a los ojos

—Repítelo —pidió entre lágrimas— Dilo por favor

—Te amo —dijo con voz más alta, más firme y también más decidida— Te amo Sanosuke

—Te amo tanto —respondió dichoso, no se sentía tan feliz desde hace muchísimo tiempo.

Los dos estaban tan absortos en ese momento, que no se dieron cuenta que no muy lejos de ahí, alguien les observaba y no estaba muy contento con lo que veía.


Gracias por leer esta historia, espero les esté gustando. Dejen comentarios