Advertencia: Muerte, violencia, sangre, trauma, monstruos.
Capítulo XXXII:
"Once upon a nightmare I"
(Una vez en una pesadilla. Parte I)
La maldición de Malocchio y la de ese Hell Ring con la gema índigo estaban haciendo que perdiera el control de su mente. Pero podía dejar las cosas así. No podía dejar que controlara sus sentidos de esa forma. No podía-
Su respiración se volvía entrecortada. Su corazón latía demasiado rápido. No estaba seguro de si veía borroso por los efectos del Hell Ring o acaso era acaso que indeseadas lágrimas se estaban juntado en sus ojos. Tenía ganas de gritar, pero no podía. Sus emociones se estaban desbordando.
Aquella representación lúgubre de la mujer soltó algo parecido a un sollozo mientras parecía que abrazaba al hombre. Era curioso que Raymond no parecía estar muerto; parecía más bien estar durmiendo. Se veía en paz.
Al menos, no había sufrido, Daemon pensó. No había caído en la desesperación (tal y como él sí lo estaba haciendo).
No, no. Daemon tenía que recuperarlo. Sin control, no sólo estaba perdido en una batalla, sino que también podría convertirse en…
(Monstruo. A pesar de lo que la gente creía, él no era uno. No quería ser uno; no quería-)
— Tu resistencia es impresionante. Y eso que no tienes ningún anillo o artefacto para ayudar a potenciar tus poderes — aquel hombre se acercó, y se agachó a verlo con interés — Estoy incluso celoso. Tú y Alaude realmente son parecidos: son monstruos con demasiado poder.
Uno de los anillos en la mano de Corneille brilló con más intensidad: El anillo con la piedra color índigo. Las enredaderas alrededor del cuerpo del adolescente se hicieron más anchas y empezaron a cubrirlo con mayor velocidad. Sus brazos. Su rostro. Y las flores en ellas se multiplicaban, con todo y ese asqueroso aroma demasiado dulzón que hipnotizaba.
Flores de pesadillas, así las había llamado Corneille. Mientras estuvieran sobre ti, te harían ver tus más oscuros temores, una y otra vez. Y no sólo eso, sino que aquellas extrañas raíces devoradoras llenas de ojos que provenían de Malocchio (otro Hell Ring) se empezaron a acercar también hacia él.
— Tu morirás de esta manera — Corneille comentó — Sé que utilizar a los espectros de Ossa Impressione no funcionará contigo. No es como si tú y esa mujer sean muy cercanos, ¿no es así?
Sí, lástima que ellos no fueran tan cercanos como para utilizar su alma para retenerlo y luego matarlo, tal y como había pasado con Raymond, ¿no era así?
Si pudiera hablar, Daemon estaba seguro de que en esos momentos le hubiera gritado a Corneille. Otra prueba más de que los había perdido. Control y confianza. Eso siempre le ayudó a que lo que creaba fuera más estable. Más poderoso, si se pudiera utilizar esa palabra. Eso lo importante, ¿no era así? A decir verdad, no estaba seguro. Sus propios poderes seguían siendo en la mayoría, un misterio. Todo sobre ellos (sobre él mismo) sonaba sacado de algún cuento de terror o una leyenda escalofriante. Fantasmas. Espectros. Miedo. Confianza. Muerte. ¿Cuál era su base?
— Que te diviertas en tu mundo de pesadillas, pequeño aristócrata — Corneille le sonrió — De esa forma, no sentirás nada de lo que pase en el exterior, no te preocupes.
Las enredaderas terminaron de cubrirlo, bloqueando incluso su visión. Su mente se iba. Así, sin poder evitarlo, Daemon sucumbió ante el poder del Hell Ring.
Y las pesadillas empezaron con el recuerdo de lo que había pasado hacia apenas unos minutos.
— ¿Qué fue lo que…? — la chica parpadeó un par de veces. La escena que acababa de pasar en donde una persona había salido corriendo de la nada diciendo que un perro lo perseguía (o eso era lo que más o menos había entendido de las exclamaciones, su inglés no estaba tan avanzando todavía) siguiendo seguida por sus amigos, había sido algo extraña (después de todo, no había ningún perro en los alrededores). — Disculpe. Como mencioné, el anillo del que habla ya no se encuentra con nosotros. Lamento que haya hecho este viaje para encontrarse con algo así.
La persona en frente de ella asintió, entendiendo la situación. (También parecía que quería ocultar una sutil sonrisa que se formaba en su rostro. Ella sospechaba que la sonrisa era por la misma escena de hace unos momentos. Qué curioso era. Incluso antes de que ésta sucediera, a ella le había parecido que aquel joven miraba enojado la actitud altanera del hombre. "Como si fuera el dueño de todo. Que falta de respeto" había escuchado que él susurraba para sí mismo.)
— Por favor, no se disculpe — él respondió. Su japonés no era perfecto, pero al menos podía comunicarse sin problemas. Aunque, por supuesto, todavía le faltaba mucho por recorrer — Le agradezco su ayuda, Shimizu-san.
El anillo (un posible Hell Ring si confiaba en las descripciones. Un anillo con el número 666 grabado en él no podía ser tan común), había caído en las manos de un mercante que había ido ahí de viaje por negocios. El mercante decidió venderlo luego de que infortunio tras infortunio le sucediera, los cuales los atribuyó a la "mala energía" que sentía de éste. El anillo había caído en manos de una familia comerciante, pero ahora, ellos tampoco lo tenían.
— Que curioso, es la segunda persona que pregunta por el anillo — ella comentó — La otra persona fue quien se lo llevó, hace apenas unos días. Ah, pero a diferencia de usted, él no sabía nada de japonés. Tuvo que buscar un traductor al francés y-
Ella se detuvo, notando el cambió de semblante en su interlocutor. Él la miraba como si le estuviera contando la historia de algún fantasma aterrador.
— ¿Se siente bien? Está muy pálido. ¿No quiere un poco de agua o descansar?
— Lo lamento — se disculpó, haciendo una reverencia — Gracias por la información. Perdone haberla molestado.
Y antes de que ella pudiera decir algo, salió corriendo en dirección al puerto. Lucía tan nervioso como si alguien le hubiera dicho que lo estaban persiguiendo.
Hotaru sólo pudo ver como su silueta se alejaba, sintiendo un mal presentimiento aparecer.
Sólo fue por un par de días. Un par de días, y tal vez se hubieran evitado eso.
Daemon no encontró necesario ver como aquella representación de su persona corría hacía la playa. (Si se lo preguntaban, incluso era algo curioso verse a sí mismo). Podía resumir lo que pasó después: durante todo el trayecto de ir a buscar a su padre en el lugar de encuentro, él había pensado en cómo era posible que esa persona, ese tal Corneille, estuviera ahí. ¿Los buscó en específico? ¿Corneille ya conocía sus identidades? ¿Conocía que iba a hacer ahí?
Lo hacía. Ahora Daemon sabía que todo había sido planeado. Corneille había tenido ayuda externa no sólo para seguir sus pasos, sino para conocer quiénes eran en realidad. Un aliado sorpresa. Un espía cerca de su hogar.
Pero más que querer vengarse contra aquella ahora anónima persona, Daemon tenía ganas de odiarse a sí mismo. Había sido engañado. Había sido superado.
Era su culpa.
Aquella representación de sí mismo lució nerviosa al no ver a su padre, y se acercó corriendo, ignorando el entorno.
Ahí estaba, otra equivocación. Otra gran equivocación.
Cuando sus pies tocaron un punto en específico, el ambiente cambió. A su alrededor, un velo índigo fue visible a sus ojos, y un escalofrió lo recorrió. Daemon pudo sentirlo, como una especie de golpe.
Antes de que pudiera reaccionar, una explosión cerca de él lo hizo retroceder. Un humo (o lo mejor sería decir niebla) apareció durante unos segundos antes de desvanecerse cuando una serie de sonidos parecidos a dientes devorando algo llenó sus oídos. Una presencia… no, ¿cómo se le podía describir a eso? Algo no humano hizo que sus instintos respondieran y diera un salto hacia arriba, justo a tiempo para esquivar una especie de ola de extrañas raíces (¿o eran tentáculos? ¿ramas? ¿qué demonios era eso?) llenas de ojos con la pupila roja que se movían de un lado a otro de forma desesperada.
Los alrededores se empezaron a distorsionar y desdibujar bajo una mancha de colores entre purpura e índigo. Era como si a un cuadro le hubieran echado agua contaminada o una pintura opaca, haciendo que todos los colores se funcionaran en un morado putrefacto.
Entonces, un disparo resonó.
Un hombre había aparecido de la nada, entre las ondas de aquel velo oscuro. Parecía como si estuviera flotando (una mala señal, el ver las cosas así sólo podía significar que estaba perdiendo el control de sus sentidos. Como si el zumbido que empezaba a generarse en sus oídos y las figuras amorfas no fueran suficiente señal). En sus manos, el hombre sostenía una pistola.
Luego, otro ataque vino de su costado derecho. Lo notó demasiado tarde cuando lo único que pudo hacer fue voltear para ver como una flecha era disparada hacia él, incrustándosele con fuerza en su abdomen. Desde la otra parte del velo, un hombre lo miraba con una media sonrisa.
Tenía una ballesta, ¡pero que original!
Mientras caía por el ataque, vio como aquellas raíces llenas de ojos que estaban debajo de él se multiplicaron. Y ¿Daemon estaba volviendo loco, o podía ver como si éstas tuvieran dientes filosos? No sólo era eso, la energía que emanaban era también una peculiar, demasiado corrompida, demasiado oscura. Ese poder, se parecía a…
Los hombres miraron casi expectantes lo que sucedía. Sin embargo, lucieron sorprendidos cuando notaron que su enemigo seguía intacto. Antes de aquel poder lo arrinconara, Daemon había logrado crear una barrera ilusoria alrededor suyo que detenía el avance de aquellas extrañas raíces y ojos que se comportaban como si tuvieran vida.
— Utilizando los Hell Ring desde el principio — comentó en voz alta para que el dueño de aquel poder pudiera escucharlo — ¿A qué se debe tal desesperación? ¿Tan mal recibida es mi presencia que quiera terminar todo tan rápido?
Hell Ring o no, morir siendo devorado por un anillo no era algo en los planes del más joven Spade o fuera un acontecimiento dichoso que le gustaría cumplir. Así que, instantes después, concentró su energía en un solo pensamiento:
"Desaparezcan de mi vista."
Las raíces parecieron gritar mientras unas llamas aparecían y las empezaban a corroer y destrozar en una cadena de incendio como si alguien hubiera hecho un camino de pólvora en ellas y luego les hubiera prendido fuego.
Daemon tomó la flecha en su abdomen y la sacó en medio de un gruñido. En ese momento, para su mala suerte, algo apareció enfrente de él: Una ilusión que mostraba un ojo gigante con las venas marcadas (como aquellos pequeños ojos de los cuales las raíces estaban llenas). Al verlo, su cuerpo se detuvo. Era como si aquel ojo que se movía de forma constante de un lado para otro, lo hubiera petrificado. Sus músculos no reaccionaban.
No sólo fue eso. Poco después, una serie de enredaderas que parecían venir de todas partes treparon desde los pies de Daemon hasta empezar a cubrir todo su cuerpo. Antes de que pudiera pensar en destruirlas, tal y como le había hecho con las otras raíces llenas de ojos, las plantas empezaron a brillar con una llama índigo que hizo que florecieran una serie de flores purpura que empezaron a liberar un aroma dulce, empalagoso somnífero. Un aroma que hipnotizaba. Daemon se tambaleó. Sus pensamientos se desvanecían; no podía concentrarse.
— ¡Mira que destrozar tan sencillo una habilidad de un Hell Ring! — una voz resonó —¿Por eso lograste engañar a Alaude?
El espacio se distorsionó en un punto cerca de él, revelando una presencia que por fin se dejaba ver entre aquel escenario de colores podridos. Cabello negro. Alto. Y delgado.
Corneille.
Era justo como aquel sujeto de la mafia lo había descrito; al menos Monsieur Champagne no les había mentido. Detrás de él, otras tres siluetas se empezaron a formar: hombres, subordinados; aquellos quienes lo habían atacado. Había burla en sus rostros.
— Tomaré eso como un cumplido. No cualquiera puede tener el honor de ser comparado con Alaude — Daemon contestó. Al menos todavía podía hablar — Aunque el decir que yo lo engañé… me parece una forma algo auto condescendiente de su parte de decir que perdió su confianza.
— Todo volverá a la normalidad una vez que tu desaparezcas. Me aseguraré de ello.
Daemon quería responder con un comentario acido; sin embargo, un mareo inesperado se lo impidió. Sus ojos dejaron de ver lo que estaba enfrente de él, y por unos momentos, vio una calle solitaria en una noche con pequeñas estrellas en el cielo.
— ¿Al fin está surgiendo efecto? — Corneille preguntó — Tardó tiempo; realmente eres alguien especial. Deberías de haberte quedado encerrado en tus pesadillas desde el momento en el que las flores florecieron.
¿Pesadillas?
— Ese es el poder de este Hell Ring, ¿no lo sabías? Y pensar que lo tuvieron durante todo este tiempo — dijo mientras alzaba su mano y la mostraba. Tenía cuatro anillos ahí: uno con un ojo incrustado que lucía desesperado de un lado a otro, temeroso de perderse algo de que lo sucedía en el mundo; otro con un rostro en agonía que parecía gritar; otro con el número 666 dibujado en él; y el último, el que le estaba señalado: era aquel que Daemon y su padre habían encontrado en Italia hace años, el anillo plateado con la gema azul oscuro (una mala, horrible señal. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba Raymond?) — Muestra las peores pesadillas de su víctima, encerrándolos en su propia mente para verlas una y otra vez. Eso, más la parálisis que te ocasiona Malocchio cuando vez su ojo, es lo que te está reteniendo.
¿Malocchio? El anillo con el ojo, por supuesto. Aquel del cual también las raíces que devoraban habían salido.
— Que agradable de su parte explicarme cómo funcionan los poderes, aún en estas circunstancias — Daemon comentó con cordial sonrisa — ¿No quiere que le pase algo de té para aligerar el ambiente?
Ante tal osadía, Corneille no dudó en darle un golpe directo en la cara al joven ilusionista en un ataque de furia. Sin embargo, en vez de estar intimidado, el adolescente sólo sonrió.
— Así que al no poder hacer nada con mi mente, recurre a los ataques físicos.
— Pequeño niño rico — Corneille dijo mientras lo miraba a los ojos — No seas tan arrogante. No creo que quieras terminar como él.
¿Él?
En ese momento, parte del velo oscuro se desvaneció, dejándolo ver algo que siempre estuvo delante de él, pero que no se revelaba hasta ese momento.
— Tu expresión cambió totalmente — Corneille mencionó — Incluso parecieras… Oh, ¿acaso eso es tristeza? ¿Shock?
Ahí fue también donde lo vio (la escena que hizo que ahogara algo parecido a un grito de terror y sintiera un extraño retorcijón en su estómago, en su pecho). Su padre, Raymond, estaba siendo sostenido por una especie de fantasmas, todos con rostros conocidos: eran amigos, compañeros y familiares lejanos. Aunque se podía sentir que eran seres creados por la llama debido al brillo lúgubre que emanaban, un buen ilusionista reconocería parte de la esencia de las verdaderas personas en ellos. Era como estar viendo sus almas siendo jaladas hasta allá en contra de su voluntad.
Entre todos, una figura demasiado conocida lo abrazaba y parecía estar llorando. Una mujer; cabello castaño, ojos del mismo tono azul que Daemon.
Su madre.
Del pecho de Raymond, también había sangre escurriendo. Una herida demasiado cerca del corazón, y que parecía ser el resultado de un disparo a quemarropa. Sus ojos estaban cerrados, y su pecho no se movía. Su piel estaba demasiado pálida, como si…
Estuviera muerto.
Aun estando en medio de un mundo ilusorio, Daemon sintió como si todo le daba vueltas. Sus manos temblaban. No podía enfocar nada de lo que tenía enfrente. Algo dolía, pero no estaba seguro de que. ¿Era la herida?
Sí, de seguro era eso. Así como que era sangre la que salía de sus ojos. Eso tenía que ser.
(Aunque el líquido no era tan espeso como para ser sangre).
De pronto, ese mundo se destruyó, y entre la bruma que dejó, algo nuevo empezó a crearse. Un escenario que se veía como una pintura en acuarela a quien alguien le había echado agua, haciéndolo casi irreconocible. O tal vez, algo que empezaba a bocetarse. Creación. Construcción. Los poderes de esa llama.
(Sus propios poderes)
Ahora, ¿qué era lo que seguía?
Un camino por la noche que era iluminado por lámparas. El sonido ocasional de pisadas en la acera al otro lado de la calle. El relinchar de los caballos.
Una mujer sostenía la mano de su hijo, quien intentaba seguirle el paso mientras comentaba sobre la obra que habían ido a ver. A ella le gustaba caminar en lugar de utilizar algún ostentoso transporte: el ruido de vida en las calles y la vista despejada hacia el cielo para poder ver las estrellas la relajaba.
Daemon ladeó la cabeza. La escena que veía se le hacía familiar. Aquella mujer desprendía un aura conocida pero distante a la vez. Era alguien extraña pero cercana. ¿Tal vez por el color de sus ojos tan parecidos a los suyos propios?
Instantes después, un nuevo actor se incorporó. Y todo sucedió rápido, tan rápido.
Fue cerca de un callejón, cerca de un cruce. Una mano salió de ahí y atrapó a la mujer, jalándola a la oscuridad para luego lanzarla a la pared. Otra había tomado al niño, y jalándolo también a las sombras, lo sujetó por el cuello de la camisa.
Lo único que Daemon podía ver claro en aquella sucesión de imágenes borrosas era que ella había intentado detenerlo, pero el hombre era demasiado fuerte; un golpe con algo duro en la cabeza fue suficiente para que ella cayera al suelo mientras un hilo rojo descendía de la herida.
En ese momento, el niño recordó una historia de terror que había escuchado una vez. Era sobre un espectro con garras de acero que se llevaba a los niños malos, utilizando sus largas manos para pasar entre las ventanas y luego capturarlos. Una creatura así podría darle miedo a cualquiera. Podía acabar con cualquiera. Incluso con aquel hombre.
Daemon retrocedió unos pasos cuando una fuerte niebla envolvió la escena. Era oscuridad. Era poder. Eran unas largas manos que de pronto tomaron a aquel hombre de la misma forma en la que él tomaba al niño y lo hicieron soltarlo. El menor tosió; su corazón latía muy rápido. Y lloraba; se podían ver sus lágrimas pese a la oscuridad.
El hombre cayó sin consciencia justo enfrente de él. ¿El espectro lo había matado? No estaba seguro, aunque si Daemon creía en los rumores posteriores, simplemente se había desmayado.
Entonces, un grito. Ella, la madre, había gritado con un terror tal que hizo que sintiera un escalofrió recorrerlo. Aquella figura hecha de niebla y sombras desapareció en ese momento como si se hubiera asustado. Irónico.
Los ojos de ella miraban al menor con un sentimiento que él no pudo reconocer. Sus pupilas parecían temblar, así como sus labios y sus manos, movimiento que él podía ver, aunque estuvieran fuertemente apretadas unas contra otras (como si quisiera rezar, ahora Daemon lo podía notar). El niño extendió el brazo, y ella retrocedió, arrastrándose por el suelo. Él intentó moverse y acercarse, aunque tan solo el levantarse lo mareaba, aunque podía ver cada vez menos en su ojo derecho, que no sabía porque dolía tanto. Ella negó con la cabeza de un lado a otro, e incluso de sus labios, un jadeo pudo ser escuchado. El niño sintió una especie de extraño dolor en el pecho (¿lo había lastimado también ahí? ¿pero cómo? No debería de ser-)
— ¡Aléjate de mí! — ella gritó — ¡Aléjate de mí; tu- ¡Monstruo!
Aquello que veía eran sus propios recuerdos de cuando era niño, Daemon lo sabía. La primera vez que utilizó sus poderes para crear algo visible y tangible para alguien más que sí mismo (porque también recordaba, vagamente, haber podido jugar con ellos incluso desde antes: si imaginaba una mariposa, ésta aparecía. Si imaginaba un arcoíris en sus manos, éste se creaba. Aquellos, también, habían sido sus poderes.)
Recuperar los recuerdos que ella había perdido, borrar ese en donde lo único que podía ver era como alguien invocaba a un ser espectral. Todo se resumía a ese instante. La razón por la que habían empezado a buscar los Hell Ring era ese momento. ¿Qué más se podía hacer cuando el conocimiento normal no bastaba? ¿Cuándo la mente y todo relacionado con ella era tan estigmatizado y visto como algo malo?
Habían intentado todo (Raymond se sentía especialmente culpable. Y le dolía que parecía que sus dos personas más importantes no podían verse a la cara). Fue ahí que los extraños rumores de llamas y anillos malditos empezaron a llegar, y curiosamente, no sonaban tan imposibles teniendo en cuenta lo que sucedió.
Su padre se había negado a envolverlo en ese peligroso y a la vez misterioso asunto, pero su propia insistencia (y el hecho de que inconscientemente utilizara sus poderes para seguirlo a donde fuere) había hecho que terminara aceptando. Mejor saber dónde estás y tenerte cerca y bien que no hacerlo, Raymond había dicho.
(Porque Daemon no podía dejarlo. Él había sido el causante del accidente, ¿no es así? Sus poderes fueron los responsables. Tenía responsabilidad en ello. Y su padre no le había tenido miedo. Quería estar con él).
— No puedo creer que fallara — una nueva voz dijo. Provenía de un hombre finamente vestido quien también se le hacía conocido — Sólo era deshacerse del niño. ¿Qué tan difícil es eso?
Luego, un golpe que resonó en sus oídos. Y todo se volvió negro.
¿Realmente esa era una de sus peores pesadillas? Aparte de una extraña sensación en el estómago, Daemon no sentía más. Tal vez podía ser por el hecho de que él había visto aquello muchas, muchas veces ya; intentando borrarlo. Intentando recuperar lo demás. Pero siempre era lo mismo, Hell Ring o no.
En la oscuridad, el sonido de pisadas de personas inundó el entorno; maldiciones también se presentaron. Figuras se dibujaron, otro escenario: un gran cuarto, el de una sala de alguna ostentosa mansión. El fuego crepitaba en la chimenea.
— ¡¿Por qué ella es la que terminó herida?! ¡Tenías que ser tú! — el hombre del callejón exclamó con odio — Ah, pero lo que paso puede que evite que tengan otro hijo. Ella se pegó tan fuerte en la cabeza... ¡Sí, eso ayudará! Sólo tengo que deshacerme de ti.
Raymond Spade no tenía hermanos ni algún familiar cercano. Si él moría, la herencia iría a un primo lejano que podría beneficiarse de ella para poder subir más de posición. Aunque para mala suerte de ese familiar, Raymond había conocido a alguien de quien se había enamorado, y habían tenido un hijo, que heredaría no sólo la fortuna del padre, sino también de la madre. Y eso no podía ser, ¿no es así? Que un niño tuviera más poder y prestigio. ¡Era impensable! Por eso ese familiar había planeado aquello: si el único heredero moría inesperadamente en un accidente, él podría de nuevo ser un candidato para reclamar toda la fortuna de la familia cuando Raymond no estuviera.
Como una escena de algún guion de Shakespeare. Una historia trágica en donde algún familiar termina matando a otro, algo así como en Hamlet.
— ¡Si tú mueres, entonces la herencia será mía y-
El hombre, aquel familiar del cual Daemon no recordaba ni siquiera su nombre, calló cuando sintió una fuerte punzada en el estómago. Cuando volteó hacia abajo, pudo ver unas largas garras negras y filosas. Cuando volteó hacia arriba, se topó con la sonrisa deformada del mismo espectro del callejón, ahora, más real que antes.
De alguna manera, el niño lo había vuelto a invocar. A ese extraño fantasma. En su desesperación. En su miedo.
El espectro retrajo sus garras. El hombre se tambaleó, intentando sostenerse de una cortina que terminó rompiéndose bajo su peso. La cortina cayó al suelo, cerca de la chimenea, en donde el fuego llegó hasta la tela y se expandió.
Una desgracia, la sociedad diría días después. ¡Pero que tragedia! Un incendio devastador que terminó arrasando toda una propiedad de algún conde.
Daemon recordaba eso. La primera vez que se dio cuenta de lo corrupta que era parte de la clase alta, llena de hombres con trajes refinados que esperaban que todo el mundo les obedeciera mientras ellos aumentaban su ego. Una zona casi eterna de privilegios donde ellos reinaban.
Toda la casa se empezó a quemar. Podía escuchar a las personas correr. Pero era extraño; ¿por qué éste parecía ir de un color naranja a un color índigo? Lo que veía en esos momentos, ¿era su imaginación, o era algo real? ¿qué parte del desastre venía realmente de fuego verdadero, y que otra era él, imaginando que todo ardía?
Aquel aristócrata corrió hacia la salida, era curioso cómo podía hacerlo tan rápido pese a la pérdida de sangre (¿era sangre real? ¿o era que él lo había hecho creer que era real, y por eso el hombre sentía que su vida se escapaba?).
Su ojo dolía, dolía, dolía. Sus manos fueron hacia éste, encontrándose con un líquido demasiado espeso como para ser lágrimas derramándose de sus parpados. Su garganta también dolía. Era de esperarse, teniendo en cuenta que no había dejado de gritar.
El espectro, todavía presente, pareció ladear la cabeza al verlo ahí: tirado, sangrando, temblando. Pareció sonreír mientras se acercaba; mientras lo envolvía con sus largas garras. Su presencia le hacía difícil respirar. Era frio. Y también asfixiante. Era un monstro de su mente que no desaparecía y parecía no querer dejarlo.
De pronto, alguien gritó un nombre. Su nombre real. ¿Hace cuánto que no lo escuchaba?
En medio de la oscuridad y la luz, lo vio: Era su padre. Raymond había corrido hasta ese lugar, guiado por un testigo que le había dicho lo que había pasado luego de que él saliera a las calles preocupado de que no llegaran. (John. Fue John, el padre de Knuckle. Raymond lo había conocido de esa manera.)
Como si sintiera una amenaza a su existencia, el espectro gruñó. Arrastrándose por medio de las sombras, se colocó enfrente de Raymond y volvió a extender sus garras. Él puso una mano delante de él en un intento de protegerse, y fue segundos después que el espectro soltó un sonido parecido a un grito.
El ataque de la figura fue detenido por una barrera de color índigo que salió de las manos de su padre. Estaba hecha de niebla, ¿o eran llamas? Se parecía mucho a las que los rodeaban. A las que Daemon había usado.
Todavía no lo sabía en esos momentos, pero la existencia de esa barrera creada en un instante de pura emoción obedecía a una lógica: voluntad. La voluntad de llegar hasta un ser querido, en este caso.
— ¡Vete! — el niño gritó — ¡Desaparece de una vez!
Y mientras el espectro se desvanecía entre aquella extraña oscuridad y su cabeza le daba vueltas y dolía, su padre corrió hacia él, sin importarle que parte de su cara estaba llena de sangre. Sin importarle que las sombras y la niebla venían directamente de su hijo.
— Todo estará bien — le dijo mientras lo cubría con su chaqueta y luego lo abrazaba. El fuego a su alrededor seguía un extraño baile entre existir y no, entre un cambio de color de naranja a índigo — Todo estará bien.
No, nada estaba bien. Nada estaba bien. No cuando la escena se empezó a deteriorar, como si fuera una fotografía quemada, y lo que Daemon veía, era a su padre de nuevo, sólo que esta vez, con sangre en su pecho y la figura de su madre que lo abrazaba.
La escena del principio. La primera pesadilla. Lo que había sucedido hacia apenas unos segundos. ¿O tal vez ya minutos? No estaba seguro. No estaba seguro de nada. Una parte de él simplemente quería reír para evitar llorar (ridículo pensamiento, ya estaba llorando, ¿no era así? Eso era el líquido cayendo de sus ojos).
Sin embargo, todo eso ayudó a que comprendiera:
El secreto de las ilusiones.
Mostrar el personaje de Daemon en una historia de la primera generación desde sus origines es algo muy interesante de hacer ya que, en su caso, es mostrar cómo alguien con un gran poder que inicialmente quería ayudar y era alguien leal, terminó transformándose en un fantasma vengativo movido por la locura y desesperación. Así que, por ahora, vamos por el principio: el que es bueno y poderoso al mismo tiempo; razón por lo que todavía no puedo ponerlo como lo vimos en el manga (pues en ese momento, ya había caído demasiado en la oscuridad), sino como alguien relativamente diferente, pero conservando ciertas características.
Also, Daemon realmente parece ser alguien bastante emocional. En las memorias, lloró cuando Elena murió y volvió a llorar cuando la recordó; cuando se enoja, se logra ver con relativa facilidad en sus expresiones y que deja de utilizar un lenguaje formal. Algo que, por ejemplo, nunca le hemos visto hacer a Mukuro.
En lo relativo a los poderes de los Hell Ring. Los poderes de Malocchio y Ossa Impressione son canon. Los poderes del Hell Ring de la gema azul son desconocidos, la idea de las pesadillas no me pertenece a mí, es un headcanon perteneciente a underlovedkhr.
