Advertencia: Sangre, violencia, monstruos.
Capítulo XXXIII:
"Once upon a nightmare II"
(Una vez en una pesadilla. Parte II)
Cuando el cuerpo del adolescente no se podía ver por lo espeso de las enredaderas, y las raíces de Malocchio también lo empezaron a cubrir, fue que Corneille se dio el lujo de dar la espalda.
Una sonrisa de superioridad se le formó en los labios. Había ganado.
Una parte de él incluso disfrutó de imaginarse como sería la reacción de Alaude al descubrir lo que pasó. Serviría para finalmente erradicar aquellos sentimientos que parecían dominarlo últimamente. Emociones que suprimían su verdadero potencial lleno de destrucción. A Corneille le servía que Alaude fuera la bestia sedienta de sangre que sabía llevaba a dentro, no alguien gentil.
Con un simple gesto, hizo que los fantasmas invocados por Ossa Impressione desaparecieran. Aquellas personas sin duda alguna tendrían pesadillas durante los próximos días, especialmente la mujer. Luego, les indicó a sus subordinados que lo siguieran. Todo mientras se inclinaba hacia el cuerpo sin vida de Raymond Spade y recogía el anillo que le faltaba por tomar (también, tomó esos bonitos guantes que poseía y le habían llamado la atención desde que los vio. Aristócratas, tan molestos, pero que bonitas cosas solían usar).
El anillo era de una curiosa forma: un cuerno sobresalía sobre él. El aspecto no le importaba mucho; lo significativo era que estaba cerca de tenerlos todos: los seis Hell Ring. Sólo faltaba uno. Había valido la pena el aceptar aquella imprevista propuesta de alianza con aquellos sujetos.
Mafia. Realmente, Corneille tenía ganas de destruir a todos (especialmente teniendo en cuenta el problema que tenía con Monsieur Champagne) pero utilizarlos para poder deshacerse del resto sus enemigos no sonaba tan mal. Además, ellos parecían empezar a expandir el conocimiento sobre las llamas a base de pura prueba y error. Cuando hubiera conseguido el Hell Ring que le falta y tal vez más información, podría hacerlo.
— Recoge el cuerpo. No queremos que llame la atención cuando nos vayamos y mi ilusión se desvanezca — Corneille le ordenó aquel subordinado que poseía la pistola.
— ¿Qué hay del chico? — el hombre preguntó.
— No deberían ni de quedar sus huesos luego de un minuto — respondió — Malocchio es capaz de devorar a algo del tamaño de un elefante en menos de ese tiempo.
El hombre asintió y caminó. Mientras, Corneille le indicó a los demás que lo siguieran: tenían que hablar sobre el cómo regresar.
Por unos segundos, todo marchó bien, hasta que-
— ¡Aléjate de mí! — de pronto, disparos de una pistola resonaron dentro de la barrera de ilusiones. Descontrolados, desenfrenados. Desesperados, como la propia voz que gritó — ¡Aléjate de mí, aléjate-
Corneille y los demás voltearon hacia atrás al instante, encontrándose con algo inesperado:
Nada.
El hombre que había gritado no estaba; se había esfumado; no importaba que tanto sus ojos buscaran por aquel espacio distorsionado de realidad. Y no había salido de su campo ilusorio; Corneille lo hubiera sentido. El cuerpo de Raymond Spade también había desaparecido, sin dejar rastro alguno.
Con un mal presentimiento, Corneille se acercó al lugar. Se agachó, y con algo de duda, miró al anillo en sus dedos. El Hell Ring que se encargaba de recrear las pesadillas seguía activo, su llama seguía brillando ahí. Si volteaba a donde estaba el joven Spade, las raíces de Malocchio seguían imperturbables: nada se había movido. Era imposible que el causante fuera él.
Entonces, ¿qué estaba pasando?
— ¡¿Qué demonios es eso?!
Otro grito. Corneille volvió a voltear, pero de nueva cuenta, lo único que lo recibió fue un espacio vacío.
Otro de sus hombres había desaparecido.
— U-un monstruo — el único de sus agentes que quedaba habló. Su rostro estaba pálido — S-salió de las sombras. L-lo jaló hacia dentro con una especie de garras y-
¿Sombras?
Entonces, Corneille lo notó: todo se empezaba a llenar de sombras. Su purpura estaba siendo cambiado por largas manchas negras que parecían arrastrarse por el lugar como espectros que acechaban entre la oscuridad y devoraban aquello que no perteneciera a su reino.
Corneille sintió un frio cosquilleo recorrerle la espalda. Un eco resonó cerca de su oído izquierdo, revelando una peculiar risa.
"Nufufu."
En ese momento, Corneille no dudó y deshizo el poder de Malocchio, haciendo que aquellas raíces retrocedieran y volvieran a adentrarse en los confines de la pupila del ojo del anillo. Ahí, descubrió que por más que sonara imposible, era posible.
El chico no estaba.
Volvió a voltear a la derecha, justo a tiempo para ver como las sombras se agrandaban y jalaban hacia su abismo el cuerpo de su agente, desapareciéndolo entre la negrura. Sus oídos escucharon sonidos distorsionados. Su cuerpo tembló por un incomprensible frio. Su vista percibió como el mundo a su alrededor empezó a girar en una especie de torbellino negro.
Estaba perdiendo el control de sus sentidos. No, alguien estaba haciendo que los perdiera.
Corneille enfocó más de su energía en el Hell Ring que debería de seguir conectado a su enemigo. Las plantas y las enredaderas que salían de éste deberían de guiarlo a donde sea que se estuviera escondiendo, aún entre las sombras. Entonces, podría-
— Tu… — ahogó una maldición — ¡Eres un-
A sus pies, ahora no sólo había sombras: también plantas. Un laberinto de raíces que se expandían a todas direcciones. Cada una igual a la otra, cada una con la misma energía de la niebla en ella. Ilusiones para confundirlo; para que Corneille no supiera donde estaba su oponente.
Justo después, un horrible dolor en su cabeza lo hizo tambalearse. Para su suerte, a pesar de ello, fue capaz de notar como las sombras a sus pies se movían, y saltó para evitar que lo que sea que estuviera escondiéndose ahí, lo pudiera atacar.
Un brazo salió de donde estaba. De sus largos dedos, garras filosas hechas de pura oscuridad se expandieron, logrando atravesarle una pierna, y haciendo que cayera directo al suelo en medio de una exclamación de dolor. Antes de que si quiera pudiera pensar en utilizar algo para contrarrestar ese ataque, otra mano gigante salió de la oscuridad y lo tomó entre sus dedos como si fuera un simple muñeco.
Lo poco que quedaba de su mundo de ilusión se desvaneció entre las sombras.
Eso tenía que ser una broma. Una broma horrible.
Aquel espectro se reveló por completo entonces: delgado hasta el punto de parecer un esqueleto, pero con cachos de sombra que colgaban de él como si fuera ropa destrozada. Su figura era demasiado amorfa. Su rostro, irreconocible.
— ¿Qué clase de juego es este? — Corneille preguntó con irritación — ¿Piensas que gritare y pediré por ayuda como mis hombres? ¡Yo también soy un ilusionista! ¡Tendrás que hacer algo más para que-
De pronto, Corneille se sintió mareado hasta el punto de querer vomitar. En su cabeza, diferentes escenarios empezaron a reproducirse: podía verse a él mismo sentado en su escritorio; podía ver cuando rescató a uno de sus subordinados; podía ver a Alaude cerca suyo, su mirada perdida mientras observaba a un par de personas sin vida. (Esa había sido su primera misión. La vez en la que Corneille comprobó lo que Alaude tenía: potencial, poder. Fuerza que podía utilizar para sus fines. Sólo tenía que convertir a aquel niño tembloroso en un arma sin límites). Fue ahí en donde las imágenes se detuvieron.
Entonces, el recuerdo se reprodujo.
«Sus pasos se acercaron a los cuerpos en el suelo. Sus dedos se dirigieron hacia el cuello, checando si había algún pulso en éste. Nada.
— Está hecho — Corneille dijo con satisfacción — Ellos están-
Sus palabras se detuvieron cuando vio a la pequeña figura detrás suyo. El niño estaba temblando mientras se abrazaba a sí mismo. Su mirada fija en el suelo, negándose a ver los alrededores.
— Petit oiseau — lo llamó con fingido tono de preocupación — ¿Qué sucede? ¿Por qué luces tan atormentado? Fue lo correcto. Estas personas eran iguales a aquel que engañó a tu familia hace poco tiempo. ¿No lo puedes notar?
Alaude lo volteó a ver. La inseguridad en sus ojos era clara. Corneille frunció el ceño.
—Las personas son traicioneras, confiar en ellas es malo — le dijo — Recuerda lo que sucede por confiar. Por intentar ayudar — las palabras funcionaron, pues el niño lo miró con miedo, recordando lo que había pasado — Ah, y todo por un poco de dinero. Que crueles somos, ¿no es así? Pero no te preocupes, petit oiseau. Te enseñaré todo lo que necesites. Bajo mi mando, aquello no volverá a suceder.
No confiar en los demás, pero sí en él. Con que Alaude recordara aquello, Corneille podría trabajar.
— Todo estará bien — le dijo mientras fingía abrazarlo, colocando una de sus manos en la cabeza del niño. En ese instante, una extraña niebla se reflejó no sólo en sus ojos, sino también en los de Alaude —Todo estará bien. »
El recuerdo terminó de forma tan abrupta que por poco y se desmaya por el repentino dolor. Sentía como si alguien le hubiera dado un golpe con algo pesado y grande.
"Tú," escuchó que una voz decía en su cabeza. Esa voz, ¡era la voz de ese maldito aristócrata! "¿Qué clase de hechizo le impusiste?"
¿Era enojo lo que alcanzaba a escuchar? Sin si quiera poder pensar en eso, Corneille sintió como el mundo volvía a girar rápidamente, tornándose de miles de colores a la vez. Y luego, personas y voces, y escenarios aparecieron y desaparecieron como si alguien estuviera tomando fotografías entre sus manos y luego las tirara.
Estaba adentro de su mente. Spade, él era quien estaba hurgando entre sus memorias. Ese maldito-
Aquella sucesión de imágenes se detuvo. Era un escenario un poco borroso por las ligeras gotas de lluvia que caían al fondo. Una noche oscura. Una persona que caminaba de mala gana por las calles que olían a basura.
No, no-
« — No quiero morir. ¡No quiero morir!
El hombre gritaba mientras lo sostenía de su camisa. Sus dedos temblorosos perdían fuerza. Su cuerpo parecía estar en un extraño estado de crecer y pudrirse a la vez. Energía salía de él, escapándose como humo de algo que se estuviera quemando. Sangre corría por su boca, por sus ojos, por todas partes, cubriéndolo de un manto rojo escalofriante, manchando también a Corneille.
¿Quién había hecho algo así? ¿Cómo era posible que alguien se estuviera muriendo tan rápido y de esa forma tan horrible? ¿Era eso un nuevo veneno?
Había escuchado dos voces cerca de uno de los canales de alcantarillas de la ciudad, cuando estaba caminando de regreso a su casa. La noche era una pesada, una de esas en las que simplemente quería regresar a su cuarto y olvidar lo estúpido que todo le parecía.
Una voz suplicaba y lloraba. La otra era una especie de susurro que parecía que sonaba en el aire: esa fue la que llamó la atención de Corneille y lo hizo detenerse.
¿Qué sucedía? ¿Una disputa? ¿Una reunión secreta?
Corneille había aprendido que tener información solía ser valiosa. Si conocías el secreto de alguien, podías tener a esa persona a tu merced. Y una plática llevada a cabo a esas horas de la noche, podría ser algo que valiera la pena.
Sin embargo, cuando se acercó, lo único que pudo ver fue un cuerpo inmóvil, tirado y abandonado. Se agachó hacía él, y fue en ese momento en el que una mano esquelética lo tomó de unos de sus brazos.
Aquello parecía una escena de una de esas historias de terror baratas que eran tan populares en la época. Y Corneille era la persona que terminaría muerta porque se había metido en algo donde no lo llamaban.
— Él se la llevó — el hombre lloró. Parecía sufrir tanto que daban escalofríos de sólo verlo — Se la llevó. Mi llama, ¡mi llama!
— Yo-
No pudo terminar de hablar. El hombre lo tomó desesperadamente de la cabeza mientras su cuerpo empezaba a lucir a cada segundo que pasaba más como un cadáver.
— Mi conocimiento no se puede perder — habló. No, más bien susurró. Susurró mientras el aire parecía abandonar sus pulmones, así como la propia vida — Tú, puedo sentirlo. Tienes la misma llama. Puedo pasártelos a ti.
Luego, Corneille gritó. Una especie de energía eléctrica lo recorrió. Figuras, palabras, voces, y memorias que no eran suyas se reprodujeron en su mente simultaneamente, haciendo que un terrible dolor amenazara con hacer explotar su cabeza. La presión fue tal que por unos momentos sólo pudo ver algo blanco antes de perder la consciencia. »
— ¡Basta! — gritó — ¡Basta!
Pero no importó. La escena pasó al siguiente recuerdo que poseía.
« — ¡¿Estás bien?! — André lo miraba como si estuviera observando a un muerto viviente — E-estás lleno de sangre. Oh, Dios, ¡déjame buscar ayuda! ¡Iré a-
Él lo tomó del brazo, deteniéndolo. Los ojos de André se abrieron de la sorpresa por la súbita fuerza que mostraba.
Corneille volteó ligeramente a la derecha: había sangre, había una brisa helada, pero aquel hombre ya no estaba. Se había hecho polvo. Corneille podía ver los restos siendo llevados por el aire. Se había ido, y gracias a él, ahora tenía cosas que no entendía dentro en su mente. Letras que parecían bailar, oraciones incoherentes.
— ¿C-corneille? — André preguntó — ¿Q-qué sucede? ¡T-tengo que-
— André… — él susurró, fingiendo una expresión triste — Los mataron.
— ¿Mataron?
— ¡Mi familia! — la muerte era algo normal, y algo así usualmente acarreaba que la gente no hiciera muchas preguntas por miedo a incomodar. Serviría — ¡Todos!
— ¿T-tenías-
— ¡Por supuesto! ¡¿Por qué crees que me mataba trabajando?!
Las lágrimas salieron de forma sencilla, descubrió. Y mientras lo hacía, pudo ver un objeto único a lo lejos: a simple vista, cualquiera lo tomaría por una simple piedra (y en parte lo era), pero ésta tenía una forma particular.
Ah, ahí estaba. La prueba de que no se estaba volviendo loco. De que las imágenes en su mente tenían una lógica.»
— ¡Te vas a arrepentir de esto, Spade!
"Ahora entiendo. Lo que sabe, alguien más se lo legó. ¿Es también de ahí de donde obtuvo el conocimiento de los poderes de cada Hell Ring?"
Antes de que pudiera hacer algo, Corneille volvió a sentir aquel vértigo y como miles de escenas se volvían a reproducir en su mente. Spade estaba revolviendo todos sus recuerdos. Los miraba y los desechaba, buscando alguno que le diera más información.
"Aunque todavía no comprendo, ¿por qué los busca? ¿Qué se puede ganar de tenerlos todos aparte de vanagloriarse en una supuesta posición de poderío?"
Incluso utilizaba un tono de cortesía. Sin una pizca de debilidad que explotar. Corneille lo odiaba. Lo odiaba con cada fibra de su ser. Seguía haciéndolo quedar en ridículo, como hace años.
"Oh, creo que lo he encontrado." La voz dijo mientras Corneille veía como una serie de palabras aparecían en su mente. "¿Una leyenda? A aquella persona que junte todos los Hell Ring, un gran poder lo espera detrás de la puerta, pasando el anillo del mal."
¡Spade ni siquiera debería de ser capaz de estar consciente! El poder del Hell Ring que Corneille había utilizado en él todavía estaba activo; lo podía sentir; estaba gastando energía en utilizarlo. Debería de estar volviendo loco a su enemigo mostrándole sus peores pesadillas, no-
"¿Toda esta búsqueda por una simple leyenda? Ni siquiera explica que clase de poder se supone que se obtiene. Que decepción."
— Te juro que cuando los encuentre todos, tú serás la primera víctima — rugió.
"Nufufu. ¡Que amenazas tan vacías! Ni aunque tuviera todos los Hell Ring, alguien como tú sería capaz de vencerme. ¡Creí que eso había quedado claro!"
— ¡Sal de tu escondite y muéstrate, maldito!
Aquellas manos esquelitas lo apretaron con más fuerza, haciéndolo voltear como acto reflejo. Ahí, vio la cara de aquel espectro que era su carcelero en esos instantes.
Entonces, Corneille notó algo.
Aquel ser de sombras con rostro amorfo y rasgos distorsionados como si hubiera sido dibujado por un niño, con las largas garras y forma humanoide. Era…
Era el mismo que había visto cuando utilizó el Hell Ring en el adolescente. Era el monstruo de las pesadillas de él: Corneille lo había visto al principio cuando apenas empezaban. Había decidido gastar energía en ver lo que pasaba en la mente de su oponente durante unos segundos para asegurarse de que el anillo estaba funcionando.
Ahí, fue que Corneille lo entendió.
— ¡Estás robando la energía del Hell Ring para crear esto!
— ¿Perdón? — la voz finalmente dejó de reproducirse en su cabeza y más bien sonó fuera de ella — Se equivoca, yo no estoy robando ninguna energía. Simplemente estoy aprovechando el impulso que los poderes del anillo me dan.
Las sombras de alrededor se juntaron en un solo punto, se combinaron, y empezaron a transformarse en una figura que poco a poco se acercaba a él. Tal y como el propio Corneille lo había hecho al principio. Spade realmente se estaba burlando de él; le estaba mostrando cuan fácil era imitar lo que él había hecho.
Cuando apareció a sólo un par de pasos de Corneille, Daemon ladeó la cabeza. Las enredaderas del Hell Ring, ahora llenas de flores, seguían rodeando parte de su cuerpo, dándole un toque casi misterioso; no se había deshecho de ellas ni había intentado romperlas. ¿Por qué?
— No podrá vencerme. No cuando al fin entendí cómo funcionan estas habilidades — la voz de Daemon sonaba distorsionada y casi gutural, rota. Por unos momentos, sus ojos se llenaron de un sentimiento difícil de reconocer, y sus pupilas brillaban con un toque espectral.
Era algo extraño. Daemon parecía estar mirando fijamente a Corneille, pero a la vez, no. Como si su mente se dividiera entre la realidad y algo más. Además, aquel extraño rastro que se veía por su rostro, por sus mejillas y ojos eran…
¿Lagrimas?
Corneille ahogó una exclamación al entender lo que pasaba. El chico lucía así debido a que parte de él todavía estaba viendo sus peores pesadillas gracias al poder del Hell Ring. Después de todo, las plantas seguían ahí, apresándolo. Él seguía sufriendo, seguía viendo las mismas horribles escenas una y otra vez.
Ese era el "impulso" al que se refería.
— Las ilusiones se basan en la mente — Daemon dijo en un roto tono cantarín — Lo que yo sienta real, será real.
La figura de sombras pareció sonreír.
— ¿Y qué es más real que la desesperación y el miedo? ¡Qué puede ser más real que el terror de ver repetidos delante de ti una y otra vez tus peores pesadillas que, mira qué curioso, son la realidad! ¡No son mentiras sino la verdad!
La sensación de desesperación y miedo. La desesperanza. Daemon estaba utilizando los sentimientos que las pesadillas del Hell Ring le daban para potenciar sus ilusiones y hacerlas palpables, tangibles, hasta el punto de que pensabas que eran de verdad.
Tal vez, ya lo eran. Una ilusión hecha realidad. Y todo sin necesidad de un catalizador, sin una herramienta que potenciara sus poderes. Todo a base de su propia energía natural.
— Ah, pero igual que peligrosos poderes son estos — Daemon comentó. Corneille tuvo ganas de reír al notar como su tono parecía incluso triste. ¿Acaso su sonrisa también era más bien resignada y no de verdadero gozo? ¿Era por eso por lo que todavía no lo mataba, aunque podía aprovechar el instante y hacerlo? — Al estar tan ligados a la mente y lo sentimientos de uno, ¿qué es lo que impide que tus propias emociones te controlen?
¿Qué podría evitar que la ira, la tristeza, o la soledad se volvieran tu único mundo, tu única realidad? Que tu alma se rompiera a tal punto que la oscuridad que tú mismo creaste sobre ti fuera imposible de escapar. Que no vieras más allá de tu sombra hecha de tus propios miedos y lamentos. Siendo controlado por los propios demonios en tu interior que se volvieron realidad porque tú los sentiste demasiado reales.
Que horrible sonaba eso, Daemon pensó. Y que realista.
— Así que, le agradecería que evitara que llegara a ese punto y termináramos esto de una vez. No queremos que me vuelva un fantasma hambriento de almas, ¿no es así?
