No esperemos nada de esta historia, ¿vale? Este fic cuenta cómo funcionaría la historia de Bonnie a lo largo de la serie si añadimos a Kai por el camino. No sé si llegaré hasta la sexta temporada, ni mucho menos al final de la serie. Así que no sé, igual escribo dos-tres capítulos y me quedo sin inspiración. Tengo ideas, pero no las he desarrollado de verdad, así que quién sabe lo que pasará.

DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de la CW.

#PALABRAS: 1,185.


CONEXIÓN: 1994

CAPÍTULO I

Hacía un día precioso.

Aquello era en lo que pensaba Bonnie Bennett mientras que se acercaba a casa de su abuela. Estaba de muy buen humor, y canturreaba mientras que subía las escaleras del porche, sintiéndose ya como en casa, pues la vivienda en la que vivía con su padre siempre se había sentido muy vacía por las continuas ausencias de él, así como por la falta de su madre. Así que, al igual que consideraba a su abuela su familiar más cercano, también consideraba aquella casa su verdadero hogar.

Tras rebuscar en su bolso por las llaves, se volvió un instante a contemplar el cielo despejado y el resplandeciente sol antes de abrir la puerta y entrar, oliendo ya desde la entrada la tarta que su abuela seguramente estaba cocinando en aquel momento, para que estuviera lista para ambas después de la cena.

−¡Buenos días, abuela!

Sheila no contestó, pero Bonnie no se preocupó. Era bastante probable que su abuela se hubiera distraído con la cocina, como le solía pasar a menudo cuando estaba muy centrada en hacer algo en concreto. Rudy, el padre de Bonnie, siempre había dicho que la comida de Sheila era la mejor de Mystic Falls precisamente por eso, porque le dedicaba el cien por cien de su concentración. Bonnie siempre había estado de acuerdo con aquello, y estaba plenamente convencida de que aquel era precisamente el motivo por el que ella era tan mala cocinera, porque era incapaz de centrarse en una sola cosa, pues su mente siempre estaba en mil sitios a la vez.

La joven dejó su mochila al lado del sofá, y se acercó a la cocina. Como había imaginado, Sheila se encontraba ahí; sin embargo, no cocinaba, sino que estaba sentada frente a la mesa, revisando varios libros antiguos hacia los que Bonnie se sintió repentina y extrañamente atraída. Al ver a su nieta, Sheila cerró el libro que había estado leyendo y se levantó de la silla, dándole un gran abrazo.

−¿Cómo estás, Bonnie?

−Bien. ¿Y tú? ¿Qué estabas haciendo?

−Estaba… −Sheila se giró y comenzó a recoger los libros; no parecía muy dispuesta a contarle a su nieta lo que había estado haciendo−. Estaba investigando. Ya sabes, para el trabajo.

−Pensaba que ya sabes qué decir en tus clases, abuela −comentó Bonnie con una sonrisa, y Sheila contestó con una casi idéntica a la suya. Hasta ahí llegaba el parecido entre las dos, al menos en el aspecto físico.

Sheila puso todos los libros en una de todas las estanterías que había en su casa. Tanto ella como su nieta adoraban leer, por lo que las casas de ambas estaban llenas de estanterías que a su vez estaban casi combadas por el peso de los libros que las llenaban.

−Estaba investigando sobre otro aquelarre de brujas.

−Abuela, ¿ya estás con lo de las brujas otra vez?

−Bonnie, Bonnie. ¿De verdad te resulta tan difícil creerlo? Tú misma me has contado que has adivinado cosas, y tenido presentimientos que luego se han hecho realidad.

−Sí, pero eso le puede pasar a cualquiera. No significa que ahora vaya a viajar en escoba.

−Desde luego que no.

Sheila caminó hasta la cocina y se giró hacia su nieta, poniendo ambas manos sobre la encimera. Con una sonrisa casi pícara, hizo un gesto con la mano, y Bonnie observó cómo una manzana echaba a volar… hacia ella.

Sin pensar en lo que hacía, la chica levantó ambas manos con intención de minimizar el impacto de la manzana que viajaba a toda velocidad hacia su cabeza. Sin embargo, antes de que la manzana golpeara su cara se detuvo en el aire y cayó a sus pies. Decir que Bonnie se había quedado boquiabierta sería quedarse corto.

−Eso es…

−Magia, Bonnie. Es verdad. Todo lo que te he contado es verdad. Eres bruja.

Bonnie dio un paso atrás. Y otro, y otro más, hasta que su espalda chocó con la pared. No sabía qué sentía en aquel momento. Sabía que estaba sorprendida, y asustada. Pero también notaba otra emoción, una más nueva, y que sobrepasaba a las otras dos. Tal vez… ¿euforia?

A la chica le costó varios minutos que su mente volviera a la tierra, y para cuando lo hizo, se sentía llena de dudas y preguntas, y con muchas ganas de seguir practicando magia.

−¿Me enseñas más cosas?

Sheila sonrió.


Tres días después, Bonnie ya se sentía mucho más cómoda con sus recién descubiertos poderes. Había aprendido a hacer bastantes cosas, que aunque pequeñas, la hacían sentir como una superheroína de cómic. Se sentía poderosa, y el hecho de saber que solo conocía una mísera parte de todo lo que podía hacer la hacía sentirse eufórica y emocionada constantemente.

Pasaba todas las tardes con su abuela, hasta tal punto que Elena y Caroline habían empezado a preguntarle si estaba saliendo con alguien. Bonnie no les había dicho nada más acerca de las brujas, pero sabía que querría hacerlo en algún momento. Su abuela no le había dicho que no pudiera hacerlo, pero a Bonnie le daba miedo preguntar, temerosa de su respuesta. Si le decía que tendría que llevarse aquel secreto a la tumba, probablemente su relación con las chicas cambiaría para siempre, pues se sentía incapaz de verlas todos los días y de hablar con ellas a todas horas sin contarles nada sobre sus nuevos poderes.

−Abuela, al final no me contaste qué estuviste investigando el otro día.

−Te dije que era otro aquelarre de brujas −Sheila recogía los platos limpios mientras hablaba, y Bonnie se apresuró a ayudarla−. ¿Por qué te interesa tanto?

−Porque parecías muy interesada. Preocupada, incluso. Y si necesitas ayuda con algo, yo estoy aquí.

Sheila se giró hacia su nieta y tomó una de sus manos.

−Lo sé, Bonnie. Soy totalmente consciente. No te quería contar nada porque son un aquelarre que no me ha traído más que problemas. Aunque supongo que en cierto modo me lo busqué yo.

−¿Por qué dices eso? ¿Qué pasó con ese aquelarre?

−Ayudé a exiliar a uno de sus miembros. Era un asesino, pero aun así nunca me he sentido bien después de lo que hice.

−Pero ahora no se puede hacer nada, ¿no? Si ese miembro es un asesino, está bien donde sea que esté exiliado. Y tú no deberías meterte en problemas por un criminal.

−No era más que un crío, Bonnie. Tenía veintidós años.

−¿Y quién era?

Sheila se detuvo. Parecía perdida en sus pensamientos, desde luego recordando a aquel chico. Bonnie entendía que su abuela se sintiera incómoda habiendo ayudado a exiliar a un chico poco mayor que ella, pero si era un asesino, se lo merecía. Si aquel otro aquelarre se parecía siquiera un poco a lo que su abuela le había contado sobre las Bennett, las brujas eran buenas personas, y era su deber luchar contra el mal, ya fueran los vampiros o los brujos que habían olvidado su deber.

Cuando finalmente Sheila levantó la cabeza y volvió a mirar a su nieta, a esta casi se le había olvidad qué le había preguntado.

−Su nombre era Malachai Parker.